domingo, 2 de febrero de 2014

110 - El Psicólogo Social Mediador (Parte II)

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 59 de marzo de 2014; en La Silla del Coordinador con fecha 23/5/2014; en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 25/10/2014 y en la página web de la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con fecha 11/3/2015)

EL PSICOLOGO SOCIAL MEDIADOR (Parte II)

En el artículo del mes pasado hicimos referencia al principio de neutralidad, que debe guiar el accionar del psicólogo social mediador cuando opera en la resolución de conflictos y en las diversas instancias que se le presentan. A nivel comunitario, ello suele suceder en los diferendos entre vecinos, entre compañeros de trabajo, entre profesionales, entre deportistas; en las familias, en las escuelas, en los clubes; en las  instituciones y organizaciones en general. Nos avocaremos ahora al principio de  imparcialidad, que también ha de reinar en todo desacuerdo o desavenencia que se produzca en el curso del proceso grupal.

Es sabido que en toda comunicación humana siempre existen ruidos  —sean externos y/o  internos— por lo que, con la ayuda del mediador psicosocial, los eventuales rivales logran escucharse con atención y muchas veces por primera vez. De tal modo, pueden ir mejorando sus mensajes defectuosos y limpiando aquellos obstáculos —tanto epistemológicos como epistemofílicos— que interfieren en sus vínculos. Los reales protagonistas son los miembros del grupo en disputa y la idea central es ir evitando nuevas rencillas, o hacerlas más llevaderas cuando se vayan gestando. Ser imparcial en modo alguno significa no estar implicado.

Mediar entre los integrantes de cualquier grupo exige ser un operador dinámico, y no un mero oyente amable y pasivo. A través de una gama de tácticas y estrategias, contando con técnicas y logísticas puntuales para cada situación concreta, el psicólogo social se convierte en un modelador de las ideas y sentires que van encaminándose hacia una necesaria percepción de lo real, para conseguir las resoluciones más convenientes. Tal actitud y aptitud psicosocial se propone un destino más amplio: poder constituirnos en verdaderos agentes del cambio social planificado, apostando siempre a una adaptación activa a la realidad.  

Surge, pues, la aludida noción de imparcialidad. Ser ecuánimes y equitativos no es  sencillo, debido a lo que conocemos como telé  —positiva y negativa— que hace su aparición en todos los vínculos. Pero sí podemos intentar alcanzar una objetividad creciente, brindando una igualdad de oportunidades a las partes en litigio, tanto para hablar y expresarse como para ser escuchado. El norte es arribar a acuerdos que tengan el alcance de convenios privados y que respeten la autodeterminación de los participantes. Máxime si se trata de personas o circunstancias que deban continuar manteniendo una vinculación en el futuro.  

La referida idea de imparcialidad no propicia que todos los participantes del grupo sean la tratados de misma forma, siempre y bajo todas las circunstancias. Muchas veces resulta coherente y aceptable que algunos sean considerados de modo diferente, si ello se justifica por razones objetivas y específicas. Tal obrar del mediador psicosocial puede ayudar a identificar mejor los puntos en disputa, a evaluar las posibles bases de un pacto y las respectivas vías de solución. Siempre primará el resultado final proyectado —en términos de cooperación— para arribar a un desenlace consensuado y con un enfoque de perdurabilidad.

Concluimos pensando que el dilema básico en cualquier mediación son los intereses en juego y, casi siempre, éstos se presentan ocultos, encubiertos, velados, disimulados, camuflados o escondidos detrás de las posiciones que exhiben los miembros del grupo en disidencia. Al lado de la ecuanimidad, la equidad y el equilibrio que se precisan para conseguir una intervención operativa, se requiere además una afinada pericia para diferenciar lo explícito de lo implícito, lo manifiesto de lo latente. También aquí es necesario ser un piloto de tormentas para lograr ese criterio de justicia que conduce hacia una creciente imparcialidad psicosocial.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

sábado, 11 de enero de 2014

109 - El Psicólogo Social Mediador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 58 de febrero de 2014; en La Silla del Coordinador con fecha 10/5/2014; en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 25/10/2014 y en la página web de la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con fecha 5/3/2015)

EL PSICOLOGO SOCIAL MEDIADOR

                         Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.
                                                                            Marcel Proust.

