lunes, 2 de mayo de 2011

076 - Globalización y Adolescencia (Parte II)

(Publicado en Reflexiones sobre Educación con fecha 9/5/2011)

GLOBALIZACION Y ADOLESCENCIA (Parte II)

En relación a la temática de la globalización y de la posmodernidad, venimos destacando lo enriquecedor que resulta trabajar, desde una perspectiva psicosocial, con nuestros jóvenes en grupos de reflexión y de acción. Coordinando grupos de adolescentes, logramos proporcionarnos entre todos una guía para la vida cotidiana actual, procurando además construir un espacio para lo creativo y para el invento. El punto de partida se basa en la cultura líquida y fluida que impera en estos tiempos que corren, lo que nos permite hablar de una verdadera era del vacío. Y desde ya, se trata de averiguar cómo ello incide en los modos de vincularnos, caracterizados por una progresiva atenuación de los lazos y de las reglas de convivencia, en muchos casos al límite de su desaparición. La fragilidad de los vínculos interhumanos conduce al concepto de hombre unidimensional de Herbert Marcuse, donde parece que todo se desliza sin una base sólida ni un anclaje afectivo estable.

Los adolescentes de tal modo agrupados intentan promover una concreta lógica democrática y participativa, recuperando la dignidad de la palabra singular y aceptando la diversidad de sus distintos saberes. Coinciden en que la hipermodernidad es una vorágine de perpetua renovación y desintegración, como así también que el síndrome consumista se caracteriza por el exceso, la velocidad y el desperdicio. Entienden que tienen que esforzarse —y mucho— para no aceptar acríticamente las ideas hegemónicas impuestas desde lugares que no les pertenecen. Y para generar juntos nuevos modos de pensar, sentir y hacer que en verdad los comprometa con la comunidad que integran. Leemos a Arthur Rimbaud, quien señalaba que es fundamental hacernos videntes, inspeccionando lo invisible y oyendo lo inaudito. Se trata de explorar lo diverso, que implica ni más ni menos que pasar de la búsqueda de las certezas absolutas a la aceptación de las incertidumbres.

Queda por demás claro que en la actual era del vacío aparece una renovada forma de control de los comportamientos, un nuevo proceso de personalización que pretende oscuros fines, valores y legitimidades sociales. Se apunta al surgimiento de jóvenes sincrónicos que vivan sin ideales propios y sin objetivos trascendentes. Emile Durkheim advertía que en tal modelo de cultura, el incremento de semejante interacción lleva al sincretismo, a la mezcla de dioses extraños, para desembocar en la disminución del sentimiento de pertenencia a un grupo y en la acentuación de los fenómenos de exclusión. Grupalmente se comentan las noticias sobre el trabajo esclavo utilizado por las grandes empresas —algunas multinacionales— en pleno siglo XXI; además del notable fenómeno que representa la ampliación de la brecha entre incluidos y excluidos. Son relativamente pocos los adolescentes llamados a consumir mundo y cada vez son más los consumidos por el mundo.

La problemática vinculada al trabajo adolescente y su correlato, la desocupación, como así también la capacitación continua y la experiencia que van adquiriendo nuestros pibes, también se abordan en estos espacios de reflexión grupal que ayudan a potenciar las posibilidades individuales y colectivas. El clima de solidaridad entre los jóvenes les permite responder mejor a los diferentes cambios sociales y a las nuevas modalidades del mercado laboral posmoderno. También estos espacios son aprovechados para brindar información acerca de los avances legales en materia de derechos de los adolescentes y de los distintos medios para su efectivización. Se promueve la participación y el pleno ejercicio de valores tales como la ciudadanía y se difunden los contenidos de las normas que hacen a la protección integral de sus derechos y garantías que, cabe destacar, son de orden público, irrenunciables, indivisibles, interdependientes e intransigibles.

Hoy podemos ver a los poderosos medios concentrados de comunicación no sólo distorsionando diariamente la realidad, sino difundiendo explícita e implícitamente el estilo de vida a seguir. Los adolescentes comienzan a tomar conciencia de que esos mensajes están dirigidos a ellos, pretendiendo crearles nuevas necesidades y deseos a través de la mentira y de la desinformación manipulada. Surgen los llamados grandes relatos de los medios formadores de opinión, aquellos que Jean François Lyotard visualizaba y a partir de los cuales el bienestar individual como mundo y representación va en pos de una felicidad light. Es la tiranía del momento la que impone que elegir sea una obligación más que una opción, atiborrando el mercado de cosas cuyo destino inmediato es su renovación precipitada como un imperativo decisivo de la producción y del marketing. Los otros pasan a ser indiferentes y la aldea globalizada aspira al desapego emocional.

La tarea grupal, con técnicas operativas de indagación y acción específicas, brinda a nuestra juventud un mayor protagonismo para operar de manera positiva en la superación conjunta de los conflictos, problemas y dilemas. Sabemos que lo grupal incentiva tanto la producción de ideas como la realización de acciones concretas, logrando una adaptación del joven al medio en que le toca vivir. Se modifican nuestras matrices de aprendizaje, trabajando sobre las distintas individualidades y alentando permanentemente la heterogeneidad grupal. En muchos casos, aparece la falta de sentido existencial que promueve esta hipermodernidad y que desemboca en lo que conocemos como kakón adolescente (kakón: palabra griega de género neutro, que significa “lo malo”). Utilizamos dicha expresión para designar el malestar de la vida, el tedio y la ausencia de sentido en los pibes, presentándose a veces bajo la figura de síntomas depresivos propios de la pulsión de muerte.

Milan Kundera piensa que el nivel de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. En la sociedad del homo consumens, los vínculos humanos tienden a estar mediados por el mercado del megaconsumo y el imperio de lo efímero se ha convertido en el principio que organiza la vida colectiva de la sobremodernidad. Y los pibes conocen bastante de estas vivencias, toda vez que les ha tocado nacer y vivir en su condición de internautas navegando por el ciberespacio de internet y de la www world wide web. Según Zygmunt Bauman, los vínculos actuales son considerados frágiles, inestables y tan fáciles de romper como de crear. Los adolescentes ya saben que la denominada red mediática no promete ser un buen terreno para la construcción de relaciones sociales perdurables. Por eso disfrutan mucho de los encuentros grupales cara a cara, mirada a mirada, cuerpo a cuerpo, que poseen una riqueza distinta a la posmoderna tecnología de la vinculación virtual.

