(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 67 de noviembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 28/1/2017)
INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS
Otro ámbito donde los psicólogos sociales podemos intervenir está vinculado a la problemática de la desocupación y el trabajo; espacio que también reclama nuestra presencia como verdaderos agentes de cambio capaces de modificar la realidad —y modificarnos a la vez— en la medida de nuestros saberes y posibilidades. Con la fuerza de lo grupal, la meta es ir dejando de lado toda mirada ingenua e inocente de nuestra cotidianeidad, intentando observar críticamente lo que verdaderamente nos circunda para así lograr pensar, sentir y obrar de un modo más ingenioso y fecundo.
Quienes mucho nos pueden ilustrar en esta materia son las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins pues, en el año 1996, fueron co partícipes de la creación del área Trabajo y Desocupación en la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (APSRA). Junto a otros colegas preocupados por la crisis laboral de aquel entonces, constituyeron un equipo que desarrolló programas con diversos dispositivos: talleres con desocupados y sub ocupados, encuentros con jóvenes en escuelas de esta ciudad capital, organización de seminarios, de jornadas y de congresos, entre otros.
Esa experiencia se encuentra plasmada en un libro de reciente aparición, que lleva por título La desocupación: el sufrimiento humano y social (Ediciones Nuevos Tiempos, abril de 2014). Ambas psicólogas sociales arriba mencionadas son sus autoras y el texto describe lo acontecido en los talleres de reflexión y aprendizaje entre 1996 y 2010 (quince años en total). Con la técnica de los grupos operativos pichonianos, se comenzó a trabajar con muchos de los desempleados que quedaron en la calle como consecuencia de las políticas neoliberales y expulsivas de los años noventa.
Así, cabe decir que nuestra Psicología Social puede hacer mucho con los trabajadores desocupados, sobre todo con aquellos que sufren una situación traumática producto de la vulneración de sus derechos. Los asistentes a los talleres logran transformar su posición personal y singular, ya que en los grupos van apareciendo tanto proyectos colectivos como de apoyo recíproco. La intervención en este proceso grupal centrado en la tarea es una actividad creadora en la que algo nuevo se produce cuando cada miembro consigue, en su vinculación con los otros, recuperar su protagonismo.
Hablamos de grupos centrados en la tarea, entendiendo a ésta no solamente como un trabajo a realizar por los integrantes sino con la significación que le diera Enrique Pichon-Rivière; es decir como uno de los momentos situacionales del acontecer grupal. Pues, en dichos talleres con desocupados siempre se enfatizó la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos necesarios a los efectos de salir del pozo, articulando los fundamentos conceptuales, las experiencias previas de cada uno y el propio accionar en la búsqueda de soluciones a los problemas que evidenciaban.
La tarea es la marcha del grupo hacia su objetivo, un hacerse y un hacer dialéctico hacia un fin, que es una praxis y una trayectoria. A la tarea explícita de poder reinsertarse en el mercado laboral, subyace una tarea implícita que apunta al mundo interno del desempleado, a la ruptura —a través del esclarecimiento personal y colectivo— de las pautas estereotipadas que significan un obstáculo frente a toda postura de progreso o transformación. En los talleres sus miembros recobran no solamente su estima individual, sino también el reconocimiento familiar y social.
Desde una óptica psicosocial, sostenemos la necesidad y la relevancia en lo que hace a la promoción de estos ámbitos de reflexión y de aprendizaje colectivo que ayudan a superar las peores actitudes negativas para la inserción laboral, como así también que potencian las posibilidades individuales y grupales. Es útil seguir subrayando la clara función de contención del conjunto hacia sus participantes quienes, poco a poco y encuentro tras encuentro, van adquiriendo ese progresivo sentimiento de seguridad y de mayor arrojo que suelen brindar los espacios colectivos gestados en comunión.
Vale recomendar la lectura del libro pues, si bien se focaliza en una experiencia concreta que gira en torno al desempleo y el trabajo, bien puede implementarse —con algunas variaciones técnicas— en otros campos de intervención psicosocial. El prólogo es del doctor Fernando Fabris, quien destaca una virtud dialéctica fundamental de la rica labor llevada a cabo por las autoras Manzanelli y Rubins (*), cual es la correcta y creativa articulación de teoría y práctica o, dicho de otra manera, la interrelación profunda entre lo singular concreto y el abordaje teórico-metodológico.
(*) Eugenia Manzanelli es Psicóloga Social y Técnica Superior en Coordinación Grupal, especializada en Análisis Institucional; y Elena Rubins es Psicóloga Social y Licenciada en Sociología.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
sábado, 1 de noviembre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
121 - Drogas, Juventud y Salud Social
(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIII Nro. 65 correspondiente al bimestre noviembre - diciembre de 2014)
DROGAS, JUVENTUD Y SALUD SOCIAL
En la anterior edición de La Tecl@ Eñe cerramos nuestra nota (“Jóvenes trabajando por los jóvenes”) expresando que la drogadependencia no es tan sólo una cuestión de salud mental, sino esencialmente de salud social. Precisamente, hoy la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) se encuentra trabajando con un grupo de diputados, a los efectos de presentar un proyecto de ley que transparente —y haga legal— lo que ya existe a partir del fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
En esa causa judicial se dispuso que el consumo de estupefacientes en el ámbito privado —y sin ostentación a terceros— esté protegido por el art. 19 de nuestra Carta Magna. No se trata de alentar la ingesta de drogas ya que, si es adictiva, debe ser tratada, pero desde la salud y no de la mera penalización. Más allá del alboroto periodístico que se ha desatado en estos días —con diversidad de opiniones— destacamos la importancia que un proyecto de estas características sea debatido en el Congreso Nacional, en donde pueda analizarse en profundidad.
Máxime porque la mayoría de los involucrados son nuestros pibes y jóvenes, con sus vidas en riesgo. Así, también hay equipos estudiando el modo de establecer algún tipo de regulación referida a la publicidad que promueve la venta de medicamentos y alcohol. Además, hay que avanzar sobre el narcotráfico, pues allí está el gran problema y no en los adolescentes consumidores. No es cuestión de perseguir sólo a mulas y pequeños dealers. La idea central es que la población tome conciencia y poder lograr un cambio cultural profundo, que obviamente requiere tiempo y esfuerzo.
Siguiendo en esa línea de acción, la SEDRONAR acaba de presentar la Diplomatura de Operador Socioterapéutico, que se dictará en conjunto con la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Una primera etapa está orientada hacia los directores y el personal de las Casas Educativas Terapéuticas (CET) y de los Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CePLA). Sin embargo, se prevé que las próximas ediciones estén abiertas a todos los miembros de la comunidad, pues el fin es seguir preparando a profesionales para el abordaje y el tratamiento de los consumos problemáticos de sustancias.
Los graduados de esta diplomatura se hallarán capacitados para desempeñarse en las comunidades, en los barrios y en los grupos en situación de riesgo social y derechos vulnerados. Y también en las instituciones y en las organizaciones no gubernamentales que aborden esta difícil y compleja temática. Como venimos diciendo desde hace un tiempo atrás, se trata de trabajar allí donde están los pibes que nos necesitan como miembros de la sociedad. Tarea que hay que abordar desde los valores expresados en las cinco vocales, a saber: Apertura, Entrega, Idoneidad, Optimismo y Unidad.
Asimismo, el Area de Estrategias Preventivas en el Ambito Educativo de la SEDRONAR festejó el pasado mes de septiembre —junto a más de 400 jóvenes— el Día Nacional de la Juventud, haciendo talleres de reflexión y sensibilización sobre el consumo de drogas con chicos y chicas de más de treinta escuelas secundarias del Municipio de Morón. Cabe recordar que aquel día nació en memoria de la trágica Noche de los lápices, en la cual varios militantes y estudiantes que pedían por el boleto estudiantil fueron secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura cívico-militar.
