(Publicado en la sección "Psicoanálisis y Ley" del portal El Sigma.com con fecha 24/5/2012 y en La Silla del Coordinador con fecha 18/2/2014)
PSICOANALISIS Y DEBER DE CONFIDENCIALIDAD
En una nota anterior mencionamos al deber de confidencialidad como una de las obligaciones básicas que debe cumplir todo psicoanalista. Confidencial es aquello que se hace o se dice en confianza o con seguridad recíproca entre dos o más personas; al igual que confidencia se refiere a una revelación secreta o noticia reservada. En suma, estamos hablando aquí de una confianza íntima y estrecha. Digamos, entonces, que la confidencialidad es un principio ético asociado al psicoanálisis y reconocido con el fin de estimular al analizante para que hable con entera libertad de sus actividades, de sus hábitos y, en definitiva, para que diga de sus síntomas.
El método de la libre asociación es constitutivo de la técnica psicoanalítica y consiste en que el paciente pueda expresar sin discriminación todos los pensamientos que vienen a su mente, ya sea a partir de un elemento dado (vgr.: una palabra, la imagen de un sueño o cualquier otra representación), ya sea de modo espontáneo. Sigmund Freud sostiene que cuando se abandonan las representaciones-fin conscientes, el curso de las representaciones pasa a ser gobernado por representaciones-fin ocultas. Así, lo que en cada sesión analítica se diga descubrirá las posibles articulaciones de la cadena histórica del analizante y de lo no sabido de su saber.
La obligación de confidencialidad ha tenido tratamiento desde la antigüedad en las distintas legislaciones y costumbres. El juramento hipocrático expresa: guardaré secreto sobre lo que oiga y vea por razón de mi ejercicio profesional y que no sea indispensable divulgar, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. El contenido de esa jura fue luego adaptado a los conceptos éticos y circunstancias de cada sociedad; e incluso lo actualizó la Asociación Médica Mundial en la Declaración de Ginebra de 1948 de este modo: prometo solemnemente guardar y respetar los secretos confiados a mí, incluso después de la muerte del paciente.
Para los psicoanalistas, el deber de confidencialidad se impone por la necesidad de que reine una absoluta confianza entre el profesional y quien acude a solicitar sus servicios. Máxime si, como habitualmente se dice, lo secreto es un lugar de paso, ya que tiende a ser divulgado como lo prohibido pulsa a ser transgredido. Por ende, parece prudente rodearlo de obstáculos para que ocurra lo más tarde posible. Agreguemos que dicho precepto ético no sólo obliga a callar, sino prohíbe también exhibir, entregar o facilitar el acceso a los soportes materiales (historias clínicas, documentos, registros, archivos) que contengan la información cautelada.
El derecho a la confidencialidad que tiene todo analizante es una sólida e importante garantía para la defensa de su intimidad, ese espacio propio del sujeto desplegado en cada sesión y que recrea el punto de verdad de toda realización subjetiva. De allí que nuestro Código Penal disponga, en su art. 156, que será reprimido con multa de pesos mil quinientos a pesos noventa mil e inhabilitación especial, en su caso, por seis meses a tres años, el que teniendo noticia, por razón de su estado, oficio, empleo, profesión o arte, de un secreto cuya divulgación pueda causar daño, lo revelare sin justa causa (Capítulo III: Violación de Secretos y de la Privacidad).
Agreguemos que el marco legal específico para el psicoanalista médico está dado por el art. 11 de la Ley 17.132, al disponer que todo aquello que llegue a su conocimiento con motivo o en razón del ejercicio profesional, no puede darse a conocer —salvo los casos que otras leyes así lo determinen o cuando se trate de evitar un mal mayor y sin perjuicio de lo previsto en el Código Penal— sino a instituciones, sociedades, revistas o publicaciones científicas, prohibiéndose facilitarlo o utilizarlo con fines de publicidad, propaganda, lucro o beneficio personal. El acento está puesto en la idea de ejercer el oficio conforme lineamientos que hacen a la responsabilidad profesional.
En el caso concreto del psicoanalista psicólogo rige la Ley 23.277, cuyo art. 8 inc. 4) establece la obligación de guardar el más riguroso secreto profesional sobre cualquier prescripción o acto que realice en cumplimiento de sus tareas específicas, así como de los datos o hechos que se le comunicare en razón de su actividad profesional sobre aspectos físicos, psicológicos o ideológicos de las personas en tratamiento. Es obvio que para el caso de las habituales supervisiones, análisis de control o interconsultas —tareas en que se comunica a otro profesional información y datos del paciente—, el aludido deber de confidencialidad se extiende al profesional consultado.
Otro tema a considerar es el relativo a los avances tecnológicos que imperan en estos tiempos de hipermodernidad y amenazan la intimidad personal. El auge y desarrollo de los medios masivos de comunicación imponen una mayor conciencia individual y colectiva en lo que hace a la preservación del valor de la confidencialidad en el vínculo analista-analizante. Hoy son frecuentes los programas televisivos y radiales en los que se ventila variada información profesional, pudiendo encontrarse reñidos con la ética cuando su finalidad no es educativa sino pura y simplemente recreativa. Debe regir una cultura de protección y respeto hacia las personas públicamente expuestas.
Para concluir, decía el padre del psicoanálisis: si antes se me reprochó no comunicar dato alguno sobre mis enfermos, hoy se me reprochará hacer público algo que el secreto profesional impone silenciar. Freud sabía que la publicación de sus historiales clínicos era una tarea de difícil solución, entendiendo que el profesional no sólo contrae obligaciones hacia sus pacientes como individuos, sino también un deber hacia la ciencia toda. Pues, será cuestión entonces de evaluar lo que se puede transmitir de la práctica analítica y lo que no se puede divulgar. En una próxima entrega abordaremos el instituto del secreto profesional con más detalle.
RONALDO WRIGHT
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viernes, 25 de mayo de 2012
sábado, 19 de mayo de 2012
088 - Otro Logro de Nuestra Psicología Social
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 4 Nro. 40 de mayo de 2012 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 8/11/2016)
OTRO LOGRO DE NUESTRA PSICOLOGIA SOCIAL
El Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires promovió, hace ya largo tiempo, una demanda contencioso administrativa con el propósito de que se deje sin efecto y se anule la resolución que aprueba el plan de estudios de la carrera —de nivel terciario— denominada “Formación de Operador en Psicología Social”, entendiendo que el ámbito de incumbencia profesional de dichos estudios se superpone con el título correspondiente a los egresados de la carrera universitaria de Psicología. La causa en cuestión es la Nº B. 63.995, caratulada “Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires c/ Provincia de Buenos Aires (Dirección General de Cultura y Educación). Coadyuvante: Escuela de Psicología Social de Castelar”. Con los votos de los doctores Hitters, Negri, Genoud y Soria la acción incoada fue rechazada.
En lo que hace a lo sustancial del planteo, se argumenta que la carrera psicosocial en cuestión genera un perjuicio no sólo a los licenciados en psicología sino a la comunidad toda, en tanto se invaden áreas de las incumbencias propias de sus colegiados universitarios y, además, se crean falsas expectativas en desmedro de los estudiantes de la carrera terciaria en psicología social, que jamás podrán ejercerla. Estos planteos no son ciertos ni exactos, ante las diferentes técnicas y metodologías de abordaje: la especificidad de los psicólogos es la terapia o psicoanálisis individual, mientras que el trabajo de los operadores psicosociales apunta a la comprensión de las problemáticas vinculares y comunicacionales en grupos, equipos e instituciones, aportando con ello a la calidad de vida y al desarrollo de la creatividad humana.
Así las cosas, el 11 de abril de 2012 el máximo Tribunal de Justicia bonaerense rechazó la demanda iniciada por el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, mediante la cual se impugnaba la aprobación de la carrera, las incumbencias y el campo profesional de los Operadores en Psicología Social. Un punto esencial del fallo sostiene que no existe un choque de incumbencias profesionales con los licenciados en psicología, ya que ambas disciplinas difieren notoriamente en el nivel académico, en el ámbito de reconocimiento y en la validez del título que se traduce en un específico campo de habilitación para ejercer la actividad de operador en psicología social. La psicología social trabaja con los grupos humanos y, en caso de advertirse algún conflicto individual, corresponde su derivación a un psicólogo.
