miércoles, 20 de noviembre de 2013

107 - La Disponibilidad del Coordinador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 57 de diciembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 4/1/2014 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA DISPONIBILIDAD DEL COORDINADOR

Desde mediados del año 2013 vengo publicando una serie de artículos —que bien podrían condensarse bajo el título común de Psicosociales Breves— en los cuales hice mención a la escucha del coordinador, a las palabras que circulan en los grupos, a la coordinación de nuestro propio grupo interno y al oficio de escuchar como arte-facto. Para finalizar el año y con un renovado agradecimiento por este espacio en la revista Psicología Social para Todos, completo esta temática relativa a la tan necesaria aptitud y actitud para poder transitar los aconteceres  grupales.

Sostuve que una de las habilidades esenciales de todo coordinador y su equipo es el estar disponibles. Tal disponibilidad se refiere tanto al proceso grupal, como a todos y cada uno de los integrantes del grupo en el que se opera. Jugando un poco con el diccionario sobre qué significa estar disponible, pienso que respecto del coordinador: es encontrarse libre de todo impedimento para prestar servicios al grupo; y en cuanto al acontecer grupal: sería algo así como que se puede hacer uso del mismo pues está listo  para ser utilizado. ¡El grupo está disponible!    

Estar disponible es que el coordinador logre acompañar las palabras de los otros, dándoles su espacio y su tiempo; y sin interrumpir ni siquiera en los silencios. Que el grupo vaya generando su propia cultura. También es poder mantener una postura relajada y serena que refleje interés, en el sentido latino de inter-esse o estar entre. Consiste en estar entre los miembros del grupo; andar entre los meandros del proceso grupal. Es interesarse por saber más y entender mejor, intensificando el encanto por el crecimiento y la creatividad individual y colectiva.

Estar disponible también es hallar tanto a la creatividad como a la creación en la médula misma de la práctica operativa, las que adquieren enorme relevancia en todo devenir grupal. Así, pues, se entiende el oficio de coordinar como el despliegue de la producción de un universo afectivo, representacional y de significaciones. Queda por fuera el pretender adivinar ni tener una bola de cristal que precipite conclusiones ni, mucho menos, que consiga soluciones mágicas. El coordinador de grupo cuenta con la ayuda de ubicarse a una distancia (¿o cercanía?) óptima.

Estar disponible es poder escuchar al otro no solamente con el intelecto sino también con la emoción, el sentimiento, la simpatía y la ternura necesaria como para abrir una dimensión distinta en el clima grupal. Una presencia semejante significa que todo el ser del coordinador está implicado, llegando muchas veces a convertirse uno con su grupo. Tal disponibilidad conlleva una plena atención y entrega, escuchando sin juicio ni prejuicio alguno. Y sin comparar con las ideas propias, ni dejar que se entrometa el  diálogo interno que habita en lo más íntimo de un coordinador.

Para concluir y volviendo a los conceptos del diccionario, veo que éste alude a un denominado factor de disponibilidad, que nos indicaría cuánto tiempo un sistema cualquiera está operativo respecto del transcurso total durante el que se desea que funcione. ¡Genial! Creo que la idea es absolutamente aplicable al estar disponible de todo coordinador para con su grupo, del que vengo hablando. Esa operatividad lo es a tiempo completo, creando los contextos idóneos y desarrollando la habilidad social de empatizar, para conseguir así meterse en la piel de los otros.

La seguimos el año que viene. Aprovecho para desearles a tod@s muchas felicidades para estas fiestas que ya se aproximan y todo lo mejor para el 2014. Un abrazo.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

sábado, 19 de octubre de 2013

106 - La Escucha Como Arte-Facto

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 56 de noviembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 21/11/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA ESCUCHA COMO ARTE-FACTO

Pensamos el concepto de escucha como uno de los tantos aparatos o artefactos que utiliza el coordinador grupal para cumplir su rol. En términos pichonianos, estamos hablando de arte factum (del latín, “hecho con arte”); hacer una artesanía del proceso de escuchar a los integrantes de un grupo. Es decir, quien coordina se vale de una suerte de maquinaria auditiva que lo ayuda a desempeñar su función específica.

También venimos diciendo, por otro lado, que saber escuchar es un arte (escucharte) que tiene sus propias reglas a seguir, tales como un conjunto de habilidades, destrezas, saberes y conocimientos interrelacionados que permiten una transformación de las necesidades, los deseos y los anhelos grupales. Algo así como romper las conductas estereotipadas y la resistencia a los cambios en pos de un proyecto a ser logrado.