Ha comenzado un nuevo año y con mucho placer retomo estos “Psicosociales Breves”, para pasar a referirme ahora a la labor del psicólogo social mediador. Es sabido que, así como no hay individuos no conflictivos, de igual modo tampoco existen los grupos sin divergencias ni desavenencias entre sus miembros. El operador psicosocial algo conoce sobre dicha naturaleza universal de los conflictos; y entiende que los mismos pueden funcionar no solamente de manera negativa sino también de un modo positivo, generando una energía creativa y llegando a mejorar el clima grupal.

La discordancia se relaciona íntimamente con lo diverso; y esa variedad de normas y valores, de opiniones y pareceres entre los integrantes de cualquier grupo, es común y  absolutamente natural. En lenguaje musical, lo discorde es tan solo una falta de armonía. Pues, es tarea del psicólogo social procurar vínculos armoniosos, ayudando a romper las conductas cerradas y estereotipadas. Y lograr que los conflictos sirvan para crecer, para avanzar. En otros términos, poder convertir las situaciones dilemáticas en simples problemas cuyo abordaje y solución estén al alcance del propio grupo.

De allí que se diga que el operador psicosocial debe ser —muchas veces— un capitán en las tormentas en cuanto a la resolución de los desacuerdos que se van presentando en el acontecer grupal. En tales instancias, proyecta ayudar a los participantes para que puedan dilucidar sus áreas de alianzas y divergencias; siendo aquí una especie de guía de turismo pues las disidencias logran resolverse cuando primero son advertidas y reconocidas. Como co-pensor, el psicólogo social coopera para que sean los mismos interesados quienes indiquen los caminos para solucionar sus diferencias.

Así, es importante tener en consideración el principio de neutralidad que debe imperar frente a toda confrontación que se produzca en el curso del proceso grupal. Ante la coexistencia de tendencias contradictorias entre los integrantes del grupo, es bueno conseguir ubicarse a una distancia óptima con el fin de ver esas disparidades con la mayor amplitud posible. Tal equidistancia permite distinguir a los otros como individuos separados del operador psicosocial: es decir, ni tan lejanos que no importen ni despierten empatía, ni tan cercanos que lleguen a asfixiar a quien coordina.  

En el pensar, sentir y hacer que conlleva toda mediación psicosocial, es conveniente contar con lo que denominamos objetividad operativa creciente, a los efectos de la más eficaz resolución de las disputas y confrontaciones grupales. Es fundamental actuar como un tercero neutral e imparcial, sin inclinarse a favor de ninguna de las partes o de las alternativas que se oponen en el puntual desacuerdo del que se trate. Aunque para poder ser neutral, muchas veces hay que intentar neutralizar a los contendientes; ello sin dejar de ser justo, equitativo y ecuánime.

El entrenamiento y la preparación del psicólogo social es un constante desafío en pos de un cotidiano convivir con las diferencias. Así, los grupos son habitualmente bastante  heterogéneos; y sus miembros suelen ser ideológica y culturalmente muy distintos. Si bien esa realidad desemboca en las más variadas rencillas y desavenencias, no hay ninguna duda que también contiene una enorme riqueza de aprendizajes. El rumbo va hacia la búsqueda de individuos motivadores de cambios y de transformaciones, tanto de la realidad exterior que los rodea como de su propio mundo interno.  