Por su parte, la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires destaca que carece de relevancia el hecho de que existan algunas áreas en común entre la carrera terciaria de psicología social y la universitaria de psicología, pues lo determinante es que los egresados de una y otra tienen bien acotado el campo de ejercicio profesional por el alcance del título obtenido. Uno de los argumentos del Colegio sostenía que quienes finalizaran sus estudios psicosociales no tendrían ninguna oferta laboral que no pudiera ser cubierta por los egresados de la carrera universitaria de psicología. Dicho planteo es inexacto, ya que a partir del 1º de enero de 2008 fue incorporado al nomenclador de cargos de la administración pública provincial el correspondiente a operador en psicología social dentro del agrupamiento Personal Técnico.
Vale la pena puntualizar que a nivel nacional la situación es similar, pues el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación aprobó oportunamente planes de estudios similares al aquí cuestionado. La Ley Federal de Educación determinó en su momento los lineamientos de la política educativa, al tiempo que normalizó la formación profesional no universitaria como parte integrante de la Educación Superior. Además, fijó como objetivo de los institutos que imparten su enseñanza el de instruir en las diferentes áreas del saber técnico y práctico de acuerdo tanto con los intereses de los alumnos como con la actual y potencial estructura ocupacional. Por ende, esta sentencia de la Suprema Corte bonaerense confirma que la provincia de Buenos Aires aprobó dentro del marco legal el plan de estudios para los operadores psicosociales.
Este nuevo logro se suma a muchos otros que la Psicología Social Argentina viene obteniendo en los últimos años. A modo de ejemplo, señalemos los siguientes avances: la ley chaqueña Nº 6.353 del año 2009 sobre el ejercicio de la profesión del Operador en Psicología Social o título equivalente; la ley mendocina Nº 8.077 sobre el ejercicio profesional de los Técnicos Superiores en Operaciones Psicosociales (reglamentada a mediados de 2010 por el decreto Nº 1.191); y el proyecto de ley ingresado en el mes de septiembre de 2010 en la honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, referido también al ejercicio profesional de los operadores psicosociales. Es de esperar que muy pronto este proyecto se convierta en ley, para así seguir celebrando este remozado y fortalecido posicionamiento institucional.
RONALDO WRIGHT
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OTRO LOGRO DE NUESTRA PSICOLOGIA SOCIAL
El Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires promovió, hace ya largo tiempo, una demanda contencioso administrativa con el propósito de que se deje sin efecto y se anule la resolución que aprueba el plan de estudios de la carrera —de nivel terciario— denominada “Formación de Operador en Psicología Social”, entendiendo que el ámbito de incumbencia profesional de dichos estudios se superpone con el título correspondiente a los egresados de la carrera universitaria de Psicología. La causa en cuestión es la Nº B. 63.995, caratulada “Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires c/ Provincia de Buenos Aires (Dirección General de Cultura y Educación). Coadyuvante: Escuela de Psicología Social de Castelar”. Con los votos de los doctores Hitters, Negri, Genoud y Soria la acción incoada fue rechazada.
En lo que hace a lo sustancial del planteo, se argumenta que la carrera psicosocial en cuestión genera un perjuicio no sólo a los licenciados en psicología sino a la comunidad toda, en tanto se invaden áreas de las incumbencias propias de sus colegiados universitarios y, además, se crean falsas expectativas en desmedro de los estudiantes de la carrera terciaria en psicología social, que jamás podrán ejercerla. Estos planteos no son ciertos ni exactos, ante las diferentes técnicas y metodologías de abordaje: la especificidad de los psicólogos es la terapia o psicoanálisis individual, mientras que el trabajo de los operadores psicosociales apunta a la comprensión de las problemáticas vinculares y comunicacionales en grupos, equipos e instituciones, aportando con ello a la calidad de vida y al desarrollo de la creatividad humana.
Así las cosas, el 11 de abril de 2012 el máximo Tribunal de Justicia bonaerense rechazó la demanda iniciada por el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, mediante la cual se impugnaba la aprobación de la carrera, las incumbencias y el campo profesional de los Operadores en Psicología Social. Un punto esencial del fallo sostiene que no existe un choque de incumbencias profesionales con los licenciados en psicología, ya que ambas disciplinas difieren notoriamente en el nivel académico, en el ámbito de reconocimiento y en la validez del título que se traduce en un específico campo de habilitación para ejercer la actividad de operador en psicología social. La psicología social trabaja con los grupos humanos y, en caso de advertirse algún conflicto individual, corresponde su derivación a un psicólogo.
Por su parte, la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires destaca que carece de relevancia el hecho de que existan algunas áreas en común entre la carrera terciaria de psicología social y la universitaria de psicología, pues lo determinante es que los egresados de una y otra tienen bien acotado el campo de ejercicio profesional por el alcance del título obtenido. Uno de los argumentos del Colegio sostenía que quienes finalizaran sus estudios psicosociales no tendrían ninguna oferta laboral que no pudiera ser cubierta por los egresados de la carrera universitaria de psicología. Dicho planteo es inexacto, ya que a partir del 1º de enero de 2008 fue incorporado al nomenclador de cargos de la administración pública provincial el correspondiente a operador en psicología social dentro del agrupamiento Personal Técnico.
Vale la pena puntualizar que a nivel nacional la situación es similar, pues el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación aprobó oportunamente planes de estudios similares al aquí cuestionado. La Ley Federal de Educación determinó en su momento los lineamientos de la política educativa, al tiempo que normalizó la formación profesional no universitaria como parte integrante de la Educación Superior. Además, fijó como objetivo de los institutos que imparten su enseñanza el de instruir en las diferentes áreas del saber técnico y práctico de acuerdo tanto con los intereses de los alumnos como con la actual y potencial estructura ocupacional. Por ende, esta sentencia de la Suprema Corte bonaerense confirma que la provincia de Buenos Aires aprobó dentro del marco legal el plan de estudios para los operadores psicosociales.
Este nuevo logro se suma a muchos otros que la Psicología Social Argentina viene obteniendo en los últimos años. A modo de ejemplo, señalemos los siguientes avances: la ley chaqueña Nº 6.353 del año 2009 sobre el ejercicio de la profesión del Operador en Psicología Social o título equivalente; la ley mendocina Nº 8.077 sobre el ejercicio profesional de los Técnicos Superiores en Operaciones Psicosociales (reglamentada a mediados de 2010 por el decreto Nº 1.191); y el proyecto de ley ingresado en el mes de septiembre de 2010 en la honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, referido también al ejercicio profesional de los operadores psicosociales. Es de esperar que muy pronto este proyecto se convierta en ley, para así seguir celebrando este remozado y fortalecido posicionamiento institucional.
RONALDO WRIGHT
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martes, 8 de mayo de 2012
087 - Los Femicidios en el Código Penal
(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XI Nro. 52 correspondiente a mayo - junio de 2012 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 11/12/2016)
LOS FEMICIDIOS EN EL CODIGO PENAL
En la anterior edición de “La Tecl@ Eñe” (Nº 51 de marzo – abril de 2012) abordamos una temática de actualidad, cual es el significativo incremento de los denominados feminicidios o femicidios en nuestro país. Agregamos ahora estos nuevos conceptos toda vez que, recientemente, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó por unanimidad el proyecto que propone la reforma del art. 80 del Código Penal en sus incisos 1º y 4º; ello en un todo de acuerdo con lo previamente resuelto en el plenario de las comisiones de Familia y Legislación Penal. Y es casi un hecho que en breve los senadores sancionen esta ley que incorpora un tipo agravado de homicidio, que establece agravantes por el vínculo y descarta el uso de atenuantes cuando el hombre tenga antecedentes por violencia.
La inclusión de esta figura legal responde a un insistente reclamo de las organizaciones sociales y de derechos humanos. Así, sin utilizar la expresión femicidio, el nuevo inciso 1º dispone la pena de reclusión perpetua o prisión perpetua —pudiendo aplicarse lo normado en el art. 52— al que matare a su cónyuge, ex cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia. El referido art. 52 del Código Penal alude a la reclusión por tiempo indeterminado, que se impone como accesoria de la última condena cuando la reincidencia fuese múltiple en forma tal que mediaren las siguientes penas anteriores: a) cuatro penas privativas de la libertad, siendo una de ellas mayor de tres años; o b) cinco penas privativas de la libertad de tres años o menores.
