miércoles, 15 de abril de 2015

129 - Seguir Pensando a Pichon

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 73 de mayo de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 10/6/2015)

SEGUIR PENSANDO A PICHON

                      Aprender a dudar es aprender a pensar. Octavio Paz.

Hace casi veinte años Graciela Jasiner y Mario Woronowski daban a luz su libro Para Pensar a Pichon, de Lugar Editorial. Allí señalan que la psicología social es uno de los modos que asume la crítica de la vida cotidiana, de nuestras condiciones concretas de existencia. Lo cotidiano (del latín, quotidie) es lo de todos los días, lo ordinario en tanto previsible. Pero, ¿cuál es el propósito de hacer una elucidación crítica de nuestras vidas diarias? Cornelius Castoriadis dirá que se trata de pensar lo que hacemos y saber lo que pensamos. Trabajar y trabajar-nos, poniéndolo todo en cuestión.

Hoy día vemos que existe una inmensa demanda sobre muchos aspectos de la vida  cotidiana y notamos que hay —cada vez más— una naturalización acrítica de lo que a diario se vive. La posmodernidad tan líquida, tan fluida y tan veloz ayuda a que ello suceda con mayor frecuencia. De tal forma que se precisa tiempo y coraje para pasar a ser soldados desnaturalizadores de dicho supuesto saber que aún sigue enquistado. No sólo retomar un meditar desviante sino incluso una praxis instituyente. Para poder así  develar y desmitificar lo oculto; y lograr después mudarlo en algo muy superior.

Para ello es esencial partir del aforismo griego inscripto en el pronaos del templo de Apolo en Delfos y que reza: conócete a ti mismo. Así, averiguar cuáles son los criterios de verdad que nos habitan y luchar contra nuestras propias ideas estancas. Aprender a pensar es dejar de aceptar sin críticas las normas y los valores dados e impuestos, tan propio de lo que conocemos como adaptación pasiva a la realidad. Es también dar cauce a lo creativo, convirtiendo lo siniestro en maravilloso. Según Juan C. De Brasi los hechos han sido hechos; pues entonces, nuevos hechos pueden producirse.

El cuerpo social que nos habita se viene preguntando sobre lo cotidiano desde hace mucho tiempo. Sabemos que nuestras condiciones de vida son un destino y pensamos, con Pierre-Félix Bourdieu, que quien nomina erige clases. No es nada fácil salirse de un discurso en el que casi todo ya está decidido de antemano de modo implícito y oculto. El camino es  ampliar la mirada, estar alertas a tantos juicios estereotipados y así lograr una mayor atención a la multiplicidad de enfoques. Imaginar un otro posible; ser cada vez menos víctimas y más artífices de nuestros propios destinos e historias.

El padre de la Psicología Social Argentina creía que los profesionales tienen un papel relevante en la construcción de una sociedad más justa. Enrique Pichon-Rivière fue un firme y persistente impugnador de lo dado, apostando a la consigna de evolucionar en dirección a una adaptación activa a la realidad. De manera tal que su norte fue el estar alertas a los efectos narcotizantes de las certezas y cuestionar siempre los lugares de poder. Para así operar en primer término sobre cada uno de nosotros, luego en lo subjetivo social y por fin lograr erigirnos en verdaderos agentes del cambio.

Michel Foucault alude a otro aspecto que nos parece vital: la ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. Él nos habla de criticar lo instituido, de salir de los estados de dominación que nos tienen atrapados y de hacer saltar los propios cerrojos represivos, para así ir reconciliándonos con nosotros mismos. Sería genealogizar a los fines de recuperar los discursos menores, locales, más cotidianos y marginales. A la vez que violentar cualquier teoría —y en principio la propia— para cambiarla y construir otra de un modo desde ya provisorio. Pues, al modo de una praxis dialéctica.

El cuidado de sí incluye también el de los otros, el de quienes hacen a nuestro entorno. Y bien entendemos los psicólogos sociales que eso sucede en el devenir de los grupos operativos, en los que vamos perdiendo poco a poco la mirada inocente de la realidad. La tarea es deconstructiva, como una forma de cuestionar los relatos totalitarios y el discurso de las verdades, que tanto nos cuestan desarmar. Deconstruir, para Jacques Derrida, es desestructurar, es descomponer y es dislocar las estructuras rígidas. Co-pensar cada cual con uno mismo y con los demás: ese saber nos da poder.  