Esta juventud siente que tiene una tarea por delante, cual es la de edificar una nueva y mejor estructura de la sociedad, afianzando y extendiendo las redes sociales y capacitándose de manera constante. A tales efectos, hacemos del aprendizaje una apropiación instrumental de la realidad y no olvidamos al respecto la concepción problematizadora y dialógica que nos enseñara Paulo Freire: la vida cotidiana misma abordada desde una dimensión social. Concebimos al sujeto como un ser habitado por las imágenes de la realidad exterior, inscriptas en cada uno de nosotros de una forma singular para transformarse luego en el signo de nuestra identidad. Sören Kierkegaard creía que la cultura era el cielo que recorría al individuo para alcanzar el conocimiento de sí mismo. Y nosotros agregamos que ese entendimiento es mucho más rico buscarlo y hallarlo interactuando junto a los otros, al lado de los demás y, si se comienza con tal práctica a temprana edad, resulta un tanto mejor.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 2 de marzo de 2011

075 - Y Otra Vez Apareció el Enano

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe – Año X Nro. 45 correspondiente a marzo – abril de 2011)

Y OTRA VEZ APARECIO EL ENANO

Conrado Yasenza, director periodístico de La Tecl@ Eñe, me comenta esta vez sobre su preocupación ante los graves acontecimientos ocurridos en el Parque Indoamericano y sus alrededores. La cobertura mediática de las grandes empresas de comunicación concentradas ha mostrado hasta el hartazgo a miles de familias excluidas de las necesidades básicas elementales y que no tienen adónde vivir. Y junto a este cuadro, algunas voces en la pantalla chica han caracterizado a esas personas con el mote de villeros, vagos, negros de mierda, que tienen hijos a granel a los que luego utilizan para legitimar sus reclamos. Además, pudimos observar el conflicto desatado entre los muy pobres y los no tan pobres, dos sectores que chocan fuertemente con la distinta concepción de las clases media y alta de nuestra sociedad.

Esa tajante división entre los vecinos del barrio y los okupas ilegales fue lamentablemente exacerbada por las declaraciones públicas de varios funcionarios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, tan cargadas de xenofobia para referirse a nuestros hermanos peruanos, paraguayos y bolivianos. No sólo fueron considerados como inmigrantes de baja calidad y tratados de indeseables, sino que siguen floreciendo en estas Fiestas de Fin de Año todas las discriminaciones y prejuicios que podamos imaginar. El enano macri-fascista que muchos alojan en lo más íntimo de sus corazones ha mostrado nuevamente su fea cara en estos días de festejo ante la inminente llegada del Señor. Otra vez se ha evidenciado con un cierto horror que los paraguas, los perucas y los bolitas son poca cosa, casi menos que nada.

Mucho se ha hablado y escrito acerca de estos luctuosos hechos. Yo simplemente quiero agregar unas pocas consideraciones, pues surgió de pronto en mi mente y en mi sentir nada menos que la inmensa figura de Claude Lévi-Strauss, recientemente fallecido a la edad de cien años. El más grande antropólogo cultural de nuestra época hablaba de dos estrategias para enfrentar la otredad de los demás: la antropoémica y la antropofágica. La primera consistía en vomitar expulsando a los que consideramos ajenos y extraños, ya sea con la cárcel, la deportación o incluso con el asesinato (algo así como no ahorrar sangre de Juan Castañeda Quispe, Rosemarie Puja o Bernardino Salgueiro); mientras que la segunda estrategia procuraba ingerir cuerpos y espíritus extraños para, de tal modo, no diferenciarlos de nosotros.

Podríamos pensar que la Constitución Nacional del año 1853 reservó muchos lugares fágicos para los inmigrantes europeos, ya que uno de los propósitos al fomentar su arribo a estas tierras era ingerir de ellos los supuestos mejores aspectos de la especie humana: socio-culturales y espirituales. Todo lo contrario, la constitución no escrita del enano macri-fascismo pretende ofrecer a los hermanos latinoamericanos no sólo espacios vacíos sino también no-lugares, proponiéndoles la más simple y fácil de las soluciones: que se vayan… ¡¡¡y si es lo antes posible, mejor!!! La estrategia émica es expulsarlos, excluyéndolos para que no ocupen estas benditas tierras; se los vomita y se los discrimina pues, al parecer, no forman parte de todos los hombres y mujeres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.

Cierro, entonces, estas breves líneas con un deseo: que las precarias condiciones económicas, sociales y culturales —todavía existentes— no sean mal utilizadas tanto por los grandes medios de comunicación como por algunos funcionarios locales (no de baja calidad sino de escasa estatura, o enanos), como para hacernos creer que algunos seres humanos somos más desechables que otros. Por su lado, las masivas expulsiones denominadas operativos de limpieza deberían aún hoy causarnos honda indignación y repudio. Anhelo que el encuentro con los hermanos que vienen de los países limítrofes no sea un simple acontecimiento sin pasado y sin futuro, sino que en el curso de los años venideros podamos seguir construyendo eso que alguna vez se dio en llamar la Patria Grande. ¡Que así sea!

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 9 de febrero de 2011

074 - Globalización y Adolescencia

(Publicado en Reflexiones sobre Educación con fecha 25/3/2011 y en el Diario de Cultura y Educación de Rosario con fecha 30/3/2012)

GLOBALIZACION Y ADOLESCENCIA

Sabemos que la globalización es un proceso económico, político, social, cultural y tecnológico a gran escala, caracterizado por la creciente comunicación e interdependencia entre distintos países del mundo unificando sus mercados, sus sociedades y sus culturas. Es considerada como un proceso dinámico producido esencialmente por los territorios que han abierto sus puertas a la revolución informática, cobrando fundamental importancia el rol de las empresas transnacionales y la libre circulación de capitales, junto con la definitiva implantación de la sociedad del hiperconsumo. Aunque debe señalarse que, la globalización actual en curso, incluye sólo al quince por ciento (15%) de la población mundial, dejando al resto del planeta por fuera de este nuevo orden internacional cuya hegemonía ejercen claramente los Estados Unidos de América. Para ellos, quienes cuestionan este modelo neoliberal son considerados como verdaderos globalifóbicos.

La pregunta que aquí nos formulamos es cómo incide en nuestros jóvenes del siglo XXI esta concepción de Aldea Global, donde todo parece escurrirse velozmente y donde supuestas fuerzas anónimas se encuentran operando en una vasta tierra de nadie. Hoy vivimos bajo la mano invisible de los mercados y el poder planetario está concentrado en un número de voluntades cada vez menor. Según el filósofo francés Gilles Lipovetsky, la sociedad del hiperconsumo es la tercera etapa histórica del capitalismo, caracterizada por la globalización de los mercados y la desregulación financiera, por el papel creciente de las firmas multinacionales, por la revolución de las técnicas de la información, por la preeminencia de un marketing global, por el desarrollo de las megamarcas o hipermarcas, por el florecimiento de una producción a medida de las masas, que ha cedido su paso a la lógica de la multiplicación de la variedad y de una obligada renovación perpetua.

