sábado, 19 de octubre de 2013

106 - La Escucha Como Arte-Facto

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 56 de noviembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 21/11/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA ESCUCHA COMO ARTE-FACTO

Pensamos el concepto de escucha como uno de los tantos aparatos o artefactos que utiliza el coordinador grupal para cumplir su rol. En términos pichonianos, estamos hablando de arte factum (del latín, “hecho con arte”); hacer una artesanía del proceso de escuchar a los integrantes de un grupo. Es decir, quien coordina se vale de una suerte de maquinaria auditiva que lo ayuda a desempeñar su función específica.

También venimos diciendo, por otro lado, que saber escuchar es un arte (escucharte) que tiene sus propias reglas a seguir, tales como un conjunto de habilidades, destrezas, saberes y conocimientos interrelacionados que permiten una transformación de las necesidades, los deseos y los anhelos grupales. Algo así como romper las conductas estereotipadas y la resistencia a los cambios en pos de un proyecto a ser logrado.

Desde la óptica psicosocial, coordinar implica desarrollar una aptitud de escucha múltiple. Se trata de no ejercer un liderazgo sino de poder asumir una posición de prescindencia para que así emerjan las palabras de los otros, preservando siempre la direccionalidad de la tarea grupal concreta y específica. Tal metodología procura la capacidad de percibir existente en el grupo en función de un objetivo común.

Además la escucha del coordinador, de modo similar a la atención flotante freudiana,  es la expresión de un valor que se llama disponibilidad. La idea es mantener la mente difusa y no focalizada; es decir, que la coordinación no esté regida por ningún prejuicio ni intencionalidad previa. Conocer no es sólo hacerse una idea de algo, sino volverse disponible a todo dejando expeditas las más variadas posibilidades grupales.

El coordinador y su equipo no tienen que empeñarse ni a favor ni en contra, sino simplemente inclinarse hacia cada situación grupal que se les vaya presentando. Toda novedad los debe encontrar enteramente abiertos y libres de nocivos preconceptos. La posición del coordinador grupal irá oscilando entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, entre un dejarse sorprender y un dar cabida a lo disruptivo.

Lo antedicho no se lleva a cabo de cualquier modo, pues coordinar es operar siempre con cierta dirección. Las más de las veces esa direccionalidad está dada en crear las condiciones de posibilidad para que aquello que tiene que suceder en un grupo  efectivamente ocurra. De allí que sea considerado un facilitador, un posibilitador de los senderos que sean necesarios para que el trabajo grupal pueda desplegarse.

Con el aparato o dispositivo de la escucha, el coordinador desarrolla su saber-hacer tanto para pensar la lógica de los procesos grupales como así también la dirección de sus distintas intervenciones, interpretaciones y señalamientos. No sólo debe estar presente sino que cuenta con cierta aptitud y actitud para ausentarse. Ello sin dejar de lado la creatividad grupal… y siendo muchas veces el orquestador de una fratría.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

lunes, 23 de septiembre de 2013

105 - Sobre el Régimen Penal Juvenil

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 60 correspondiente al bimestre octubre - noviembre de 2013)

SOBRE EL REGIMEN PENAL JUVENIL

Otra vez el tema del régimen penal juvenil se encuentra en debate en el Congreso de la Nación. Así, la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados está trabajando el borrador de un proyecto en tal sentido. Su base de estudio es el texto analizado en el año 2009 por los diputados, que establece un sistema de penalidades propias para aquellos adolescentes cuyas edades van de los 16 a los 18 años. Cabe recordar que, en la actualidad, por debajo de dicha franja etaria los jóvenes no son punibles ni imputables (decreto-ley nº 22.278/80 reformado en el año 1983).