Desde la óptica psicosocial, coordinar implica desarrollar una aptitud de escucha múltiple. Se trata de no ejercer un liderazgo sino de poder asumir una posición de prescindencia para que así emerjan las palabras de los otros, preservando siempre la direccionalidad de la tarea grupal concreta y específica. Tal metodología procura la capacidad de percibir existente en el grupo en función de un objetivo común.

Además la escucha del coordinador, de modo similar a la atención flotante freudiana,  es la expresión de un valor que se llama disponibilidad. La idea es mantener la mente difusa y no focalizada; es decir, que la coordinación no esté regida por ningún prejuicio ni intencionalidad previa. Conocer no es sólo hacerse una idea de algo, sino volverse disponible a todo dejando expeditas las más variadas posibilidades grupales.

El coordinador y su equipo no tienen que empeñarse ni a favor ni en contra, sino simplemente inclinarse hacia cada situación grupal que se les vaya presentando. Toda novedad los debe encontrar enteramente abiertos y libres de nocivos preconceptos. La posición del coordinador grupal irá oscilando entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, entre un dejarse sorprender y un dar cabida a lo disruptivo.

Lo antedicho no se lleva a cabo de cualquier modo, pues coordinar es operar siempre con cierta dirección. Las más de las veces esa direccionalidad está dada en crear las condiciones de posibilidad para que aquello que tiene que suceder en un grupo  efectivamente ocurra. De allí que sea considerado un facilitador, un posibilitador de los senderos que sean necesarios para que el trabajo grupal pueda desplegarse.

Con el aparato o dispositivo de la escucha, el coordinador desarrolla su saber-hacer tanto para pensar la lógica de los procesos grupales como así también la dirección de sus distintas intervenciones, interpretaciones y señalamientos. No sólo debe estar presente sino que cuenta con cierta aptitud y actitud para ausentarse. Ello sin dejar de lado la creatividad grupal… y siendo muchas veces el orquestador de una fratría.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

lunes, 23 de septiembre de 2013

105 - Sobre el Régimen Penal Juvenil

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 60 correspondiente al bimestre octubre - noviembre de 2013)

SOBRE EL REGIMEN PENAL JUVENIL

Otra vez el tema del régimen penal juvenil se encuentra en debate en el Congreso de la Nación. Así, la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados está trabajando el borrador de un proyecto en tal sentido. Su base de estudio es el texto analizado en el año 2009 por los diputados, que establece un sistema de penalidades propias para aquellos adolescentes cuyas edades van de los 16 a los 18 años. Cabe recordar que, en la actualidad, por debajo de dicha franja etaria los jóvenes no son punibles ni imputables (decreto-ley nº 22.278/80 reformado en el año 1983).

Ya en 1990, nuestro país ratificó por ley nº 23.849 la Convención sobre los Derechos del Niño y sancionó, en el año 2005, la norma de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (ley nº 26.061), adecuando su legislación interna a la normativa vigente a nivel internacional. Hoy rige el principio del interés superior del niño, que contempla la máxima satisfacción integral y simultánea de los derechos y garantías de los menores hasta los 18 años. Entre ellos, el art. 3 dispone el respeto al pleno desarrollo personal de sus derechos en su medio familiar, social y cultural.  

Sabido es que el régimen penal de la minoridad es una cuestión por demás sensible, al punto que tanto la Corte Interamericana de Derechos Humanos como nuestro Tribunal Superior de Justicia han emplazado al Congreso de la Nación para que, en un plazo razonable, adecue la legislación de menores a la normativa internacional. Pues, habrá que estar muy atentos a la marcha de los acontecimientos que se vayan sucediendo en el poder legislativo, los que bajo ningún punto de vista pueden simplificar el tema a soluciones enmarcadas en la política de mano dura o en la prisionalización juvenil.

La pretensión es que las leyes en materia de niños y de adolescentes avancen siempre en orden a su cuidado y a su protección integral. La inclusión social y las medidas de educación correctiva consecuentes son la primera herramienta a tener en cuenta; y lo penal tendrá que mantenerse expectante como una vía extrema de reinserción en la comunidad. La responsabilidad penal debe ser el último peldaño ante la transgresión en la niñez y la juventud, para dejar paso a las normas inclusivas y de plena vigencia de los derechos humanos que fundamentan a todo Estado de bienestar moderno.