Tanto el conocernos como el ocuparnos de nosotros son dos piezas claves a los fines de nuestra formación; incluso para superarnos en lo personal y en lo colectivo. Tal proceder va a incidir de manera directa en los demás, toda vez que permite mejorar nuestros vínculos interindividuales. Nos referimos a esta libertad mediante el dominio de cada cual para así tornarla en un problema ético. Al decir de Jean-Paul Sartre, no somos simples terrones de arcilla, toda vez que lo importante no es lo que han hecho de nosotros sino lo que hacemos de lo que han hecho de nosotros.

Somos el portavoz de un grupo social. Cada uno de nosotros porta-la-voz de lo que pugna por ser dicho, por lo que es relevante vernos y sentirnos como un espacio de resistencia. Que nuestra labor sea en sí misma un acto creador en tanto construcción y búsqueda de nuevas unidades. Por ende, que el propósito de seguir pensando a Pichon sea para continuar pensándonos a nosotros mismos. Todos los días. Cada día. Día tras día. Nosotros mismos nos hacemos y, parafraseando a James Joyce, somos nuestra propia obra. Pues, que la tarea y el proyecto se junten en ese recorrido.

RONALDO WRIGHT      
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lunes, 6 de abril de 2015

128 - Charla Sabatina en A.P.S.R.A.

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 72 de abril de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 27/4/2015)

CHARLA SABATINA EN A.P.S.R.A.

La Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.) viene organizando una serie de Charlas Sabatinas y, el pasado 28 de marzo, fui invitado a exponer sobre una de las tantas temáticas de nuestra querida disciplina y profesión. Me gustaría señalar algo de lo abordado en esa jornada, aprovechando antes para agradecer una vez más a la institución y a los colegas asistentes la posibilidad de polemizar conocimientos a partir de un grupo operativo de aprendizaje. Así, después de mi disertación nos sentamos en círculo y ampliamos nuestros saberes, escuchándonos los unos a los otros con atención y respeto psicosocial.

Uno de los temas que incluí en mi charla fue el camino recorrido por Pichon-Rivière desde sus primeros tiempos como psiquiatra, luego como psicoanalista y finalmente como fundador de la Psicología Social Argentina. Nunca abandonó sus conocimientos previos, sino que siempre fue incorporando saberes según su propia epistemología convergente; esa búsqueda de varios y diversos estudios que lo acercaron a indagar cada vez más acerca de la realidad del sujeto. Sostuvo que las ciencias humanas conciernen a un único objeto: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje multi o pluridimensional. Pues, el andar que hice es, en breves líneas, el que sigue.

Psiquiatra (1932-1940). Ese joven que venía de Goya a la Capital Federal —trayendo a cuestas una mezcla de culturas europea y guaraní— fue impregnado por un discurso universitario en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, caracterizado por la lógica formal o aristotélica. Los principios de identidad, de no contradicción y de tercero excluido eran los predominantes. La ciencia médica se nutría esencialmente de los métodos deductivo e inductivo que van, respectivamente, de lo general a lo particular y de lo particular a lo general. No obstante, Pichon-Rivière pronto propiciaría una psiquiatría dinámica con un fuerte cimiento en la práctica psicoanalítica.

Psicoanalista (1941-1955). Fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina junto a Rascovsky y Garma, primaría en esta etapa de su vida una lógica conjetural teñida de lo que conocemos como abducción: la premisa mayor es evidente y la menor es sólo probable. La percepción abductiva viene hacia el profesional como un acto de insight, iluminando una nueva sugerencia.  Su discurso analítico será el de lo inconsciente, el de la asociación libre y la atención flotante. Ello conforme había leído en los textos freudianos que le facilitó Canoi, aquel portero del quilombo donde el francesito  enseñaba modales a las “muchachas trabajadoras para la alegría”.