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

domingo, 1 de diciembre de 2013

108 - Los Niños y los Jóvenes Primero

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 61 del mes de diciembre de 2013)

LOS NIÑOS Y LOS JOVENES PRIMERO

         20 de Noviembre – Día Internacional de los Derechos del Niño

Ya casi finalizando el corriente año, intentaremos hacer una síntesis de los logros alcanzados —a partir del siglo XXI— en materia de Niñez y Adolescencia. Ninguna duda puede caber al respecto si ubicamos en un primer escalón a la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (año 2005), al Programa Nacional de Educación Sexual Integral y de Procreación Responsable (año 2006) y a la Asignación Universal por Hijo (año 2009).

Otro avance para destacar es el Programa Conectar Igualdad (año 2010), que en la actualidad lleva entregadas más de 3,7 millones de netbooks a estudiantes y alumnos de todo el país. A ello hay que sumarle lo que ha dado en denominarse  Universo Conectar (año 2013), cuyo objetivo es llegar en el próximo año a la totalidad del alumnado de las escuelas secundarias públicas, de las escuelas especiales, de los profesorados y a todos los docentes.

En similar orden de ideas señalemos que, gracias a las becas que contemplan los programas de inclusión educativa, miles de pibes volvieron a la escuela. El Plan FinEs de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (año 2008), ha brindado a muchísimos chicos y chicas la posibilidad de terminar su escolaridad, aportando recursos económicos para la capacitación y el pago de materiales didácticos, de tutores y de gastos en las distintas sedes educativas.

Por otro lado, en una clara muestra de ampliación de ciudadanía, también fue sancionada por nuestro Congreso Nacional la ley que habilita a votar a los jóvenes de 16 y 17 años de edad (año 2012). Así, se les brinda la posibilidad de participar a quienes quieran hacerlo y se otorga la libertad de no sufragar a aquellos adolescentes que no lo deseen. Ninguna duda puede caber que, una vez más, nos encontramos ante una concreta propuesta inclusiva.

Otras mejoras son: el descenso de los índices globales de mortalidad infantil; el Plan Nacer (año 2005), que dispuso brindar cobertura médica a niños menores de 6 años de edad y a embarazadas sin obra social; el Programa Sumar (año 2013) que complementa al anterior y se aplica a los jóvenes hasta los 19 años de edad. Aquí la prioridad de las políticas públicas nacionales no es otra que la ampliación de derechos y garantías en materia sanitaria.

A lo largo de este año también nos hemos referido a la legislación contra la violencia escolar —o acoso conocido como bullying—, a la lucha contra el trabajo infantil, al régimen penal juvenil, etc. Digamos que recientemente se ha incorporado al Código Penal la figura del acoso sexual por internet (año 2013). El ciberacoso o grooming sanciona con penas de hasta cuatro años de prisión a quienes contacten a menores con fines sexuales.

Asimismo, varios jueces están trabajando hoy para que el abuso sexual infantil sea declarado un delito imprescriptible, pues sostienen que el daño producido a un menor abusado lo llevará inscripto en su psiquis y en su cuerpo a lo largo de toda la vida. Incluso hay quienes opinan que estos delitos contra la integridad sexual deberían ser calificados nada menos que como tortura, ya que la víctima está sumida en un máximo grado de desprotección.

Por supuesto que con lo antes dicho no pretendemos agotar la nómina de logros y de conquistas, sino realizar un simple muestreo que trataremos de continuar analizando el próximo año 2014. Como comunidad organizada es bueno seguir avanzando en pos de más políticas inclusivas, tanto de los derechos como de las garantías de nuestras niñas, niños y jóvenes. Aprovecho para desearles lo mejor para estas fiestas de fin de año. ¡Un fuerte abrazo!

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 20 de noviembre de 2013

107 - La Disponibilidad del Coordinador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 57 de diciembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 4/1/2014 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA DISPONIBILIDAD DEL COORDINADOR

Desde mediados del año 2013 vengo publicando una serie de artículos —que bien podrían condensarse bajo el título común de Psicosociales Breves— en los cuales hice mención a la escucha del coordinador, a las palabras que circulan en los grupos, a la coordinación de nuestro propio grupo interno y al oficio de escuchar como arte-facto. Para finalizar el año y con un renovado agradecimiento por este espacio en la revista Psicología Social para Todos, completo esta temática relativa a la tan necesaria aptitud y actitud para poder transitar los aconteceres  grupales.