Además de impulsar a los adolescentes al hiperconsumo, para este sistema es fundamental mantenerlos consumiendo. Gracias a la nueva porosidad de las economías presuntamente nacionales, los mercados financieros globales imponen sus leyes sobre el planeta y lo relevante para ellos es construir un modelo de consumidor-mundo. La motivación del megaconsumo se convierte, entonces, en un dispositivo clave, cual es introducir en la consciencia —y también en el inconsciente— de los pibes la idea del superconsumo. Algo así como consumir para la Humanidad, convertirlos en sujetos del consumo para los objetos del consumo. Los emprendimientos transnacionales articulan ideológicamente el proceso de organización simbólica de esta nueva economía mundial; y todo esto se hace de modo fluido, muy rápidamente. Por supuesto que, estas macroeconomías de gran velocidad no hacen otra cosa que dejar fuera de carrera a nuestros niños y jóvenes.

La era de la globalización se caracteriza por las formas intangibles y hoy se vive en una selva artificial, en la selva fabricada de la que habla el sociólogo británico Anthony Giddens. Y obviamente, una herramienta esencial para el logro de la aludida fabricación es la publicidad. Su lógica procura incidir directamente tanto en los deseos como en las transgresiones de los adolescentes, controlando y modificando sus códigos sociales de acuerdo a las conveniencias del mercado. Rige, además, el carácter efímero de las modas y de los gustos, pues la propaganda misma es una industria en sí. Es más, cualquier ataque contra el marketing es considerado como una agresión contra el capitalismo. La publicidad va siempre a la caza de nuevos productos y de más giles, con perdón de la expresión. Para ello se estudian profundamente los comportamientos de los pibes y sus razones para consumir, e incluso se trasladan los productos y las marcas a sus juveniles figuras.

La juventud es introducida casi por la fuerza en la estratósfera de las supermarcas, mediante la aceptación acrítica de normas y valores impuestos por el dios mercado. Los medios concentrados de comunicación masiva ayudan —y mucho— al articular ideológicamente qué deben pensar, sentir y hacer nuestros adolescentes. Y esos grandes monopolios implican también ausencia de alternativas, pues todo va en procura de que la identidad de la juventud camine al lado de la identidad de las marcas. Si las empresas transnacionales tienen alma, desde ya sus marcas pueden generar sentimientos. Esa es la idea: colocar a la cultura en un segundo plano y hacer que la marca sea la estrella, donde nuestros chicos se estrellen. Tal vez el límite extremo de las hipermarcas sea inscribirlas en la carne humana: a modo de ejemplo, vale comentar que las salas de tatuajes de los Estados Unidos informan que el logo de Nike es el que más piden sus jóvenes clientes.

Resulta llamativo que esta cultura posmoderna incita a los chicos directamente a comprar, aún cuando todavía el producto no haya salido a la venta. Se producen infinidad de artículos para que no duren y hoy rige el concepto de la obsolescencia planificada. La actual mega economía intenta convertirse en una pasión que se autodestruye por su propia rapidez e intensidad. Ninguna duda cabe que, cuando los adolescentes actúan como consumidores de la hipermodernidad, dejan de pensar por sí mismos acorde con las condiciones de exceso y de exuberancia estimuladas por vía de la propaganda. A poco de adquirir cualquier producto, ya se pierde el interés por él. Todo lo contrario a aquellas sabias palabras de Sócrates quien, al ver algunos objetos de lujo expuestos para la venta en una de las tiendas de su época, irónicamente dijo: “¡Cuantas cosas hay aquí que yo no necesito!” Al final de la vida no nos preguntarán qué tenemos, sino simplemente quiénes somos.

Las megamarcas antes referidas no son meros productos, sino buscan ser un estilo de vida dirigido al consumidor masivo. Zygmunt Bauman, el sociólogo y ensayista polaco, refiere que el Nuevo Orden Mundial se parece más a un nuevo desorden planetario, donde las riquezas son globales y la miseria es local. Y ello incide de lleno en la vida laboral de los jóvenes, quienes a través del software y el wetware son reemplazados y desplazados de los actuales mercados abstractos de bienes y servicios en una economía virtual en red. Son relativamente pocos los llamados a consumir mundo, mientras aumentan considerablemente los consumidos por el mundo. El trabajo esclavo en las grandes firmas está a la orden de día en pleno siglo XXI; y se ha ampliado sensiblemente la brecha entre ricos y pobres, entre incluidos y excluidos. Impera la suerte sombría de los rmistas, neologismo que expresa la nueva realidad de la expulsión casi constante de los ámbitos laborales.

Por supuesto que, en estos tiempos que corren, también nos encontramos con muchos jóvenes verdaderamente comprometidos con la comunidad a través de diversos proyectos políticos, sociales y culturales. Adolescentes participando intensamente en temáticas tales como: derechos humanos, trabajo y producción, educación, medios y comunicación, integración regional, cuidado del medio ambiente, entre otras. Pibes apostando al proceso democrático vigente en nuestro país desde hace ya más de veintisiete (27) años, promoviendo programas encaminados al bienestar general de la sociedad, contribuyendo a solucionar problemáticas puntuales de los que menos tienen, planteando acciones concretas para la apertura de múltiples espacios interdisciplinarios en los cuales los adolescentes actúan como sujetos plenos de su propio desarrollo. En síntesis, hablamos ni más ni menos que de una juventud creativa y adaptada activamente a la realidad actual.

Desde la Psicología Social podemos trabajar con grupos de jóvenes y adolescentes, operando junto a ellos para intentar comprender las múltiples aristas de esta nueva realidad globalizada, haciendo una crítica constructiva tanto de la actual vida cotidiana como de los tiempos futuros que les tocará transitar. Dejar atrás la mirada ingenua que impide advertir que los mensajes consumistas hacen a la construcción de la subjetividad de nuestros jóvenes, formando un sujeto cognoscente, deseante y productor apto para un mundo impuesto por fuerzas transnacionales anónimas y difíciles de identificar. Si acaso esta Aldea Global se ha instalado definitivamente, será entonces preciso luchar por una globalización diferente, guiada por una visión más solidaria y por otro proyecto de civilización mundial. Crear un nuevo orden social requiere enormes e ingentes esfuerzos, por lo que estas consideraciones anhelan ser un simple punto de partida.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

jueves, 30 de diciembre de 2010

073 - Una Juventud Líquida Para Nuestra Modernidad Tardía

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar – Año 3 Nro. 25 de diciembre de 2010 - enero de 2011)

UNA JUVENTUD LIQUIDA PARA NUESTRA MODERNIDAD TARDIA

En primer lugar, quiero agradecer la invitación de la revista que me posibilita participar como otro asambleísta en la temática propuesta por Juan E. Díaz, a saber: la vida en la Era de la Fluidez. Al inaugurar esta asamblea virtual, nos dice que va en procura de un encuentro de pensamiento entre los distintos expositores, quienes sucesivamente se irán ofreciendo como suelo para la intervención de los que se sumen a la lista de oradores. En mi caso, quisiera centrarme en los jóvenes y expresar algunas ideas respecto a la inserción de ellos en nuestra cultura de la liquidez y de la hibridación total, en la cual la endeble imagen del consumidor viene dando por tierra con la del habitante-ciudadano, ese que podía elevarse hacia ideales más definidos y vincularse a una mayor parte de humanidad.