Psicólogo Social (1956-1977). Fue el creador y padre de la Psicología Social Argentina, caracterizada por un discurso dialéctico y por una lógica paradojal llena de antinomias, contradicciones, polaridades, ambivalencias y antagonismos. Surge el tiempo del ECRO o esquema conceptual referencial y operativo; la teoría del vínculo —a cuatro vías de amorodio, bicorporal y tripersonal—; el esquema del cono invertido; la unidad de trabajo compuesta por el existente, la intervención psicosocial y el emergente (o síntesis superadora); la teoría de las tres “D”: depositante, depositario y depositado; y la teoría de los grupos operativos de aprendizaje; entre tantos de sus aportes.

A estos desarrollos teóricos se fueron sumando también otras fuentes heterogéneas, sea desde la filosofía, la sociología, la epistemología, el psicodrama, la gestalt, etc. Abrevó en la psicología norteamericana de Kurt Lewin con su método de indagación-acción y de George Mead con su aporte del otro generalizado; además de la escuela inglesa de Melanie Klein y sus conocidas posiciones esquizo-paranoide y depresiva. La resultante de todo ello fue que Pichon-Rivière se erigió en el creador de nuestra disciplina psicosocial, además de ser hoy una destacada figura tanto en el ámbito de la salud mental como del pensamiento y la cultura latinoamericana.

Tales consideraciones serían absolutamente incompletas si no se incluye otra de las grandes fuentes que inspiraron al maestro. Me refiero a la denominada universidad de la calle que, en su caso, comenzó con la mezcla cultural europea —heredada de sus padres— y la de los pueblos americanos originarios. También la fundación del partido socialista de Goya; los artículos publicados en las revistas “Nervio” y “Crítica”; su amistad con Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Conrado Nalé Roxlo; la experiencia adquirida en el Asilo de Torres y el Hospicio de las Mercedes; sus entrevistas con Klein,  Lacan, Breton y otros integrantes del movimiento surrealista.

Pichon-Rivière fue un fiel defensor de la transdisciplinariedad, tanto a nivel teórico como en la misma práctica cotidiana. Es decir, de la inexistencia de fronteras entre los numerosos saberes, ya sean provenientes de las ciencias sociales o de la pintura, la poesía, la música y/o el arte en general. Consideró a sus teorías como una caja de herramientas, siempre lista para ser utilizada en los diferentes campos a examinar e intervenir. Puntualizó, además, que el territorio de operación de los psicólogos sociales no está instituido, siendo tarea de cada quien el procurar convertirse en un verdadero agente del cambio y profesional instituyente.

RONALDO WRIGHT  
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domingo, 1 de marzo de 2015

127 - La Juventud Sigue en su Marcha

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIV Nro. 66 correspondiente al trimestre marzo - abril - mayo de 2015)  

LA JUVENTUD SIGUE EN SU MARCHA

En una anterior edición de La Tecl@ Eñe decíamos que, cuando el primer mundo mega globalizado pretende que los contactos entre las personas sean preferentemente  virtuales (a través de las pantallas de las computadoras, de los celulares, etc.), muchos adolescentes se están abocando nada menos que a los vínculos reales, esos que se caracterizan por el cuerpo a cuerpo. Así, casi un millar de jóvenes —provenientes de distintas y variadas agrupaciones políticas, sociales y culturales— han brindado su ayuda solidaria a los vecinos afectados por el fuerte temporal que se produjo en la provincia de Córdoba a mediados del pasado mes de febrero.  

Mientras la Aldea Global va en procura de construir una juventud sincrónica que viva sin objetivos trascendentes ni ideales propios, nuestros pibes siguen reuniéndose a los fines altruistas antes señalados. Nucleados en el programa nacional La Patria es el Otro, se organizaron y formaron equipos para prestar auxilio a los muchos evacuados, realizando tareas de limpieza y de reparto de víveres, agua, ropa, colchones, camas, medicamentos, artículos de higiene y de primera necesidad, entre otros. Van logrando un nuevo paradigma, con su base en una clara ética humanista que da por tierra con el aislamiento que produce tanta posmodernidad líquida y fluida.

Una labor similar desplegaron hace dos años atrás, cuando una dura tempestad azotó gran parte de la ciudad bonaerense de La Plata y sus alrededores. Véase: “Jóvenes Solidarios y Comprometidos” en la edición de junio – julio de 2013 de esta revista, donde se detalla el trabajo cumplido por los pibes en el lugar de la tragedia: reparto y transporte de las donaciones; reconstrucción de las viviendas precarias; limpieza de las márgenes de los arroyos. Muchísimos adolescentes en todo el territorio nacional colaboraron y se comprometieron con este proyecto tan noble, dejándose seducir otra vez por eso de grupal que tiene la participación comunitaria.