En modo alguno se puede pensar como una solución válida el pretender bajar a los 14 años la edad de punibilidad o imputabilidad, pues es claro que cuanto más temprano un chico ingresa al sistema penal, antes y mejor va a consolidar su conducta delictiva. La privación de la libertad nunca puede ser una respuesta automática. También es un error el creer que una legislación con mayor poder punitivo sobre los pibes va a lograr afirmar mejor la seguridad ciudadana y la paz social. Tales concepciones sólo quieren ocultar que los niños y los adolescentes son producto nuestro y de esta época.

Es obvio que las causas reales para atacar y remover la producción del delito juvenil no están en el sistema penal. Están en las políticas y las acciones públicas de integración comunitaria, en el trabajo con las familias y en las escuelas, en la solución de conflictos estructurales tales como la pobreza y las drogas, y varios etcéteras más. No olvidemos que la ley de Protección Integral de los Derechos arriba indicada hace especial alusión  tanto a la responsabilidad gubernamental como a la responsabilidad familiar y a la participación comunitaria necesaria si se pretende la plena tutela de los menores.

Los ejes de las políticas públicas que conforman las Medidas de Protección Integral pueden sintetizarse de la siguiente forma: el fortalecimiento del rol de la familia; la descentralización de los organismos de aplicación; la gestión conjunta de la sociedad civil con los órganos de gobierno; la constitución de nuevas organizaciones en pos de la defensa y la protección de los derechos de la niñez y la adolescencia; y la promoción de redes intersectoriales. Por ende, en el ámbito penal deberán hacerse las reformas necesarias para acompañar el avance que representó la sanción de la ley nº 26.061.

El desafío, entonces, es trabajar con esfuerzo en la prevención y en la integración social. Hacer funcionar a los sistemas de libertad asistida o vigilada —hablando siempre de los pibes entre los 16 y los 18 años de edad— y comenzar a utilizar los mecanismos de justicia reparatoria, como los trabajos para la comunidad o la simple restauración del daño ocasionado. Será imprescindible, además, contar con un fuero híper especializado y con tribunales multi disciplinarios en los cuales participen tanto educadores como psicólogos, psicopedagogos y trabajadores sociales, entre otros.

Como venimos manifestando desde hace un tiempo, la idea es seguir avanzando en la inclusión de los derechos de nuestros pibes y adolescentes. Si ellos son esencialmente educandos, corresponde anteponer lo socioeducativo en pos de su rehabilitación y posponer todo lo que sea meramente coercitivo y punitivo. Pues el punto nodal es evitar las políticas públicas que terminan considerando a la niñez y a la juventud según parámetros de inclusión penitenciaria y de exclusión social. En fin, la protección tiene que ir en auxilio de los sectores púberes que se hallan en mayor desventaja.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 11 de septiembre de 2013

104 - Coordinar Nuestro Grupo Interno

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 55 de octubre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 24/10/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

COORDINAR NUESTRO GRUPO INTERNO

El pasado viernes 30 de agosto fui invitado a dar una charla en la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) de la ciudad de Santa Fe. Allí, pues, participé del seminario sobre Coordinación de Grupos organizado por la profesora Patricia Giménez Lorente, a quien le agradezco una vez más la posibilidad de integrar dicha actividad. En un momento de mi exposición me encontré diciendo que, para coordinar grupos, es fundamental primero poder coordinar nuestro propio grupo interno.

Recordé entonces que el Dr. Enrique Pichon-Rivière distinguía entre grupo interno y  grupo externo, siendo éste el grupo real y el primero la internalización que de aquél hacemos. Es decir, el pasaje fantaseado desde el mundo exterior hacia nuestro mundo interior. Mientras el grupo externo es ese que coordinamos en lo concreto, en lo real; el grupo interno es el conjunto de vínculos internalizados en constante interacción, con sus relaciones y sus contenidos propios de las fantasías inconscientes.

Así, es esencial tener en claro la referida división subjetiva cuando cumplimos el rol de coordinar grupos, pues en nuestro complejo mundo interno habitan —entre otros— el saboteador, el emisario, el portavoz, el líder y el silente. Somos sujetos sujetados por las muchas y constantes ambivalencias, polaridades, antagonismos y contradicciones que a diario nos toca vivir: sujeto vs. grupo, lo manifiesto vs. lo latente, proyecto vs. resistencia al cambio, heterogeneidad vs. homogeneidad, y así siguiendo.