Ya en 1990, nuestro país ratificó por ley nº 23.849 la Convención sobre los Derechos del Niño y sancionó, en el año 2005, la norma de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (ley nº 26.061), adecuando su legislación interna a la normativa vigente a nivel internacional. Hoy rige el principio del interés superior del niño, que contempla la máxima satisfacción integral y simultánea de los derechos y garantías de los menores hasta los 18 años. Entre ellos, el art. 3 dispone el respeto al pleno desarrollo personal de sus derechos en su medio familiar, social y cultural.  

Sabido es que el régimen penal de la minoridad es una cuestión por demás sensible, al punto que tanto la Corte Interamericana de Derechos Humanos como nuestro Tribunal Superior de Justicia han emplazado al Congreso de la Nación para que, en un plazo razonable, adecue la legislación de menores a la normativa internacional. Pues, habrá que estar muy atentos a la marcha de los acontecimientos que se vayan sucediendo en el poder legislativo, los que bajo ningún punto de vista pueden simplificar el tema a soluciones enmarcadas en la política de mano dura o en la prisionalización juvenil.

La pretensión es que las leyes en materia de niños y de adolescentes avancen siempre en orden a su cuidado y a su protección integral. La inclusión social y las medidas de educación correctiva consecuentes son la primera herramienta a tener en cuenta; y lo penal tendrá que mantenerse expectante como una vía extrema de reinserción en la comunidad. La responsabilidad penal debe ser el último peldaño ante la transgresión en la niñez y la juventud, para dejar paso a las normas inclusivas y de plena vigencia de los derechos humanos que fundamentan a todo Estado de bienestar moderno.

En modo alguno se puede pensar como una solución válida el pretender bajar a los 14 años la edad de punibilidad o imputabilidad, pues es claro que cuanto más temprano un chico ingresa al sistema penal, antes y mejor va a consolidar su conducta delictiva. La privación de la libertad nunca puede ser una respuesta automática. También es un error el creer que una legislación con mayor poder punitivo sobre los pibes va a lograr afirmar mejor la seguridad ciudadana y la paz social. Tales concepciones sólo quieren ocultar que los niños y los adolescentes son producto nuestro y de esta época.

Es obvio que las causas reales para atacar y remover la producción del delito juvenil no están en el sistema penal. Están en las políticas y las acciones públicas de integración comunitaria, en el trabajo con las familias y en las escuelas, en la solución de conflictos estructurales tales como la pobreza y las drogas, y varios etcéteras más. No olvidemos que la ley de Protección Integral de los Derechos arriba indicada hace especial alusión  tanto a la responsabilidad gubernamental como a la responsabilidad familiar y a la participación comunitaria necesaria si se pretende la plena tutela de los menores.

Los ejes de las políticas públicas que conforman las Medidas de Protección Integral pueden sintetizarse de la siguiente forma: el fortalecimiento del rol de la familia; la descentralización de los organismos de aplicación; la gestión conjunta de la sociedad civil con los órganos de gobierno; la constitución de nuevas organizaciones en pos de la defensa y la protección de los derechos de la niñez y la adolescencia; y la promoción de redes intersectoriales. Por ende, en el ámbito penal deberán hacerse las reformas necesarias para acompañar el avance que representó la sanción de la ley nº 26.061.

El desafío, entonces, es trabajar con esfuerzo en la prevención y en la integración social. Hacer funcionar a los sistemas de libertad asistida o vigilada —hablando siempre de los pibes entre los 16 y los 18 años de edad— y comenzar a utilizar los mecanismos de justicia reparatoria, como los trabajos para la comunidad o la simple restauración del daño ocasionado. Será imprescindible, además, contar con un fuero híper especializado y con tribunales multi disciplinarios en los cuales participen tanto educadores como psicólogos, psicopedagogos y trabajadores sociales, entre otros.