Sostuve que una de las habilidades esenciales de todo coordinador y su equipo es el estar disponibles. Tal disponibilidad se refiere tanto al proceso grupal, como a todos y cada uno de los integrantes del grupo en el que se opera. Jugando un poco con el diccionario sobre qué significa estar disponible, pienso que respecto del coordinador: es encontrarse libre de todo impedimento para prestar servicios al grupo; y en cuanto al acontecer grupal: sería algo así como que se puede hacer uso del mismo pues está listo  para ser utilizado. ¡El grupo está disponible!    

Estar disponible es que el coordinador logre acompañar las palabras de los otros, dándoles su espacio y su tiempo; y sin interrumpir ni siquiera en los silencios. Que el grupo vaya generando su propia cultura. También es poder mantener una postura relajada y serena que refleje interés, en el sentido latino de inter-esse o estar entre. Consiste en estar entre los miembros del grupo; andar entre los meandros del proceso grupal. Es interesarse por saber más y entender mejor, intensificando el encanto por el crecimiento y la creatividad individual y colectiva.

Estar disponible también es hallar tanto a la creatividad como a la creación en la médula misma de la práctica operativa, las que adquieren enorme relevancia en todo devenir grupal. Así, pues, se entiende el oficio de coordinar como el despliegue de la producción de un universo afectivo, representacional y de significaciones. Queda por fuera el pretender adivinar ni tener una bola de cristal que precipite conclusiones ni, mucho menos, que consiga soluciones mágicas. El coordinador de grupo cuenta con la ayuda de ubicarse a una distancia (¿o cercanía?) óptima.

Estar disponible es poder escuchar al otro no solamente con el intelecto sino también con la emoción, el sentimiento, la simpatía y la ternura necesaria como para abrir una dimensión distinta en el clima grupal. Una presencia semejante significa que todo el ser del coordinador está implicado, llegando muchas veces a convertirse uno con su grupo. Tal disponibilidad conlleva una plena atención y entrega, escuchando sin juicio ni prejuicio alguno. Y sin comparar con las ideas propias, ni dejar que se entrometa el  diálogo interno que habita en lo más íntimo de un coordinador.

Para concluir y volviendo a los conceptos del diccionario, veo que éste alude a un denominado factor de disponibilidad, que nos indicaría cuánto tiempo un sistema cualquiera está operativo respecto del transcurso total durante el que se desea que funcione. ¡Genial! Creo que la idea es absolutamente aplicable al estar disponible de todo coordinador para con su grupo, del que vengo hablando. Esa operatividad lo es a tiempo completo, creando los contextos idóneos y desarrollando la habilidad social de empatizar, para conseguir así meterse en la piel de los otros.

La seguimos el año que viene. Aprovecho para desearles a tod@s muchas felicidades para estas fiestas que ya se aproximan y todo lo mejor para el 2014. Un abrazo.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

sábado, 19 de octubre de 2013

106 - La Escucha Como Arte-Facto

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 56 de noviembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 21/11/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA ESCUCHA COMO ARTE-FACTO

Pensamos el concepto de escucha como uno de los tantos aparatos o artefactos que utiliza el coordinador grupal para cumplir su rol. En términos pichonianos, estamos hablando de arte factum (del latín, “hecho con arte”); hacer una artesanía del proceso de escuchar a los integrantes de un grupo. Es decir, quien coordina se vale de una suerte de maquinaria auditiva que lo ayuda a desempeñar su función específica.