Señalemos que, según la Asociación Casa del Encuentro, en el año 2010 hubo 260 femicidios, que se incrementaron a 282 en el año 2011. Desde ya, estos son los casos conocidos y/o denunciados, por lo que es dable suponer que dichos guarismos son, en la realidad, muy superiores en su número. Obviamente que el proyecto de ley ha tenido en cuenta tales datos, siendo entonces trascendente que, de ahora en más, pueda definirse al femicidio como un crimen hacia una mujer cuando el hecho es perpetrado por un hombre —ya sea marido, concubino, novio o amante— y medie violencia de género. Corresponde aclarar, además, que el inciso 4º incorpora como causales las siguientes: placer, codicia, odio racial, religioso, de género o la orientación sexual, identidad de género o su expresión.
La normativa en cuestión prevé, además, la pena de reclusión perpetua en los denominados femicidios vinculados, para nombrar a aquellos homicidios que se cometen con el propósito de causar sufrimiento o daño psicológico a una pareja con quien se mantiene un vínculo o, en su caso, a una ex pareja con quien se ha tenido una relación, con o sin convivencia. Aquí estamos hablando de las múltiples agresiones perpetradas a los seres queridos de la pareja, tanto descendientes (hijos e hijas), ascendientes (padre o madre) y colaterales. En todos estos casos, el asesinato de un familiar también se considera un agravante de la pena, pues la finalidad sigue siendo la disminución —y la ulterior erradicación— de este flagelo de violencia que tiene sus raíces en causas culturales, sociales y económicas.
No es un dato menor que esta iniciativa sea la síntesis de unos quince proyectos impulsados por diputados de diferentes bloques, como así también que obtuviese un total de 203 votos afirmativos, una sola abstención y ningún voto en contra. Todas las medidas que tiendan a disminuir la violencia de género son necesarias, por lo que es fundamental establecer un adecuado sistema de monitoreo en lo que hace al nivel de agresión contra las mujeres. En consonancia con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación decidió crear, en el año 2008, la Oficina de Violencia Doméstica cuyo último informe señala que, en los pasados dos años, las denuncias crecieron un cuarenta y tres por ciento (43%). Cada año se atienden alrededor de siete mil casos sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Además, hubo legisladores —tanto de la bancada oficialista como de la oposición— que reclamaron fondos para implementar el Plan Integral para la Erradicación de la Violencia de Género. Uno de sus fines es asegurar el funcionamiento y el diseño de un sistema de protección que garantice el cuidado y la restitución de los derechos de las víctimas de violencia de género, avanzando de tal modo contra una cultura patriarcal de larga data en nuestro país. Así, la idea central es aportar en la transformación y el cambio del imaginario social a través de procesos de sensibilización que muestren la discriminación como sustento de relaciones desiguales entre mujeres y hombres. Para ello se requieren servicios articulados de protección, salud y educación; a la par de presupuestos estables, permanentes y oportunos.
Cabe pensar que el reconocimiento de una figura autónoma adecuadamente definida —tal el caso del femicidio— con parámetros de investigación y tratamiento concretos, conduzca a hacer visible este tipo de violencia machista, como así también al paulatino logro de una menor impunidad para quienes maten a una mujer por su condición de tal o ejecuten crímenes por razones homofóbicas. Esperamos que pronto se convierta en ley esta modificación al libro segundo del Código Penal Argentino —en su capítulo dedicado a los delitos contra la vida— toda vez que la muerte de una mujer por ser mujer es una cuestión pública que debe ser solucionada por el Estado. Creemos, a su vez, que esta reforma va a permitir hacer estadísticas con casos concretos y también diseñar las correctas políticas de prevención.
RONALDO WRIGHT
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LOS FEMICIDIOS EN EL CODIGO PENAL
En la anterior edición de “La Tecl@ Eñe” (Nº 51 de marzo – abril de 2012) abordamos una temática de actualidad, cual es el significativo incremento de los denominados feminicidios o femicidios en nuestro país. Agregamos ahora estos nuevos conceptos toda vez que, recientemente, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó por unanimidad el proyecto que propone la reforma del art. 80 del Código Penal en sus incisos 1º y 4º; ello en un todo de acuerdo con lo previamente resuelto en el plenario de las comisiones de Familia y Legislación Penal. Y es casi un hecho que en breve los senadores sancionen esta ley que incorpora un tipo agravado de homicidio, que establece agravantes por el vínculo y descarta el uso de atenuantes cuando el hombre tenga antecedentes por violencia.
La inclusión de esta figura legal responde a un insistente reclamo de las organizaciones sociales y de derechos humanos. Así, sin utilizar la expresión femicidio, el nuevo inciso 1º dispone la pena de reclusión perpetua o prisión perpetua —pudiendo aplicarse lo normado en el art. 52— al que matare a su cónyuge, ex cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia. El referido art. 52 del Código Penal alude a la reclusión por tiempo indeterminado, que se impone como accesoria de la última condena cuando la reincidencia fuese múltiple en forma tal que mediaren las siguientes penas anteriores: a) cuatro penas privativas de la libertad, siendo una de ellas mayor de tres años; o b) cinco penas privativas de la libertad de tres años o menores.
Señalemos que, según la Asociación Casa del Encuentro, en el año 2010 hubo 260 femicidios, que se incrementaron a 282 en el año 2011. Desde ya, estos son los casos conocidos y/o denunciados, por lo que es dable suponer que dichos guarismos son, en la realidad, muy superiores en su número. Obviamente que el proyecto de ley ha tenido en cuenta tales datos, siendo entonces trascendente que, de ahora en más, pueda definirse al femicidio como un crimen hacia una mujer cuando el hecho es perpetrado por un hombre —ya sea marido, concubino, novio o amante— y medie violencia de género. Corresponde aclarar, además, que el inciso 4º incorpora como causales las siguientes: placer, codicia, odio racial, religioso, de género o la orientación sexual, identidad de género o su expresión.
La normativa en cuestión prevé, además, la pena de reclusión perpetua en los denominados femicidios vinculados, para nombrar a aquellos homicidios que se cometen con el propósito de causar sufrimiento o daño psicológico a una pareja con quien se mantiene un vínculo o, en su caso, a una ex pareja con quien se ha tenido una relación, con o sin convivencia. Aquí estamos hablando de las múltiples agresiones perpetradas a los seres queridos de la pareja, tanto descendientes (hijos e hijas), ascendientes (padre o madre) y colaterales. En todos estos casos, el asesinato de un familiar también se considera un agravante de la pena, pues la finalidad sigue siendo la disminución —y la ulterior erradicación— de este flagelo de violencia que tiene sus raíces en causas culturales, sociales y económicas.
No es un dato menor que esta iniciativa sea la síntesis de unos quince proyectos impulsados por diputados de diferentes bloques, como así también que obtuviese un total de 203 votos afirmativos, una sola abstención y ningún voto en contra. Todas las medidas que tiendan a disminuir la violencia de género son necesarias, por lo que es fundamental establecer un adecuado sistema de monitoreo en lo que hace al nivel de agresión contra las mujeres. En consonancia con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación decidió crear, en el año 2008, la Oficina de Violencia Doméstica cuyo último informe señala que, en los pasados dos años, las denuncias crecieron un cuarenta y tres por ciento (43%). Cada año se atienden alrededor de siete mil casos sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Además, hubo legisladores —tanto de la bancada oficialista como de la oposición— que reclamaron fondos para implementar el Plan Integral para la Erradicación de la Violencia de Género. Uno de sus fines es asegurar el funcionamiento y el diseño de un sistema de protección que garantice el cuidado y la restitución de los derechos de las víctimas de violencia de género, avanzando de tal modo contra una cultura patriarcal de larga data en nuestro país. Así, la idea central es aportar en la transformación y el cambio del imaginario social a través de procesos de sensibilización que muestren la discriminación como sustento de relaciones desiguales entre mujeres y hombres. Para ello se requieren servicios articulados de protección, salud y educación; a la par de presupuestos estables, permanentes y oportunos.
Cabe pensar que el reconocimiento de una figura autónoma adecuadamente definida —tal el caso del femicidio— con parámetros de investigación y tratamiento concretos, conduzca a hacer visible este tipo de violencia machista, como así también al paulatino logro de una menor impunidad para quienes maten a una mujer por su condición de tal o ejecuten crímenes por razones homofóbicas. Esperamos que pronto se convierta en ley esta modificación al libro segundo del Código Penal Argentino —en su capítulo dedicado a los delitos contra la vida— toda vez que la muerte de una mujer por ser mujer es una cuestión pública que debe ser solucionada por el Estado. Creemos, a su vez, que esta reforma va a permitir hacer estadísticas con casos concretos y también diseñar las correctas políticas de prevención.