Como venimos manifestando desde hace un tiempo, la idea es seguir avanzando en la inclusión de los derechos de nuestros pibes y adolescentes. Si ellos son esencialmente educandos, corresponde anteponer lo socioeducativo en pos de su rehabilitación y posponer todo lo que sea meramente coercitivo y punitivo. Pues el punto nodal es evitar las políticas públicas que terminan considerando a la niñez y a la juventud según parámetros de inclusión penitenciaria y de exclusión social. En fin, la protección tiene que ir en auxilio de los sectores púberes que se hallan en mayor desventaja.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 11 de septiembre de 2013

104 - Coordinar Nuestro Grupo Interno

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 55 de octubre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 24/10/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

COORDINAR NUESTRO GRUPO INTERNO

El pasado viernes 30 de agosto fui invitado a dar una charla en la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) de la ciudad de Santa Fe. Allí, pues, participé del seminario sobre Coordinación de Grupos organizado por la profesora Patricia Giménez Lorente, a quien le agradezco una vez más la posibilidad de integrar dicha actividad. En un momento de mi exposición me encontré diciendo que, para coordinar grupos, es fundamental primero poder coordinar nuestro propio grupo interno.

Recordé entonces que el Dr. Enrique Pichon-Rivière distinguía entre grupo interno y  grupo externo, siendo éste el grupo real y el primero la internalización que de aquél hacemos. Es decir, el pasaje fantaseado desde el mundo exterior hacia nuestro mundo interior. Mientras el grupo externo es ese que coordinamos en lo concreto, en lo real; el grupo interno es el conjunto de vínculos internalizados en constante interacción, con sus relaciones y sus contenidos propios de las fantasías inconscientes.

Así, es esencial tener en claro la referida división subjetiva cuando cumplimos el rol de coordinar grupos, pues en nuestro complejo mundo interno habitan —entre otros— el saboteador, el emisario, el portavoz, el líder y el silente. Somos sujetos sujetados por las muchas y constantes ambivalencias, polaridades, antagonismos y contradicciones que a diario nos toca vivir: sujeto vs. grupo, lo manifiesto vs. lo latente, proyecto vs. resistencia al cambio, heterogeneidad vs. homogeneidad, y así siguiendo.

No es un dato menor que el fundador de la Psicología Social Argentina considerara que en la enfermedad mental lo que está dañado es precisamente el grupo interno. Y otro de los temas sobre los que más fui consultado en mi reunión santafecina resultó ser el conflicto en los grupos. Pues bien, así como no hay ser humano sin conflictos en lo personal, tampoco existen grupos a-conflictivos. Tanto los miembros del grupo como su coordinador deberán tener una cuota de tolerancia ante esta realidad.

El psicoanálisis considera el conflicto psíquico como constitutivo del ser humano y se refiere al mismo cuando se oponen exigencias  internas contrapuestas. Lo aborda desde distintos puntos de vista: lucha entre un deseo y una defensa; conflictos entre las pulsiones; pujas entre los diferentes sistemas o instancias (vgr.: yo, ello y superyó).  Y señala que el síntoma neurótico es el resultado de una transacción o compromiso entre dos grupos de representaciones que actúan como fuerzas contrarias.  

Desde una óptica psicosocial, hablamos de procurar convertir en un problema a los distintos dilemas que surgen en nuestro grupo interno y en los grupos externos que coordinamos. Entendemos por dilema a la contradicción o antinomia a la que no se le aplica la dialéctica por lo que, consecuentemente, queda sin resolverse en una síntesis de orden superior. Al transformarlo en un simple problema logramos que ese círculo vicioso que gira sobre sí mismo pueda producir un recorrido en espiral.

Dicho circuito espiralado (tesis, antítesis y síntesis) nos permite tener en cuenta que en todo grupo —donde el conflicto suele aparecer de modo intermitente y constante— siempre están presentes fuerzas contrarias que luchan entre sí. Conflicto deriva del latín co, con = entre dos o más, y flictus = choque o lucha. Una solución dialéctica y psicosocial intentará arribar a una síntesis que contenga ambos polos opuestos, sea que ello suceda en nuestro mundo interior o en el grupo a nuestro cargo.

