domingo, 10 de octubre de 2010

070 - Algunas Ideas y Aportes Psicosociales (Parte Final)

(Publicado en El Semejante - Año 10 Nro. 70 de octubre de 2010)

ALGUNAS IDEAS Y APORTES PSICOSOCIALES (Parte III)

Esta es la parte final de los textos incluidos en dos ediciones anteriores del periódico El Semejante (Nros. 67 y 69 del corriente año), en las cuales me propuse hacer un repaso de diversos artículos y notas de mi autoría publicados en los últimos años. Dicha tarea me llevó a extraer los siguientes conceptos relativos al quehacer psicosocial, los que a continuación transcribo al modo de cosas dichas y escritas sobre la temática referenciada. Reitero que, en algunos casos, realicé pequeñas modificaciones que entiendo son convenientes en función del formato aquí presentado. Y la propuesta sigue siendo apostar por una Psicología Social cada vez más fortalecida a lo largo y ancho de nuestro territorio.

* El psicólogo social como agente de cambio (2005) El entrenamiento como agentes de cambio nos habilita para actuar en cualquier ámbito donde se produzcan procesos de interacción humana, a saber: el ámbito grupal, el institucional y el comunitario. Hablamos de la apropiación de la realidad para modificarla, para ir adquiriendo un nuevo estilo de vida. Así, ayudamos a promover el protagonismo de los grupos, a los fines de que sus integrantes logren descubrir que se puede recuperar la libertad de resolver junto con otros las problemáticas comunes. En síntesis, instrumentar la producción grupal como herramienta esencial de transformación recíproca para así tornar cada vez más fecunda nuestra práctica, como profesión autónoma y como disciplina científica.

* Vida cotidiana y psicología social (2008) Desde nuestra profesión, sostenemos que se trata de dilucidar los prejuicios y preconceptos en los que el sujeto está sumido y, por qué no, también atrapado, alienado. No se puede aprender (ni aprehender) si cada uno permanece cerrado y rígido en su propio círculo de opiniones. Comprender y comprenderse incluye un nutrirse de lo extraño. El entendimiento de una situación cualquiera de nuestra cotidianeidad es dejarse decir algo distinto por ella. De allí que la óptica de la psicología social consista en hacerse cargo de las propias anticipaciones estereotipadas, como la única manera de que otro sentido pueda advenir en lo cotidiano. Nuestra mirada apunta a que, quienes tengan un para qué, logren más fácil encontrar el cómo.

* Leyes de la dialéctica en nuestra psicología social (2007) Toda vez que los problemas a abordar por los psicólogos sociales están referidos a circunstancias concretas y a hechos específicos, sostenemos que éstos no están conformados sino de artificios. Dice el diccionario que artífice es la persona que tiene arte para conseguir lo que desea. Pues, entonces, deberemos trabajar en nuestra profesión también como artificieros, procurando inventar un saber-hacer-aquí-y-ahora ante cada conflicto. Sin olvidar que siempre partimos de un defecto o carencia en el ser, de una desarmonía entre el pensamiento y el mundo. Y entendiendo que todo invento, in-venire, es hallazgo… es encuentro de lo real.

* Otros aspectos profesionales en psicología social (2005) Adherimos a la posición de Edwin P. Holander y R. G. Hunt, psicólogos sociales que —junto al maestro Enrique Pichon-Rivière— han considerado a nuestra disciplina como una ciencia independiente; circunstancia que no debe confundirse con la idea de aislamiento. Se trata lisa y llanamente de la coexistencia con otros cuerpos doctrinarios que estudian la complejidad del sujeto humano desde distintas perspectivas, contando cada disciplina con la originalidad dada por un objeto de estudio propio. Para nosotros, el psicólogo social es un verdadero artesano; su profesión es un oficio que se hace haciendo.

* Dialéctica y psicología social (2007) La psicología social propone la aceptación de las diferencias. Pues, entonces, hagamos que la operatividad psicosocial se apoye de manera permanente en un verdadero oficio de alterizadores, esforzándonos siempre en refinar nuestra sensibilidad a las diferencias e incrementando la tolerancia a los otros, a todos y cada uno de nuestros semejantes. Tal vez el objetivo final de esta profesión sea simplemente hacer de lo psicosocial no sólo una corriente de pensamiento, sino además un estilo de vida y de acción... sencillamente un modo de ser.

* Solidaridad y copensamiento (2006) Como co-pensor (co-pensar con otros), el psicólogo social es un colaborador para la estructuración de dispositivos analizadores colectivos. Sabemos que los profesionales de la psicología social no educamos, ni curamos ni gobernamos. Por eso, es importante hablar de alfabetizar-nos para la solidaridad, siendo la gran tarea educar-nos no solamente informando sino formando habilidades sociales. La tensión solidario/solitario habita fuertemente dentro mío, y como operador psicosocial podré trabajar para el cambio al cambiar-me, para alfabetizar al alfabetizar-me, para co-pensar con otros al copensar-me, incluso con aquellos que me habitan, con los yoes que me yoan que alguna vez tan bien describió el poeta y escritor Oliverio Girondo.

* Vida cotidiana y psicología social (2008) En lo que hace al movimiento de lo que podemos denominar nuestro propio desconocimiento, cabe señalar que los diálogos platónicos resultan claramente ejemplares, pues con ellos hemos aprendido que no es a los otros, sino a “lo otro” de uno mismo, a quien cuestionamos a través de los demás. Nuestra mirada psicosocial nos aporta dos ejes claros de comprensión: uno, mostrándonos que somos profundamente extraños para nosotros mismos; y el otro, que el modo de comprender nuestro estar en el presente depende de la forma de recibir y cuestionar la tradición de la que somos parte. Siempre será importante cómo recepcionemos lo imprevisible, lo inhabitual o el contratiempo en aquello que cotidianamente nos acaece.

* ¿Esperanza activa e ilusión pasiva? (2007) La esperanza activa es un elemento decisivo para cualquier intento de realizar cambios, tanto personales como sociales. Es una forma de ser, una disposición interna, un intenso estar listos para actuar. Un activar-activándose que se relaciona con el concepto de activeness. El polo opuesto es la ilusión pasiva en tanto va en busca de una vida harto tranquila, que no procura satisfacer las necesidades que pulsan con insistencia desde nuestra interioridad, sino adecuarse acríticamente a los mandatos sociales. Sería algo así como una pasividad-pasivizándose, vinculada a la idea de pasiveness. Apostemos, como agentes de cambio, a poder erigirnos en verdaderos activistas de lo esperanzado, trabajando dialécticamente tales tensiones contradictorias, para así lograr las mejores síntesis desde ya siempre provisionales, relativamente satisfactorias y de equilibrio inestable.