Otra buena noticia en relación a nuestra juventud es que, en el marco del Programa Recuperar Inclusión, se inauguró hace pocos días la primera CET - Casa Educativa Terapéutica en la localidad santafecina de Granadero Baigorria. Estas casas brindan acogimiento y cobijo en procura de mitigar el consumo de drogas y alcohol, promoviendo acciones de restitución de los derechos a la vida, la salud, la enseñanza y el trabajo. Dicho abordaje se realiza por medio de cinco ejes fundamentales: la contención, la educación, la recreación, la terapia y la capacitación de agentes.
Las políticas públicas deben estar orientadas a instituir los recursos para la atención, prevención e inclusión de los chicos que atraviesan conflictos con los estupefacientes. De allí la construcción y el fortalecimiento de ciento cincuenta Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA) como espacios de contención en los que se realizan distintas actividades de formación, de concientización y de recreación. El ánimo es dar impulso a la creatividad y al pleno desarrollo tanto cultural como artístico y deportivo, en pos de un futuro mejor y menos exclusivo para nuestros pibes y adolescentes.
De lo que antecede se desprende el interés de incentivar la participación juvenil en la mayor cantidad de espacios comunitarios y, a partir de ahí, continuar pensando en comunión las diversas herramientas para emprender la cuestión de las drogas. La ingesta de sustancias nocivas es una problemática multicausal que atraviesa a toda la sociedad y que, por tanto, requiere del compromiso de todos. Desde la SEDRONAR se interpela a los jóvenes como potenciales agentes de prevención, entendiéndolos como actores claves y esenciales que también pueden comprender y ayudar a sus pares.
RONALDO WRIGHT
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DROGAS, JUVENTUD Y SALUD SOCIAL
En la anterior edición de La Tecl@ Eñe cerramos nuestra nota (“Jóvenes trabajando por los jóvenes”) expresando que la drogadependencia no es tan sólo una cuestión de salud mental, sino esencialmente de salud social. Precisamente, hoy la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) se encuentra trabajando con un grupo de diputados, a los efectos de presentar un proyecto de ley que transparente —y haga legal— lo que ya existe a partir del fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
En esa causa judicial se dispuso que el consumo de estupefacientes en el ámbito privado —y sin ostentación a terceros— esté protegido por el art. 19 de nuestra Carta Magna. No se trata de alentar la ingesta de drogas ya que, si es adictiva, debe ser tratada, pero desde la salud y no de la mera penalización. Más allá del alboroto periodístico que se ha desatado en estos días —con diversidad de opiniones— destacamos la importancia que un proyecto de estas características sea debatido en el Congreso Nacional, en donde pueda analizarse en profundidad.
Máxime porque la mayoría de los involucrados son nuestros pibes y jóvenes, con sus vidas en riesgo. Así, también hay equipos estudiando el modo de establecer algún tipo de regulación referida a la publicidad que promueve la venta de medicamentos y alcohol. Además, hay que avanzar sobre el narcotráfico, pues allí está el gran problema y no en los adolescentes consumidores. No es cuestión de perseguir sólo a mulas y pequeños dealers. La idea central es que la población tome conciencia y poder lograr un cambio cultural profundo, que obviamente requiere tiempo y esfuerzo.
Siguiendo en esa línea de acción, la SEDRONAR acaba de presentar la Diplomatura de Operador Socioterapéutico, que se dictará en conjunto con la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Una primera etapa está orientada hacia los directores y el personal de las Casas Educativas Terapéuticas (CET) y de los Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CePLA). Sin embargo, se prevé que las próximas ediciones estén abiertas a todos los miembros de la comunidad, pues el fin es seguir preparando a profesionales para el abordaje y el tratamiento de los consumos problemáticos de sustancias.
Los graduados de esta diplomatura se hallarán capacitados para desempeñarse en las comunidades, en los barrios y en los grupos en situación de riesgo social y derechos vulnerados. Y también en las instituciones y en las organizaciones no gubernamentales que aborden esta difícil y compleja temática. Como venimos diciendo desde hace un tiempo atrás, se trata de trabajar allí donde están los pibes que nos necesitan como miembros de la sociedad. Tarea que hay que abordar desde los valores expresados en las cinco vocales, a saber: Apertura, Entrega, Idoneidad, Optimismo y Unidad.
Asimismo, el Area de Estrategias Preventivas en el Ambito Educativo de la SEDRONAR festejó el pasado mes de septiembre —junto a más de 400 jóvenes— el Día Nacional de la Juventud, haciendo talleres de reflexión y sensibilización sobre el consumo de drogas con chicos y chicas de más de treinta escuelas secundarias del Municipio de Morón. Cabe recordar que aquel día nació en memoria de la trágica Noche de los lápices, en la cual varios militantes y estudiantes que pedían por el boleto estudiantil fueron secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura cívico-militar.
Otra buena noticia en relación a nuestra juventud es que, en el marco del Programa Recuperar Inclusión, se inauguró hace pocos días la primera CET - Casa Educativa Terapéutica en la localidad santafecina de Granadero Baigorria. Estas casas brindan acogimiento y cobijo en procura de mitigar el consumo de drogas y alcohol, promoviendo acciones de restitución de los derechos a la vida, la salud, la enseñanza y el trabajo. Dicho abordaje se realiza por medio de cinco ejes fundamentales: la contención, la educación, la recreación, la terapia y la capacitación de agentes.
Las políticas públicas deben estar orientadas a instituir los recursos para la atención, prevención e inclusión de los chicos que atraviesan conflictos con los estupefacientes. De allí la construcción y el fortalecimiento de ciento cincuenta Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA) como espacios de contención en los que se realizan distintas actividades de formación, de concientización y de recreación. El ánimo es dar impulso a la creatividad y al pleno desarrollo tanto cultural como artístico y deportivo, en pos de un futuro mejor y menos exclusivo para nuestros pibes y adolescentes.
De lo que antecede se desprende el interés de incentivar la participación juvenil en la mayor cantidad de espacios comunitarios y, a partir de ahí, continuar pensando en comunión las diversas herramientas para emprender la cuestión de las drogas. La ingesta de sustancias nocivas es una problemática multicausal que atraviesa a toda la sociedad y que, por tanto, requiere del compromiso de todos. Desde la SEDRONAR se interpela a los jóvenes como potenciales agentes de prevención, entendiéndolos como actores claves y esenciales que también pueden comprender y ayudar a sus pares.
RONALDO WRIGHT
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lunes, 1 de septiembre de 2014
120 - Operando en un Centro de Jubilados
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 66 de octubre de 2014)
OPERANDO EN UN CENTRO DE JUBILADOS
Las psicólogas sociales Noelia Straface, Dina Silvero y Silvia Alvarito se encuentran actualmente trabajando en el centro de jubilados Amigos de la 18 de Julio, ubicado en el municipio bonaerense de Hurlingham. El pasado 21 de junio de 2014 presentaron su experiencia en el IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo en el teatro Metropolitan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y obtuvieron uno de los premios ECRO otorgados en dicho evento. Es este otro espacio en donde podemos intervenir los operadores psicosociales, por lo que a continuación haremos una síntesis de la labor desplegada con un claro objetivo: el propósito de mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, haciéndola artífice de sus propios cambios.