También venimos diciendo, por otro lado, que saber escuchar es un arte (escucharte) que tiene sus propias reglas a seguir, tales como un conjunto de habilidades, destrezas, saberes y conocimientos interrelacionados que permiten una transformación de las necesidades, los deseos y los anhelos grupales. Algo así como romper las conductas estereotipadas y la resistencia a los cambios en pos de un proyecto a ser logrado.

Desde la óptica psicosocial, coordinar implica desarrollar una aptitud de escucha múltiple. Se trata de no ejercer un liderazgo sino de poder asumir una posición de prescindencia para que así emerjan las palabras de los otros, preservando siempre la direccionalidad de la tarea grupal concreta y específica. Tal metodología procura la capacidad de percibir existente en el grupo en función de un objetivo común.

Además la escucha del coordinador, de modo similar a la atención flotante freudiana,  es la expresión de un valor que se llama disponibilidad. La idea es mantener la mente difusa y no focalizada; es decir, que la coordinación no esté regida por ningún prejuicio ni intencionalidad previa. Conocer no es sólo hacerse una idea de algo, sino volverse disponible a todo dejando expeditas las más variadas posibilidades grupales.

El coordinador y su equipo no tienen que empeñarse ni a favor ni en contra, sino simplemente inclinarse hacia cada situación grupal que se les vaya presentando. Toda novedad los debe encontrar enteramente abiertos y libres de nocivos preconceptos. La posición del coordinador grupal irá oscilando entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, entre un dejarse sorprender y un dar cabida a lo disruptivo.

Lo antedicho no se lleva a cabo de cualquier modo, pues coordinar es operar siempre con cierta dirección. Las más de las veces esa direccionalidad está dada en crear las condiciones de posibilidad para que aquello que tiene que suceder en un grupo  efectivamente ocurra. De allí que sea considerado un facilitador, un posibilitador de los senderos que sean necesarios para que el trabajo grupal pueda desplegarse.

Con el aparato o dispositivo de la escucha, el coordinador desarrolla su saber-hacer tanto para pensar la lógica de los procesos grupales como así también la dirección de sus distintas intervenciones, interpretaciones y señalamientos. No sólo debe estar presente sino que cuenta con cierta aptitud y actitud para ausentarse. Ello sin dejar de lado la creatividad grupal… y siendo muchas veces el orquestador de una fratría.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

lunes, 23 de septiembre de 2013

105 - Sobre el Régimen Penal Juvenil

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XII Nro. 60 correspondiente al bimestre octubre - noviembre de 2013)

SOBRE EL REGIMEN PENAL JUVENIL

Otra vez el tema del régimen penal juvenil se encuentra en debate en el Congreso de la Nación. Así, la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados está trabajando el borrador de un proyecto en tal sentido. Su base de estudio es el texto analizado en el año 2009 por los diputados, que establece un sistema de penalidades propias para aquellos adolescentes cuyas edades van de los 16 a los 18 años. Cabe recordar que, en la actualidad, por debajo de dicha franja etaria los jóvenes no son punibles ni imputables (decreto-ley nº 22.278/80 reformado en el año 1983).

Ya en 1990, nuestro país ratificó por ley nº 23.849 la Convención sobre los Derechos del Niño y sancionó, en el año 2005, la norma de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (ley nº 26.061), adecuando su legislación interna a la normativa vigente a nivel internacional. Hoy rige el principio del interés superior del niño, que contempla la máxima satisfacción integral y simultánea de los derechos y garantías de los menores hasta los 18 años. Entre ellos, el art. 3 dispone el respeto al pleno desarrollo personal de sus derechos en su medio familiar, social y cultural.  

Sabido es que el régimen penal de la minoridad es una cuestión por demás sensible, al punto que tanto la Corte Interamericana de Derechos Humanos como nuestro Tribunal Superior de Justicia han emplazado al Congreso de la Nación para que, en un plazo razonable, adecue la legislación de menores a la normativa internacional. Pues, habrá que estar muy atentos a la marcha de los acontecimientos que se vayan sucediendo en el poder legislativo, los que bajo ningún punto de vista pueden simplificar el tema a soluciones enmarcadas en la política de mano dura o en la prisionalización juvenil.