RONALDO WRIGHT
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viernes, 23 de marzo de 2012
086 - Psicología Social y Mediación
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 4 Nro. 38 de marzo de 2012 ; en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 24/3/2012; en Reflexiones sobre Educación con fecha 2/4/2012 y en La Silla del Coordinador con fecha 18/3/2013)
PSICOLOGIA SOCIAL Y MEDIACION
Enrique Pichon-Rivière sostenía que las ciencias humanas conciernen a un único objeto: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje multi o pluridimensional. En consecuencia, postulaba su conocida epistemología convergente a los fines de una mejor indagación-acción de la realidad, entendiendo que los operadores psicosociales se hallan habilitados para actuar en cualquier ámbito donde se produzcan procesos de interacción humana, tanto en el terreno grupal como en el institucional e incluso en el comunitario. Toda vez que creemos que son muchas las enseñanzas provenientes de la mediación que convergen en los cauces de nuestra psicología social argentina —y viceversa—, a continuación intentaremos destacar algunos aspectos que nos parecen útiles para el mejor desempeño profesional y en el que confluyen ambas disciplinas.
Para comenzar, digamos que la mediación es un proceso no adversarial de resolución de conflictos, en el cual un tercero neutral —mediante el empleo de técnicas concretas y específicas— procura ayudar a las partes a visualizar su problema y a negociar para que arriben voluntariamente a un resultado mutuamente aceptable. El mediador, al igual que el operador psicosocial, ayuda a lograr un acuerdo utilizando para ello la comunicación, la cooperación, la telé y la creatividad, en un espacio o dispositivo no terapéutico. Ana M. Bernasconi entiende que la mediación implica un hacer; y en nuestra psicología social siempre nos estamos refiriendo a un hacer, sentir y pensar en toda intervención operativa. Todo proceso de esclarecimiento tiende a romper aquellas situaciones dilemáticas que impiden la posibilidad de conciliación o cambio.
Los psicólogos sociales intentan convertir los dilemas —encerrados en sí mismos y por ello mismo, estériles— en simples problemas o situaciones dialécticas, donde a través del interjuego entre las partes en conflicto se pueda manejar aquello dilemático inicial hasta convertirlo en una forma de solución. El mediador también es un co-pensor, que tiende a una autocomposición de los conflictos, confiando en la propia capacidad de las partes para romper sus estereotipias y encontrar los mejores resultados. La mediación apunta a que sean los mismos interesados quienes indiquen los caminos para solucionar sus diferencias, tomando sus propias decisiones de modo autónomo y voluntariamente. La idea es que, así como juntos han entrado y contribuido a crear el conflicto que los une, así también deberán salir juntos de él y resolverlo.
Albert Einstein creía que no podemos resolver nuestros problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. Si buscamos resultados distintos, no hagamos siempre lo mismo. Las personas que van a una mediación deben saber que han de trabajar juntas, hablando y escuchándose, como así también analizando alternativas y procurando las mejores fórmulas en pos de obtener un alto grado de satisfacción de sus intereses y necesidades. Necesidad-satisfacción es una de las contradicciones con las que los psicólogos sociales suelen operar en su actividad cotidiana. Si bien es útil que el perfil del mediador sea bajo, se lo piensa como un capitán en la tormenta. Significativamente, también suele identificarse al operador psicosocial como un piloto de tormentas en la búsqueda de una trabajo colaborativo y con miras al futuro.
Antes nos referimos a la neutralidad; pues una mediación es una negociación asistida por un tercero neutral. Y decimos que es un tercero porque es ajeno al conflicto, ya que no tiene un interés propio en lo que hace a cómo se va a arribar a una solución. Rubén A. Calcaterra enriquece este concepto con las ideas de imparcialidad, o capacidad de no favorecer a ninguna de las partes en disputa; y de equidistancia, o simetría entre el mediador y cada uno de los sujetos intervinientes. En términos psicosociales, se destaca la importancia de lograr una objetividad creciente en la labor profesional, conociendo de antemano que la neutralidad absoluta es llanamente imposible para cualquier individuo. De allí la relevancia de dar igualdad de oportunidades a las partes, sea para expresarse y hablar, sea para ser escuchado.
Otro aspecto sobresaliente en toda mediación es la confidencialidad que debe reinar en la misma. Implica una doble obligación del mediador, pues tiene un deber hacia cada uno de los intervinientes en el conflicto y, también, un deber hacia los terceros. No puede revelar públicamente nada de lo sucedido o conversado en la mediación; y nada de lo acontecido en las sesiones privadas —caucus— puede ser trasmitido a la otra parte, salvo expresa autorización. Igual obligación recae sobre cada participante, cualquiera sea el carácter en que haya asistido: vgr. requirente, requerido, letrado, acompañante, asistente, observador, etc. Todas y cada una de estas consideraciones son perfectamente aplicables a los psicólogos sociales en su tarea operativa, en la cual rigen ciertas reglas básicas que hacen a la discreción, la abstinencia y la restitución.
Para finalizar, creemos que tanto en el terreno de la mediación como en el de la psicología social es fundamental que los protagonistas sepan y sientan que tienen siempre —y en cada momento— la libertad de quedarse a negociar su diferendo o de levantarse e irse. Ambos dispositivos están basados en el diálogo, la comunicación, el respeto, la cooperación y el consenso para la convivencia, máxime cuando se trata de situaciones y de sujetos que por distintas causas deban continuar manteniendo un vínculo en el futuro. La idea central es preservar siempre la autodeterminación de las partes quienes, a partir de opciones y propuestas sugeridas por ellos o por los profesionales intervinientes, logran convenios que tienen el alcance de acuerdos privados. El trabajo y el pensamiento están centrados en el futuro, no en el pasado.
SOLANGE V. KAPLUN
RONALDO WRIGHT
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PSICOLOGIA SOCIAL Y MEDIACION
Enrique Pichon-Rivière sostenía que las ciencias humanas conciernen a un único objeto: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje multi o pluridimensional. En consecuencia, postulaba su conocida epistemología convergente a los fines de una mejor indagación-acción de la realidad, entendiendo que los operadores psicosociales se hallan habilitados para actuar en cualquier ámbito donde se produzcan procesos de interacción humana, tanto en el terreno grupal como en el institucional e incluso en el comunitario. Toda vez que creemos que son muchas las enseñanzas provenientes de la mediación que convergen en los cauces de nuestra psicología social argentina —y viceversa—, a continuación intentaremos destacar algunos aspectos que nos parecen útiles para el mejor desempeño profesional y en el que confluyen ambas disciplinas.
Para comenzar, digamos que la mediación es un proceso no adversarial de resolución de conflictos, en el cual un tercero neutral —mediante el empleo de técnicas concretas y específicas— procura ayudar a las partes a visualizar su problema y a negociar para que arriben voluntariamente a un resultado mutuamente aceptable. El mediador, al igual que el operador psicosocial, ayuda a lograr un acuerdo utilizando para ello la comunicación, la cooperación, la telé y la creatividad, en un espacio o dispositivo no terapéutico. Ana M. Bernasconi entiende que la mediación implica un hacer; y en nuestra psicología social siempre nos estamos refiriendo a un hacer, sentir y pensar en toda intervención operativa. Todo proceso de esclarecimiento tiende a romper aquellas situaciones dilemáticas que impiden la posibilidad de conciliación o cambio.
Los psicólogos sociales intentan convertir los dilemas —encerrados en sí mismos y por ello mismo, estériles— en simples problemas o situaciones dialécticas, donde a través del interjuego entre las partes en conflicto se pueda manejar aquello dilemático inicial hasta convertirlo en una forma de solución. El mediador también es un co-pensor, que tiende a una autocomposición de los conflictos, confiando en la propia capacidad de las partes para romper sus estereotipias y encontrar los mejores resultados. La mediación apunta a que sean los mismos interesados quienes indiquen los caminos para solucionar sus diferencias, tomando sus propias decisiones de modo autónomo y voluntariamente. La idea es que, así como juntos han entrado y contribuido a crear el conflicto que los une, así también deberán salir juntos de él y resolverlo.
Albert Einstein creía que no podemos resolver nuestros problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. Si buscamos resultados distintos, no hagamos siempre lo mismo. Las personas que van a una mediación deben saber que han de trabajar juntas, hablando y escuchándose, como así también analizando alternativas y procurando las mejores fórmulas en pos de obtener un alto grado de satisfacción de sus intereses y necesidades. Necesidad-satisfacción es una de las contradicciones con las que los psicólogos sociales suelen operar en su actividad cotidiana. Si bien es útil que el perfil del mediador sea bajo, se lo piensa como un capitán en la tormenta. Significativamente, también suele identificarse al operador psicosocial como un piloto de tormentas en la búsqueda de una trabajo colaborativo y con miras al futuro.