Si de juventud agrupada y organizada estamos hablando, mencionemos también a los estudiantes de la Escuela de Educación Media Nº 3 del Bajo Flores, quienes lograron que el puente que une Pompeya con Lanús cambie su denominación. Ahora se llama Puente Nacional Ezequiel Demonty en memoria del chico de diecinueve años que fue arrojado desde allí al Riachuelo, luego de ser torturado en 2002 por agentes de la Policía Federal. Los alumnos de donde él estudiaba —ayudados por varios docentes— propusieron este proyecto de ley como un modo de hacerse escuchar; consiguiendo que el puente dejara de llevar el nombre del dictador José F. Uriburu.

Además son muchos los jóvenes militantes del PRO, La Cámpora y Los Irrompibles (Unión Cívica Radical) que, mancomunadamente, lanzaron una campaña con el propósito de sensibilizar a la opinión en general acerca del flagelo de la drogadicción. Desde la Mesa de Juventudes Políticas tienen como fin movilizar el apoyo público y motivar —a través de sus contactos y redes— tanto a los ciudadanos como a las entidades sin fines de lucro a accionar contra el abuso de los narcóticos. A estas buenas acciones se suman las de los foros de prevención en adicciones, que brindan mecanismos para la realización de un diagnóstico territorial.

Hace muy pocos meses, Parque Norte reunió a cerca de dos mil alumnos de escuelas públicas provenientes de 22 provincias que participan del proyecto de radios. Muchos centros educativos tienen hoy sus propias emisoras y transmiten para sus respectivas comunidades. Y ofrecen así no sólo un servicio a la sociedad sino que incluso funcionan como un instrumento de inserción social y de formación de jóvenes. En el Tercer Encuentro Nacional de Radios Escolares los pibes compartieron diversas herramientas para seguir formándose y profesionalizar sus prácticas radiales. Se trata de otro modo de adueñarse de la palabra y hacer más plural las voces que circulan.

Por fortuna, hoy son cada vez más los jóvenes consustanciados con la sociedad, que participan en diversos proyectos políticos, económicos, sociales y culturales. Pibes que trabajan intensamente en áreas y temáticas tales como la educación, el empleo y la producción, la salud, los medios y la comunicación, la integración regional, el cuidado del espacio ambiental, los derechos humanos, entre otras. Una juventud creativa que apuesta al proceso democrático vigente desde hace ya más de 31 años, que promueve planes y programas encaminados al bienestar de la comunidad, que ayuda a solucionar los problemas puntuales de los más urgidos y de quienes menos tienen.

A raíz de la reciente Marcha del Silencio, difundida como “18 F” por los medios masivos de comunicación porque se realizó el día 18 de febrero, pudo verse que hubo una significativa y muy escasa presencia de jóvenes pese a que la convocatoria fue ostensiblemente multitudinaria. Creemos que ello no se debió a la intensa lluvia ni a las adversas condiciones climáticas habidas aquel atardecer, pues a nuestros chicos y chicas no les molesta mojarse o empaparse. Tampoco se los suele ver debajo de paraguas en similares coyunturas. Pensamos que, tal vez, su ausencia obedeció simplemente a que están aventurados en otros emprendimientos.  

RONALDO WRIGHT        
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martes, 27 de enero de 2015

126 - Tragedia de Cromañón: Intervención en Crisis (Parte II)

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 71 de marzo de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/5/2015)

TRAGEDIA DE CROMAÑON: INTERVENCION EN CRISIS (Parte II)

En la pasada edición se decía que algunos padres, que habían perdido a sus hijos en el incendio de República Cromañón, comenzaron a consultar en dónde podían reunirse con sus pares que se hallaban inmersos en un profundo dolor similar. Poco a poco esos grupos se fueron formando y fue la realidad misma —sin forzamiento ninguno— la que empezó a dar cuenta de esa necesidad de juntarse. En el caso que venimos tratando, la psicóloga social Stella Maris Distasi recuerda que en lo personal le resultó más fácil acercarse a los jóvenes afectados pues, como madre de hijos adolescentes, hallaba allí un límite operativo que le dificultaba abordar tamaño sufrimiento.