La intervención de toda actividad grupal centrada en la tarea es un proceso creador en que algo nuevo se produce cuando cada integrante del grupo puede, en el vínculo con los otros, recuperar su protagonismo. En el caso puntual que aquí se trata, la idea es fortalecer el presente de estos adultos mayores con proyectos nuevos, ocupando su cotidianeidad con diversos emprendimientos, abriendo un espacio y un tiempo para la mejor interacción y vinculación de los integrantes entre sí, proponiéndoles tareas recreativas y lúdicas, etc. Esta modalidad de trabajo propende al desarrollo personal y colectivo de los miembros, además de ser una invitación a convivir en un ambiente que facilita la intimidad y garantiza la privacidad del acontecer colectivo.
Una de las características de este grupo es que prácticamente no hay conflictos entre sus miembros, pues consideran que bastante ya tienen en sus vidas cotidianas: vgr: hijos que no los visitan, dificultades económicas, enfermedades y achaques en su salud, etc. Entienden que este es un ámbito que les pertenece y lo utilizan —como ellos mismos dicen— para la reflexión, la diversión y la contención. Así, tienen sus respectivos números de teléfonos y se mantienen siempre comunicados. Si alguno de los integrantes no está pasando un buen momento, recibe el cálido apoyo de sus compañeros no sólo durante las reuniones habidas en el centro de jubilados sino también durante la semana y por fuera de dicho encuadre prefijado.
Pichon-Rivière decía que la muerte está tan lejos como grande es la esperanza que construimos. Y precisamente estos abuelos se hallan en esa labor pues, encuentro tras encuentro, interactúan y se divierten con las distintas propuestas psicosociales que sus coordinadoras les ofrecen. Con varias técnicas psicodramáticas y propias de los grupos operativos participan —sentados en círculo— de los llamados habladeros en los cuales recuerdan los viejos tiempos, además de charlar sobre la actualidad que les toca vivir. Crean talleres literarios y obras de teatro espontáneo, cuentan cuentos, se disfrazan y bailan con total júbilo y desparpajo. Intercambian sus roles, realizan risoterapia y con técnicas de comunicación juegan al bingo musical o al teléfono descompuesto.
Si hoy en día la vejez está desvalorizada y nuestros ancianos son marginados, cabe aquí señalar que este espacio en el centro de jubilados va en una dirección bien distinta. Los integrantes del grupo logran desplegar su propio potencial a medida que las reuniones se suceden y, con una lógica de ensamblaje, todos se fortalecen mutuamente para así compartir la capacidad de afectarse desde sus respectivas vivencias. La operatividad psicosocial permite crear y experimentar modos nuevos de vincularse y de concebir lo comunitario. Esa energía común de la que hablamos no es otra que la de pensar, sentir y actuar de una forma renovada; generadora de disfrute, alegría y bienestar con su inevitable efecto multiplicador esparcido hacia todos los participantes.
Completando esta breve exposición, digamos que el texto ganador del mencionado premio ECRO alude también al concepto de vejez y su historia, esa última etapa de los seres vivos antes de producirse su deceso y que es una consecuencia del paso del tiempo. Nuestra cultura suele eludir –e incluso negar- el tema del fallecimiento, de la finitud; cuando es conocido el dicho que expresa: “padres que no le tienen miedo a la muerte forman hijos que no le temen a la vida”. Alfredo Moffatt, en tono de humor, considera que los humanos pertenecemos a la tribu de los Uterumbas, pues nuestro destino no es otro que ir del útero a la tumba. De allí la importancia de abordar nuestro envejecimiento con una mirada desde y hacia la salud.
Así sucede en este espacio social, pues todos los integrantes —incluyendo a las tres coordinadoras— apuestan a la vida y se ven impulsados a una mayor espontaneidad y flexibilidad, vinculándose de un modo más estrecho con sus emociones y sentimientos. Cada reunión es una invitación a la horizontalidad colectiva, para arribar a un contacto de persona a persona más intenso y más real. Se propaga la capacidad de expresión, de escucha, de intimidad y de relacionarse con los otros. Los psicólogos sociales fuimos formados trabajando en grupos y sabemos muy bien lo que significa esperar con ansias la próxima reunión, como así también llevarnos adentro nuestro la felicidad grupal al finalizar cada encuentro. ¡Eso es lo que sienten estos adultos mayores!
RONALDO WRIGHT
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OPERANDO EN UN CENTRO DE JUBILADOS
Las psicólogas sociales Noelia Straface, Dina Silvero y Silvia Alvarito se encuentran actualmente trabajando en el centro de jubilados Amigos de la 18 de Julio, ubicado en el municipio bonaerense de Hurlingham. El pasado 21 de junio de 2014 presentaron su experiencia en el IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo en el teatro Metropolitan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y obtuvieron uno de los premios ECRO otorgados en dicho evento. Es este otro espacio en donde podemos intervenir los operadores psicosociales, por lo que a continuación haremos una síntesis de la labor desplegada con un claro objetivo: el propósito de mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, haciéndola artífice de sus propios cambios.
La intervención de toda actividad grupal centrada en la tarea es un proceso creador en que algo nuevo se produce cuando cada integrante del grupo puede, en el vínculo con los otros, recuperar su protagonismo. En el caso puntual que aquí se trata, la idea es fortalecer el presente de estos adultos mayores con proyectos nuevos, ocupando su cotidianeidad con diversos emprendimientos, abriendo un espacio y un tiempo para la mejor interacción y vinculación de los integrantes entre sí, proponiéndoles tareas recreativas y lúdicas, etc. Esta modalidad de trabajo propende al desarrollo personal y colectivo de los miembros, además de ser una invitación a convivir en un ambiente que facilita la intimidad y garantiza la privacidad del acontecer colectivo.
Una de las características de este grupo es que prácticamente no hay conflictos entre sus miembros, pues consideran que bastante ya tienen en sus vidas cotidianas: vgr: hijos que no los visitan, dificultades económicas, enfermedades y achaques en su salud, etc. Entienden que este es un ámbito que les pertenece y lo utilizan —como ellos mismos dicen— para la reflexión, la diversión y la contención. Así, tienen sus respectivos números de teléfonos y se mantienen siempre comunicados. Si alguno de los integrantes no está pasando un buen momento, recibe el cálido apoyo de sus compañeros no sólo durante las reuniones habidas en el centro de jubilados sino también durante la semana y por fuera de dicho encuadre prefijado.
Pichon-Rivière decía que la muerte está tan lejos como grande es la esperanza que construimos. Y precisamente estos abuelos se hallan en esa labor pues, encuentro tras encuentro, interactúan y se divierten con las distintas propuestas psicosociales que sus coordinadoras les ofrecen. Con varias técnicas psicodramáticas y propias de los grupos operativos participan —sentados en círculo— de los llamados habladeros en los cuales recuerdan los viejos tiempos, además de charlar sobre la actualidad que les toca vivir. Crean talleres literarios y obras de teatro espontáneo, cuentan cuentos, se disfrazan y bailan con total júbilo y desparpajo. Intercambian sus roles, realizan risoterapia y con técnicas de comunicación juegan al bingo musical o al teléfono descompuesto.
Si hoy en día la vejez está desvalorizada y nuestros ancianos son marginados, cabe aquí señalar que este espacio en el centro de jubilados va en una dirección bien distinta. Los integrantes del grupo logran desplegar su propio potencial a medida que las reuniones se suceden y, con una lógica de ensamblaje, todos se fortalecen mutuamente para así compartir la capacidad de afectarse desde sus respectivas vivencias. La operatividad psicosocial permite crear y experimentar modos nuevos de vincularse y de concebir lo comunitario. Esa energía común de la que hablamos no es otra que la de pensar, sentir y actuar de una forma renovada; generadora de disfrute, alegría y bienestar con su inevitable efecto multiplicador esparcido hacia todos los participantes.