No es un dato menor que el fundador de la Psicología Social Argentina considerara que en la enfermedad mental lo que está dañado es precisamente el grupo interno. Y otro de los temas sobre los que más fui consultado en mi reunión santafecina resultó ser el conflicto en los grupos. Pues bien, así como no hay ser humano sin conflictos en lo personal, tampoco existen grupos a-conflictivos. Tanto los miembros del grupo como su coordinador deberán tener una cuota de tolerancia ante esta realidad.

El psicoanálisis considera el conflicto psíquico como constitutivo del ser humano y se refiere al mismo cuando se oponen exigencias  internas contrapuestas. Lo aborda desde distintos puntos de vista: lucha entre un deseo y una defensa; conflictos entre las pulsiones; pujas entre los diferentes sistemas o instancias (vgr.: yo, ello y superyó).  Y señala que el síntoma neurótico es el resultado de una transacción o compromiso entre dos grupos de representaciones que actúan como fuerzas contrarias.  

Desde una óptica psicosocial, hablamos de procurar convertir en un problema a los distintos dilemas que surgen en nuestro grupo interno y en los grupos externos que coordinamos. Entendemos por dilema a la contradicción o antinomia a la que no se le aplica la dialéctica por lo que, consecuentemente, queda sin resolverse en una síntesis de orden superior. Al transformarlo en un simple problema logramos que ese círculo vicioso que gira sobre sí mismo pueda producir un recorrido en espiral.

Dicho circuito espiralado (tesis, antítesis y síntesis) nos permite tener en cuenta que en todo grupo —donde el conflicto suele aparecer de modo intermitente y constante— siempre están presentes fuerzas contrarias que luchan entre sí. Conflicto deriva del latín co, con = entre dos o más, y flictus = choque o lucha. Una solución dialéctica y psicosocial intentará arribar a una síntesis que contenga ambos polos opuestos, sea que ello suceda en nuestro mundo interior o en el grupo a nuestro cargo.

Si bien la reunión en la muy bella sede de A.T.E. - Santa Fe se extendió durante casi tres horas —lo que permitió el abordaje de muchísimos conceptos atinentes a la coordinación grupal— digamos para finalizar estas breves líneas que, así como la base esencial de una preparación psicoanalítica se aprende pasando uno mismo por el análisis personal y singular, decimos que la técnica de coordinación sólo se puede conseguir a través de la experiencia individual de cada operador psicosocial.

Pensamos que eso se logra mediante una larga preparación y con la práctica de coordinar distintos y variados grupos… y por qué no: también escuchando, sintiendo y coordinando nuestro propio grupo interno.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

domingo, 4 de agosto de 2013

103 - Palabra y Coordinación Grupal

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 5 Nro. 54 de septiembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 13/10/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

PALABRA Y COORDINACION GRUPAL

En todo grupo circula la palabra, la que es escuchada y auscultada por quien tiene la función de coordinarlo. Ese lugar del coordinador constituye un espacio privilegiado para el análisis de las palabras, ya que ellas son verdaderas protagonistas en la escena grupal. Los operadores psicosociales trabajamos con las palabras habladas; habladas por los integrantes del grupo y también por el coordinador. Se dice y se escucha.

Podemos preguntarnos qué sucede con las emociones, los sentires y los afectos. O qué ocurre con los miembros concretos que componen cada grupo; qué les pasa en sus vidas reales y cotidianas; o cuáles son sus alegrías y sus penas tanto espirituales como corporales. Y respondemos que todos estos aspectos casi nada son sin las palabras, pues ellas abrazan y recubren tales manifestaciones de nuestra humana condición.

Si bien el coordinador grupal siempre escucha desde su propia verticalidad singular, simultáneamente lo hace con la disponibilidad interna de estar abierto a lo nuevo, a lo diferente, a lo desconocido. Intentando entender y conocer las contradicciones tanto de las personas como de los grupos humanos. Es en lo grupal donde sus integrantes hablan los unos con los otros, los unos a los otros y también consigo mismos.

Y alrededor de esos vocablos multifacéticos, pensamos que aquello que se dice puede llegar al individuo como palabra destinada. Pues hay palabras primordiales que fundan relaciones y funden vínculos. Pero también todo coordinador sabe que el sujeto de la enunciación no es el sujeto del enunciado. La enunciación es el decir que nunca queda en lo dicho. Así, mientras las voces grupales se oyen, los significantes se escuchan.

Un coordinador puede diferenciar entre las palabras plenas —o verdaderas— y las palabras vacías, según la cercanía o la distancia que un discurso guarde con respecto a la verdad del inconsciente. De la palabra verdadera surge un significado trascendente para el ser hablante. En la palabra vacía, el integrante del grupo parece decir en vano. A menudo las palabras vacías resultan más frustrantes que el silencio mismo.