Antes nos referimos a la neutralidad; pues una mediación es una negociación asistida por un tercero neutral. Y decimos que es un tercero porque es ajeno al conflicto, ya que no tiene un interés propio en lo que hace a cómo se va a arribar a una solución. Rubén A. Calcaterra enriquece este concepto con las ideas de imparcialidad, o capacidad de no favorecer a ninguna de las partes en disputa; y de equidistancia, o simetría entre el mediador y cada uno de los sujetos intervinientes. En términos psicosociales, se destaca la importancia de lograr una objetividad creciente en la labor profesional, conociendo de antemano que la neutralidad absoluta es llanamente imposible para cualquier individuo. De allí la relevancia de dar igualdad de oportunidades a las partes, sea para expresarse y hablar, sea para ser escuchado.
Otro aspecto sobresaliente en toda mediación es la confidencialidad que debe reinar en la misma. Implica una doble obligación del mediador, pues tiene un deber hacia cada uno de los intervinientes en el conflicto y, también, un deber hacia los terceros. No puede revelar públicamente nada de lo sucedido o conversado en la mediación; y nada de lo acontecido en las sesiones privadas —caucus— puede ser trasmitido a la otra parte, salvo expresa autorización. Igual obligación recae sobre cada participante, cualquiera sea el carácter en que haya asistido: vgr. requirente, requerido, letrado, acompañante, asistente, observador, etc. Todas y cada una de estas consideraciones son perfectamente aplicables a los psicólogos sociales en su tarea operativa, en la cual rigen ciertas reglas básicas que hacen a la discreción, la abstinencia y la restitución.
Para finalizar, creemos que tanto en el terreno de la mediación como en el de la psicología social es fundamental que los protagonistas sepan y sientan que tienen siempre —y en cada momento— la libertad de quedarse a negociar su diferendo o de levantarse e irse. Ambos dispositivos están basados en el diálogo, la comunicación, el respeto, la cooperación y el consenso para la convivencia, máxime cuando se trata de situaciones y de sujetos que por distintas causas deban continuar manteniendo un vínculo en el futuro. La idea central es preservar siempre la autodeterminación de las partes quienes, a partir de opciones y propuestas sugeridas por ellos o por los profesionales intervinientes, logran convenios que tienen el alcance de acuerdos privados. El trabajo y el pensamiento están centrados en el futuro, no en el pasado.
SOLANGE V. KAPLUN
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
viernes, 3 de febrero de 2012
085 - Feminicidios y Televisión
(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XI Nro. 51 correspondiente a marzo - abril de 2012 y en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 7/3/2012)
FEMINICIDIOS Y TELEVISION
La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo. EDUARDO GALEANO.
La noticia televisiva reza: Mata a su mujer y trata de suicidarse. Un hombre asesinó a golpes a su compañera tras una discusión e intentó suicidarse degollándose en una vivienda de la localidad de Villa Trujuy, partido de Moreno. Parece que se nos está haciendo acostumbramiento y habitus ver por la pantalla de nuestros televisores información relacionada con alguna mujer agredida por su pareja.
Recordemos algunos casos emblemáticos. La joven Wanda Taddei fue rociada con alcohol y prendido fuego su cuerpo luego de una fuerte discusión con su esposo Eduardo Vázquez, el baterista del grupo Callejeros. Susana Romero, después de una aparente discusión con Diego A. Herrera, terminó su corta vida asesinada y enterrada en el jardín del taller donde él trabajaba en San Miguel (Bs. As.).
Sin llegar a la gravedad de la muerte, pero sí en el marco de una feroz violencia de género, destacamos también el caso de Ana Carolina Morales. Embarazada de seis meses, fue hospitalizada con motivo de sufrir severas quemaduras. El acusado no es otro que su pareja, Marcelo F. Lucero, ex director del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) de La Rioja.
Y últimamente gana todos los titulares informativos el crimen de la maestra Silvia Prigent. Al respecto, el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil “Adriana Marisel Zambrano” viene haciendo un prolijo y detallado seguimiento de los muchos casos encuadrados como violencia de género, los que ascienden a 231 en el año 2009, a 260 en el año 2010 y a 282 en el pasado año 2011.
Señalemos, para continuar, que la Convención de Belem do Pará dispone que toda mujer tiene el derecho a vivir una vida libre de violencia —tanto en la esfera pública como en la privada— como así también a tener acceso a una justicia efectiva para proteger este derecho humano fundamental. Y apunta a la responsabilidad de los Estados cuando fallen en la prevención y persecución de estos delitos.
Así, a fines del año 2009, la Corte Interamericana de Derechos Humanos pronunció una sentencia ejemplar al examinar el caso de varias jóvenes mexicanas asesinadas en Ciudad Juárez. Condenó al país, México, por considerarle responsable de violentar los derechos a la vida, a la integridad y a la libertad personal, así como culpable también de no investigar adecuadamente tales femicidios.
No sólo estamos en presencia de un femicidio, neologismo proveniente del vocablo inglés femicide, cuando se refiere puntualmente al homicidio de mujeres por razones de género. También el fenómeno incluye a las víctimas colaterales que mueren al intentar impedir la agresión, o quedan en la línea de fuego o son asesinadas con el objeto de castigar a la mujer a quien se considera de su propiedad.
Mientras aumentan las noticias sobre los feminicidios y nuestra sociedad parece naturalizar la violencia sexista, señalo que no debemos olvidar que nuestros vínculos siempre son a cuatro vías: amamos y nos aman, y odiamos y nos odian. Así, estamos constituidos por tal ambivalencia (del latín ambo = los dos), que es la simultaneidad de lo bueno y lo malo reunidos en una misma persona.
Este proceder esquizoide es normal en las primeras etapas de vida de los cachorros humanos, pero luego la maduración y el desarrollo nos van permitiendo un cierto grado de integración de ambos polos, lo que entendemos como aceptación de la ambivalencia. De allí que hablamos de vínculos de amorodio o de relaciones de odioamoramiento. Y mucha literatura clásica nos respalda.
No en vano hacemos mención a estar locos de amor, lo que desde ya conlleva a que dicha sinrazón lo sea también de intenso odio. Pero poco de esto aparece a la luz en nuestras pantallas televisivas, pese a que se han puesto de moda varios programas que dedican horas a esta temática y compiten fuertemente entre ellos en idéntica franja horaria. ¿Sabrán que hay público para lo macabro?
Me pregunto si tanta exposición ayuda a prevenir los femicidios —término usado por primera vez en 1976 en un Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres— o si sólo se trata de la exaltación pública de la muerte. Si la idea es hablar del tema para desnaturalizar ese círculo de violencia, o si estamos simplemente ante meros adictos a la muerte que tan sólo convierten la tragedia en espectáculo.
Las luces de la pantalla de la T.V. nos tantaliza como televidentes y también como personas. Nos transforma en uno de tantos, y perdemos así toda capacidad de pensar y de sentir lo cotidiano. Se nos van haciendo costumbre las víctimas baleadas, quemadas, apuñaladas, asfixiadas y degolladas. ¿Acaso ese periodismo se refiere al amor o hace una simple mostración de sus costados más destructivos?
La expresión más cruenta de la violencia de género es obviamente un problema de la convivencia amorodiosa entre los géneros. El Leviatán decía que no estamos unidos por lo bueno, o lo cariñoso o lo generoso que somos, sino por lo temibles. Pues, algo deberemos hacer para derrumbar esa sentenciosa idea de que el hombre es como un lobo para el hombre (o en este caso, para su mujer).
Lamentablemente muchas son las formas de agresión que están presentes y toleradas en nuestra vida social, incluso desde las luminosas pantallas televisivas. Pero también cada vez son más los lugares donde se puede buscar —y encontrar— protección ante cualquier tipo de violencia familiar. Ejemplo de ello es la línea 137 o el Programa Las Víctimas contra las Violencias, entre tantos otros.
Pues, en la puja entre la mera exhibición televisiva del último y más reciente feminicidio —mejor si es más escabroso que el de la semana anterior— y el trabajo arduo y cotidiano de las muchas entidades dedicadas a poner fin a este flagelo, abogo una vez más porque este año 2012 recién iniciado no nos sorprenda de nuevo con nuestro entendimiento perforado por un balazo certero.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
FEMINICIDIOS Y TELEVISION
La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo. EDUARDO GALEANO.