Completando esta breve exposición, digamos que el texto ganador del mencionado premio ECRO alude también al concepto de vejez y su historia, esa última etapa de los seres vivos antes de producirse su deceso y que es una consecuencia del paso del tiempo. Nuestra cultura suele eludir –e incluso negar- el tema del fallecimiento, de la finitud; cuando es conocido el dicho que expresa: “padres que no le tienen miedo a la muerte forman hijos que no le temen a la vida”. Alfredo Moffatt, en tono de humor, considera que los humanos pertenecemos a la tribu de los Uterumbas, pues nuestro destino no es otro que ir del útero a la tumba. De allí la importancia de abordar nuestro envejecimiento con una mirada desde y hacia la salud.
Así sucede en este espacio social, pues todos los integrantes —incluyendo a las tres coordinadoras— apuestan a la vida y se ven impulsados a una mayor espontaneidad y flexibilidad, vinculándose de un modo más estrecho con sus emociones y sentimientos. Cada reunión es una invitación a la horizontalidad colectiva, para arribar a un contacto de persona a persona más intenso y más real. Se propaga la capacidad de expresión, de escucha, de intimidad y de relacionarse con los otros. Los psicólogos sociales fuimos formados trabajando en grupos y sabemos muy bien lo que significa esperar con ansias la próxima reunión, como así también llevarnos adentro nuestro la felicidad grupal al finalizar cada encuentro. ¡Eso es lo que sienten estos adultos mayores!
RONALDO WRIGHT
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jueves, 14 de agosto de 2014
119 - La Psicología Social en los Geriátricos
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 65 de septiembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 1/1/2016)
LA PSICOLOGIA SOCIAL EN LOS GERIATRICOS
Con el fin de continuar difundiendo la labor que podemos desempeñar los psicólogos sociales, tomé contacto con Adriana Gladys Ricci y su trabajo en varios geriátricos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ella es Acompañante Psicoterapéutica y Técnica en Comunicación y Psicología Social; y desarrolla una interesante tarea grupal con adultos mayores alojados en distintos hogares. Los ejes esenciales de su rol coordinador son el vínculo, la comunicación y el aprendizaje. Así pues, ¿qué hacer con estos ancianos y sus vínculos? ¿Cómo facilitar la comunicación para que, a través del diálogo, logren ir recuperando sus partes alienadas a causa de la internación? ¿Qué nuevos aprendizajes son capaces de incorporar en sus ya muy transitados mundos internos?
Un dato relevante es que los abuelos y abuelas esperan con muchas ganas la llegada de Adriana al lugar, pues cada reunión grupal les resulta muy rica en sensaciones y vivencias. Juntos comparten tanto charlas sobre su situación actual y recuerdos del allá y entonces, como también actividades lúdicas, recreativas, de reflexión, etc. Los objetivos generales son: fomentar el deseo de convivir en los hogares, reconociendo la compleja trama vincular de los ancianos entre sí y con las personas que los atienden; promover el conocimiento recíproco de los internados y su reubicación en las redes sociales, desde el lugar y modo que sea posible. Sabemos que cada agrupación tiene su dinámica particular, generando y engendrando su propia cultura.
Se trata de abordar integralmente un dispositivo de alojamiento convivencial para quienes están internados, ayudándolos a sostener e incrementar sus capacidades de pensar, de sentir y de hacer. Empleando varias técnicas de los grupos operativos y sentados en círculo —de forma que todos puedan mirarse e interactuar— conversan sobre su realidad puntual en el geriátrico, pudiendo así muchos de ellos transitar y tramitar sus miedos y sus ansiedades. Como el mundo exterior se les presenta mediado por las pantallas de los televisores, también se reflexiona grupalmente sobre eso que ven y escuchan a diario: un mundo con particularidades muy diferentes al que les tocó vivir y del cual la mayoría siente —y sabe— que se está despidiendo.
Puede señalarse que la coordinación precisa ser mucho más activa y participativa al operar con individuos de la tercera edad, a efectos de mantener y fomentar la comunicación intragrupal. Es decir, el coordinador debe ejercer —las más de las veces— cierto liderazgo en pos de preservar la direccionalidad de su tarea específica. Es habitual que el diálogo entre los abuelos deba ser facilitado por quien tiene el grupo a cargo, haciendo que el rol organizador sea más dinámico. Así, la psicóloga social Ricci suele llevarles fotos de aquellos tiempos pasados que los incentivan a expresar sus recuerdos y anécdotas de lo vivenciado; como también canciones y viejos temas musicales que incluso los movilizan al punto de terminar todos bailando.
Hace poco, al llegar la coordinadora a uno de los geriátricos se encontró con una abuela cantando La pulpera de Santa Lucía, mientras las demás integrantes la seguían con sus miradas. Rápidamente, Adriana Ricci interpretó que ella estaba operando como portavoz, es decir: aquel miembro que en algún momento denuncia el acontecer grupal, las fantasías que lo mueven, las necesidades y ansiedades de todos ellos. Y así sucedió efectivamente, ya que el grupo comenzó a cantar y charlar sobre viejos temas musicales y sus intérpretes, y a recordar aquellos bailes de carnavales a los que concurrían. Siempre se está atento a lo que —en términos psicosociales—se conoce como alcahuete del grupo, trovador-radar o comentarista de emergentes.
Por otro lado, siempre decimos que en toda agrupación se presentan desavenencias y disputas de la más diversa índole. Por supuesto, ellas también habitan en los citados geriátricos. Aquí es esencial operar procurando transformar lo hostil en tierno, bajando los decibeles de la situación conflictiva y, fundamentalmente, dejando el mejor clima colectivo al momento de finalizar el coordinador psicosocial su tarea diaria. Por tanto, siempre son bienvenidos los juegos de ingenio, los acertijos, los chistes, el recuerdo de las películas de antes y de sus protagonistas —actores y actrices— que llegan muchas veces a inspirar el erotismo de las abuelas y abuelos que, pese a sus edades, aún sigue vigente tanto en sus imaginarios como en sus traviesas fantasías.
Quiero agradecer a Adriana G. Ricci el haberme permitido participar de su trabajo tan profesional, como así también a los miembros del grupo que me recibieron con mucho cariño y con quienes pude compartir el mejor de los momentos. Los psicólogos sociales tenemos mucho por hacer en todos los espacios en los cuales nos encontremos ante el hombre-en-situación interactuando con sus vínculos cotidianos. Trazo singular y trama vincular. Se trata de continuar trabajando con niños, jóvenes y adultos; en adicciones y en juegotecas; en las escuelas, clubes, empresas, sociedades de fomento, iglesias, templos, sindicatos, cárceles y entes ya sean públicos o privados. Y también para brindar a nuestros mayores una mejor calidad de vida en los geriátricos.
RONALDO WRIGHT
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LA PSICOLOGIA SOCIAL EN LOS GERIATRICOS
Con el fin de continuar difundiendo la labor que podemos desempeñar los psicólogos sociales, tomé contacto con Adriana Gladys Ricci y su trabajo en varios geriátricos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ella es Acompañante Psicoterapéutica y Técnica en Comunicación y Psicología Social; y desarrolla una interesante tarea grupal con adultos mayores alojados en distintos hogares. Los ejes esenciales de su rol coordinador son el vínculo, la comunicación y el aprendizaje. Así pues, ¿qué hacer con estos ancianos y sus vínculos? ¿Cómo facilitar la comunicación para que, a través del diálogo, logren ir recuperando sus partes alienadas a causa de la internación? ¿Qué nuevos aprendizajes son capaces de incorporar en sus ya muy transitados mundos internos?