De igual modo, en todo proceso grupal siempre emergen las palabras de nuestro yo insincero o de mala fe. Ello sucede cuando nos mentimos primero a nosotros mismos y luego, también a los demás. Nos buscamos excusas, creyendo que así haremos más llevadero nuestro existir. La mala fe es un autoengaño, basado en racionalizaciones por las cuales cada integrante grupal pretende falaz e ilusoriamente tranquilizarse.

El rol del coordinador requiere un sólido entrenamiento que le permita poseer una escucha activa —en el sentido de habilidad social— que facilite su vínculo con los otros y el de los miembros del grupo entre sí. Sabiendo que siempre circularán palabras vacías y verdaderas, palabras primordiales y destinadas. Distinguiendo el decir de buena fe del que proviene de nuestro yo insincero. Y así sucede en todo grupo.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

lunes, 29 de julio de 2013

102 - Los Jóvenes Son el Futuro

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 59 correspondiente al bimestre agosto - septiembre de 2013 y en Hoy Día Córdoba con fecha 4/9/2013)

LOS JOVENES SON EL FUTURO

Durante el primer semestre del  2013 se realizó la 1ª Encuesta Iberoamericana de Juventudes, por la cual fueron entrevistados más de veinte mil adolescentes procedentes de unos veinte países de la región, cuyas edades van de los 15 a los 29 años. Uno de los objetivos de la consulta es conocer cómo son los jóvenes que viven en Iberoamérica; además de averiguar qué piensan y qué sienten respecto de diversas cuestiones atinentes a la familia, a la educación, a la salud, al empleo, a la seguridad , a la participación, entre otras.

A los fines de indagar acerca de las nuevas realidades y percepciones de la juventud, la encuesta se estructuró sobre tres ejes principales: a) comportamientos y actitudes en los vínculos más cercanos; b) posición ante las situaciones sociales actuales; y c) expectativas de futuro. El trabajo de campo fue organizado a través de cinco subregiones, a saber: México y  Caribe, Centroamérica, Andina, Ibérica y Cono Sur. Nos avocaremos a esta última subregión, integrada por la República Argentina junto a Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

Un dato destacable es que la gran mayoría de los adolescentes consultados en el Cono Sur consideran que su situación de aquí a cinco años será mejor que en la actualidad. También existe un fuerte apoyo de la juventud a los procesos de integración que últimamente se vienen dando en América Latina. Señalan que el acceso a la educación y a la salud se les hizo mucho más accesible y, si bien se muestran optimistas y solidarios, dicen tener mucha más confianza en sus propias capacidades personales que en el entorno social que habitan.

Mientras los chicos y las chicas que habitan otras regiones del planeta sufren la inestabilidad e incertidumbre propias de la postmodernidad y de la globalización salvaje, cercados por la propuesta de un consumismo individualista que sólo les provoca frustración y apatía; nuestros jóvenes del fin del mundo siguen apostando por  un futuro mejor. Parece que quieren escapar a los presagios de la amenazadora era del vacío existencial y convertirse —con optimismo y esperanza activa— en verdaderos protagonistas de sus vidas y de la historia que viene.  

Cabe sí señalar que la aludida mirada esperanzadora cae sensiblemente cuando los consultados son los jóvenes de la República Federativa del Brasil, país que recientemente fue conmovido por las multitudinarias y masivas manifestaciones que desbordaron sus calles. Tal vez no sea casual que por estos días el Papa Francisco —en su primer viaje al exterior— se encuentre allí participando de la Jornada Mundial de la Juventud, como también que una de sus consignas sea el llamamiento para que los gobiernos escuchen la voz de los jóvenes.  

En consonancia con lo antedicho, el secretario general de la Organización Iberoamericana de la Juventud, el argentino Alejo Ramírez, sostuvo en la ciudad de Madrid que esta encuesta implicó claramente traer la voz de los jóvenes. Es más, en su opinión son los gobiernos del Cono Sur quienes así mejor lo han comprendido, estrechando el vínculo entre las juventudes y sus jefes de Estado. También nosotros venimos destacando los avances  logrados en los últimos años por nuestros adolescentes, y las ideas y proyectos que hoy llevan adelante.