La noticia televisiva reza: Mata a su mujer y trata de suicidarse. Un hombre asesinó a golpes a su compañera tras una discusión e intentó suicidarse degollándose en una vivienda de la localidad de Villa Trujuy, partido de Moreno. Parece que se nos está haciendo acostumbramiento y habitus ver por la pantalla de nuestros televisores información relacionada con alguna mujer agredida por su pareja.
Recordemos algunos casos emblemáticos. La joven Wanda Taddei fue rociada con alcohol y prendido fuego su cuerpo luego de una fuerte discusión con su esposo Eduardo Vázquez, el baterista del grupo Callejeros. Susana Romero, después de una aparente discusión con Diego A. Herrera, terminó su corta vida asesinada y enterrada en el jardín del taller donde él trabajaba en San Miguel (Bs. As.).
Sin llegar a la gravedad de la muerte, pero sí en el marco de una feroz violencia de género, destacamos también el caso de Ana Carolina Morales. Embarazada de seis meses, fue hospitalizada con motivo de sufrir severas quemaduras. El acusado no es otro que su pareja, Marcelo F. Lucero, ex director del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) de La Rioja.
Y últimamente gana todos los titulares informativos el crimen de la maestra Silvia Prigent. Al respecto, el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil “Adriana Marisel Zambrano” viene haciendo un prolijo y detallado seguimiento de los muchos casos encuadrados como violencia de género, los que ascienden a 231 en el año 2009, a 260 en el año 2010 y a 282 en el pasado año 2011.
Señalemos, para continuar, que la Convención de Belem do Pará dispone que toda mujer tiene el derecho a vivir una vida libre de violencia —tanto en la esfera pública como en la privada— como así también a tener acceso a una justicia efectiva para proteger este derecho humano fundamental. Y apunta a la responsabilidad de los Estados cuando fallen en la prevención y persecución de estos delitos.
Así, a fines del año 2009, la Corte Interamericana de Derechos Humanos pronunció una sentencia ejemplar al examinar el caso de varias jóvenes mexicanas asesinadas en Ciudad Juárez. Condenó al país, México, por considerarle responsable de violentar los derechos a la vida, a la integridad y a la libertad personal, así como culpable también de no investigar adecuadamente tales femicidios.
No sólo estamos en presencia de un femicidio, neologismo proveniente del vocablo inglés femicide, cuando se refiere puntualmente al homicidio de mujeres por razones de género. También el fenómeno incluye a las víctimas colaterales que mueren al intentar impedir la agresión, o quedan en la línea de fuego o son asesinadas con el objeto de castigar a la mujer a quien se considera de su propiedad.
Mientras aumentan las noticias sobre los feminicidios y nuestra sociedad parece naturalizar la violencia sexista, señalo que no debemos olvidar que nuestros vínculos siempre son a cuatro vías: amamos y nos aman, y odiamos y nos odian. Así, estamos constituidos por tal ambivalencia (del latín ambo = los dos), que es la simultaneidad de lo bueno y lo malo reunidos en una misma persona.
Este proceder esquizoide es normal en las primeras etapas de vida de los cachorros humanos, pero luego la maduración y el desarrollo nos van permitiendo un cierto grado de integración de ambos polos, lo que entendemos como aceptación de la ambivalencia. De allí que hablamos de vínculos de amorodio o de relaciones de odioamoramiento. Y mucha literatura clásica nos respalda.
No en vano hacemos mención a estar locos de amor, lo que desde ya conlleva a que dicha sinrazón lo sea también de intenso odio. Pero poco de esto aparece a la luz en nuestras pantallas televisivas, pese a que se han puesto de moda varios programas que dedican horas a esta temática y compiten fuertemente entre ellos en idéntica franja horaria. ¿Sabrán que hay público para lo macabro?
Me pregunto si tanta exposición ayuda a prevenir los femicidios —término usado por primera vez en 1976 en un Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres— o si sólo se trata de la exaltación pública de la muerte. Si la idea es hablar del tema para desnaturalizar ese círculo de violencia, o si estamos simplemente ante meros adictos a la muerte que tan sólo convierten la tragedia en espectáculo.
Las luces de la pantalla de la T.V. nos tantaliza como televidentes y también como personas. Nos transforma en uno de tantos, y perdemos así toda capacidad de pensar y de sentir lo cotidiano. Se nos van haciendo costumbre las víctimas baleadas, quemadas, apuñaladas, asfixiadas y degolladas. ¿Acaso ese periodismo se refiere al amor o hace una simple mostración de sus costados más destructivos?
La expresión más cruenta de la violencia de género es obviamente un problema de la convivencia amorodiosa entre los géneros. El Leviatán decía que no estamos unidos por lo bueno, o lo cariñoso o lo generoso que somos, sino por lo temibles. Pues, algo deberemos hacer para derrumbar esa sentenciosa idea de que el hombre es como un lobo para el hombre (o en este caso, para su mujer).
Lamentablemente muchas son las formas de agresión que están presentes y toleradas en nuestra vida social, incluso desde las luminosas pantallas televisivas. Pero también cada vez son más los lugares donde se puede buscar —y encontrar— protección ante cualquier tipo de violencia familiar. Ejemplo de ello es la línea 137 o el Programa Las Víctimas contra las Violencias, entre tantos otros.
Pues, en la puja entre la mera exhibición televisiva del último y más reciente feminicidio —mejor si es más escabroso que el de la semana anterior— y el trabajo arduo y cotidiano de las muchas entidades dedicadas a poner fin a este flagelo, abogo una vez más porque este año 2012 recién iniciado no nos sorprenda de nuevo con nuestro entendimiento perforado por un balazo certero.
RONALDO WRIGHT
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martes, 24 de enero de 2012
084 - Breve Cuestionario Sobre Carl Gustav Jung
(Publicado en Psicosocial Tesei Magazine – Nro. 4 de enero de 2012)
BREVE CUESTIONARIO SOBRE CARL GUSTAV JUNG
A fines del año 2011 la revista Psicosocial Tesei Magazine me hizo una breve entrevista a través de Mónica Isabel Guillini —alumna del último año de psicología social—, quien me formuló las siguientes preguntas relacionadas con la obra de Carl Gustav Jung. Este médico psiquiatra y ensayista que centró su prolífico trabajo en la práctica clínica, aunque también incursionó en otros campos de las humanidades tales como el estudio comparativo de las religiones, la filosofía, la sociología y la psicología, la literatura y la crítica del arte.
PTM: Carl G. Jung tuvo mucha influencia en nuestro tiempo en todas las áreas. Como psicólogo social, ¿qué franja cree que nos iluminó socialmente?
RW: No es mucho lo que conozco acerca de las ideas de Carl Gustav Jung, ya que no es estudiado a fondo en las escuelas de psicología social que he frecuentado. La teoría de Pichon Rivière lo menciona generalmente en su primera etapa, cuando Sigmund Freud era su maestro y antes de la ruptura que se produjera entre ellos. Fue así que luego Jung fundó su propia escuela de psicología analítica y desarrolló sus teorías en una extensa obra, siendo la más conocida la que trata del inconsciente colectivo como fundamento de la imaginación común de todos los pueblos; y que se manifiesta en las religiones, los mitos, la alquimia, las doctrinas esotéricas, entre otras.
Por suerte, la institución Psicosocial Tesei Asociación Civil (cuya dirección está a cargo de Carla Gabriela Inzaurralde) introdujo en el programa del corriente año 2011 el análisis de la obra de este pensador suizo (1875-1961), que creía en la existencia de un fondo común universal, productor de arquetipos, símbolos e imágenes independientes del tiempo y del espacio. De ahí, entiendo, su vinculación con la psiquis y lo social.
PTM: ¿Cuáles son los mencionados arquetipos jungianos?
RW: Los arquetipos son formas de representación simbólica, en el inconsciente colectivo, de una experiencia arcaica o de una imagen ancestral del género humano todo. Es por ello que es difícil poder encerrarlos en un número o cantidad específica, pero sí puedo mencionar arquetipos como el del padre (la autoridad, la protección), el de la madre (el cuidado, la reproducción), el del hijo (la continuidad, el abandono), el del héroe (la superación, la caída, el retorno) y así siguiendo.
Jung propuso una suerte de clasificación bajo la categoría genérica de arquetipos fundamentales, referidos a las circunstancias vitales más diversas entre las que podemos citar: el nacimiento, la muerte, el renacimiento, la madre tierra, el sabio, el demonio, el niño, el anima y el animus, etc. Estos arquetipos no son unidades cerradas y autónomas, sino que pueden presentarse como diversas combinaciones: vgr.: el héroe-sabio o el dios-destructor.