Sostiene Juan E. Díaz que la familia y la escuela no están ahora constituidas como referentes fundamentales en la conformación de los sujetos actuales, que las instituciones en general se han caído y que el Estado declinó sus funciones simbolizantes. Me pregunto si, en estos tiempos fluidos posmodernos, no se encuentran agotados los paradigmas mediante los cuales se fueron construyendo —durante casi un siglo— los fenómenos de producción y significación de tipos subjetivos. Sumo a ello que la adolescencia (ad-dolescere, dolere) es puntualmente un tiempo de fragilidad subjetiva, pues el joven se está transformando, está dejando de ser un chico para atravesar duelos constantes referidos a la pérdida de su cuerpo infantil y a la declinación de sus padres ideales.

Si las leyes se han caído, licuado, desfondado; si hoy poco o nada cobija a nuestros pibes y si las funciones paterna, materna, docente —entre otras— están sumamente debilitadas, tendremos que comprender que los adolescentes necesitan otra cosa. Me refiero a algo más sólido, como ser espacios de autonomía que les permitan ir haciéndose dueños y artífices de sus propios destinos. Y por qué no, también marcos de referencia más estables que les brinden una cuota importante de seguridad y de orden. Desde ya, cuando hablo de orden lo hago en su doble acepción: orden en tanto que limita derechos y deberes (con autoridad y sin autoritarismos), pero también orden en cuanto marca los márgenes en que nuestros pibes se puedan mover con contención y con mucho afecto.

Seguidamente, intervino en la conversación Leandro Trillo para plantear que una manera de hacer de la fluidez un mejor lugar es a través de la ponderación de la deseabilidad, en cuanto experiencia de subjetivación. Comparto su idea y agrego: muchos jóvenes tienen sus deseos distraídos, teñidos de un fuerte malestar y aburrimiento. Me refiero al kakón adolescente, designando con esta expresión precisamente a ese malestar de la vida, al tedio y a la ausencia de sentido. La era de la liquidez posmoderna nos presenta a los pibes abandonados por los Otros y padeciendo todo tipo de síntomas depresivos, con una firme tendencia a la inercia propia de la pulsión de muerte. El camino pasa por la urgente rehabilitación, volver a ser hábiles, especialmente a partir de su propio accionar.

Las tendencias constitutivas de la fase líquida de esta modernidad tardía son la fragilidad, la indeterminación y la nueva permanencia en lo efímero. Así lo expresa el siguiente asambleísta de papel —Ricardo Klein—, y con él creemos que las vivencias adolescentes se acercan a un precipicio, dificultando la constitución de verdaderos vínculos. Nuestros pibes ya no encuentran parámetros estables en esta época de valores volátiles y sin ideales que logren orientarlos. Sólo se conectan a distancia, manteniendo la distancia y en simples contactos teñidos de superficialidad, de brevedad. Sin paternidad estatal ni fraternidad institucional queda sólo la pura actualidad del aquí y ahora, quedando el camino libre para las prácticas mediáticas y las frías reglas del consumo y del mercado.

A su turno, Sandra L. Bellini y Gustavo A. Ereño coinciden en que las nuevas concepciones de lo humano y sus múltiples relaciones, que se han tornado líquidas en esta era posmoderna, impactan hondo y desbordan los modelos tradicionales. Es cierto, y entiendo que los psicólogos sociales estamos instrumentados para operar bio-psico-social y comunitariamente. Habremos de ir en procura de un nuevo paradigma con fundamento en una ética humanista que termine con tanto desgarramiento de jóvenes y adolescentes. Hacemos, entonces, especial referencia a la responsabilidad gubernamental, a la responsabilidad familiar y escolar, y a la inexorable participación de la sociedad, necesaria si se pretende estar a la altura de la tutela integral de los derechos de los pibes que habitan nuestro suelo.

Junto a la última oradora puntualizamos que, en la fluidez y la liquidez, los jóvenes configuran una población lábil y sus casi inaudibles mensajes piden a gritos anclajes que les sean brindados por el mundo adulto. Destaca Clara Jasiner la puesta en juego de la palabra para restaurar bordes imprescindibles en la construcción de subjetividad, recordándonos que en lo atinente a nuestra juventud hay que planificar la esperanza. De allí la trascendencia de enfatizar que la familia, en tándem con la escuela, con las organizaciones intermedias y, desde ya, también con el Estado-nación son quienes están produciendo los ciudadanos del mañana. Pues, desde cada uno de estos lugares tendremos que trabajar para derrotar a ese no-lugar donde rige un clima de anomia que impide todo ordenamiento.

Vemos que tampoco hay tiempo para que se establezcan acuerdos sobre el sentido, por lo que hoy la juventud piensa, siente y hace en un marco salpicado de velocidad, exceso y saturación. La palabra entre los chicos no constituye, no traza ni deja huella; al lenguaje también le cabe esta experiencia de lo superfluo. La transmisión del saber ha perdido eficacia y, en esta sociedad hipermoderna, las condiciones de actuación de los pibes cambian antes de que las formas se consoliden en unos hábitos determinados. Sus identidades son móviles, dando la impresión que en la época del desfondamiento general de las instituciones los jóvenes sobran. De allí que creemos que un adolescente en situación dialógica es capaz de decidir mejor por sí mismo, adaptándose más activamente a la realidad.

Si la era de la fluidez produce pibes aburridos, jóvenes que agreden y se auto-agreden, adolescentes alcoholizados o coqueteando con las drogas, chicos que matan, entre otras calamidades, cabe señalar la importancia de la tarea de los psicólogos sociales operando concretamente en esa realidad. Ante tanta deprivación sabemos de la imperiosa necesidad de comprometernos emocionalmente con los jóvenes, ya que la base esencial de esta problemática seguirá siendo —siempre y en primer lugar— la falta de amor, de protección y de cuidado. Junto a otros profesionales del área de la salud y de la educación, a partir de lo interdisciplinario, tenemos mucho por hacer y compartir desde las especificidades que nuestras distintas disciplinas abordan: ello en pos de una juventud menos líquida y más feliz.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

miércoles, 10 de noviembre de 2010

072 - Contradicciones y Polaridades en el Este y el Oeste

(Publicado en el portal de Arco Atlántico con fecha 30/11/2010; en FMM Educación con fecha 4/12/2010; en La Silla del Coordinador con fecha 26/7/2013 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 9/11/2014)

CONTRADICCIONES Y POLARIDADES EN EL ESTE Y EL OESTE

Entre los años 1952 y 1954, Enrique Pichon-Rivière solía reunirse los domingos en su casa de la calle Copérnico con dos jóvenes platenses: Milcíades Peña y Floreal Ferrara, con quienes estudiaba diversos textos cuyo eje era la filosofía marxista. Por aquellos días, el creador de la Psicología Social Argentina atravesaba una etapa de intensa búsqueda creativa e intelectual, llegándose a producir una verdadera conmoción en todos sus paradigmas. Entre numerosos conceptos abrevados de otras ciencias y técnicas, la metodología dialéctica hacía un marcado ingreso en su vida y en su obra. Digamos, entonces, que la dialéctica es el método filosófico que procura investigar y resolver las contradicciones del pensamiento y de la realidad histórica. Fue Heráclito el Oscuro quien, allá por el siglo VI a.C., introdujo el concepto de unidad y lucha entre fuerzas contrarias como ley universal, entendiendo que todo lo que se opone se une y todo lo que se separa está de acuerdo. Y esta idea es de esencial utilidad para el operador psicosocial, conocida como arte del timonel en nuestra práctica profesional.