Si bien la reunión en la muy bella sede de A.T.E. - Santa Fe se extendió durante casi tres horas —lo que permitió el abordaje de muchísimos conceptos atinentes a la coordinación grupal— digamos para finalizar estas breves líneas que, así como la base esencial de una preparación psicoanalítica se aprende pasando uno mismo por el análisis personal y singular, decimos que la técnica de coordinación sólo se puede conseguir a través de la experiencia individual de cada operador psicosocial.

Pensamos que eso se logra mediante una larga preparación y con la práctica de coordinar distintos y variados grupos… y por qué no: también escuchando, sintiendo y coordinando nuestro propio grupo interno.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

domingo, 4 de agosto de 2013

103 - Palabra y Coordinación Grupal

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 5 Nro. 54 de septiembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 13/10/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

PALABRA Y COORDINACION GRUPAL

En todo grupo circula la palabra, la que es escuchada y auscultada por quien tiene la función de coordinarlo. Ese lugar del coordinador constituye un espacio privilegiado para el análisis de las palabras, ya que ellas son verdaderas protagonistas en la escena grupal. Los operadores psicosociales trabajamos con las palabras habladas; habladas por los integrantes del grupo y también por el coordinador. Se dice y se escucha.

Podemos preguntarnos qué sucede con las emociones, los sentires y los afectos. O qué ocurre con los miembros concretos que componen cada grupo; qué les pasa en sus vidas reales y cotidianas; o cuáles son sus alegrías y sus penas tanto espirituales como corporales. Y respondemos que todos estos aspectos casi nada son sin las palabras, pues ellas abrazan y recubren tales manifestaciones de nuestra humana condición.

Si bien el coordinador grupal siempre escucha desde su propia verticalidad singular, simultáneamente lo hace con la disponibilidad interna de estar abierto a lo nuevo, a lo diferente, a lo desconocido. Intentando entender y conocer las contradicciones tanto de las personas como de los grupos humanos. Es en lo grupal donde sus integrantes hablan los unos con los otros, los unos a los otros y también consigo mismos.

Y alrededor de esos vocablos multifacéticos, pensamos que aquello que se dice puede llegar al individuo como palabra destinada. Pues hay palabras primordiales que fundan relaciones y funden vínculos. Pero también todo coordinador sabe que el sujeto de la enunciación no es el sujeto del enunciado. La enunciación es el decir que nunca queda en lo dicho. Así, mientras las voces grupales se oyen, los significantes se escuchan.

Un coordinador puede diferenciar entre las palabras plenas —o verdaderas— y las palabras vacías, según la cercanía o la distancia que un discurso guarde con respecto a la verdad del inconsciente. De la palabra verdadera surge un significado trascendente para el ser hablante. En la palabra vacía, el integrante del grupo parece decir en vano. A menudo las palabras vacías resultan más frustrantes que el silencio mismo.

De igual modo, en todo proceso grupal siempre emergen las palabras de nuestro yo insincero o de mala fe. Ello sucede cuando nos mentimos primero a nosotros mismos y luego, también a los demás. Nos buscamos excusas, creyendo que así haremos más llevadero nuestro existir. La mala fe es un autoengaño, basado en racionalizaciones por las cuales cada integrante grupal pretende falaz e ilusoriamente tranquilizarse.

El rol del coordinador requiere un sólido entrenamiento que le permita poseer una escucha activa —en el sentido de habilidad social— que facilite su vínculo con los otros y el de los miembros del grupo entre sí. Sabiendo que siempre circularán palabras vacías y verdaderas, palabras primordiales y destinadas. Distinguiendo el decir de buena fe del que proviene de nuestro yo insincero. Y así sucede en todo grupo.