* Sobre la experiencia de ser: deseo y consumismo (2001) Hay quienes afirman que aquello que diferencia la suerte de los mortales se reduce a estas dos condiciones fundamentales: a) lo que uno es: así pues, la personalidad en su sentido más lato; b) lo que uno tiene: así pues, la propiedad y el haber en todas sus clases. Si bien debería resultar fácil advertir que nuestra felicidad depende claramente de lo que somos (de nuestra individualidad), es muy frecuente que hagamos hincapié en lo que tenemos o lo que representamos. Considerando estos dos modos de vivir, Sócrates dijo irónicamente al ver algunos objetos de lujo expuestos para la venta en una de las paquetas tiendas de su época: “¡Cuántas cosas hay aquí que yo no necesito!”

* Psicología social y solidaridad (2006)
La solidaridad se emparenta con el genuino interés por otras personas, con la idea de ayuda, de cooperación, de complementariedad. Muchos nos enrolamos en la creencia de que no hay solidaridad sino práctica solidaria; algo así como que la solidaridad se hace. Los profesionales de la psicología social también podemos hablar de solidar, es decir, afirmar algo con sólidas razones...o consolidar. ¿Acaso no se podrá solidar lo solidario? O incluso nos animamos a decir solidificar, haciendo así alusión al natural pasaje de un estado a otro. Siguiendo con este juego de palabras, más de una vez me he interrogado si entre lo solidario y lo solitario no habrá alguna clave para pensar lo atinente a nuestro campo de acción, el de los psicólogos sociales como agentes del cambio planificado.

* Humanismo y psicología social (2008) De todo lo antedicho se desprende que sostenemos una psicología social que piensa la humanidad de la persona desde su proximidad al ser, convertida en un humanismo en el que lo que está en juego es la esencia singular e histórica del hombre. Aunque también sabemos que esa proximidad es lo que más lejos le queda al individuo, ya que el sujeto que abordamos es el que resulta comprometido con las palabras del Otro que lo han fundado en su singularidad. La trama del lenguaje nos espera antes de nacer, al igual que el deseo de los padres siempre resulta convocado. Es recién a partir de aquí que el humano puede ser voluntad y producirse a sí mismo eligiéndose. Por eso, el operador psicosocial trabaja teniendo en cuenta al hombre en situación dentro de su complejo y variado mundo de relaciones.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

martes, 14 de septiembre de 2010

069 - Algunas Ideas y Aportes Psicosociales (Segunda Parte)

(Publicado en El Semejante — Año 10 Nro. 69 de septiembre de 2010 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 13/10/2016)

ALGUNAS IDEAS Y APORTES PSICOSOCIALES (Parte II)

Esta es la continuación del texto incluido en una anterior edición del periódico El Semejante (Nro. 67 del mes de julio del corriente año), en el cual me propuse hacer un repaso de diversos artículos y notas de mi autoría publicados en los últimos años. Dicha tarea me llevó a extraer los siguientes conceptos relativos al quehacer psicosocial, los que a continuación transcribo al modo de cosas dichas y escritas sobre la temática referenciada. Reitero que, en algunos casos, realicé pequeñas modificaciones que entiendo son convenientes en función del formato aquí presentado. Y la propuesta sigue siendo apostar por una Psicología Social cada vez más fortalecida a lo largo y ancho de nuestro territorio.

* Psicología social: la palabra en los grupos (2008) Enrique Pichon-Rivière expresó alguna vez que, ya desde la infancia, su pretensión era saber qué hay detrás de lo dicho. Tempranamente había advertido que las palabras, en-lo-que-se dice, en-lo-que-se escucha, avanzan a través de una espesa selva entre lo manifiesto y lo latente. Así, en toda intervención psicosocial, cortando el sentido, las palabras se abren a la polisemia con nuevos significados para un mismo significante. Ello debido a la multivocidad de los vocablos; originando los intercambios de discursos co(n)fusiones inevitables. Toda experiencia no es solamente lo vivido, sino la reflexión y el sentir que de eso vivido nos hace letra. Leemos lo que se dice como si estuviera escrito sobre el paño de una bandera flameando: de tal modo que un integrante grupal podrá ver algunas letras mientras que los demás, según ese movimiento ondulante, leerán otras palabras muy distintas comparándolas entre sí. Lo que cada uno expresa se termina de decir, no de modo idéntico, en las orejas del resto de los otros miembros y conforme a sus propias historias singulares.

* Teoría de las tres “D” en psicología social (2006) En nuestra disciplina, las nociones de vínculo y de rol son dos términos fundamentales que se entremezclan constantemente. El operador psicosocial debe estudiar la estructura de los vínculos como así también los diferentes roles —que se depositan, se transfieren, se adjudican y se asumen— en las situaciones grupales en particular. En la idea de trama vincular se incluye el rol. Los psicólogos sociales procuraremos ser artificieros en el ejercicio de nuestra profesión, al decir de Michel Foucault; o sea, intentando fabricar algo (arte-facto) que sirva para el más armónico funcionamiento de los grupos como así de todos y cada uno de sus integrantes.

* Contradicciones grupales y psicología social (2007) Cuando operamos en el terreno de lo grupal y sus contradicciones, la posición del coordinador psicosocial oscilará entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, en pos de cohesionar eso de lo heterogéneo que hallamos en el pensar, en el sentir y en el hacer de cada integrante. Una contradicción nunca va “en contra” de una coherencia. Podríamos resumir las cualidades del coordinador con estas palabras: arte, ciencia y paciencia. Desde nuestro lugar de co-pensores y agentes del cambio social planificado, estamos acostumbrados a trabajar con lo opuesto, con lo distinto, con lo diferente… afortunadamente!!! Sólo los peces muertos nadan con la corriente.

* Rol coordinador y enseñanza de psicología social (2007) Aprender a coordinar es también insistir en la incansable tarea de inventar un territorio propicio para el diálogo. En tanto se cumple este objetivo, la red comunicacional es constantemente reajustada y solamente así es posible reelaborar un pensamiento capaz del diálogo y enfrentar los cambios. Toda comunicación grupal es discontinua por naturaleza. Entendemos que no basta la presencia del otro para que haya diálogo, pues suele haber en los grupos integrantes que sostienen un ininterrumpido monólogo. Cuando la propia voz se pierde en relatos que se bifurcan y multiplican —hasta que vuelve desde afuera, como una voz extraña— recién ahí podemos intuir que se está logrando una interacción. Las operaciones de la coordinación tenderán a ensanchar el sentido de las narraciones grupales. Así, al descubrir otras modalidades vinculares se encuentra no sólo una salida, sino también la lucha por salir. Sin ese riesgo no hay apuesta, pues entendemos que arriesgarse es perderse un poco… y no arriesgar es perderlo todo.