Las filosofías de Georg Hegel y de Karl Marx también fueron apropiadas por nuestra disciplina, tanto en la representación del mundo como un proceso en movimiento espiralado, como en el desarrollo de los escalones inferiores a los superiores en sus momentos típicos: tesis, antítesis y síntesis. El método dialéctico permite así la producción de conocimiento de las normas que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento: tres aspectos de lo real comprometidos con lo que denominamos hombre en situación. La Ley de la Contradicción —o de unidad y lucha de contrarios— desentraña nuestras tensiones opuestas, nuestros impulsos internos. Todo va modificándose a cada momento por la resultante de la pelea entre cambiantes fuerzas contradictorias, las que unidas determinan conjuntamente su realidad. Este principio indica que en todo proceso interactúan tendencias contrapuestas que pueden tanto relacionarse como excluirse. La unidad y lucha de contrarios es un modo universal de existencia de la materia, condicionando su evolución y funcionamiento.

El Psicoanálisis hace referencia a la noción de ambivalencia como la presencia simultánea, en relación a un mismo objeto, de tendencias, actitudes y sentimientos opuestos. Lo significativo de este concepto radica en el mantenimiento de una oposición en la cual la afirmación y la negación son simultáneas e inseparables. Sigmund Freud, al aludir al par antitético y ambivalente actividad-pasividad, advierte que la moción pulsional activa coexiste con la moción pulsional pasiva. Vemos que también la Gestalt ha tomado para sí un concepto parecido, haciendo alusión a las polaridades como una de las características del comportamiento humano: fondo y forma, salud y enfermedad, amor y odio, agresividad y ternura, mente y cuerpo, coraje y miedo, etc. Esta psicología no procura la eliminación de uno de los polos en provecho del otro, ni el encuentro de un posible justo medio —ambos ilusorios y empobrecedores— sino la complementación entre ellos; integrando lo corporal, lo emocional, lo afectivo y la energía del darse cuenta (awareness) en pos de una terapéutica humanista.

Teniendo en cuenta lo polar como las dos caras de una misma moneda, aludamos también a la cinta de Möbius (conocida como banda de Moebius, según su pronunciación en idioma español), que consiste en una superficie con una sola cara y un solo borde. Para construirla, hay que tomar una cinta de papel y pegar sus extremos dando antes una media vuelta a uno de ellos. De tal modo, lo que tenía dos caras pasa así a tener una sola, perdiendo todo sentido el referirse a una cara exterior y otra interior de la aludida cinta. Este descubrimiento del año 1858, realizado por el matemático alemán August F. Möbius, permite ver otro modo de interconexión entre los opuestos y tiene la siguiente particularidad topológica: al cortar la banda a lo largo no se obtienen —a diferencia de una cinta normal— dos bandas, sino una más larga pero con dos vueltas. Y a medida que continuemos haciendo cortes a lo largo seguirán obteniéndose más bandas entrelazadas; y precisamente de tales lazos y vínculos entre distintos aspectos de un mismo fenómeno es de lo que intentamos hablar en este texto.

Occidente y Oriente no difieren en mucho para abordar la temática aquí presentada. Pues, destaquemos que para el modo de pensar chino, el concepto de polaridad no debe confundirse con las nociones de oposición o conflicto, pues aquél se basa en el principio de que más y menos, norte y sur, bueno y malo, claro y oscuro, son diferentes aspectos de uno y el mismo sistema. Consecuentemente, la eliminación de uno de esos polos significaría lisa y llanamente la desaparición del sistema todo. En el idioma chino, los dos polos de la energía cósmica son yang (positivo) y yin (negativo). Sus ideogramas señalan el lado soleado y el lado en sombra de una colina, y están asociados con lo masculino y lo femenino, lo fuerte y lo débil, lo firme y lo flojo, el cielo y la tierra, la luz y la oscuridad, lo que se eleva y lo que cae. Alan Watts enseña que no se considera el arte de vivir como algo unido a yang y apartado de yin, sino como el equilibrio entre ambas polaridades, ya que obviamente no puede existir el uno sin el otro. La sabiduría china siempre ha respetado este trascendente equilibrio en el desequilibrio.

Para Oriente, no existe la posibilidad última de que un polo triunfe sobre el otro ya que los entienden como amantes en pugna más que como adversarios en lucha. Una expresión china común utilizada para referirse a la relación sexual es hua chen, combate florido, en el que desde ya ninguno de los dos integrantes quiere destruir al otro. Los filósofos de la escuela Yin-Yang (siglo III a.C.) consideraron lo positivo y lo negativo como aspectos del t’ai chi, la Gran Esencia. Es significativo que su emblema sea la doble hélice, que es al mismo tiempo el modelo de comunicación sexual y de la galaxia en espiral. Hay un elemento que es común a la exposición del I Ching y a la primera filosofía taoísta, que está representado por el reconocimiento de que los opuestos son interdependientes, contradictorios y polares, y que existe en nosotros los seres humanos algo —¿lo inconsciente?— que podría apelar a una sabiduría más elevada de la que puede ser resuelta por medio de la lógica formal. Es muy probable que un procedimiento similar sea el empleado en la interpretación psicoanalítica de los sueños.

En sintonía con lo anterior, D.T. Suzuki nos dice que también para el budismo zen el sho y el hen constituyen una dualidad como el yin y el yang de la filosofía china. Sho significa bueno, derecho, justo, equilibrado; y hen nos habla de parcial, unilateral, desviado, desequilibrado. Ambas ideas se unifican como una identidad viva de la contradicción. Sus equivalentes en castellano serían lo absoluto y lo relativo, lo infinito y lo finito, lo uno y lo múltiple, lo universal y lo singular, lo oscuro y la luz. Para el hombre dedicado al zen, es falso que el sho y el hen estén en oposición y que no puedan reconciliarse, pues en verdad el sho no puede ser el sho ni el hen puede ser el hen cada uno por sí. Si lo uno no está allí, no podemos siquiera hablar de lo múltiple. Sólo cuando reconocemos que la belleza es bella entendemos que la fealdad existe; ser y no ser se engendran mutuamente. Solemos creer que el silencio oriental está en contraste con la palabra occidental, sin comprender lo que quieren decir con su silencio: que no se opone al verbo sino que es el verbo mismo, pues para ellos es un silencio atronador.