Un dato relevante es que los abuelos y abuelas esperan con muchas ganas la llegada de Adriana al lugar, pues cada reunión grupal les resulta muy rica en sensaciones y vivencias. Juntos comparten tanto charlas sobre su situación actual y recuerdos del allá y entonces, como también actividades lúdicas, recreativas, de reflexión, etc. Los objetivos generales son: fomentar el deseo de convivir en los hogares, reconociendo la compleja trama vincular de los ancianos entre sí y con las personas que los atienden; promover el conocimiento recíproco de los internados y su reubicación en las redes sociales, desde el lugar y modo que sea posible. Sabemos que cada agrupación tiene su dinámica particular, generando y engendrando su propia cultura.
Se trata de abordar integralmente un dispositivo de alojamiento convivencial para quienes están internados, ayudándolos a sostener e incrementar sus capacidades de pensar, de sentir y de hacer. Empleando varias técnicas de los grupos operativos y sentados en círculo —de forma que todos puedan mirarse e interactuar— conversan sobre su realidad puntual en el geriátrico, pudiendo así muchos de ellos transitar y tramitar sus miedos y sus ansiedades. Como el mundo exterior se les presenta mediado por las pantallas de los televisores, también se reflexiona grupalmente sobre eso que ven y escuchan a diario: un mundo con particularidades muy diferentes al que les tocó vivir y del cual la mayoría siente —y sabe— que se está despidiendo.
Puede señalarse que la coordinación precisa ser mucho más activa y participativa al operar con individuos de la tercera edad, a efectos de mantener y fomentar la comunicación intragrupal. Es decir, el coordinador debe ejercer —las más de las veces— cierto liderazgo en pos de preservar la direccionalidad de su tarea específica. Es habitual que el diálogo entre los abuelos deba ser facilitado por quien tiene el grupo a cargo, haciendo que el rol organizador sea más dinámico. Así, la psicóloga social Ricci suele llevarles fotos de aquellos tiempos pasados que los incentivan a expresar sus recuerdos y anécdotas de lo vivenciado; como también canciones y viejos temas musicales que incluso los movilizan al punto de terminar todos bailando.
Hace poco, al llegar la coordinadora a uno de los geriátricos se encontró con una abuela cantando La pulpera de Santa Lucía, mientras las demás integrantes la seguían con sus miradas. Rápidamente, Adriana Ricci interpretó que ella estaba operando como portavoz, es decir: aquel miembro que en algún momento denuncia el acontecer grupal, las fantasías que lo mueven, las necesidades y ansiedades de todos ellos. Y así sucedió efectivamente, ya que el grupo comenzó a cantar y charlar sobre viejos temas musicales y sus intérpretes, y a recordar aquellos bailes de carnavales a los que concurrían. Siempre se está atento a lo que —en términos psicosociales—se conoce como alcahuete del grupo, trovador-radar o comentarista de emergentes.
Por otro lado, siempre decimos que en toda agrupación se presentan desavenencias y disputas de la más diversa índole. Por supuesto, ellas también habitan en los citados geriátricos. Aquí es esencial operar procurando transformar lo hostil en tierno, bajando los decibeles de la situación conflictiva y, fundamentalmente, dejando el mejor clima colectivo al momento de finalizar el coordinador psicosocial su tarea diaria. Por tanto, siempre son bienvenidos los juegos de ingenio, los acertijos, los chistes, el recuerdo de las películas de antes y de sus protagonistas —actores y actrices— que llegan muchas veces a inspirar el erotismo de las abuelas y abuelos que, pese a sus edades, aún sigue vigente tanto en sus imaginarios como en sus traviesas fantasías.
Quiero agradecer a Adriana G. Ricci el haberme permitido participar de su trabajo tan profesional, como así también a los miembros del grupo que me recibieron con mucho cariño y con quienes pude compartir el mejor de los momentos. Los psicólogos sociales tenemos mucho por hacer en todos los espacios en los cuales nos encontremos ante el hombre-en-situación interactuando con sus vínculos cotidianos. Trazo singular y trama vincular. Se trata de continuar trabajando con niños, jóvenes y adultos; en adicciones y en juegotecas; en las escuelas, clubes, empresas, sociedades de fomento, iglesias, templos, sindicatos, cárceles y entes ya sean públicos o privados. Y también para brindar a nuestros mayores una mejor calidad de vida en los geriátricos.
RONALDO WRIGHT
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lunes, 4 de agosto de 2014
118 - Jóvenes Trabajando por los Jóvenes
(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIII Nro. 64 correspondiente al bimestre agosto - septiembre de 2014)
JOVENES TRABAJANDO POR LOS JOVENES
Todos tenemos un papel que desempeñar para
proteger a la juventud del abuso de las drogas.
Continuando con nuestro artículo Recuperar Inclusión para Niños y Jóvenes, publicado en la edición anterior de “La Tecl@ Eñe”, digamos que el pasado jueves 26 de junio se conmemoró el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, dispuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1987. Dicha fecha nos recuerda el objetivo pactado por los Estados miembros en cuanto a la promoción de una sociedad global en la que no se usen las drogas de modo ilícito.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publica cada año el Informe Mundial sobre las Drogas, seleccionando un tema para el Día Internacional aludido. A su vez, lanza una campaña con el objetivo de sensibilizar a la opinión en general acerca del flagelo mundial de la drogadicción, que tiene como fin movilizar el apoyo público y motivar —a través de sus redes y contactos— tanto a los individuos como a las entidades sin fines de lucro a accionar contra el abuso de narcóticos.
Y decíamos en aquella anterior nota que esa ayuda y esa colaboración ya se estaba comenzando a organizar desde las mesas de trabajo conocidas como Jóvenes por los Jóvenes, toda vez que es esencial la promoción y el apoyo de la juventud. Pues así sucedió: los jóvenes militantes del PRO, de La Cámpora y Los Irrompibles de la Unión Cívica Radical presentaron —a mediados del mes de mayo— la Mesa de Juventudes Políticas, dando a conocer su documento fundacional y un cronograma de trabajo.
El acto inaugural se llevó a cabo en el Cabildo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires —de alto valor simbólico como sitio de deliberación y de democracia— y contó con la participación de la ministra de Desarrollo Social porteña y de los titulares de la Red Solidaria y de la SEDRONAR. A partir de un nuevo paradigma y como primera acción conjunta acordaron intervenir en lo que hace al flagelo de las adicciones a las drogas, mirando de frente los problemas sociales y tratando de transformar esa realidad.
Nuestros chicos también pueden cooperar en las 60 Casas Educativas Terapéuticas (CET), brindando acogimiento y contención a otros pibes con el propósito de mitigar el consumo de estupefacientes. O incluso pueden hacerlo en los 150 Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA), esos ámbitos de ayuda en los que se realizan diversas labores de formación, de concientización y de recreación. Ambos dispositivos intentan generar herramientas más aptas para el logro de un futuro mejor para la juventud.
A estas buenas noticias se suman las de los foros de prevención en adicciones, espacios de formación y de intercambio de experiencias en el trabajo con el consumo de drogas y de sustancias psicoactivas. Su objetivo es brindar instrumentos a la comunidad para la realización de un diagnóstico territorial, teniendo para ello en cuenta ya sea los factores de riesgo como los de protección que definen el grado de fragilidad social. Y tienen el fin de sensibilizar a todos los miembros de la sociedad sobre este real azote.
Esos encuentros se realizan —durante todo el año— a modo de talleres participativos en las distintas ciudades, municipios y barrios del país. También ahí pueden asistir los adolescentes con ganas de comprometerse y colaborar con sus pares que sufren serios conflictos con los narcóticos. La tarea en adicciones es de cada día y requiere de todos mucho esfuerzo, dedicación y contención. Aunque cabe señalar que ya hay miles de pibes trabajando por los otros, metiéndose bien a fondo donde están los problemas.