* Algo más sobre coordinación grupal y psicología social (2007) Cuando hablamos de estilos de coordinación hacemos referencia a los distintos modos, formas y maneras de hacerlo. Nótese que la expresión proviene del latín stilus: punzón con el cual los antiguos escribían en sus tablas enceradas. Por ende, tendremos estilos directos e indirectos, emotivos y valorativos, dialógicos y monológicos. Así, encontraremos modos de coordinar más intelectualizados (que priorizan los aspectos cognitivos y racionales), más vivenciados (que destacan las estructuras afectivas) y más actuados (que enfatizan las estructuras de acción). Vemos estilos más protectores y otros más acompañantes; coordinaciones informadoras y otras formadoras de aptitudes. Los aludidos estares y estilos de coordinación se entrecruzan permanentemente en los procesos grupales. Es la pericia del coordinador la que le permite instalarse de modo variable ante el grupo; por lo que estar debidamente pertrechados para esa aventura será lo esencial. El operador psicosocial se hace responsable de las consecuencias de su intervención, entendiendo a ésta como un instrumento valioso en relación al ajuste de su estrategia. Ello entraña una ética de la responsabilidad.

* Psicología social y ECRO (2006) Cabe puntualizar que el principal rasgo del ECRO pichoneano es su carácter operativo. Entendemos que toda indagación va acompañada de una operación; es decir, no hay indagación “pura”, inocua; sino que lo es “para” algo o direccionada hacia fines específicos y puntuales. Nuestro esquema conceptual es concebido como una producción planificada de cambio en relación al logro de los objetivos previamente propuestos. Como operadores psicosociales no aspiramos a una simple observación excelsa de la realidad, pues tendemos a que nuestras interpretaciones se adecuen a esa realidad en términos de operación. Lo importante es la realimentación continua de la teoría a través de su confrontación con la práctica. Y a la vez solemos decir que nada hay más práctico que una buena teoría.

* Algo más sobre vínculos y psicología social (2006) Mediante esos instrumentos y herramientas (ámbitos psicosocial, sociodinámico e institucional), los operadores psicosociales podemos obtener una variada información que nos acerca hacia una mejor comprensión de lo que sucede dentro de un sujeto y su grupo de pertenencia. De tal modo se despliega una psicología social operativa —teñida de una posible y deseable objetividad creciente— en la medida en que el individuo “es” la estructura vincular de la cual emerge. El otro siempre cuenta como modelo, como objeto, como auxiliar o como rival, enseñó el padre del psicoanálisis ya hace un siglo. Individuo y medio están en permanente interacción. En nuestros vínculos está implicado todo y complicado todo.

* Psicología social: el deseo en los grupos (2009) Creemos que quien haya participado activamente de un Grupo Operativo ya no volverá a ser el mismo, pues habrá adquirido una nueva posición subjetiva, una subjetividad distinta y remozada ante sí y ante su circunstancia toda. También en lo grupal los deseos se lanzan con un ímpetu que no conoce límites, evidenciándose la íntima correlación que existe entre el deseo y la verdad; esa verdad que al sujeto tanto le cuesta reconocer. Nos referimos específicamente al curioso encanto que consiste en conocer grupalmente la intolerable verdad del deseo, que insiste en no dejar de fascinar y de atemorizar a los seres humanos. Pensamos que todo grupo “grupea”, verbo que no hace otra cosa que dotar de movimiento y vitalidad al sustantivo. Grupear dice de un surgimiento continuo y permanente. Desear es tener ganas y, por eso, nos aproxima grandemente a una acción creativa y creadora. En esa esencia enigmática que es el ser humano también sucede lo psicosocial, donde la pregunta sigue siendo por el deseo. Cada encuentro grupal es una puntual puesta a prueba del deseo: se erige en una nueva oportunidad para la oportunidad de algo nuevo.

* Psicología social y miedos básicos (2006) Si partimos del concepto de que todo deseo lo es de dificultad, de intranquilidad, pues como agentes de cambio podremos ayudar a las personas y a los grupos a convertir esos temores básicos universales (a la pérdida de lo viejo conocido y al ataque de lo nuevo por conocer) en simples miedos o ansiedades estimulantes, dejando atrás toda paralización de las potencialidades del ser humano. Al incorporar el devenir como dimensión temporal, abordando al individuo en sus condiciones concretas de existencia, se perfecciona así la idea que sostiene que el hombre en situación es una estructura estructurándose, una figura configurándose continuamente, una totalidad totalizante. Ante la resistencia al cambio ofrezcamos un proyecto superador e innovador a nuestros consultantes.

* Resistencia al cambio y procrastinación (2008) Una situación íntimamente ligada a la aludida resistencia al cambio es la llamada procrastinación, entendida como la acción de postergar actividades o asuntos que el sujeto debe atender. Proviene del latín: pro (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana). La noción se aplica generalmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto o situación que se procrastina suele ser percibido por el individuo como desafiante, inquietante, peligroso, abrumador e, incluso, como tedioso, aburrido o estresante. Y tal estrés (epidemia de nuestros días) puede ser tanto físico, como psicológico o intelectual. La permanente adaptación activa a la realidad implica combatir la cándida aceptación acrítica de las normas y de los valores que nos aprisionan. Superar la idea de "lo dejo para mañana, total tengo tiempo", propia de la llamada maldición de procrastinar. De tal modo, el ser humano logrará ser siempre un puente y no un fin… ¡una ruta hacia nuevas auroras!

* Enseñaje y psicología social (2009) Desde la visión problematizadora del enseñaje se busca un sujeto cognoscente, deseante y productor que deje de lado una mirada ingenua de lo real. Se afirma la dialogicidad, en un proceso donde educador y educando crecen juntos insertándose críticamente en la realidad. Todos sabemos algo que los otros desconocen, por lo que en el ámbito psicosocial el diálogo grupal se impone como el camino mediante el cual las personas ganan significación en cuanto tales. Se trata de decir la verdad como actividad específica y concreta: una especie de parrhesía o hablar francamente. Etimológicamente pan: todo, y rhema: lo que se dice; es algo así como la apertura del corazón. Sostenemos que es esencial dejar que, en lo grupal, se despliegue espontáneamente el hilo y el flujo de las representaciones, pero con el fin de poder adueñarse de ellas.

* Psicología social y educación (2009) Para finalizar, lo educativo dialógico incluye la esperanza, que está en la raíz de la inconclusión de todo ser humano. Junto a la idea de educar incluimos la de "educir", entendida ésta como deducir, sacar una cosa de otra. Es fundamental escuchar la insistencia del sujeto por hacerse oír, al cual no debemos nunca desalentar sino acompañarlo en el encuentro con sus saberes, de acuerdo a sus propias inquietudes, intereses y necesidades. En este tiempo en que nuestra civilización ya no cree en los grandes ideales, esta descreencia nos exige proponer nuevos modos de apropiación de la realidad: una adaptación activa que nos permita transformarla y a la vez transformarnos. Tener en cuenta a cada hombre en situación interactuando con los otros, pues de allí surgirá nada menos que esa pedagogía de la problematización que propiciamos.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

jueves, 9 de septiembre de 2010

068 - Reglamentación de la Ley Psicosocial Mendocina

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 2 Nro. 22 de septiembre de 2010 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 4/11/2016)

REGLAMENTACION DE LA LEY PSICOSOCIAL MENDOCINA

En la edición del mes de septiembre de 2009 se incluyó una nota titulada “La Psicología Social Mendocina tiene su Ley”, en la cual destacábamos la reciente sanción de la Ley Nro. 8077 sobre el ejercicio profesional de los Técnicos Superiores en Operaciones Psicosociales, cuyo registro quedaba a cargo del Ministerio de Desarrollo Humano, Familia y Comunidad. Con fecha 10/6/2010 el Decreto Nro. 1191 reglamentó dicha norma, disponiendo que ese ministerio sea el organismo que ejerza el gobierno de la matrícula de nuestra actividad.