¿Cuál es la utilidad de estas ideas vigentes en el Este y en el Oeste del mundo? Pues, la filosofía china entiende que uno y la naturaleza son el mismo proceso, es decir el Tao. Taoísmo es el modo en que el individuo coopera con el curso del mundo natural, reconciliando individualidad y sociabilidad, unidad y diversidad. Mi interior nace y se corresponde con lo que es exterior a mí y, aunque ambos difieran, no pueden verse disociados ya que la individualidad es inseparable de la comunidad. El mayor obstáculo para buscar la objetividad es nuestra presencia subjetiva. Existe un modo de sentir el devenir de la naturaleza distinto al de expresarlo con palabras; de allí que el idioma chino sea chocante y obligue a pensar. Su lenguaje ideográfico es más próximo a la naturaleza que uno estrictamente lineal y alfabético como el nuestro. Un proverbio chino dice que una figura equivale a mil palabras y que habitualmente es más fácil mostrar que decir. Wu-wei implica fluctuar con las experiencias tal como van y vienen: esto es el fluir con el momento, ya que no puede haber una experiencia si no es ahora.

Por su lado, el principio budista-hinduista del karma cree que todo lo que ocurre es nuestra propia acción y hacer. Todo el universo es una armonía o simbiosis de modelos que no pueden existir los unos sin los otros, considerándose la vida humana como un rasgo integrante del proceso global y no como algo ajeno y opuesto a él. Su filosofía consiste en seguir con inteligencia y habilidad el curso, la corriente, la textura del fenómeno natural. El organismo humano posee el mismo tipo de inteligencia innata que los ecosistemas de la naturaleza, por lo que la sabiduría de nuestros sentidos e impulsos debe observarse con paciencia y respeto. Un artista de la vida no necesita salirse de sí mismo; toda la capacidad, todos los implementos necesarios están dentro de él desde que nace. Samadhi quiere decir equilibrio, uniformidad, ecuanimidad o estado de tranquilidad. Aquí-ahora equivale al vacío y a la infinitud. El zen puede parecer ocasionalmente demasiado críptico y enigmático, pero es después de todo una disciplina y enseñanza simple: hacer el bien, evitar el mal y purificar el propio corazón.

Los psicólogos sociales, a partir de la dialéctica, también entendemos al sujeto no en un vínculo estático con su realidad social, sino en una relación antagónica, contradictoria y de evidente polaridad. Pensamos que las tramas vinculares están concebidas como campos de contradicciones fructíferas, las que conducen a la producción de un saber-hacer-aquí-y ahora individual y grupal. Nuestra disciplina es en verdad una filosofía de vida y una herramienta al servicio del desarrollo de las potencialidades humanas, poniendo el acento en la búsqueda hacia la afirmación y la expansión de nuestra condición de seres bio-psico-sociales. De la mano de la Gestalt —palabra de origen alemán que significa totalidad, estructura y configuración—, sostenemos que el crecimiento del sujeto es un proceso creativo y libre: se trata ni más ni menos que de dejarnos ser, pasando de un estar fijo y estereotipado a la infinita experiencia de la existencia. ¿Acaso no pueden las consideraciones antedichas aplicarse a todas las situaciones humanas, sean modernas o antiguas, occidentales u orientales, del Este o del Oeste?

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

071 - Algo Sobre Drogas, Pobreza y Niñez

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Nro. 43 correspondiente a noviembre-diciembre de 2010; en Reflexiones sobre Educación con fecha 29/11/2010; en El Autoestima con fecha 24/4/2011; en Psicosocial Tesei Magazine - Nro. 2 de agosto de 2011 y en el Diario de Cultura y Educación de Rosario con fecha 30/3/2012)

ALGO SOBRE DROGAS, POBREZA Y NIÑEZ

En publicaciones anteriores venimos señalando que los chicos de la calle conforman un grupo socio-cultural caracterizado por el desamparo y la pobreza, que posee su propia lógica construida en la pelea por sobrevivir. Se trata de una batalla entre el "ser" y el "pertenecer"; pertenencia a otros grupos diferentes a su familia, muchas veces opuestos a ella, y en los cuales esos niños consiguen de algún modo y a su manera ser alguien. Por ende, estamos ante una cultura singular: la del niño callejero donde, por adjudicación o asunción de roles, surgen líderes que ofician de intérpretes entre sus códigos y los de la sociedad. En ellos la verbalización es prácticamente nula y la proyección hacia el futuro no existe. Lo primero es la subsistencia y por comer todo vale, siendo muy frecuente que el hambre excluya toda posible solidaridad.

Los pibes pobres de nuestro país conforman un grupo de alto riesgo en lo que a conductas adictivas se refiere. Tanto el consumo de alcohol y cigarrillos como drogarse con pegamentos y crack, es decir cocaína cortada con sal, vidrio molido de los tubos fluorescentes, lana de vidrio, etc.; van provocando gravísimas secuelas que tienen una acción depresora sobre el sistema nervioso central. A la vez que la droga produce una euforia inmediata con alucinaciones, sabemos que lamentablemente las neuronas afectadas de estos niños de corta edad ya no se regenerarán nunca más. Vemos a esos menores en situación de calle separados de sus grupos familiares y haciéndose cargo de ellos mismos, portadores de una infancia madurada antes de tiempo; decididos incluso a enfrentarse y vérselas con el mundo institucional que los rechaza.

Nótese que el aludido rechazo está en franca contradicción con lo normado por nuestra legislación nacional vigente, toda vez que la Ley Nro. 26.061 no sólo enfatiza el interés superior del niño sino que establece la responsabilidad ante ellos tanto de sus familias como también del Estado nacional, provincial y municipal, además de promover la activa participación de la comunidad toda. Las medidas de protección integral de niñas y niños procuran la promoción de redes intersectoriales, la participación activa de las organizaciones no gubernamentales y la gestión asociada de los órganos de gobierno con la sociedad civil. En síntesis, queda más que claro que la problemática que une a la niñez con las drogas y la pobreza es de todos, por lo que no tendría que existir evitación al respecto.

Toda ley supone un límite; y desde el derecho y el psicoanálisis decimos que es función de la ley paterna operar como límite de lo posible. Pero si tenemos en consideración que la función paterna es representativa y metafórica, puede ser encarnada por otra instancia distinta al padre real. J. Manuel Rubio nos dice que la intervención de una instancia judicial puede instaurar algo que permita marcar un orden para el chico, en su doble acepción: orden en tanto que delimita derechos y deberes, pero también orden en cuanto marca los márgenes en que se puede mover. Y nosotros agregamos que esa vital función también puede ser llevada adelante por profesionales que operen desde la comunidad, integrando organizaciones no gubernamentales o todo tipo de entidad —pública o privada— dedicada a tan noble y delicada labor.