RONALDO WRIGHT
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lunes, 29 de julio de 2013

102 - Los Jóvenes Son el Futuro

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 59 correspondiente al bimestre agosto - septiembre de 2013 y en Hoy Día Córdoba con fecha 4/9/2013)

LOS JOVENES SON EL FUTURO

Durante el primer semestre del  2013 se realizó la 1ª Encuesta Iberoamericana de Juventudes, por la cual fueron entrevistados más de veinte mil adolescentes procedentes de unos veinte países de la región, cuyas edades van de los 15 a los 29 años. Uno de los objetivos de la consulta es conocer cómo son los jóvenes que viven en Iberoamérica; además de averiguar qué piensan y qué sienten respecto de diversas cuestiones atinentes a la familia, a la educación, a la salud, al empleo, a la seguridad , a la participación, entre otras.

A los fines de indagar acerca de las nuevas realidades y percepciones de la juventud, la encuesta se estructuró sobre tres ejes principales: a) comportamientos y actitudes en los vínculos más cercanos; b) posición ante las situaciones sociales actuales; y c) expectativas de futuro. El trabajo de campo fue organizado a través de cinco subregiones, a saber: México y  Caribe, Centroamérica, Andina, Ibérica y Cono Sur. Nos avocaremos a esta última subregión, integrada por la República Argentina junto a Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

Un dato destacable es que la gran mayoría de los adolescentes consultados en el Cono Sur consideran que su situación de aquí a cinco años será mejor que en la actualidad. También existe un fuerte apoyo de la juventud a los procesos de integración que últimamente se vienen dando en América Latina. Señalan que el acceso a la educación y a la salud se les hizo mucho más accesible y, si bien se muestran optimistas y solidarios, dicen tener mucha más confianza en sus propias capacidades personales que en el entorno social que habitan.

Mientras los chicos y las chicas que habitan otras regiones del planeta sufren la inestabilidad e incertidumbre propias de la postmodernidad y de la globalización salvaje, cercados por la propuesta de un consumismo individualista que sólo les provoca frustración y apatía; nuestros jóvenes del fin del mundo siguen apostando por  un futuro mejor. Parece que quieren escapar a los presagios de la amenazadora era del vacío existencial y convertirse —con optimismo y esperanza activa— en verdaderos protagonistas de sus vidas y de la historia que viene.  

Cabe sí señalar que la aludida mirada esperanzadora cae sensiblemente cuando los consultados son los jóvenes de la República Federativa del Brasil, país que recientemente fue conmovido por las multitudinarias y masivas manifestaciones que desbordaron sus calles. Tal vez no sea casual que por estos días el Papa Francisco —en su primer viaje al exterior— se encuentre allí participando de la Jornada Mundial de la Juventud, como también que una de sus consignas sea el llamamiento para que los gobiernos escuchen la voz de los jóvenes.  

En consonancia con lo antedicho, el secretario general de la Organización Iberoamericana de la Juventud, el argentino Alejo Ramírez, sostuvo en la ciudad de Madrid que esta encuesta implicó claramente traer la voz de los jóvenes. Es más, en su opinión son los gobiernos del Cono Sur quienes así mejor lo han comprendido, estrechando el vínculo entre las juventudes y sus jefes de Estado. También nosotros venimos destacando los avances  logrados en los últimos años por nuestros adolescentes, y las ideas y proyectos que hoy llevan adelante.

En lo que hace a las políticas públicas argentinas más efectivas, se resaltaron los beneficios de la Asignación Universal por Hijo —que revalorizó el rol de los jóvenes en la familia— y del Programa Conectar Igualdad, cuya netbook número tres millones se entregó el pasado 8 de julio en una escuela de la localidad bonaerense de Pilar. A ello podemos sumarle el Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente para el quinquenio 2012-2016, que cuenta con el aval de las veinticuatro jurisdicciones que lo apoyaron por unanimidad.

A modo meramente ilustrativo, podemos  agregar un dato más: hace pocos días atrás se llevó a cabo –en el predio de Tecnópolis— la entrega de certificados a los egresados del programa Finalización de Estudios Primarios y Secundarios, que ofreció asistencia económica a quienes buscaban completar su formación escolar. La primera etapa del denominado plan FinEs estuvo  dirigida a adolescentes de entre 18 y 25 años de edad que terminaron de cursar, como alumnos regulares, el último año de la educación secundaria y aún adeudaban materias.