Completamos ahora aquella publicación, manifestando que la matrícula para el ejercicio profesional puede gestionarse —de 9:00 a 15:00 horas de lunes a viernes— ante la Oficina de Matriculaciones, que depende de la Jefatura de Gabinete del área ministerial citada más arriba. Toda información relativa al respectivo trámite de matriculación debe recabarse en la calle Agustín Delgado Nro. 218 de la ciudad de Mendoza (TE: 428 4647). Los operadores psicosociales, por su parte, tienen que cumplimentar una serie de requisitos que se indican a continuación.

Cada profesional contará con un legajo personal con su firma registrada, a cuyo efecto es necesario completar una solicitud de inscripción presentando el título original, con una copia debidamente legalizada por la autoridad competente. Además, se debe presentar el documento de identidad original y una copia certificada por la Oficina de Matriculaciones; y acompañar dos fotos carnet de frente y a color. Entendemos que similar trámite corresponde también para aquellos profesionales que posean títulos equivalentes otorgados en otras provincias.

Los profesionales extranjeros autorizados a ejercer la psicología social, es decir, que tengan título proveniente de entidades extranjeras revalidado en nuestro país, además de los requisitos precitados deben acompañar el respectivo contrato con fines de investigación, docencia y asesoramiento, o la solicitud de consulta para asuntos de su especialidad. Recordemos que esta habilitación provincial no los autoriza para el ejercicio profesional independiente, debiendo limitarse a la actividad específica y puntual para la que han sido requeridos.

Una vez cumplimentados tales recaudos, la Oficina de Matriculaciones adjudicará un número de matrícula y otorgará la credencial habilitante. Además, el decreto reglamentario ha dispuesto la obligatoriedad de efectuar la matriculación de todos los operadores psicosociales en un plazo no mayor de un año. Cabe destacar que se puede obtener más y mejor información en la sede de la Asociación de Trabajadores en Psicología Social (AdeTePS), que agrupa a nuestro colectivo provincial en sus oficinas de la calle Las Heras 682 – Local Nro. 19 de la ciudad.

Desde aquí queremos felicitar a todos los psicólogos sociales de la provincia de Mendoza por la incesante tarea llevada a cabo, en pos de un hito más en el reconocimiento de nuestra disciplina y de nuestro ejercicio profesional. Celebramos, entonces, esta nueva conquista legal pues, desde este remozado y fortalecido posicionamiento institucional, la demanda de profesionales dedicados a esta noble y comprometida actividad se verá incrementada en diversas agrupaciones y organizaciones de la comunidad cuyana. Un fuerte abrazo a todos!!!

RONALDO WRIGHT
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lunes, 19 de julio de 2010

067 - La Adolescencia en los Tiempos de la Fluidez

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Nro. 41 correspondiente a julio-agosto de 2010; en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 21/7/2010; en El Otro Psi - Año XVI Nro. 169 de septiembre de 2010 y en Reflexiones sobre Educación con fecha 1/9/2010)

LA ADOLESCENCIA EN LOS TIEMPOS DE LA FLUIDEZ

La adolescencia (ad-dolescere, dolere) es un tiempo de fragilidad subjetiva, toda vez que el joven se está transformando, está dejando de ser un chico para atravesar duelos constantes referidos a la pérdida de su cuerpo infantil y a la declinación de sus padres ideales. Sabemos que la estructuración del joven es efecto no sólo de herencias filogenéticas, sino también de acontecimientos ontogenéticos y de las respuestas consecuentes advenidas de ese hablante ser en plena formación. La subjetividad es un modo de pensar, de sentir y de hacer en el mundo; por lo que la subjetividad adolescente es también un modo de hacer con lo real, es un conjunto de operaciones realizadas, repetidas, creadas e inventadas. El interrogante es si, en estos tiempos fluidos posmodernos, no se encuentran agotados los paradigmas mediante los cuales construimos, durante casi un siglo, los fenómenos de producción y significación de tipos subjetivos.

Según Zygmunt Bauman, la vida líquida es un inventario de comportamientos de la sociedad actual donde las reglas cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en hábitos determinados. Tal idea de lo líquido se refiere a lo fluido, a lo no sólido, a lo no fijo. Por ende, las identidades de nuestros pibes son móviles y la convivencia entre ellos no es hoy un escenario propicio para el diálogo. Parece que el diálogo de antaño ha sido reemplazado por la polémica y por la propaganda, que son en verdad dos especies de monólogo. No es fácil hoy encontrar ideales que orienten ni elevados valores que se transmitan, que persistan en el tiempo y que conserven su forma. La metáfora de la fluidez explica que todo se transforma constantemente, se desplaza con facilidad e, incluso, puede desbordarse. El concepto de desborde va muy de la mano con los múltiples territorios que habitan nuestros adolescentes, tanto en lo individual como en lo comunitario.

Creemos que las funciones paterna, materna y docente se han debilitado en estos días de hipermodernidad, de modernidad tardía. Otro tanto puede decirse respecto de las autoridades llamadas a conducir los destinos de todos y, a la vez, responsables de llevar a cabo las políticas públicas en la materia. El Estado ya no provee sentido ni consistencia ética integral a las demás instituciones primarias e intermedias, tales como la familia, la escuela, el trabajo, la universidad y las distintas organizaciones sociales y culturales. Nuestros jóvenes ya no encuentran parámetros estables en esta época de valores volátiles, donde las identidades son móviles y los modos de vinculación suelen ser meros espacios de exclusión cada vez más indiferentes. Sin paternidad estatal ni fraternidad institucional queda sólo la pura actualidad del ahora, quedando el camino libre tanto para las prácticas mediáticas como para las frías reglas del mercado y del consumo.

En la cultura de la fluidez y de la hibridación total, muchos pibes sienten que todo es transitorio y que se ha institucionalizado la incertidumbre. La endeble imagen del consumidor ha dado por tierra con la del habitante-ciudadano, aquel que podía elevarse hacia ideales más definidos y vincularse a una mayor parte de humanidad. La subjetividad dominante no es institucional, sino que emana de los grandes medios de comunicación que venden a precio vil la efímera figura del famoso. Los variopintos personajes televisivos que pululan a diario por la pantalla chica —hoy también mediana y grande— han logrado su “fama” por el simple hecho de ser famosos… ¡y nada más! Entendemos que los jóvenes necesitan otra cosa, algo más sólido: como ser marcos de referencia estables y, por qué no, también un poco de orden y seguridad. Es imprescindible crearles mayores y mejores espacios de autonomía que les permitan hacerse dueños de sus propios destinos.