Obviamente, esta delicada labor debe estar a cargo de profesionales de la salud. Los citados encuentros pueden ser coordinados por psicólogos sociales con la técnica de los grupos operativos. Y teniendo en claro que el joven adicto es un sujeto de derechos que se siente excluido de la sociedad, hay que arduamente trabajar en la inclusión ya que las drogas rompen todos los vínculos. Se trata de resaltar la toma de conciencia de que la drogadependencia no es una cuestión de salud mental, sino de SALUD SOCIAL.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
JOVENES TRABAJANDO POR LOS JOVENES
Todos tenemos un papel que desempeñar para
proteger a la juventud del abuso de las drogas.
Continuando con nuestro artículo Recuperar Inclusión para Niños y Jóvenes, publicado en la edición anterior de “La Tecl@ Eñe”, digamos que el pasado jueves 26 de junio se conmemoró el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, dispuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1987. Dicha fecha nos recuerda el objetivo pactado por los Estados miembros en cuanto a la promoción de una sociedad global en la que no se usen las drogas de modo ilícito.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publica cada año el Informe Mundial sobre las Drogas, seleccionando un tema para el Día Internacional aludido. A su vez, lanza una campaña con el objetivo de sensibilizar a la opinión en general acerca del flagelo mundial de la drogadicción, que tiene como fin movilizar el apoyo público y motivar —a través de sus redes y contactos— tanto a los individuos como a las entidades sin fines de lucro a accionar contra el abuso de narcóticos.
Y decíamos en aquella anterior nota que esa ayuda y esa colaboración ya se estaba comenzando a organizar desde las mesas de trabajo conocidas como Jóvenes por los Jóvenes, toda vez que es esencial la promoción y el apoyo de la juventud. Pues así sucedió: los jóvenes militantes del PRO, de La Cámpora y Los Irrompibles de la Unión Cívica Radical presentaron —a mediados del mes de mayo— la Mesa de Juventudes Políticas, dando a conocer su documento fundacional y un cronograma de trabajo.
El acto inaugural se llevó a cabo en el Cabildo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires —de alto valor simbólico como sitio de deliberación y de democracia— y contó con la participación de la ministra de Desarrollo Social porteña y de los titulares de la Red Solidaria y de la SEDRONAR. A partir de un nuevo paradigma y como primera acción conjunta acordaron intervenir en lo que hace al flagelo de las adicciones a las drogas, mirando de frente los problemas sociales y tratando de transformar esa realidad.
Nuestros chicos también pueden cooperar en las 60 Casas Educativas Terapéuticas (CET), brindando acogimiento y contención a otros pibes con el propósito de mitigar el consumo de estupefacientes. O incluso pueden hacerlo en los 150 Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA), esos ámbitos de ayuda en los que se realizan diversas labores de formación, de concientización y de recreación. Ambos dispositivos intentan generar herramientas más aptas para el logro de un futuro mejor para la juventud.
A estas buenas noticias se suman las de los foros de prevención en adicciones, espacios de formación y de intercambio de experiencias en el trabajo con el consumo de drogas y de sustancias psicoactivas. Su objetivo es brindar instrumentos a la comunidad para la realización de un diagnóstico territorial, teniendo para ello en cuenta ya sea los factores de riesgo como los de protección que definen el grado de fragilidad social. Y tienen el fin de sensibilizar a todos los miembros de la sociedad sobre este real azote.
Esos encuentros se realizan —durante todo el año— a modo de talleres participativos en las distintas ciudades, municipios y barrios del país. También ahí pueden asistir los adolescentes con ganas de comprometerse y colaborar con sus pares que sufren serios conflictos con los narcóticos. La tarea en adicciones es de cada día y requiere de todos mucho esfuerzo, dedicación y contención. Aunque cabe señalar que ya hay miles de pibes trabajando por los otros, metiéndose bien a fondo donde están los problemas.
Obviamente, esta delicada labor debe estar a cargo de profesionales de la salud. Los citados encuentros pueden ser coordinados por psicólogos sociales con la técnica de los grupos operativos. Y teniendo en claro que el joven adicto es un sujeto de derechos que se siente excluido de la sociedad, hay que arduamente trabajar en la inclusión ya que las drogas rompen todos los vínculos. Se trata de resaltar la toma de conciencia de que la drogadependencia no es una cuestión de salud mental, sino de SALUD SOCIAL.
RONALDO WRIGHT
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martes, 17 de junio de 2014
117 - Algo Más Sobre "El Bancadero"
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 64 de agosto de 2014 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 21/4/2015)
ALGO MAS SOBRE “EL BANCADERO”
Completando la nota publicada en la edición anterior de la revista Psicología Social para Todos, digamos que al crearse, en 1982, la cooperativa de salud mental que luego pasaría a llamarse El Bancadero, no se contaba con el dinero suficiente para llevar a cabo ese proyecto. Comenzó a funcionar en una casa abandonada y destruida casi en su totalidad que fue, poco a poco, restaurada por los primeros integrantes de la asociación. Alfredo Moffatt afirmó que limpiar y reconstruir esa vivienda tuvo algo metafórico, pues a la vez se estaba haciendo lo propio con nuestro sufrido país.
Recién había finalizado la guerra de las Islas Malvinas y la dictadura militar ya iniciaba su huida del poder, factores ambos que incidieron para que aquellos pioneros lograran trabajar sin mayores obstáculos. Por ese entonces también ayudó, y mucho, una nota publicada en la revista de los domingos del diario Clarín, cuyo elocuente título era: Curaos los unos a los otros. Al día siguiente más de cien personas se acercaron a la naciente mutual de asistencia psicológica; y así comenzaron a funcionar los primeros espacios de apoyo, contención y esclarecimiento, operando con grupos y en grupos.
La meta de la agrupación fue, desde sus mismos inicios, el colaborar en la merma del nivel de angustia cotidiana de la población, brindando un auxilio emocional a nivel preventivo y más allá de otras posibilidades asistenciales convencionales. Se intentó rescatar tanto el espíritu de las primitivas sociedades de socorros mutuos de nuestros abuelos inmigrantes, como la idea de las sociedades de fomento barriales que logran sostenerse —para el bien común— con la iniciativa, el esfuerzo y la unión de todos los vecinos. O sea: un real y comprometido pasaje de lo solitario hacia lo solidario.
El pensamiento y el estilo de trabajo de Enrique Pichon Rivière —y de su psicología social argentina— recorren todos los puntos de esta experiencia, al igual que otros aportes científicos que pueden hallarse en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, o en las prácticas de Alcohólicos Anónimos, o en el Centro de Asistencia al Suicida, y así siguiendo. Se aplican las más variadas técnicas grupales que permiten que cada uno sea un agente curativo del otro, fruto de la creación de un espacio de diálogo para compartir, ilustrar y esclarecer las ansiedades psíquicas.
Muchas veces hemos destacado la importancia que tiene la palabra en los grupos, ya que la pertinencia de nuestra tarea psicosocial se halla cuando nos ocupamos de los individuos interrelacionados, entre otros aspectos, a través del lenguaje y sus voces. El Bancadero es una comunidad terapéutica, un habladero donde los grupos —al pensar, sentir y hacer— se organizan con el fin de reconstruir lo fraterno. En un cálido clima de contención y sentados en rueda, entre sus miembros se produce una verdadera cirugía del alma entre asistentes y asistidos. De ahí que los vínculos amorosos nos curan.