Pues, concluyamos estas breves consideraciones expresando que, más allá de las políticas públicas, el desafío es integrarlas y volverlas más transversales. Los países de la región precisan organismos de la juventud que ocupen espacios políticamente claves y desde ahí puedan articularse con las diversas áreas de gobierno. Es necesario escuchar lo que los jóvenes están planteando, ya que en muchos aspectos ellos están un paso más allá que sus gobernantes.¡Ah! Me estaba olvidando: el título de la referida encuesta es El Futuro ya Llegó.                        

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com                                                                                        

miércoles, 3 de julio de 2013

101 - La Escucha del Coordinador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 5 Nro. 52 de julio de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 28/9/2013; en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 3/11/2014 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 6/7/2015)

LA ESCUCHA DEL COORDINADOR

Según el filósofo Martin Heidegger, el habla habla. Y poéticamente agrega que si nos dejamos caer en el abismo indicado por esa frase no nos hundimos en el vacío, sino que caemos hacia lo alto. Tal altitud abre una profundidad. Veamos, entonces, algunas ideas vinculadas a las palabras que circulan en todo grupo, las que deben ser escuchadas, interpretadas y puestas en juego por quien cumple el rol coordinador.

Escuchar proviene del latín vulgar auscultàre y, en términos generales, significa prestar atención a lo que se oye. El coordinador grupal ausculta, observa, explora y examina los pensamientos de otras personas. Pichon-Rivière expresó alguna vez que siempre quiso saber qué hay detrás de lo dicho, entendiendo que las palabras que decimos se abren a la polisemia con nuevos y variados significados para un mismo significante.

Pensamos que todo coordinador de grupos debe también interesarse en un propósito similar ya que, desde nuestra Psicología Social Argentina, decimos que detrás de lo manifiesto se oculta lo latente, que atrás de lo explícito se esconde lo implícito y que detrás de lo consciente yace lo inconsciente. Saber escuchar es un arte (escucharte) y, como todo arte, tiene sus reglas y sus normas específicas y puntuales a seguir.

La regla fundamental es que quien coordina se concentre por completo en lo que dicen los miembros de su grupo. Debe estar lo más libre posible de preconceptos, miedos y ansiedades; además de contar con la suficiente empatía para sentir como propias las vivencias de los otros. Según Erich Fromm, dicha empatía tiene como condición una gran capacidad de amar, pues la comprensión y el amor son inseparables.

Desde la función de coordinación y en el intercambio grupal, solemos encontrarnos con múltiples modos de expresión: tales como los del líder, los del portavoz, los del chivo expiatorio, los del saboteador y, por qué no, incluso los del silente (ya que hasta en el silencio habla la palabra negada). En dicho dispositivo o encuadre se podrá, entonces, jugar con las palabras e incluso poner nuestro cuerpo al intervenir interpretando.

A todas esas palabras que circulan grupalmente, el coordinador las lee como si estuviesen escritas sobre el paño de una bandera flameando: de modo tal que mientras él puede ver algunas letras los otros, según ese movimiento ondulante, leerán algo muy distinto. Pues, lo que cada uno expresa se termina de decir, no de similar modo, en las orejas de los demás miembros y según sus propias historias singulares.

Así, un coordinador grupal será un verdadero arquiatra —concepto que el fundador de nuestra Psicología Social tomó prestado de su amigo Aldo Pellegrini— si consigue penetrar a fondo los misterios de la naturaleza de cada ser, logrando el más alto nivel de comprensión humana. El conocimiento de la verdad no nos hace cambiar nada; y sólo podrá haber un cambio efectivo si dicho entendimiento es además esencialmente afectivo.