Es sabido que no hay recetas fáciles ni cómodas. En la era de la fluidez, usando la terminología de Ignacio Lewkowicz, los jóvenes sufren por dispersión y aburrimiento. La experiencia del tedio y de la superfluidad no les deja huella duradera, no traza, no conecta. Ya nos hemos referido en alguna otra oportunidad al malestar del kakón adolescente, expresión utilizada para designar una ausencia de sentido existencial y una fuerte tendencia a la inercia de la pulsión de destrucción en pibes abandonados por los Otros. Por su lado, nuestro modelo socio-económico regresivo y distorsionado no deja de generar una multitud de adolescentes en grave situación de riesgo. No es menor ni casual el señalamiento que hace el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), cuando sostiene que América Latina es una región donde la mayoría de los pobres son jóvenes y niños, y la mayoría de los jóvenes y niños son pobres.

Desde el terreno social, es fundamental asumir el rol de verdaderos agentes de un proceso de cambio planificado, contribuyendo a desarrollar una conciencia crítica y un proyecto histórico alternativo. Tal transformación debe estar acompañada de la producción de un nuevo saber, fomentando la creación de redes multidisciplinarias y apostando al fortalecimiento de las mismas. Afortunadamente, ya son muchas las organizaciones no gubernamentales que están en plena campaña de atención de chicos desconocidos, vulnerados y abandonados para brindarles un futuro de vida. No sólo trabajan con los jóvenes, sino también las estrategias están dirigidas al fortalecimiento familiar y con la convicción de que es necesario reflexionar acerca de las prácticas para una mejor elaboración de respuestas éticas institucionales. Otro tanto ocurre con la confección de estadísticas de evaluación y monitoreo para esta delicada y trascendente realidad.

Desde el campo de lo jurídico, la actual ley de protección integral de sus derechos ha terminado con casi cien años de un arcaico régimen de tutelaje y judicialización de nuestros jóvenes. Al menos desde lo legal, hoy se contempla a la niñez y a la adolescencia como una verdadera prioridad estratégica ineludible en el ámbito de nuestra comunidad y de cara al recién iniciado siglo XXI. De allí que los chicos sean considerados sujetos activos y plenos de derechos, dada su condición de personas en desarrollo. Los aludidos derechos y garantías —todos de orden público y de carácter irrenunciable— son, entre otros: el derecho a la vida, a la dignidad e integridad personal (física, sexual, psíquica y moral), a la identidad, a la libertad, a la igualdad y a la no discriminación, a la vida privada e intimidad familiar, a la salud, a la educación, a la libre asociación, al trabajo adolescente, a la seguridad social, al medio ambiente, al deporte y al juego creativo.

Los ejes que conforman las diversas medidas de protección integral pueden sintetizarse del siguiente modo: fortalecimiento del rol de la familia; descentralización de los organismos de aplicación; gestión asociada de los órganos de gobierno con la sociedad civil; promoción de redes intersectoriales; y constitución de organizaciones en pos de la defensa y la protección de los derechos de la de la juventud y de la niñez. Además, hacemos puntual referencia a la responsabilidad gubernamental, a la responsabilidad familiar y a la ineludible participación comunitaria necesaria si se pretende lograr la tutela de todos y cada uno de los derechos y de las garantías protegidas. Habremos de ir en procura de un nuevo paradigma, con fundamento en una ética humanista que termine con este desgarramiento producido por tanta posmodernidad líquida y fluida. Decimos, entonces, que la verdadera generosidad con el futuro consiste en dar todo en el presente.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

jueves, 15 de julio de 2010

066 - Algunas Ideas y Aportes Psicosociales

(Publicado en El Semejante — Año 10 Nro. 67 de julio de 2010; en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 11/4/2015 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 5/2/2016)

ALGUNAS IDEAS Y APORTES PSICOSOCIALES

A partir de la relectura de las distintas ediciones del periódico El Semejante, en el cual vengo publicando artículos de mi autoría desde hace muchos años, tomé la decisión de hacer un repaso de mis notas y, dicha tarea, me llevó a extraer los siguientes conceptos relativos al quehacer psicosocial, los que a continuación detallo al modo de cosas dichas y escritas sobre la temática. En algunos casos realicé pequeñas modificaciones que creo pertinentes en función del formato que aquí presento. Además, quiero agradecer al director propietario Ernesto “Tito” Bronstain por todos estos años —casi una década— de amistad y de trabajo conjunto en el territorio de nuestra Psicología Social Argentina.

* Resonancias y ecos en el Palacio San Miguel (2007) Muchos sostienen que Enrique Pichon-Rivière era un maestro Zen, pues nunca contestaba de modo directo las preguntas que se le formulaban, sino que lo hacía en forma de clave. Obligaba a su interlocutor a conquistar la información. Su permanente búsqueda era saber acerca del hombre y su tristeza. Con sus enseñanzas, él nos ha enriquecido… enriqueciéndonos… enrique-siendo-nos. Es decir, siendo-enrique junto a todos nosotros. Su norte siempre fue planificar la esperanza, preparando operadores psicosociales como agentes del cambio. Iba en pos de procesos creativos potenciados por y en los grupos, de manera direccional y significativa, operativa e instrumental. Su ya famoso enseñaje era parido siempre en co-presencia, operando el profesional de la psicología social como un co-pensor.

* Algo sobre la ética en psicología social (2005) Todo psicólogo social se debe a la comunidad y, si bien tiene que percibir una retribución justa por su trabajo, la imposibilidad de recibirla no autoriza a negar tales servicios a quienes los necesiten (sujetos de necesidades productores y producidos). La falta de capacidad económica de quienes requieran nuestros servicios, no es excusa para abstenerse de prestar tal asistencia. Ello en un todo conteste con un claro lineamiento que dice: “Desde la psicología social, ser ético nos está hablando de una congruencia entre lo personal y lo social”, siendo el desafío conciliar la permanente actitud de no-dominación con la direccionalidad al cambio social planificado asignada por Enrique Pichon-Rivière a nuestra profesión.

* Psicología social y tramas vinculares (2006) La subjetividad es al mismo tiempo singular y emergente de las tramas vinculares que la trascienden, con las que el ser humano guarda una relación de sujeto productor y producido. En el proceso de socialización humana hay un instrumento privilegiado, que es el lenguaje. Y todo lenguaje, desde ya, está sostenido por un vínculo, pues la palabra forma parte de una acción comunitaria. Entendemos que la constitución de la subjetividad, del mundo interno de cualquier sujeto, se da en tres etapas o instancias sucesivas: 1ra.) Real: falta de representación (etapa autoerótica); 2da.) Real–Imaginario: estadio del espejo (narcisismo primario); y 3ra.) Real– Imaginario–Simbólico: entrada en funcionamiento de la palabra, del lenguaje, de(l) hablar.