Así, a partir del mes de abril de 2005 se formó un grupo de contención y de ayuda con chicos sobrevivientes quienes, en su mayoría, habían perdido además a un ser querido en la tragedia (vgr. hermano, primo, novio, amigo). Dicho colectivo funcionó hasta fines de año en el espacio cedido por el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio, sito en el barrio capitalino de Villa Urquiza. Las palabras fueron fluyendo semana tras semana, encuentro tras encuentro. Los jóvenes pudieron comunicarse no sólo entre sí sino también consigo mismos, para ir estructurando de tal modo un discurso que les permitió recuperar poco a poco el equilibrio psíquico y emocional dañado.

Durante los primeros tres meses, la intervención en crisis transcurrió en el Santuario levantado en el sitio del siniestro. Así como Enrique Pichon-Rivière era partidario de un psicoanálisis por fuera de los consultorios, en la situación puntual y concreta que aquí tratamos la Psicología Social operó en un principio directamente en la calle. Esto hizo la diferencia con otros gremios de profesionales que se acercaron a prestar su apoyo, no siendo bien recibidos por los adolescentes afectados. Recordemos que desde la misma noche de la catástrofe no volvieron más a sus hogares, ni a sus trabajos ni a los centros donde estudiaban. Simplemente se quedaron a vivir en el lugar.

Alejandro Simonetti fue un constante sostén y soporte ante la gravedad del trance que en esas circunstancias se estaba padeciendo. Propone él cuatro pasos para alcanzar la meta: a) escuchar y comprender a los damnificados; b) dejarlos descargarse, ya sea llorando y/o gritando; c) ayudarlos a hablar de lo acontecido; y d) cooperar para que puedan comenzar a pensar qué hacer. La idea fue ofrecer una atmósfera en la que el temor, la bronca, la pena y la culpa puedan expresarse libremente para bajar el monto de ansiedad. Que cada uno de los pibes profundamente heridos en sus mundos internos consiga salir del estado de shock, posibilitando un mínimo proyecto.

La reunión que se creó a través del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio fue coordinada en conjunto por Stella M. Distasi y Rosana Fernández, a partir de abril y hasta la finalización del año 2005. Fueron nueve meses de una ardua y compleja tarea, utilizándose la técnica de los grupos operativos que nos identifica a los psicólogos  sociales. De a poco los pibes regresaron a sus respectivas casas con sus familias,  fueron reinsertándose en lo laboral y en sus estudios, recuperando los proyectos y buscando alternativas de vida. Nos referimos a un mínimo plan existencial de futuro, siempre en el aciago marco que la penosa y difícil realidad les impuso.

Cuando de trabajo comunitario hablamos, el grupo tiende a promover la reinserción de los excluidos sociales. Y tal era la situación de los chicos de Cromañón, ya que —en una primera época— recibieron el destrato de la policía, de los servicios asistenciales, de las autoridades encargadas de los derechos humanos en la ciudad y de quienes no los querían ver acampando en la calle. La tarea colectiva sirvió para que ellos pudieran organizarse, con nuestra metodología psicosocial que fomenta el saber existente en los propios integrantes, siempre en función de un objetivo común, pese a la diversidad de sus respectivas historias y sin descuidar la singularidad de cada quien.

Estos adolescentes en crisis —que llegaron a autodenominarse Los pibes de las carpas de la vigilia del Santuario— necesitaban de un otro que los ampare; y esa fue una de las funciones que cumplieron las coordinadoras del grupo. Para eso fue imprescindible disociarse: mientras un costado de ellas sostenía el dolor para que los chicos pudieran  desahogarse, verbalizar y hacer su catarsis; había otra parte que se mantenía alerta, discriminada, viendo qué es lo que ocurre para luego poder intervenir. Muchas veces fue pertinente realizar un holding (tal como hace una madre con su bebé) pues la mirada, el abrazo, la contención y la ternura devuelven la función estructurante.