Las drogas pueden aparecer como una manera fallida de los chicos en su intento de articularse con la Ley o, incluso, pueden leerse como el propósito de agujerear al Otro en lo real. Lo que ellos no logran advertir es el gravísimo daño que implica para su salud psicofísica y la discapacidad sobreviniente ante tal proceder. Con Jean Allouch afirmamos que la cultura del cuidado de sí consiste también en el descubrimiento del alma como principio espiritual en el seno de estos pibes. Con la cooperación y el consenso de organismos gubernamentales y no gubernamentales, especialistas de distintas áreas podremos colaborar para que encuentren una nueva manera de estar con ellos mismos y de convivir con los demás. Ante tanta deprivación, abrir nuestros corazones para conectarnos francamente con ellos en una especie de parrhesía.

Junto a Mario Benedetti nos preguntamos qué les queda por probar en este mundo de ruina y de rutina, de humo y de consumo. Entendemos que en vez de culpabilizar a las víctimas hay que abrir un amplio campo de trabajo multidisciplinario respecto de los niños pobres, que hoy constituyen un importante grupo de riesgo en lo que a conductas adictivas se refiere. Las autoridades públicas y los ciudadanos particulares debemos brindar prevención y no represión a esos pibes —hijos de la pobreza— que consumen drogas. Es notorio el crecimiento de las estadísticas de ingesta y muerte temprana, como así también la extrema vulnerabilidad que los pibes diariamente experimentan. La droga es desolación, pues la vida propia y ajena dejan de tener sentido; siendo el pibe pobre y adicto, además, un suicida espiritual.

Para la filosofía, la idea de espiritualidad designa los modos de ser que trascienden lo vital. La palabra espíritu significa aire y, al igual que el alma, el espíritu es un concepto que utiliza el aire como metáfora. El espíritu toma su nombre prestado del soplo de viento. En términos de René Spitz, pensamos que los graves trastornos de estos chicos se vinculan con sus carencias tempranas, pues no son ni más ni menos que huérfanos de amor. La ardua y paciente tarea será la de trabajar con estos niños —solos o en pequeños grupos— basados en un modelo restaurativo que ponga el acento en la responsabilidad de todos los actores implicados en el fenómeno de las drogas en niños carenciados. La reparación es el valor esencial a tener en cuenta, en vez de la justificación del castigo en razón de alguna hipotética justicia.

Hablamos de psicoanálisis y ley como un modo de saber, y de la espiritualidad como condición de acceso a la verdad. Michel Foucault hace referencia al spicanálisis, suprimiendo el “psi” para reemplazarlo por el “spi” de espiritual (spiritual). Y denomina espiritualidad a la búsqueda y la práctica por las cuales el sujeto puede efectuar en sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la veracidad de su historia. Ludwig Wittgenstein fue también fundador de un linaje espiritual. Pues, creemos que al comprometernos desde el espíritu y la emoción con nuestros niños pobres y adictos a las drogas, podremos ayudar en materia de prevención y de asistencia, procurando facilitar la rehabilitación de nuestra niñez. Rehabilitarse es volver a habilitarse, a ser hábil, especialmente a partir del propio accionar.

Otra trascendente labor a realizar por quienes operen en este ámbito es recabar toda la información posible en cuanto a la problemática del uso indebido de drogas, como así también aportar estos datos al Observatorio Argentino de Drogas para una adecuada planificación y puesta en marcha de específicas acciones en este campo. A su vez, la recolección, coordinación y análisis de esa información debe ponerse a disposición de las entidades y de los profesionales que trabajan en el área de drogas, pobreza y niñez. Creemos que para lograr una eficaz reducción de la demanda de estupefacientes, además de las tareas preventivas y de asistencia como estrategia fundamental, tal observatorio tendría que ser un instrumento eficaz en lo que hace a un plan federal de prevención integral de la drogadicción en nuestro país.

Concluimos estas breves ideas sintetizando que para la recuperación de estos chicos son necesarios la ley que ordena, la escucha profesional atenta, el compromiso emocional y algo que los saque del flagelo de la acedia, de la apatía existencial y espiritual. Jacques Lacan pensaba el psicoanálisis como una cierta dirección espiritual, y es precisamente la espiritualidad lo que constituye el suelo común entre él y Martin Heidegger. La orfandad y la carencia de amor hacen al niño pobre dependiente en exceso, tanto de los otros como de las circunstancias, y la adicción se les vuelve ingobernable. El grado de desvalorización de ellos mismos es casi total, por lo que tendremos que esforzarnos para que en nuestros pibes puedan nacer ideales y metas a alcanzar… y que un futuro mejor logre aparecer en sus espíritus y en sus corazones.

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

domingo, 10 de octubre de 2010

070 - Algunas Ideas y Aportes Psicosociales (Parte Final)

(Publicado en El Semejante - Año 10 Nro. 70 de octubre de 2010)

ALGUNAS IDEAS Y APORTES PSICOSOCIALES (Parte III)

Esta es la parte final de los textos incluidos en dos ediciones anteriores del periódico El Semejante (Nros. 67 y 69 del corriente año), en las cuales me propuse hacer un repaso de diversos artículos y notas de mi autoría publicados en los últimos años. Dicha tarea me llevó a extraer los siguientes conceptos relativos al quehacer psicosocial, los que a continuación transcribo al modo de cosas dichas y escritas sobre la temática referenciada. Reitero que, en algunos casos, realicé pequeñas modificaciones que entiendo son convenientes en función del formato aquí presentado. Y la propuesta sigue siendo apostar por una Psicología Social cada vez más fortalecida a lo largo y ancho de nuestro territorio.

* El psicólogo social como agente de cambio (2005) El entrenamiento como agentes de cambio nos habilita para actuar en cualquier ámbito donde se produzcan procesos de interacción humana, a saber: el ámbito grupal, el institucional y el comunitario. Hablamos de la apropiación de la realidad para modificarla, para ir adquiriendo un nuevo estilo de vida. Así, ayudamos a promover el protagonismo de los grupos, a los fines de que sus integrantes logren descubrir que se puede recuperar la libertad de resolver junto con otros las problemáticas comunes. En síntesis, instrumentar la producción grupal como herramienta esencial de transformación recíproca para así tornar cada vez más fecunda nuestra práctica, como profesión autónoma y como disciplina científica.

* Vida cotidiana y psicología social (2008) Desde nuestra profesión, sostenemos que se trata de dilucidar los prejuicios y preconceptos en los que el sujeto está sumido y, por qué no, también atrapado, alienado. No se puede aprender (ni aprehender) si cada uno permanece cerrado y rígido en su propio círculo de opiniones. Comprender y comprenderse incluye un nutrirse de lo extraño. El entendimiento de una situación cualquiera de nuestra cotidianeidad es dejarse decir algo distinto por ella. De allí que la óptica de la psicología social consista en hacerse cargo de las propias anticipaciones estereotipadas, como la única manera de que otro sentido pueda advenir en lo cotidiano. Nuestra mirada apunta a que, quienes tengan un para qué, logren más fácil encontrar el cómo.