* Teoría de los grupos en psicología social (2006) La estereotipia es la polilla del proceso grupal. Cada grupo construye un imaginario propio que opera como una cultura particular, otorgándole un estilo único y singular. Todos los grupos son diferentes. No hay grupo igual a otro, pues cada uno escribe su propia historia. La técnica de los grupos operativos solamente se puede aprender —y aprehender— a partir de la experiencia personal, de igual modo que la base fundamental de una preparación psicoanalítica puede únicamente lograrse atravesando uno mismo por el análisis. La identidad grupal está dada por una tarea y un proyecto en común, las que llegan a establecer pautas de integración y de comportamiento que se van institucionalizando en el grupo. Una creciente tendencia hacia la integración de los componentes del grupo los llevará a un destino que jamás imaginaron al inicio del proceso grupal compartido.

* Un poco más sobre los grupos en psicología social (2006) No es lo nuevo solamente lo que produce miedo o ansiedad, sino “lo desconocido que hay dentro de lo conocido”. Recordemos que esa es la esencia de lo siniestro o unheimlich freudiano. La tarea en el grupo debe desenvolverse al modo de una mayéutica socrática, es decir como un proceso dialéctico y contradictorio sostenido por un diálogo crítico donde se alternan interrogantes e ideas múltiples en el desarrollo de un saber. Se trata ni más ni menos que de lo no sabido de un saber, pues si bien no se sabe que se sabe, dicha verdad va emergiendo al ser creadas las condiciones pertinentes, siempre acompañadas por un dispositivo y un encuadre idóneos para tales fines. La verdad u objetividad creciente hace a la operatividad del grupo.

* Televisión y Sociedad de Consumo (2003) En relación a la fuerte y constante incidencia que tienen los mensajes consumistas emitidos por la televisión en la construcción de subjetividad de nuestros hijos, constituyéndolos como sujetos cognoscentes, deseantes y futuros productores, señalé: la respuesta, en este como en tantos otros temas relativos a nuestra temprana salud psicofísica, está en nosotros. Hace miles de años se le dijo a una pequeña tribu: “Puse ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y elegiste la vida”. Tal vez esa sea también una posible y actual elección en nuestra condición de trabajadores psicosociales.

* Lo legal y lo legítimo en psicología social (2007) A cincuenta años del nacimiento de la psicología social argentina, entiendo que nos encontramos con dos frentes de lucha bien visibles: por un lado, los permanentes ataques llevados a cabo por distintas asociaciones de psicólogos, las que regularmente cuestionan la legalidad de nuestra profesión. Tal vez ninguneados ellos por un sector del discurso médico, ahora repiten un proceder similar contra nosotros. Por otra parte, el otro frente tal vez sea el de los propios operadores psicosociales, que no logramos unirnos en defensa de nuestros intereses, de nuestras necesidades. ¿Sujetos de necesidad, decía Pichon? ¿Seremos especialistas en “grupalismos” pero no podemos agruparnos? ¿Sabremos algo de actitud y aptitud psicosocial? Se me ocurre lo siguiente: si en lo personal, si en lo individual… el principal enemigo de la manada es uno mismo (y algo tenemos que hacer al respecto), tal vez en lo colectivo el principal enemigo de los psicólogos sociales seamos los propios psicólogos sociales (y algo tendremos que hacer también al respecto).

* Algo más sobre la actualidad de la psicología social (2005) Entre las asignaturas pendientes relativas a la psicología social podemos destacar, entre otras, las condiciones difíciles de ejercicio profesional que actualmente vivimos; como así también la intensa campaña de desprestigio en contra de los operadores psicosociales en los últimos tiempos. Sostenemos que en lo que debemos coincidir todos y cada uno de los psicólogos sociales es en unir esfuerzos para defender la dignidad del ejercicio profesional, la independencia de nuestra disciplina científica, una retribución adecuada por el trabajo que hacemos, el respeto a nuestras incumbencias y toda tarea que nos asegure la libertad e igualdad de oportunidades y que proteja los derechos de esta comprometida actividad. Pues la psicología social es también una lucha de pasiones.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 9 de junio de 2010

065 - Acerca de Niños y Jóvenes que Matan

(Publicado en la sección "Psicoanálisis y Ley" del portal El Sigma.com con fecha 14/6/2010; en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 15/6/2010 y en Reflexiones sobre Educación con fecha 1/7/2010)

ACERCA DE NIÑOS Y JOVENES QUE MATAN

El Instituto de Investigaciones en Psicoanálisis de la Universidad Argentina John F. Kennedy ha propuesto, para el ciclo lectivo 2010, el desarrollo de varios seminarios abiertos a la comunidad, cuya línea investigativa articula temas de Derecho, Ciencias Sociales y Psicoanálisis. Es así que actualmente me encuentro participando en el Seminario de Investigación sobre Delito y menor. El niño homicida, una mirada psicoanalítica, llevado a cabo conjuntamente con la Maestría en Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia y el Departamento de Derecho de la Universidad de Envigado (Colombia), bajo la dirección de la Dra. Amelia Haydée Imbriano. A continuación intentaré abordar algunas de las ideas trabajadas en dicho espacio, agradeciendo desde ya a todo el equipo de colaboradores (*) de este proyecto, cuyo fin es el de amplificar y profundizar los estudios interdisciplinarios sobre la base del estatuto de la responsabilidad, tanto del sujeto como de la comunidad toda.

Ante la contundencia de los datos estadísticos que revelan la frecuencia de actos homicidas cometidos por niños y jóvenes, nos preguntamos cómo es posible que un menor de edad llegue al extremo de matar a un semejante. Un informe revelador al respecto lo da la Oficina Sanitaria Panamericana (órgano dependiente de la O.E.A.) al decir que, en las Américas, la segunda causa de muerte de adolescentes y niños varones es el homicidio. Si a ello le sumamos el constante incremento de la circulación de armas de fuego —las que hoy podrían ser calificadas como de destrucción masiva— junto a la pobreza, la exclusión, los malos tratos y las carencias afectivas de nuestros pibes, tenemos entonces unos cuantos ingredientes que nos habilitan a adentrarnos en este trágico aspecto de la realidad. Tal vez uno de los pocos caminos que les queda abierto a estos niños violentos, privados del amor a que tienen derecho, sea la destrucción de un orden social del que ellos son víctimas.

Veamos algunos aspectos a tener en cuenta, sea desde el punto de vista del Psicoanálisis o desde la óptica del Derecho. Sabemos que no se puede investigar el destino de nuestros niños y jóvenes por fuera de la comunidad en la cual están insertos, pues unos y otra son partes solidarias de una misma estructura. Así, la ley del no matar inscribe al sujeto en la cultura, por lo que ante su transgresión cabe sostener alguna interrogación acerca del sujeto y el Otro. Y si de tal transgresión hablamos, resulta por demás significativo que de las investigaciones arriba señaladas surge que, en el año 2004 y sólo en la ciudad de Buenos Aires, contabilizamos unos mil doscientos casos de actos homicidas cometidos por menores (informe del Foro Intersectorial Permanente de la Niñez, Adolescencia y Familia ). Esos guarismos han seguido incrementándose y cabe apuntar, además, que las encuestas suelen demostrar que por cada hecho delictivo denunciado ocurren otros tres que no se denuncian.