Como venimos escribiendo desde hace más de tres lustros, apostamos a favor de la  enorme tarea que realizan los operadores psicosociales como agentes de cambio. El trabajo de equipo que se desplegó en aquel tiempo fatal fue por demás impresionante. Stella M. Distasi nos facilitó una carta escrita por ella un mes después del siniestro. Allí dice que la presencia de tantas ausencias se le hace insoportable. ¿Dónde se ubica tanta muerte injusta? No se recicla. No pertenece al ciclo natural de la existencia. Y en homenaje a las víctimas, se pregunta: “nosotros, los que estamos vivos ¿qué estamos haciendo?” Es muy simple la respuesta: ¡UNA ACCION SOLIDARIA DESCOMUNAL!  

RONALDO WRIGHT         
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martes, 13 de enero de 2015

125 - Tragedia de Cromañón: Intervención en Crisis

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 70 de febrero de 2015)

TRAGEDIA DE CROMAÑON: INTERVENCION EN CRISIS 

A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos además de más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.  

En una reunión inicial se evaluó de qué modo podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro por semana en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio a los fines de ir monitoreando los resultados de las acciones.   

El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sentimientos desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.   

Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón,  curitas, pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los pibes recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; y era evidente por demás la gran necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención, y así comenzó a tejerse un vínculo entre todos.   

Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Mientras, las operadoras psicosociales ya conseguían interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que de a poco se iban acercando.  

Obviamente, se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La tarea de intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.

De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto Intercambio, pues ellas también precisaban del apoyo y soporte grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de sostén. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una  realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.  

Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes del mismo dolor. Tiempo después fue surgiendo la idea de formar un grupo de contención y ayuda en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En una próxima entrega se dará cuenta de lo recorrido en ese nuevo ámbito, con un encuadre distinto y con la potencia que posee el trabajo grupal. Emergió así lo que denominamos la etapa del mínimo proyecto de futuro: ¡el durísimo aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos! 

Nota: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino y Rosana Fernández, a quienes se les agradece su compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de Cromañón. 

RONALDO WRIGHT                           
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martes, 6 de enero de 2015

124 - Coordinando con Títeres en las Cárceles

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 69 de enero de 2015)

COORDINANDO CON TITERES EN LAS CARCELES

Uno de los premios ECRO otorgados en el curso del IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo el pasado mes de junio de 2014 en el Teatro Metropolitan de la Capital Federal, correspondió al trabajo realizado en la Unidad Penitenciaria Nº 42 de Florencio Varela (Buenos Aires). Allí se despliega, desde hace cuatro años, el taller Trabajamos Creando y Creyendo, a cargo de la coordinadora Claudia Calvi y su equipo. Toda vez que es este otro ámbito donde podemos operar los psicólogos sociales, seguidamente haremos una breve síntesis de esta labor que se enmarca dentro del claro propósito de propender a la salud social.

Para iniciar, cabe decir que unos veinte internos asisten a esta actividad colectiva, todos ellos privados de su libertad; siendo uno de los objetivos del taller el buscar y procurar la mayor capacidad expresiva posible, como también la máxima creatividad personal para luego volcarla al grupo. Lo social es una representación de lo psíquico individual y singular. Así, los psicólogos sociales prestamos atención a lo horizontal de la tarea a cumplir, en su cruce con lo vertical que vivencia cada uno de los miembros del grupo en su mundo interior. Cada cual está expuesto a los significantes que desplazan sobre él los demás integrantes del grupo.

Los encuentros semanales suelen empezar con un caldeamiento que incluye algunos  ejercicios de respiración, movimientos corporales y todo aquello que sea útil para disminuir las ansiedades que traen de sus respectivos pabellones. Luego, sigue el momento de buscar las cajas con todos los materiales necesarios, que se guarda en la biblioteca de la cárcel. Se reúnen en círculo y nunca falta el mate, los bizcochitos y los cigarrillos, que se comparten entre los asistentes. Comienzan a hablar y a contar lo que tienen ganas en ese momento, en una especie de instancia previa al acceso a los títeres, que al principio son neutros y no tienen identidad.