En lo que hace a las políticas públicas argentinas más efectivas, se resaltaron los beneficios de la Asignación Universal por Hijo —que revalorizó el rol de los jóvenes en la familia— y del Programa Conectar Igualdad, cuya netbook número tres millones se entregó el pasado 8 de julio en una escuela de la localidad bonaerense de Pilar. A ello podemos sumarle el Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente para el quinquenio 2012-2016, que cuenta con el aval de las veinticuatro jurisdicciones que lo apoyaron por unanimidad.

A modo meramente ilustrativo, podemos  agregar un dato más: hace pocos días atrás se llevó a cabo –en el predio de Tecnópolis— la entrega de certificados a los egresados del programa Finalización de Estudios Primarios y Secundarios, que ofreció asistencia económica a quienes buscaban completar su formación escolar. La primera etapa del denominado plan FinEs estuvo  dirigida a adolescentes de entre 18 y 25 años de edad que terminaron de cursar, como alumnos regulares, el último año de la educación secundaria y aún adeudaban materias.

Pues, concluyamos estas breves consideraciones expresando que, más allá de las políticas públicas, el desafío es integrarlas y volverlas más transversales. Los países de la región precisan organismos de la juventud que ocupen espacios políticamente claves y desde ahí puedan articularse con las diversas áreas de gobierno. Es necesario escuchar lo que los jóvenes están planteando, ya que en muchos aspectos ellos están un paso más allá que sus gobernantes.¡Ah! Me estaba olvidando: el título de la referida encuesta es El Futuro ya Llegó.                        

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com                                                                                        

miércoles, 3 de julio de 2013

101 - La Escucha del Coordinador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 5 Nro. 52 de julio de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 28/9/2013; en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 3/11/2014 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 6/7/2015)

LA ESCUCHA DEL COORDINADOR

Según el filósofo Martin Heidegger, el habla habla. Y poéticamente agrega que si nos dejamos caer en el abismo indicado por esa frase no nos hundimos en el vacío, sino que caemos hacia lo alto. Tal altitud abre una profundidad. Veamos, entonces, algunas ideas vinculadas a las palabras que circulan en todo grupo, las que deben ser escuchadas, interpretadas y puestas en juego por quien cumple el rol coordinador.

Escuchar proviene del latín vulgar auscultàre y, en términos generales, significa prestar atención a lo que se oye. El coordinador grupal ausculta, observa, explora y examina los pensamientos de otras personas. Pichon-Rivière expresó alguna vez que siempre quiso saber qué hay detrás de lo dicho, entendiendo que las palabras que decimos se abren a la polisemia con nuevos y variados significados para un mismo significante.

Pensamos que todo coordinador de grupos debe también interesarse en un propósito similar ya que, desde nuestra Psicología Social Argentina, decimos que detrás de lo manifiesto se oculta lo latente, que atrás de lo explícito se esconde lo implícito y que detrás de lo consciente yace lo inconsciente. Saber escuchar es un arte (escucharte) y, como todo arte, tiene sus reglas y sus normas específicas y puntuales a seguir.

La regla fundamental es que quien coordina se concentre por completo en lo que dicen los miembros de su grupo. Debe estar lo más libre posible de preconceptos, miedos y ansiedades; además de contar con la suficiente empatía para sentir como propias las vivencias de los otros. Según Erich Fromm, dicha empatía tiene como condición una gran capacidad de amar, pues la comprensión y el amor son inseparables.

Desde la función de coordinación y en el intercambio grupal, solemos encontrarnos con múltiples modos de expresión: tales como los del líder, los del portavoz, los del chivo expiatorio, los del saboteador y, por qué no, incluso los del silente (ya que hasta en el silencio habla la palabra negada). En dicho dispositivo o encuadre se podrá, entonces, jugar con las palabras e incluso poner nuestro cuerpo al intervenir interpretando.

A todas esas palabras que circulan grupalmente, el coordinador las lee como si estuviesen escritas sobre el paño de una bandera flameando: de modo tal que mientras él puede ver algunas letras los otros, según ese movimiento ondulante, leerán algo muy distinto. Pues, lo que cada uno expresa se termina de decir, no de similar modo, en las orejas de los demás miembros y según sus propias historias singulares.

Así, un coordinador grupal será un verdadero arquiatra —concepto que el fundador de nuestra Psicología Social tomó prestado de su amigo Aldo Pellegrini— si consigue penetrar a fondo los misterios de la naturaleza de cada ser, logrando el más alto nivel de comprensión humana. El conocimiento de la verdad no nos hace cambiar nada; y sólo podrá haber un cambio efectivo si dicho entendimiento es además esencialmente afectivo.

RONALDO WRIGHT
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