Los cuentos, las leyendas, el folklore, el arte popular constituyen esquemas motores situados en el origen de creencias y actitudes de alcance universal. Nuestros sueños, fantasías, delirios, etc. muestran la recurrencia de los arquetipos modeladores del sujeto como eje axial de la personalidad.
PTM: Si nos referimos a la interpretación de los sueños, ¿podría pensarse en una analogía entre Freud y Jung?
RW: Considero que, en una primera etapa, fue la interpretación de los sueños un importante aspecto que los unió. Freud, en 1899, fue el primero en encarar el desarrollo de un método científico para su interpretación y en el cual los sueños constituyen la realización de deseos. Para él, todo lo que hallamos en el inconsciente fue antes consciente y reprimido. En cambio, para Jung el inconsciente incluye distintos tipos de contenidos: a) el que alguna vez fue consciente y luego reprimido; b) las percepciones subliminales o reminiscencias demasiado carentes de importancia como para que se las recuerde (el preconsciente freudiano); y c) un contenido que surge de manera independiente del inconsciente colectivo, estrato común a todos los seres humanos que brinda las fuerzas creadoras y curativas que tan importantes son para una existencia dotada de sentido.
La teoría de Sigmund Freud es más conocida que la de Carl G. Jung probablemente porque —al estar más difundida— parece más fácil de entender; y porque los escritos de Jung sobre los sueños se encuentran dispersos entre sus muchos trabajos, sin una mayor sistematización. Por otra parte, Jung se expresaba muchas veces de modo poético y, de esa forma, el lenguaje que utilizaba hizo que algunas de sus ideas parecieran oscuras. Pero cuando los sueños se interpretan como constructivos, pueden ayudar al sujeto a entrever posibilidades de crecimiento personal en vez de limitarse a examinar el pasado, es decir, allí de donde surgen sus problemas y conflictos.
PTM: ¿Qué le resonó sobre la teoría de Jung referente a la muerte?
RW: Pienso que en el inconsciente freudiano no hay mucho más que sexo y muerte. Eros y thanatos. En su última teoría de las pulsiones, utiliza el término eros para designar el conjunto de las pulsiones de vida en oposición a las pulsiones de muerte. Ambas están presentes en forma combinada a lo largo de toda la vida. Cuando eros predomina se produce la fusión instintiva sexual; el predominio de thanatos produce, en cambio, la fusión instintiva agresiva.
No es mucho lo que conozco sobre la teoría de Jung referente a la muerte salvo que, desde sus estudios sobre la alquimia y diversos sistemas espirituales, argumentó que los procesos arquetípicos tales como la muerte y la resurrección eran parte del simbolismo transpersonal del inconsciente colectivo y podía utilizarse en la tarea de integración psicológica. Entiendo que habló también de resurrección o apocatástasis: operación de restauración y resucitación divina. Todo ello con motivo de sus muchas investigaciones sobre las doctrinas esotéricas, como así también sobre el estudio de las religiones al que Jung dedicó gran parte de su vida.
PTM: ¿La teoría de Jung tiene nexo con la metafísica, cuando se refiere al inconsciente colectivo?
RW: Jung fue un pionero de la psicología profunda y uno de los estudiosos de esta disciplina más leídos en el siglo XX. Su abordaje teórico y clínico enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y la de sus productos, es decir, sus manifestaciones culturales. La idea de inconsciente colectivo designa aquella parte de la psique que conserva y transmite la herencia común de la humanidad. Para Jung, el inconsciente se organiza a partir de dos estratos: el personal o subjetivo; y un segundo estrato más profundo y de carácter innato, al que denomina inconsciente colectivo.
Probablemente sea este segundo estrato o nivel el que pueda vincularse con la metafísica por vos aludida, pues no se constituye por vía de la experiencia sino que se comporta como un verdadero reservorio de imágenes latentes. El sujeto humano hereda estas imágenes del pasado ancestral y conforman el sustrato que nutre luego a las distintas representaciones simbólicas. Por ejemplo, el temor que suscita un reptil, la oscuridad, la soledad, el encierro, etc. Si la metafísica es una rama de la filosofía que estudia los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica, creo que se puede hablar de nexo entre aquélla y gran parte de la obra de Jung.
PTM: En psicoanálisis, ¿cómo Jung levantó vuelo para ponerse a la altura de Freud?
RW: Carl Gustav Jung se aparta de lo que específicamente llamamos psicoanálisis y, como antes dije, él funda una nueva corriente: la psicología analítica. Cabe mencionar que la obra de Jung es tan extensa como la de Freud y predomina en países tales como los Estados Unidos de Norteamérica. En nuestro territorio han tenido preponderancia las escuelas inglesa (Melanie Klein, Donald Winnicott) y francesa (fundamentalmente Jacques Lacan). De todos modos, existen en la Argentina algunos centros de estudios de psicología social junguiana. No olvidemos que la epistemología convergente de Enrique Pichon Rivière trata, ni más ni menos, que de la integración de las más variadas disciplinas y diversos saberes.
Aprovecho esta ocasión para agradecer lo mucho que he aprendido de las clases teóricas que pude leer dictadas por Mariela González, Pablo Matteuci, Marcela Siécola, Jorge Castagna, Mónica Eckert y Romina Caputo. Como siempre, la diversidad de sus puntos de vista y opiniones fue absolutamente enriquecedora para mí.
Finalmente, quiero también darle las gracias a Mónica Isabel Guillini por llevar adelante la publicación de esta revista representativa de Psicosocial Tesei Asociación Civil, como así también desearles a todos sus miembros (directores, profesores, coordinadores, observadores y alumnos) unas muy felices fiestas y todo lo mejor para el año venidero. ¡Hasta la próxima!
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
BREVE CUESTIONARIO SOBRE CARL GUSTAV JUNG
A fines del año 2011 la revista Psicosocial Tesei Magazine me hizo una breve entrevista a través de Mónica Isabel Guillini —alumna del último año de psicología social—, quien me formuló las siguientes preguntas relacionadas con la obra de Carl Gustav Jung. Este médico psiquiatra y ensayista que centró su prolífico trabajo en la práctica clínica, aunque también incursionó en otros campos de las humanidades tales como el estudio comparativo de las religiones, la filosofía, la sociología y la psicología, la literatura y la crítica del arte.
PTM: Carl G. Jung tuvo mucha influencia en nuestro tiempo en todas las áreas. Como psicólogo social, ¿qué franja cree que nos iluminó socialmente?
RW: No es mucho lo que conozco acerca de las ideas de Carl Gustav Jung, ya que no es estudiado a fondo en las escuelas de psicología social que he frecuentado. La teoría de Pichon Rivière lo menciona generalmente en su primera etapa, cuando Sigmund Freud era su maestro y antes de la ruptura que se produjera entre ellos. Fue así que luego Jung fundó su propia escuela de psicología analítica y desarrolló sus teorías en una extensa obra, siendo la más conocida la que trata del inconsciente colectivo como fundamento de la imaginación común de todos los pueblos; y que se manifiesta en las religiones, los mitos, la alquimia, las doctrinas esotéricas, entre otras.
Por suerte, la institución Psicosocial Tesei Asociación Civil (cuya dirección está a cargo de Carla Gabriela Inzaurralde) introdujo en el programa del corriente año 2011 el análisis de la obra de este pensador suizo (1875-1961), que creía en la existencia de un fondo común universal, productor de arquetipos, símbolos e imágenes independientes del tiempo y del espacio. De ahí, entiendo, su vinculación con la psiquis y lo social.
PTM: ¿Cuáles son los mencionados arquetipos jungianos?
RW: Los arquetipos son formas de representación simbólica, en el inconsciente colectivo, de una experiencia arcaica o de una imagen ancestral del género humano todo. Es por ello que es difícil poder encerrarlos en un número o cantidad específica, pero sí puedo mencionar arquetipos como el del padre (la autoridad, la protección), el de la madre (el cuidado, la reproducción), el del hijo (la continuidad, el abandono), el del héroe (la superación, la caída, el retorno) y así siguiendo.
Jung propuso una suerte de clasificación bajo la categoría genérica de arquetipos fundamentales, referidos a las circunstancias vitales más diversas entre las que podemos citar: el nacimiento, la muerte, el renacimiento, la madre tierra, el sabio, el demonio, el niño, el anima y el animus, etc. Estos arquetipos no son unidades cerradas y autónomas, sino que pueden presentarse como diversas combinaciones: vgr.: el héroe-sabio o el dios-destructor.