Una vez armadas las marionetas se disponen a crear historias, muchas de ellas muy fuertes ya que abordan temas tales como la falta de contención, el maltrato infantil, la violencia adolescente, las drogas, la trata de personas, la muerte, etc. Todos ellos van aportando sus comentarios y, de tal modo, se enriquece la tarea del grupo. El guiñol y la máscara se consideran terapéuticamente como objetos intermediarios. Cada miembro habla por la boca figurada de su títere, que pasa a ocupar en la ficción el lugar del inconsciente. El mismo dispositivo de la técnica de los muñecos favorece la metáfora y así, pues, crece el pensamiento simbólico.

La metodología de este agrupamiento de reclusos es una constante improvisación. De a poco ellos logran crear un personaje y, así, comienzan a pintar a sus marionetas, a vestirlas, ponerles pelo, y así siguiendo. Cuando se inician los ensayos advierten que precisan una escenografía para ir conformando la obra. Van viendo que con sonido se puede mejorar la tarea y, entonces, completan el cuadro con la música que les resulta apropiada. Aparecen también las columnas de luces y el espacio físico se transforma en un gran taller de arte. Están felices, ríen y juegan entre sí, y todo ello los hace sentir contenidos; colaborando, aprendiendo y comunicándose.

La coordinación va evaluando los emergentes surgidos en cada etapa y se avanza paso a paso, tratando que el sujeto internalice las herramientas que le sirvan de sostén emocional y determinen su íntima necesidad de expresarse. Así, surgen temáticas más cercanas a la vida y menos tanáticas. Esta labor colectiva promueve la construcción de normas de convivencia a través del diálogo, de la discusión, del reconocimiento de las opiniones de los otros y del acuerdo. La actividad artística, en este caso, cuando toma en cuenta los intereses de cada cual se transforma en un medio para la construcción  social primero y, por consecuencia, de la realización personal.

Recordemos que cuando el padre de la psicología social argentina ingresó a trabajar en el Hospicio de las Mercedes —hace ya más de setenta (70) años— se encontró con el  problema de los internos abandonados. Muy rápido logró advertir la red de no ligamen de esos seres que sufrían de abandonismo y lo poco de tejido social que había en dicha entidad. De tal modo, pudo diagnosticar las grietas y las tramas vinculares por demás fracturadas. La dimensión psicosocial posibilita a los profesionales de esta ciencia a diseñar —en su condición de verdaderos agentes del cambio planificado— estrategias y  operaciones que permitan la rearticulación de esas fisuras.

Claudia Calvi —titiritera y actriz— aclara que su proyecto se inscribe en el esfuerzo por alcanzar una instancia de intervención sostenida en instituciones de encierro y con población de alta vulnerabilidad, la cual se encuentra habitualmente olvidada por las políticas públicas convencionales. Su tarea, sin duda, tiende a mejorar la calidad de vida de los reclusos. Recalca que centra su acción bajo el eje de la vigencia y el cumplimiento de los Derechos Humanos, poniendo particular atención en la necesidad de compatibilizar el registro de la diferencia y el trato igualitario desde el punto de vista de las garantías, tanto de las personas como de los grupos.

Nota: Esta experiencia actualmente se ha extendido al Instituto de Menores de Lomas de Zamora, sito en Larroque y 12 de Octubre de Banfield (Buenos Aires).

RONALDO WRIGHT
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lunes, 1 de diciembre de 2014

123 - Intervención Psicosocial en Grupos con Desocupados (Parte II)

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 68 de diciembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 30/1/2017)

INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS 
(Parte II)

En la nota del pasado mes de noviembre hicimos referencia al libro de las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins: La desocupación: el sufrimiento humano y social (talleres de reflexión y aprendizaje con desocupados — 1996 a 2010). Allí ambas autoras se preguntan si la Psicología Social Argentina puede hacer algo con respecto a la temática del trabajo y del desempleo. Por supuesto, la respuesta es afirmativa toda vez que nuestra disciplina puede contribuir a mejorar —con un cambio de actitud y de aptitud— las condiciones de los sin trabajo en su búsqueda de empleo.

Los quince años de compartir con desempleados constituyen una muy rica experiencia grupal, que afortunadamente está plasmada en el libro citado. En los talleres se ponían en juego las nociones del sujeto social, la relevancia del contexto, el vínculo grupal, la interacción y la asignación de roles, la tarea y la pre-tarea, la adaptación activa a la realidad y la resistencia al cambio (con sus miedos básicos universales a la pérdida y al ataque), las fantasías conscientes y los fantasmas inconscientes, la comunicación y el aprendizaje, los grados de pertenencia y pertinencia, la cooperación, etc.