La pretensión es que las leyes en materia de niños y de adolescentes avancen siempre en orden a su cuidado y a su protección integral. La inclusión social y las medidas de educación correctiva consecuentes son la primera herramienta a tener en cuenta; y lo penal tendrá que mantenerse expectante como una vía extrema de reinserción en la comunidad. La responsabilidad penal debe ser el último peldaño ante la transgresión en la niñez y la juventud, para dejar paso a las normas inclusivas y de plena vigencia de los derechos humanos que fundamentan a todo Estado de bienestar moderno.

En modo alguno se puede pensar como una solución válida el pretender bajar a los 14 años la edad de punibilidad o imputabilidad, pues es claro que cuanto más temprano un chico ingresa al sistema penal, antes y mejor va a consolidar su conducta delictiva. La privación de la libertad nunca puede ser una respuesta automática. También es un error el creer que una legislación con mayor poder punitivo sobre los pibes va a lograr afirmar mejor la seguridad ciudadana y la paz social. Tales concepciones sólo quieren ocultar que los niños y los adolescentes son producto nuestro y de esta época.

Es obvio que las causas reales para atacar y remover la producción del delito juvenil no están en el sistema penal. Están en las políticas y las acciones públicas de integración comunitaria, en el trabajo con las familias y en las escuelas, en la solución de conflictos estructurales tales como la pobreza y las drogas, y varios etcéteras más. No olvidemos que la ley de Protección Integral de los Derechos arriba indicada hace especial alusión  tanto a la responsabilidad gubernamental como a la responsabilidad familiar y a la participación comunitaria necesaria si se pretende la plena tutela de los menores.

Los ejes de las políticas públicas que conforman las Medidas de Protección Integral pueden sintetizarse de la siguiente forma: el fortalecimiento del rol de la familia; la descentralización de los organismos de aplicación; la gestión conjunta de la sociedad civil con los órganos de gobierno; la constitución de nuevas organizaciones en pos de la defensa y la protección de los derechos de la niñez y la adolescencia; y la promoción de redes intersectoriales. Por ende, en el ámbito penal deberán hacerse las reformas necesarias para acompañar el avance que representó la sanción de la ley nº 26.061.

El desafío, entonces, es trabajar con esfuerzo en la prevención y en la integración social. Hacer funcionar a los sistemas de libertad asistida o vigilada —hablando siempre de los pibes entre los 16 y los 18 años de edad— y comenzar a utilizar los mecanismos de justicia reparatoria, como los trabajos para la comunidad o la simple restauración del daño ocasionado. Será imprescindible, además, contar con un fuero híper especializado y con tribunales multi disciplinarios en los cuales participen tanto educadores como psicólogos, psicopedagogos y trabajadores sociales, entre otros.

Como venimos manifestando desde hace un tiempo, la idea es seguir avanzando en la inclusión de los derechos de nuestros pibes y adolescentes. Si ellos son esencialmente educandos, corresponde anteponer lo socioeducativo en pos de su rehabilitación y posponer todo lo que sea meramente coercitivo y punitivo. Pues el punto nodal es evitar las políticas públicas que terminan considerando a la niñez y a la juventud según parámetros de inclusión penitenciaria y de exclusión social. En fin, la protección tiene que ir en auxilio de los sectores púberes que se hallan en mayor desventaja.

RONALDO WRIGHT
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

104 - Coordinar Nuestro Grupo Interno

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 55 de octubre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 24/10/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

COORDINAR NUESTRO GRUPO INTERNO

El pasado viernes 30 de agosto fui invitado a dar una charla en la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) de la ciudad de Santa Fe. Allí, pues, participé del seminario sobre Coordinación de Grupos organizado por la profesora Patricia Giménez Lorente, a quien le agradezco una vez más la posibilidad de integrar dicha actividad. En un momento de mi exposición me encontré diciendo que, para coordinar grupos, es fundamental primero poder coordinar nuestro propio grupo interno.