Uno de los once puntos básicos (*) que se leen en el acta de creación de El Bancadero se refiere a disponer equipos móviles en distintos organismos —a modo de educación preventiva en salud mental— y a través de conferencias, mesas redondas, encuentros, debates, etc. Y contribuir también en casos de catástrofes sociales para cooperar, a pedido de las autoridades, en donde sea necesaria la contención humana y la ayuda espiritual (vgr: accidentes, desastres, atentados). Ello es un claro precedente de la actual Comunidad Bancavida y del hoy tan difundido EPS Emergencias PsicoSociales.
Es nuestro deseo que esta institución autogestiva, alternativa y no formal continúe en esta senda por muchos años más, prestando sus múltiples servicios a la comunidad por intermedio de los cuantiosos y comprometidos psicólogos sociales que allí operan.Y que continúe siendo una aventura humana de búsquedas y de encuentros solidarios. (*) Los once puntos básicos que componen el acta fundadora de El Bancadero pueden revisarse ingresando en la página web www.elbancadero.com.ar, al igual que toda la nómina de los integrantes del aquel mítico grupo inicial del mes de agosto de 1982.
RONALDO WRIGHT
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ALGO MAS SOBRE “EL BANCADERO”
Completando la nota publicada en la edición anterior de la revista Psicología Social para Todos, digamos que al crearse, en 1982, la cooperativa de salud mental que luego pasaría a llamarse El Bancadero, no se contaba con el dinero suficiente para llevar a cabo ese proyecto. Comenzó a funcionar en una casa abandonada y destruida casi en su totalidad que fue, poco a poco, restaurada por los primeros integrantes de la asociación. Alfredo Moffatt afirmó que limpiar y reconstruir esa vivienda tuvo algo metafórico, pues a la vez se estaba haciendo lo propio con nuestro sufrido país.
Recién había finalizado la guerra de las Islas Malvinas y la dictadura militar ya iniciaba su huida del poder, factores ambos que incidieron para que aquellos pioneros lograran trabajar sin mayores obstáculos. Por ese entonces también ayudó, y mucho, una nota publicada en la revista de los domingos del diario Clarín, cuyo elocuente título era: Curaos los unos a los otros. Al día siguiente más de cien personas se acercaron a la naciente mutual de asistencia psicológica; y así comenzaron a funcionar los primeros espacios de apoyo, contención y esclarecimiento, operando con grupos y en grupos.
La meta de la agrupación fue, desde sus mismos inicios, el colaborar en la merma del nivel de angustia cotidiana de la población, brindando un auxilio emocional a nivel preventivo y más allá de otras posibilidades asistenciales convencionales. Se intentó rescatar tanto el espíritu de las primitivas sociedades de socorros mutuos de nuestros abuelos inmigrantes, como la idea de las sociedades de fomento barriales que logran sostenerse —para el bien común— con la iniciativa, el esfuerzo y la unión de todos los vecinos. O sea: un real y comprometido pasaje de lo solitario hacia lo solidario.
El pensamiento y el estilo de trabajo de Enrique Pichon Rivière —y de su psicología social argentina— recorren todos los puntos de esta experiencia, al igual que otros aportes científicos que pueden hallarse en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, o en las prácticas de Alcohólicos Anónimos, o en el Centro de Asistencia al Suicida, y así siguiendo. Se aplican las más variadas técnicas grupales que permiten que cada uno sea un agente curativo del otro, fruto de la creación de un espacio de diálogo para compartir, ilustrar y esclarecer las ansiedades psíquicas.
Muchas veces hemos destacado la importancia que tiene la palabra en los grupos, ya que la pertinencia de nuestra tarea psicosocial se halla cuando nos ocupamos de los individuos interrelacionados, entre otros aspectos, a través del lenguaje y sus voces. El Bancadero es una comunidad terapéutica, un habladero donde los grupos —al pensar, sentir y hacer— se organizan con el fin de reconstruir lo fraterno. En un cálido clima de contención y sentados en rueda, entre sus miembros se produce una verdadera cirugía del alma entre asistentes y asistidos. De ahí que los vínculos amorosos nos curan.
Uno de los once puntos básicos (*) que se leen en el acta de creación de El Bancadero se refiere a disponer equipos móviles en distintos organismos —a modo de educación preventiva en salud mental— y a través de conferencias, mesas redondas, encuentros, debates, etc. Y contribuir también en casos de catástrofes sociales para cooperar, a pedido de las autoridades, en donde sea necesaria la contención humana y la ayuda espiritual (vgr: accidentes, desastres, atentados). Ello es un claro precedente de la actual Comunidad Bancavida y del hoy tan difundido EPS Emergencias PsicoSociales.
Es nuestro deseo que esta institución autogestiva, alternativa y no formal continúe en esta senda por muchos años más, prestando sus múltiples servicios a la comunidad por intermedio de los cuantiosos y comprometidos psicólogos sociales que allí operan.Y que continúe siendo una aventura humana de búsquedas y de encuentros solidarios. (*) Los once puntos básicos que componen el acta fundadora de El Bancadero pueden revisarse ingresando en la página web www.elbancadero.com.ar, al igual que toda la nómina de los integrantes del aquel mítico grupo inicial del mes de agosto de 1982.
RONALDO WRIGHT
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domingo, 1 de junio de 2014
116 - Alfredo Moffatt y El Bancadero
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 6 Nro. 63 de julio de 2014 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 21/4/2015)
ALFREDO MOFFATT Y EL BANCADERO
El Bancadero es una aventura humana de solidaridad y de búsqueda… el pasaje de lo solitario a lo solidario.
El pasado jueves 29 de mayo de 2014 se realizó un homenaje a Alfredo Moffatt en el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional. Además del agasajado, en la referida cita —organizada por el Programa de Derechos Humanos— hablaron Nora Cortiñas, Vicente Zito Lema, Carlos Sica y Ricardo Grimson. Ya en el año 2008, Moffatt había sido declarado personalidad destacada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, teniendo en cuenta su calidad de verdadero innovador en el campo de la psicoterapia.
Es sabido que durante décadas Moffatt desarrolló su labor a través de la formación de grupos, con un objetivo puntualmente orientado tanto hacia los sectores de menos recursos como hacia las organizaciones populares. Queremos unirnos a esos merecidos reconocimientos haciendo alusión, en estas breves líneas, a una de sus creaciones: El Bancadero. Esta institución alternativa, autogestiva y no formal nació allá por 1982, en el curso del último año de la feroz dictadura militar que sufrió nuestro querido país.
En sus inicios El Bancadero se denominó Cooperativa de Salud Mental; y hoy lleva más de treinta años al servicio de la comunidad, funcionando como una asociación mutual de asistencia psicológica. Siempre operó con una infraestructura de costos mínimos, para así comprobar que no hacen falta grandes sumas de dinero ni fondos económicos para montar un centro comunitario de este tipo, a saber: un lugar de trabajo, atención y aprendizaje (“enseñaje”), contagiado por la solidaridad y el compartir en grupos.
De allí que los propios miembros de El Bancadero sostengan como consigna que ellos trabajan con grupos en grupos. El propósito es el enriquecimiento con el intercambio vincular; y la tarea puntual y específica de cada grupo ya sea intra, inter o trans institucionalmente. Es otro de los tantos espacios —de contención y esclarecimiento— donde los psicólogos sociales podemos operar y aplicar nuestra técnica de los grupos operativos, propuesta por el Dr. Enrique Pichon-Rivière hace más de sesenta años.
Moffatt y El Bancadero bien saben que quien ha participado de esta aventura colectiva ya no volverá a ser el mismo, pues habrá adquirido una nueva posición subjetiva ante sí y ante su circunstancia toda. La fuerza de lo grupal logra cambios dialécticos en sus integrantes, permitiendo de modo fundamental la pérdida de una mirada inocente e ingenua sobre la realidad. Esas reuniones son una gestalt-gestaltung, una estructura estructurándose, lo que brinda la idea de función instituyente del grupo en el sujeto.