Al año siguiente, en el mes de octubre de 2005 y después de largos tiempos de debates, fue dictada la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, considerándolos como verdaderos sujetos activos y plenos de derechos en vez de simples objetos de intervención. Esta nueva conceptualización se conoce como el pasaje de la doctrina de la situación irregular a la doctrina de la protección integral. Señalemos que esta legislación procura el fortalecimiento de la familia, la gestión asociada de los órganos de gobierno con la sociedad civil, la promoción de redes intersectoriales y la activa participación de las organizaciones no gubernamentales. Pues, si la nuestra tiende a ser una cultura colmada de Otros vacíos, al menos desde esta normativa se dispone que la responsabilidad ante los niños y jóvenes no solamente sea de la familia sino también del Estado nacional, provincial y municipal, promoviendo además la activa participación de la comunidad toda.

Si la familia es el ámbito primario de constitución de subjetividad, en donde se generan las matrices de aprendizaje más estructurantes ligadas a la génesis del sujeto, nos preguntamos qué lugar tienen estos pibes que matan en nuestra sociedad posmoderna, caracterizada por un fuerte predominio de los fenómenos de apatía, perplejidad y desarraigo. Cada vez más vemos chicos de y en la calle, sin escolaridad e inmersos bajo los efectos de la violencia cotidiana que forma parte del paisaje urbano. Esos niños no hablan de sus sufrimientos, pues suelen encontrarse en situación de colapso, derrumbe o quebrantamiento psíquico. Nuestra cultura sigue produciendo seres libres de toda atadura simbólica, en la cual ya no hay padre, la madre no deja de ser una rareza y el maestro rehúye al cumplimiento de su función docente. Otro tanto puede decirse de las autoridades llamadas a conducir los destinos de todos y, a la vez, responsables de llevar a cabo las políticas públicas en la materia.

Ante el aumento de los actos homicidas cometidos por menores, la población ha ido elaborando un sentimiento de impunidad y de desconfianza. Si bien puede pensarse en el robo como un atractor para estos pibes que delinquen, muchas veces ellos se retiran de la escena del crimen sin robar nada. Es más, al advertir que existe en el lugar alguna cámara que los está filmando, en vez de ocultarse suelen dirigirse a la misma realizando gestos desafiantes y obscenos. De sus conductas se advierte frialdad e insensibilidad, ausencia de miedo y dureza emocional. Pareciera que experimentan el placer de transgredir la norma del no matar que inscribe a todo individuo en la cultura. Los informes sociales reflejan que la violencia es algo frecuente en los hogares de estos chicos, en los cuales rige la ley del bulling según la cual los hermanos mayores tiranizan a los menores. Un pibe así maltratado puede llegar a ser un futuro maltratador si queda atrapado en esas redes del sufrimiento y del dolor.

El equipo que participa del seminario de investigación se formula los siguientes interrogantes: ¿qué objeto quieren cuando roban?, ¿qué los hace matar a estos chicos violentos? Dan tres posibles variables en la causación de esos ilícitos, a saber: a) la resolución de tensiones por rivalidad con el semejante; b) una llamada al orden público, procurando ser nombrados y reprendidos ante la carencia de toda autoridad en sus vidas; y c) la resolución del malestar del kakón, cometiendo un acto homicida para lograr evadirse así del tedio y de la falta de sentido existencial. La palabra griega kakón, de género neutro, significa “lo malo”, siendo utilizada para designar el malestar de la vida, el tedio y la ausencia de sentido. Pues, aquí la propuesta es utilizar dicha expresión para denominar a todo mal que pueda presentarse bajo la figura de síntomas depresivos consecuentes de la tendencia a la inercia de la pulsión de muerte, en jóvenes abandonados por Otro y que tienden a ocupar su lugar.

En tiempos en que varios sectores de la sociedad discuten sobre la necesidad de bajar la edad de inimputabilidad de los jóvenes, la Ley 22.803 dice que no es punible el menor que no haya cumplido dieciséis años de edad. Si existiere alguna imputación en su contra, la autoridad judicial debe proceder a la comprobación del delito, tomando conocimiento directo del menor, de sus padres, tutores o guardadores. Como así también, el juez ordenará los informes y peritaciones conducentes al estudio de su personalidad y de las condiciones familiares y ambientales en que se encuentre. En procura de la protección integral del niño o del adolescente, se puede disponer su alojamiento en una institución de modo tal de lograr su rehabilitación y que puedan regresar a la comunidad de la forma más constructiva posible. Es aquí esencial la tarea coordinada —caso por caso— entre los campos profesionales de la salud mental y de la justicia, integrando equipos de trabajo multidisciplinarios.

No podemos soslayar que la adolescencia (ad-dolescere, dolere) es el tiempo de mayor fragilidad subjetiva puesto que el joven está transformándose, está dejando de ser un chico para atravesar duelos constantes referidos a la pérdida de su cuerpo infantil y a la declinación de los padres ideales. La estructuración del niño es efecto no sólo de herencias filogenéticas, sino también de acontecimientos ontogenéticos y de las respuestas consecuentes optadas por ese hablante ser en formación. Sostenemos, entonces, que sin paternidad estatal ni fraternidad institucional, prospera la desolación de nuestros pibes y el sufrimiento no deja de insistir. Si no hay posibilidad de simbolización, no hay humanidad. Cuando el Otro falta, los jóvenes quedan abandonados. Las leyes no surgen sólo porque las cosas estén mal, sino por acción, presión y difusión. De allí que la responsabilidad sea de todos: tanto de la familia como de la escuela, de las organizaciones intermedias y de la sociedad en general.

Hoy vivimos en un sistema social en donde muchas veces se transforma lo ilegítimo en legítimo, con alta velocidad de cambio, donde las tradiciones fallecen, los puntos de referencia se pierden en el vértigo de las transformaciones y hasta se industrializa la muerte. Pues, la caja boba hace muy bien este trabajo. En muchos sectores de la población domina la reiteración, el estancamiento y la estereotipia. De allí que aplicar simples intervenciones generalizantes no hace más que provocar el acallamiento de los sujetos en juego: en el caso que aquí nos convoca, nada menos que de quienes son el futuro. Frente a la trágica realidad de niños y jóvenes que matan, nuestra propuesta es escuchar al sujeto, uno a uno, con su historia y su modo singular de enlace a ella. Concluimos que, desde el Psicoanálisis y el Derecho, el sendero no puede ser otro que el de acompañar a los chicos en un intento de no tomarlos como objetos y con una firme búsqueda de hallar un lugar para ellos.