* Leyes de la dialéctica en nuestra psicología social (2007) Toda vez que los problemas a abordar por los psicólogos sociales están referidos a circunstancias concretas y a hechos específicos, sostenemos que éstos no están conformados sino de artificios. Dice el diccionario que artífice es la persona que tiene arte para conseguir lo que desea. Pues, entonces, deberemos trabajar en nuestra profesión también como artificieros, procurando inventar un saber-hacer-aquí-y-ahora ante cada conflicto. Sin olvidar que siempre partimos de un defecto o carencia en el ser, de una desarmonía entre el pensamiento y el mundo. Y entendiendo que todo invento, in-venire, es hallazgo… es encuentro de lo real.

* Otros aspectos profesionales en psicología social (2005) Adherimos a la posición de Edwin P. Holander y R. G. Hunt, psicólogos sociales que —junto al maestro Enrique Pichon-Rivière— han considerado a nuestra disciplina como una ciencia independiente; circunstancia que no debe confundirse con la idea de aislamiento. Se trata lisa y llanamente de la coexistencia con otros cuerpos doctrinarios que estudian la complejidad del sujeto humano desde distintas perspectivas, contando cada disciplina con la originalidad dada por un objeto de estudio propio. Para nosotros, el psicólogo social es un verdadero artesano; su profesión es un oficio que se hace haciendo.

* Dialéctica y psicología social (2007) La psicología social propone la aceptación de las diferencias. Pues, entonces, hagamos que la operatividad psicosocial se apoye de manera permanente en un verdadero oficio de alterizadores, esforzándonos siempre en refinar nuestra sensibilidad a las diferencias e incrementando la tolerancia a los otros, a todos y cada uno de nuestros semejantes. Tal vez el objetivo final de esta profesión sea simplemente hacer de lo psicosocial no sólo una corriente de pensamiento, sino además un estilo de vida y de acción... sencillamente un modo de ser.

* Solidaridad y copensamiento (2006) Como co-pensor (co-pensar con otros), el psicólogo social es un colaborador para la estructuración de dispositivos analizadores colectivos. Sabemos que los profesionales de la psicología social no educamos, ni curamos ni gobernamos. Por eso, es importante hablar de alfabetizar-nos para la solidaridad, siendo la gran tarea educar-nos no solamente informando sino formando habilidades sociales. La tensión solidario/solitario habita fuertemente dentro mío, y como operador psicosocial podré trabajar para el cambio al cambiar-me, para alfabetizar al alfabetizar-me, para co-pensar con otros al copensar-me, incluso con aquellos que me habitan, con los yoes que me yoan que alguna vez tan bien describió el poeta y escritor Oliverio Girondo.

* Vida cotidiana y psicología social (2008) En lo que hace al movimiento de lo que podemos denominar nuestro propio desconocimiento, cabe señalar que los diálogos platónicos resultan claramente ejemplares, pues con ellos hemos aprendido que no es a los otros, sino a “lo otro” de uno mismo, a quien cuestionamos a través de los demás. Nuestra mirada psicosocial nos aporta dos ejes claros de comprensión: uno, mostrándonos que somos profundamente extraños para nosotros mismos; y el otro, que el modo de comprender nuestro estar en el presente depende de la forma de recibir y cuestionar la tradición de la que somos parte. Siempre será importante cómo recepcionemos lo imprevisible, lo inhabitual o el contratiempo en aquello que cotidianamente nos acaece.

* ¿Esperanza activa e ilusión pasiva? (2007) La esperanza activa es un elemento decisivo para cualquier intento de realizar cambios, tanto personales como sociales. Es una forma de ser, una disposición interna, un intenso estar listos para actuar. Un activar-activándose que se relaciona con el concepto de activeness. El polo opuesto es la ilusión pasiva en tanto va en busca de una vida harto tranquila, que no procura satisfacer las necesidades que pulsan con insistencia desde nuestra interioridad, sino adecuarse acríticamente a los mandatos sociales. Sería algo así como una pasividad-pasivizándose, vinculada a la idea de pasiveness. Apostemos, como agentes de cambio, a poder erigirnos en verdaderos activistas de lo esperanzado, trabajando dialécticamente tales tensiones contradictorias, para así lograr las mejores síntesis desde ya siempre provisionales, relativamente satisfactorias y de equilibrio inestable.

* Sobre la experiencia de ser: deseo y consumismo (2001) Hay quienes afirman que aquello que diferencia la suerte de los mortales se reduce a estas dos condiciones fundamentales: a) lo que uno es: así pues, la personalidad en su sentido más lato; b) lo que uno tiene: así pues, la propiedad y el haber en todas sus clases. Si bien debería resultar fácil advertir que nuestra felicidad depende claramente de lo que somos (de nuestra individualidad), es muy frecuente que hagamos hincapié en lo que tenemos o lo que representamos. Considerando estos dos modos de vivir, Sócrates dijo irónicamente al ver algunos objetos de lujo expuestos para la venta en una de las paquetas tiendas de su época: “¡Cuántas cosas hay aquí que yo no necesito!”

* Psicología social y solidaridad (2006)
La solidaridad se emparenta con el genuino interés por otras personas, con la idea de ayuda, de cooperación, de complementariedad. Muchos nos enrolamos en la creencia de que no hay solidaridad sino práctica solidaria; algo así como que la solidaridad se hace. Los profesionales de la psicología social también podemos hablar de solidar, es decir, afirmar algo con sólidas razones...o consolidar. ¿Acaso no se podrá solidar lo solidario? O incluso nos animamos a decir solidificar, haciendo así alusión al natural pasaje de un estado a otro. Siguiendo con este juego de palabras, más de una vez me he interrogado si entre lo solidario y lo solitario no habrá alguna clave para pensar lo atinente a nuestro campo de acción, el de los psicólogos sociales como agentes del cambio planificado.

* Humanismo y psicología social (2008) De todo lo antedicho se desprende que sostenemos una psicología social que piensa la humanidad de la persona desde su proximidad al ser, convertida en un humanismo en el que lo que está en juego es la esencia singular e histórica del hombre. Aunque también sabemos que esa proximidad es lo que más lejos le queda al individuo, ya que el sujeto que abordamos es el que resulta comprometido con las palabras del Otro que lo han fundado en su singularidad. La trama del lenguaje nos espera antes de nacer, al igual que el deseo de los padres siempre resulta convocado. Es recién a partir de aquí que el humano puede ser voluntad y producirse a sí mismo eligiéndose. Por eso, el operador psicosocial trabaja teniendo en cuenta al hombre en situación dentro de su complejo y variado mundo de relaciones.

RONALDO WRIGHT
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