RONALDO WRIGHT
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domingo, 12 de mayo de 2013

100 - Jóvenes Solidarios y Comprometidos

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 58 correspondiente al bimestre junio - julio de 2013 y en La Tendencia - Comuna 15 La Paternal con fecha 15/6/2013)

JOVENES SOLIDARIOS Y COMPROMETIDOS

Desde hace un tiempo atrás venimos abordando, en La Tecl@ Eñe, diversos temas vinculados a nuestra juventud y su inserción social en estos tiempos globalizados y posmodernos. Hoy queremos destacar —otra vez— la movilización de miles de adolescentes, que se lanzaron solidariamente a ayudar a las víctimas del fuerte temporal que azotó a gran parte de la ciudad de La Plata y sus alrededores. Ocurrida esta tragedia a principios del mes de abril del corriente año, jóvenes llegados desde distintos puntos del conurbano, de la Capital Federal e incluso del interior del país, formaron cuadrillas de trabajo con el objetivo de asistir a los damnificados.

Entre las tareas más importantes realizadas por los voluntarios encontramos la carga y descarga de los camiones que transportaron las múltiples donaciones: alimentos, ropa, mantas, frazadas, colchones, lavandina y artículos de limpieza, entre otras. Muchos se abocaron a la limpieza de las márgenes de los arroyos y de sus zonas aledañas, a la reconstrucción de las casillas y viviendas precarias de las víctimas, al relevamiento de los barrios afectados, etc.; estableciéndose en cada una de las áreas en riesgo un centro de organización local. Otros recorrieron casa por casa brindando el apoyo y la contención social, tan humana y necesaria en momentos de sumo pesar.

Miles de chicos y chicas emprendieron las labores de logística desde la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, bajo la consigna La Patria es el otro. A esto hay que sumarle el trabajo solidario que llevó a cabo la juventud en distintos puntos del país, desde donde se clasificaron las innumerables donaciones y se armaron los paquetes que luego arribaban a los damnificados. Apostamos, entonces, a lo relevante que es para los adolescentes el poder agruparse detrás de un proyecto tan noble, de una causa común; para que una vez más los seduzca eso de grupal que tiene la participación comunitaria.

Mientras el primer mundo hiperglobalizado intenta construir una juventud sincrónica, que viva sin objetivos trascendentes ni ideales propios; nuestros pibes se reúnen a los fines generosos antes señalados. ¿Habrán de ir en procura de un nuevo paradigma, con fundamento en una ética humanista que termine con tanto desgarramiento producido por esta posmodernidad líquida y fluida? Cuando la Aldea Global pretende que los contactos sean sólo virtuales (a través de las pantallas de los celulares, de las computadoras, etc.), estos pibes y adolescentes se han abocado nada menos que a los vínculos reales: a compartir cuerpo a cuerpo con las víctimas de la tragedia.

En nuestro país, hoy tenemos una mayor cantidad de chicos consustanciados con la sociedad, que colaboran en los distintos proyectos políticos, económicos, sociales y culturales. Jóvenes trabajando con intensidad en áreas de la educación, de los medios y la comunicación, de los derechos humanos, del cuidado del espacio ambiental, de la integración regional, del trabajo y la producción, y así siguiendo. Nos referimos a una juventud que sigue apostando al proceso democrático y que contribuye a solucionar los problemas puntuales de los que menos tienen. En suma, jóvenes creativos en sus concretas acciones y adaptados a la comunidad que les ha tocado vivir.

Ya que hablamos de compromiso, cerramos estas breves consideraciones destacando que también son muchísimos los chicos y las chicas —entre los 16 y 18 años de edad— que han renovado su D.N.I. (documento nacional de identidad) con el fin de poder sufragar en las próximas elecciones. El pasado 30 de abril venció el plazo para ser incorporados al padrón electoral, luego de la sanción de la ley que incluyó el derecho al voto de los menores de más de dieciséis años. En síntesis, no cabe ninguna duda que estamos ante una verdadera ampliación de ciudadanía, experimentando la puntual realidad de contar con jóvenes cada vez más incluidos y solidarios.

RONALDO WRIGHT
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