(*) Equipo de investigación integrado por Paula Winkler, María Graciela Aguirre, Javier Cures Sastre, María Amelia Grecco y Agostina Ilari Bonfico.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

martes, 16 de marzo de 2010

064 - Alcoholismo y Juventud... ¿Divino Tesoro?

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Nro. 39 correspondiente a marzo-abril de 2010 y en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 26/3/2010)

ALCOHOLISMO Y JUVENTUD… ¿DIVINO TESORO?

He recibido una nueva invitación del director periodístico de La Tecl@ Eñe, consultándome esta vez acerca del elevado consumo de alcohol entre los adolescentes, como así también sobre el aturdimiento que el fenómeno del alcoholismo provoca en nuestra juventud. Me cuenta el Lic. Conrado Yasenza que suele encontrarse con jóvenes escuchando música a volúmenes increíbles y totalmente alcoholizados, entendiendo él que buscan desconectarse en bailes donde no se baila y que consumen bebidas alcohólicas solamente como un modo de evasión. Me pide si le puedo aportar algunas ideas al respecto, por lo que a continuación va este intento de abordaje de una problemática multicausal con aristas sumamente variadas y complejas. Digo, para comenzar, que hoy en día es considerable el aumento de la cantidad de bebidas ingeridas y el de su graduación alcohólica, tal como se desprende de las numerosas encuestas existentes en esta materia.

El mundo adolescente está destinado en gran parte al consumo de bebidas alcohólicas, siendo la edad media de inicio entre los 13 y 14 años tanto en los varones como en las mujeres. Las últimas estadísticas arrojaron que el setenta y cinco por ciento (75%) de los bonaerenses comienzan a consumir bebidas alcohólicas antes de los 18 años de edad. Además, ha dejado de ser algo exclusivo y propio del sexo masculino, pues hoy son muchas las mujeres que se han sumado a esta puntual costumbre. Lo que este problema plantea es que el joven suele encontrar en la ingesta de alcohol una vía de escape a sus problemas irresueltos, la mayoría de ellos con base en la falta de amor, protección y cuidado de su entorno. Tal orfandad afectiva hace que el adolescente se sienta cada vez más solo, librado a su propia suerte y procurando sepultar la angustia y el desamparo que esas carencias le ocasionan. El chico que toma alcohol termina haciéndose esclavo de sí mismo.

Muchas veces estamos ante verdaderos ritos de iniciación, como un modo de inscribir en lo simbólico el pasaje de la niñez al mundo de los adultos. Los jóvenes piensan que con el alcohol pueden potenciarse, sirviéndoles para cambiar su estado de ánimo. Superan la timidez, se ponen más eufóricos y alegres. La ingesta de bebidas alcohólicas es desinhibidora y facilitadora para vincularse y, toda vez que es una droga socialmente aceptada, sólo ven aquellos aspectos que consideran positivos. Nada quieren saber acerca de que un ochenta por ciento (80%) de las muertes registradas entre los adolescentes se deben a causas violentas y, dentro de ellas, las relacionadas con el alcohol y las drogas ocupan un lugar destacado. Se sabe que la adolescencia es una etapa particularmente vulnerable. El abuso en la consumición de bebidas alcohólicas termina siendo con frecuencia la puerta de entrada que conduce a los chicos hacia la adicción de otras drogas, más dañinas para su salud.

Otro dato de la realidad es que dicha ingesta es mayor cuando los adolescentes están en grupo, sobre todo en las fiestas y en lo que ellos han dado en denominar la “previa”. En ese encuentro habitual antes de ir al boliche toman bebidas alcohólicas en cantidad, muchas veces mezcladas con energizantes. Pareciera que los jóvenes creen que se es grande por tomar alcohol. Lo que en verdad ocurre es que necesitan reducir el monto de angustia que los habita, siendo el alcohol una especie de quitapenas que les permite esquivar los límites que la realidad impone y acceder así a un mundo que ofrecería condiciones más placenteras. Sin la cerveza y la sidra suponen que el fuego de la adolescencia no se enciende aunque, paradojalmente, lo cierto es que el alcohol y la tumescencia no se llevan del todo bien y son claramente incompatibles. No obstante ello, ir abstemio a las salidas nocturnas sería hoy algo contrario a los códigos y a las normas del entorno juvenil.

Y ya que hablamos de normas, el alcoholismo en la adolescencia es una cuestión relacionada con la anomia o ausencia de normas. Los chicos avanzan en el consumo de bebidas alcohólicas debido a sus carencias, a sus soledades, a la falta de valores y de certezas. Mucho tiene que ver la fuerte ausencia de modelos que en la actualidad vemos tanto en las familias como en las escuelas, ambas instituciones socializadoras por naturaleza. Hay una crisis de autoridad en las funciones paterna, materna y docente de las cuales devienen situaciones de rebeldía y de conflicto. Rige hoy un estado confusional de pérdida de parámetros esenciales, traducido en un fenómeno de incertidumbre que profundiza todo consumismo en la juventud. A esto podemos sumar el bombardeo constante, desde los grandes medios de comunicación, que publicita una vida por demás exitosa que se puede lograr con una botella en una mano y una hermosa mujercita blonda en la otra.

Es importante abrir espacios de reflexión donde pensar, sentir y hacer algo que permita combatir este fenómeno, pues no existe una suficiente conciencia social ni se vislumbran planificaciones estratégicas. Es más, entiendo que la embriaguez temprana es funcional al mercado y a la sociedad consumista le viene de perillas las intoxicaciones alcohólicas adolescentes. Que siga el “como sí” del deseo y que aumente la adrenalina en los jóvenes. Que el alcohol continúe siendo un boleto de ida en procura de sortear los rasgos paradojales de un superyó de época que ordena gozar a toda costa, a cualquier precio. Si bien el alcohol no es lo mismo que el trastorno del alcoholismo, el peligro es que esa primera ritualidad oral que dice presente con el alcohol se repita compulsivamente y se inscriba en la subjetividad de nuestros pibes, convirtiéndose en adicción. Ad-dictum es el que se halla en disponibilidad para recibir mandatos y obedecerlos acríticamente.

En consecuencia, debemos ayudar a los adolescentes a conquistar su pubertad, que puedan elaborar los duelos que inevitablemente implica el crecimiento como sujetos bio-psico-sociales y espirituales. Hoy la tendencia consumista ataca a todos, a los que tienen más y a los que nada tienen. Habremos de diseñar programas de educación que actúen principalmente en la preadolescencia, incidiendo en la relevancia de la familia y de la escuela como medios de formación y de información, mejorando el diálogo y los vínculos, transmitiendo valores que puedan ofrecer a los jóvenes un modelo de vida más saludable. Semejante responsabilidad tiene que ser compartida por todos, tanto por el Estado como por la familia y por la comunidad en general. El objetivo no será otro que el de derrotar ese falso enlace de la intoxicación con el goce de lo prohibido, para que la adolescencia y la juventud vuelvan a ser un divino tesoro… ¡y no se vayan con el alcohol para no volver!

RONALDO WRIGHT
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