Recordé entonces que el Dr. Enrique Pichon-Rivière distinguía entre grupo interno y  grupo externo, siendo éste el grupo real y el primero la internalización que de aquél hacemos. Es decir, el pasaje fantaseado desde el mundo exterior hacia nuestro mundo interior. Mientras el grupo externo es ese que coordinamos en lo concreto, en lo real; el grupo interno es el conjunto de vínculos internalizados en constante interacción, con sus relaciones y sus contenidos propios de las fantasías inconscientes.

Así, es esencial tener en claro la referida división subjetiva cuando cumplimos el rol de coordinar grupos, pues en nuestro complejo mundo interno habitan —entre otros— el saboteador, el emisario, el portavoz, el líder y el silente. Somos sujetos sujetados por las muchas y constantes ambivalencias, polaridades, antagonismos y contradicciones que a diario nos toca vivir: sujeto vs. grupo, lo manifiesto vs. lo latente, proyecto vs. resistencia al cambio, heterogeneidad vs. homogeneidad, y así siguiendo.

No es un dato menor que el fundador de la Psicología Social Argentina considerara que en la enfermedad mental lo que está dañado es precisamente el grupo interno. Y otro de los temas sobre los que más fui consultado en mi reunión santafecina resultó ser el conflicto en los grupos. Pues bien, así como no hay ser humano sin conflictos en lo personal, tampoco existen grupos a-conflictivos. Tanto los miembros del grupo como su coordinador deberán tener una cuota de tolerancia ante esta realidad.

El psicoanálisis considera el conflicto psíquico como constitutivo del ser humano y se refiere al mismo cuando se oponen exigencias  internas contrapuestas. Lo aborda desde distintos puntos de vista: lucha entre un deseo y una defensa; conflictos entre las pulsiones; pujas entre los diferentes sistemas o instancias (vgr.: yo, ello y superyó).  Y señala que el síntoma neurótico es el resultado de una transacción o compromiso entre dos grupos de representaciones que actúan como fuerzas contrarias.  

Desde una óptica psicosocial, hablamos de procurar convertir en un problema a los distintos dilemas que surgen en nuestro grupo interno y en los grupos externos que coordinamos. Entendemos por dilema a la contradicción o antinomia a la que no se le aplica la dialéctica por lo que, consecuentemente, queda sin resolverse en una síntesis de orden superior. Al transformarlo en un simple problema logramos que ese círculo vicioso que gira sobre sí mismo pueda producir un recorrido en espiral.

Dicho circuito espiralado (tesis, antítesis y síntesis) nos permite tener en cuenta que en todo grupo —donde el conflicto suele aparecer de modo intermitente y constante— siempre están presentes fuerzas contrarias que luchan entre sí. Conflicto deriva del latín co, con = entre dos o más, y flictus = choque o lucha. Una solución dialéctica y psicosocial intentará arribar a una síntesis que contenga ambos polos opuestos, sea que ello suceda en nuestro mundo interior o en el grupo a nuestro cargo.

Si bien la reunión en la muy bella sede de A.T.E. - Santa Fe se extendió durante casi tres horas —lo que permitió el abordaje de muchísimos conceptos atinentes a la coordinación grupal— digamos para finalizar estas breves líneas que, así como la base esencial de una preparación psicoanalítica se aprende pasando uno mismo por el análisis personal y singular, decimos que la técnica de coordinación sólo se puede conseguir a través de la experiencia individual de cada operador psicosocial.

Pensamos que eso se logra mediante una larga preparación y con la práctica de coordinar distintos y variados grupos… y por qué no: también escuchando, sintiendo y coordinando nuestro propio grupo interno.

RONALDO WRIGHT
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