Al tiempo de su fundación, se fijaron los once puntos básicos que lo definen como un espacio solidario para compartir la angustia. El Bancadero cuenta hoy con dispositivos para los más diversos modos creativos en la elaboración de los conflictos psicológicos, ya sean talleres expresivos de música, de plástica, de dibujo, de teatro, de psicodrama; áreas y actividades netamente comunitarias: mateadas, almuerzos, jornadas de baile y juegos, de máscaras y títeres, artesanías, murales colectivos, y así otros etcéteras más.
Otra actividad que podemos destacar es el Bancacine —o encuentros de cine debate— donde la propuesta consiste en la proyección de películas que luego se reflexionan y analizan en conjunto. También hay grupos de lectura e intercambio de diversos temas de interés, sin ningún requisito previo en cuanto a conocimientos especializados. La psicología social siempre entendió que cada uno posee algún saber que el otro no tiene y que puede compartir. En los grupos, todos aprendemos y todos enseñamos.
Digamos que esta organización no gubernamental, pionera en el campo de la salud mental comunitaria, no recibe ningún tipo de subsidio ni de ayuda económica. Como asociación mutual sin fines de lucro, se sustenta con el pago de un bono solidario por las aludidas sesiones de asistencia psicológica. Además, no sólo Alfredo Moffatt fue galardonado, sino que también El Bancadero ha recibido el reconocimiento de diversas entidades tanto a nivel nacional como internacional por las actividades que despliega.
Por los grupos de esta asociación mutual de profesionales de la salud mental han transitado más de cuarenta mil personas. Funcionan tres áreas complementarias de abordaje: clínica, comunitaria y talleres expresivos. Al Area Clínica le incumbe lo relativo a la asistencia psicológica desde lo grupal; el Area Comunitaria en lo esencial opera en los vínculos entre lo social y el padecer psíquico (vgr. desempleo, VIH-sida); y los Talleres Expresivos son los ya citados: plástica, escritura, teatro, música, baile, etc.
Siguiendo con nuestro deseo de difundir las múltiples actividades que nos convocan a los psicólogos sociales, concluimos señalando que en la institución se dicta un curso de Introducción a las Técnicas de Coordinación Grupal —conocido como Semillero— ya que de él se nutre el equipo de asistentes. Aquellos que lo finalicen pueden optar por realizar una pasantía voluntaria de tres meses en alguna de las áreas arriba indicadas, para luego contar con la posibilidad de integrar el plantel de modo permanente.
RONALDO WRIGHT
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ALFREDO MOFFATT Y EL BANCADERO
El Bancadero es una aventura humana de solidaridad y de búsqueda… el pasaje de lo solitario a lo solidario.
El pasado jueves 29 de mayo de 2014 se realizó un homenaje a Alfredo Moffatt en el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional. Además del agasajado, en la referida cita —organizada por el Programa de Derechos Humanos— hablaron Nora Cortiñas, Vicente Zito Lema, Carlos Sica y Ricardo Grimson. Ya en el año 2008, Moffatt había sido declarado personalidad destacada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, teniendo en cuenta su calidad de verdadero innovador en el campo de la psicoterapia.
Es sabido que durante décadas Moffatt desarrolló su labor a través de la formación de grupos, con un objetivo puntualmente orientado tanto hacia los sectores de menos recursos como hacia las organizaciones populares. Queremos unirnos a esos merecidos reconocimientos haciendo alusión, en estas breves líneas, a una de sus creaciones: El Bancadero. Esta institución alternativa, autogestiva y no formal nació allá por 1982, en el curso del último año de la feroz dictadura militar que sufrió nuestro querido país.
En sus inicios El Bancadero se denominó Cooperativa de Salud Mental; y hoy lleva más de treinta años al servicio de la comunidad, funcionando como una asociación mutual de asistencia psicológica. Siempre operó con una infraestructura de costos mínimos, para así comprobar que no hacen falta grandes sumas de dinero ni fondos económicos para montar un centro comunitario de este tipo, a saber: un lugar de trabajo, atención y aprendizaje (“enseñaje”), contagiado por la solidaridad y el compartir en grupos.
De allí que los propios miembros de El Bancadero sostengan como consigna que ellos trabajan con grupos en grupos. El propósito es el enriquecimiento con el intercambio vincular; y la tarea puntual y específica de cada grupo ya sea intra, inter o trans institucionalmente. Es otro de los tantos espacios —de contención y esclarecimiento— donde los psicólogos sociales podemos operar y aplicar nuestra técnica de los grupos operativos, propuesta por el Dr. Enrique Pichon-Rivière hace más de sesenta años.
Moffatt y El Bancadero bien saben que quien ha participado de esta aventura colectiva ya no volverá a ser el mismo, pues habrá adquirido una nueva posición subjetiva ante sí y ante su circunstancia toda. La fuerza de lo grupal logra cambios dialécticos en sus integrantes, permitiendo de modo fundamental la pérdida de una mirada inocente e ingenua sobre la realidad. Esas reuniones son una gestalt-gestaltung, una estructura estructurándose, lo que brinda la idea de función instituyente del grupo en el sujeto.
Al tiempo de su fundación, se fijaron los once puntos básicos que lo definen como un espacio solidario para compartir la angustia. El Bancadero cuenta hoy con dispositivos para los más diversos modos creativos en la elaboración de los conflictos psicológicos, ya sean talleres expresivos de música, de plástica, de dibujo, de teatro, de psicodrama; áreas y actividades netamente comunitarias: mateadas, almuerzos, jornadas de baile y juegos, de máscaras y títeres, artesanías, murales colectivos, y así otros etcéteras más.
Otra actividad que podemos destacar es el Bancacine —o encuentros de cine debate— donde la propuesta consiste en la proyección de películas que luego se reflexionan y analizan en conjunto. También hay grupos de lectura e intercambio de diversos temas de interés, sin ningún requisito previo en cuanto a conocimientos especializados. La psicología social siempre entendió que cada uno posee algún saber que el otro no tiene y que puede compartir. En los grupos, todos aprendemos y todos enseñamos.
Digamos que esta organización no gubernamental, pionera en el campo de la salud mental comunitaria, no recibe ningún tipo de subsidio ni de ayuda económica. Como asociación mutual sin fines de lucro, se sustenta con el pago de un bono solidario por las aludidas sesiones de asistencia psicológica. Además, no sólo Alfredo Moffatt fue galardonado, sino que también El Bancadero ha recibido el reconocimiento de diversas entidades tanto a nivel nacional como internacional por las actividades que despliega.
Por los grupos de esta asociación mutual de profesionales de la salud mental han transitado más de cuarenta mil personas. Funcionan tres áreas complementarias de abordaje: clínica, comunitaria y talleres expresivos. Al Area Clínica le incumbe lo relativo a la asistencia psicológica desde lo grupal; el Area Comunitaria en lo esencial opera en los vínculos entre lo social y el padecer psíquico (vgr. desempleo, VIH-sida); y los Talleres Expresivos son los ya citados: plástica, escritura, teatro, música, baile, etc.
Siguiendo con nuestro deseo de difundir las múltiples actividades que nos convocan a los psicólogos sociales, concluimos señalando que en la institución se dicta un curso de Introducción a las Técnicas de Coordinación Grupal —conocido como Semillero— ya que de él se nutre el equipo de asistentes. Aquellos que lo finalicen pueden optar por realizar una pasantía voluntaria de tres meses en alguna de las áreas arriba indicadas, para luego contar con la posibilidad de integrar el plantel de modo permanente.
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