En nuestro lenguaje común, el significado de taller (del francés atelier) hace referencia al lugar donde se repara y/o se produce colectivamente. Las definiciones que brinda el diccionario de la Real Academia Española son: lugar en que se trabaja una obra de manos; escuela o seminario de ciencias o de artes; conjunto de colaboradores de un maestro. Un poco de todo esto fue desplegándose en los encuentros grupales, rotando los liderazgos a la vez que se enfatizaba la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos de todos y cada uno de los desocupados-miembros.

La Psicología Social entiende el aprendizaje y la reflexión grupal como un acercarse a aprehender la realidad, para transformarla y transformarnos. Cada reunión ayudaba a tomar y a asumir nuevas decisiones, siendo la mutua representación interna entre los miembros una base esencial en cada encuentro colectivo. Así, si bien la tarea principal consistía en la búsqueda de empleo, decimos que la participación en un grupo —nada menos que en nuestro grupo— logra ir aliviando la angustia y la presión (ya sea social como personal y familiar) generada por la situación concreta de la desocupación.

La transferencia positiva o negativa del grupo con el coordinador —y de los integrantes entre sí— compone lo que conocemos como clima grupal. De ahí la importancia de estar sentados en círculo o ronda, con el fin de facilitar la mirada y la escucha de cada uno de los asistentes. Un primer vínculo, un principio de sentirse pares, hacía que fuera surgiendo la pertenencia y la pertinencia en la tarea común. Iba emergiendo el interjuego entre la verticalidad de cada persona y la horizontalidad del grupo; logrando avanzar en la desestructuración de sus roles inscriptos estereotipados.

Los equipos de coordinación fueron mejorando con el transcurrir de los talleres. Se escuchaba lo dicho y en particular lo no dicho, eso que subyace detrás de las palabras expresadas. Siempre es relevante el lenguaje corporal e incluso los silencios, pues bien sabemos que en el silencio habla también la palabra negada. La mira estaba puesta en lo manifiesto y en lo latente, en lo explícito y en lo implícito, en lo consciente y en lo inconsciente. Se aprovechaba el surgimiento de los liderazgos para apoyarse en sus reflexiones, especialmente cuando surgían dilemas y contradicciones grupales.

Al finalizar cada encuentro la coordinación trabajaba los emergentes; es decir, eso concreto que sucedía en las reuniones para visibilizar los observables, para conversar sobre las intervenciones y los señalamientos efectuados. Y también para corregir lo que fuese necesario y así proyectar la siguiente convocatoria. Llamaron a esta instancia del proceso grupal como la cocina y fue una herramienta muy útil a los fines de revivir el grupo nuevamente. Como dicen las autoras del libro: todo esto se llevaba a cabo en un clima de enseñaje colectivo. Enseñando y aprendiendo al mismo tiempo.

De las crónicas tomadas en las primeras citas pueden señalarse algunos comentarios de sus miembros, que resultan muy ilustrativos del sentir que sufrían con motivo de hallarse sin empleo: tengo mucha angustia, trato de sostener mi interioridad; en las reuniones familiares siento ganas de irme, me da mucha vergüenza; toqué fondo y no sé cómo enfocarme, estoy cansado; quedé preso de agorafobia; un desocupado no es alguien que perdió su trabajo, sino alguien que perdió su proyecto de vida; somos una reserva de mano de obra barata; las empresas juegan con nuestra angustia; etc.

Muy diferente era lo que se pensaba, lo que se sentía y lo que se hacía al concluir cada taller de reflexión y aprendizaje. Algunos consiguieron un trabajo y otros se animaron a iniciar un emprendimiento individual, familiar o comunitario. Hubo también quienes descubrieron aptitudes que ellos mismos desconocían y, por supuesto, no faltaron las deserciones. Pero lo destacable es que, con la técnica de nuestros grupos psicosociales, las actitudes personales de los asistentes se fueron dinamizando. Sostenemos, pues, que lo grupal es un nosotros práctico; un nosotros de acción, tarea y operatividad.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com