Los cuentos, las leyendas, el folklore, el arte popular constituyen esquemas motores situados en el origen de creencias y actitudes de alcance universal. Nuestros sueños, fantasías, delirios, etc. muestran la recurrencia de los arquetipos modeladores del sujeto como eje axial de la personalidad.
PTM: Si nos referimos a la interpretación de los sueños, ¿podría pensarse en una analogía entre Freud y Jung?
RW: Considero que, en una primera etapa, fue la interpretación de los sueños un importante aspecto que los unió. Freud, en 1899, fue el primero en encarar el desarrollo de un método científico para su interpretación y en el cual los sueños constituyen la realización de deseos. Para él, todo lo que hallamos en el inconsciente fue antes consciente y reprimido. En cambio, para Jung el inconsciente incluye distintos tipos de contenidos: a) el que alguna vez fue consciente y luego reprimido; b) las percepciones subliminales o reminiscencias demasiado carentes de importancia como para que se las recuerde (el preconsciente freudiano); y c) un contenido que surge de manera independiente del inconsciente colectivo, estrato común a todos los seres humanos que brinda las fuerzas creadoras y curativas que tan importantes son para una existencia dotada de sentido.
La teoría de Sigmund Freud es más conocida que la de Carl G. Jung probablemente porque —al estar más difundida— parece más fácil de entender; y porque los escritos de Jung sobre los sueños se encuentran dispersos entre sus muchos trabajos, sin una mayor sistematización. Por otra parte, Jung se expresaba muchas veces de modo poético y, de esa forma, el lenguaje que utilizaba hizo que algunas de sus ideas parecieran oscuras. Pero cuando los sueños se interpretan como constructivos, pueden ayudar al sujeto a entrever posibilidades de crecimiento personal en vez de limitarse a examinar el pasado, es decir, allí de donde surgen sus problemas y conflictos.
PTM: ¿Qué le resonó sobre la teoría de Jung referente a la muerte?
RW: Pienso que en el inconsciente freudiano no hay mucho más que sexo y muerte. Eros y thanatos. En su última teoría de las pulsiones, utiliza el término eros para designar el conjunto de las pulsiones de vida en oposición a las pulsiones de muerte. Ambas están presentes en forma combinada a lo largo de toda la vida. Cuando eros predomina se produce la fusión instintiva sexual; el predominio de thanatos produce, en cambio, la fusión instintiva agresiva.
No es mucho lo que conozco sobre la teoría de Jung referente a la muerte salvo que, desde sus estudios sobre la alquimia y diversos sistemas espirituales, argumentó que los procesos arquetípicos tales como la muerte y la resurrección eran parte del simbolismo transpersonal del inconsciente colectivo y podía utilizarse en la tarea de integración psicológica. Entiendo que habló también de resurrección o apocatástasis: operación de restauración y resucitación divina. Todo ello con motivo de sus muchas investigaciones sobre las doctrinas esotéricas, como así también sobre el estudio de las religiones al que Jung dedicó gran parte de su vida.
PTM: ¿La teoría de Jung tiene nexo con la metafísica, cuando se refiere al inconsciente colectivo?
RW: Jung fue un pionero de la psicología profunda y uno de los estudiosos de esta disciplina más leídos en el siglo XX. Su abordaje teórico y clínico enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y la de sus productos, es decir, sus manifestaciones culturales. La idea de inconsciente colectivo designa aquella parte de la psique que conserva y transmite la herencia común de la humanidad. Para Jung, el inconsciente se organiza a partir de dos estratos: el personal o subjetivo; y un segundo estrato más profundo y de carácter innato, al que denomina inconsciente colectivo.
Probablemente sea este segundo estrato o nivel el que pueda vincularse con la metafísica por vos aludida, pues no se constituye por vía de la experiencia sino que se comporta como un verdadero reservorio de imágenes latentes. El sujeto humano hereda estas imágenes del pasado ancestral y conforman el sustrato que nutre luego a las distintas representaciones simbólicas. Por ejemplo, el temor que suscita un reptil, la oscuridad, la soledad, el encierro, etc. Si la metafísica es una rama de la filosofía que estudia los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica, creo que se puede hablar de nexo entre aquélla y gran parte de la obra de Jung.
PTM: En psicoanálisis, ¿cómo Jung levantó vuelo para ponerse a la altura de Freud?
RW: Carl Gustav Jung se aparta de lo que específicamente llamamos psicoanálisis y, como antes dije, él funda una nueva corriente: la psicología analítica. Cabe mencionar que la obra de Jung es tan extensa como la de Freud y predomina en países tales como los Estados Unidos de Norteamérica. En nuestro territorio han tenido preponderancia las escuelas inglesa (Melanie Klein, Donald Winnicott) y francesa (fundamentalmente Jacques Lacan). De todos modos, existen en la Argentina algunos centros de estudios de psicología social junguiana. No olvidemos que la epistemología convergente de Enrique Pichon Rivière trata, ni más ni menos, que de la integración de las más variadas disciplinas y diversos saberes.
Aprovecho esta ocasión para agradecer lo mucho que he aprendido de las clases teóricas que pude leer dictadas por Mariela González, Pablo Matteuci, Marcela Siécola, Jorge Castagna, Mónica Eckert y Romina Caputo. Como siempre, la diversidad de sus puntos de vista y opiniones fue absolutamente enriquecedora para mí.
Finalmente, quiero también darle las gracias a Mónica Isabel Guillini por llevar adelante la publicación de esta revista representativa de Psicosocial Tesei Asociación Civil, como así también desearles a todos sus miembros (directores, profesores, coordinadores, observadores y alumnos) unas muy felices fiestas y todo lo mejor para el año venidero. ¡Hasta la próxima!
RONALDO WRIGHT
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viernes, 6 de enero de 2012
083 - Nuevos Roles y Desafíos Psicosociales
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 4 Nro. 36 de diciembre 2011 – enero 2012; en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 20/1/2012 y en Reflexiones sobre Educación con fecha 30/1/2012)
NUEVOS ROLES Y DESAFIOS PSICOSOCIALES
III Foro Debate de Psicología Social
Seguidamente intentaré brindar una síntesis de mi disertación en el III Foro Debate de Psicología Social – Nuevos Roles y Desafíos, encuentro organizado por la Escuela de Psicología Social de Pilar “Construyendo Alternativas” y llevado a cabo el pasado sábado 12 de noviembre de 2011. La temática a mi cargo versó sobre las distintas posibilidades de operar psicosocialmente en el área de la niñez y de la adolescencia, sobre todo teniendo en consideración el cambio ideológico que en nuestro país se viene dando respecto de las políticas públicas en esta materia. Así, la Ley Nº 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes promueve la activa participación de todos en lo que hace a la protección y defensa de nuestros niños y jóvenes. Por ende, la responsabilidad ante ellos no es sólo familiar sino también estatal y comunitaria. Los pibes ya no son considerados como meros objetos de pertenencia de la familia, como tampoco son simples objetos de tutela de un Estado autoritario y disciplinar que los judicializa e institucionaliza. Son sujetos activos y plenos de derechos dada su condición de personas en desarrollo.
Esta concepción humanista en protección de lo que se denomina el interés superior del niño, nos habilita a los psicólogos sociales a operar en diversas áreas, a saber: salud, educación, trabajo, juego y esparcimiento, seguridad social, ecología, violencia familiar, malos tratos, abuso sexual, alcoholismo, drogadicción, embarazo no deseado y aborto, autoagresiones y tentativas de suicidio, entre otras. Ninguna duda puede caber que es necesario un abordaje interdisciplinario para llevar a cabo tamaña tarea, abriéndose el campo al nacimiento de una transdisciplina que incluya a los médicos, a los psicólogos, a los psicopedagogos, a los abogados, a los educadores, a los asistentes sociales, a los ayudantes terapéuticos y también a los psicólogos sociales. Trabajando con nuestra caja de herramientas (ECRO) en grupos de reflexión o de aprendizaje, con juegos y técnicas psicodramáticas, con creatividad y con una permanente adaptación activa a la realidad, podemos contribuir grandemente al crecimiento psicofísico de los chicos y, además, constituirnos en verdaderos agentes del cambio social planificado. Así lo pensó y lo propuso Enrique Pichon-Rivière hace más de sesenta años.
Vale recordar aquí la labor pionera de Alfredo Moffatt y su equipo de psicólogos sociales en dos de sus tantos proyectos: el Bancapibes, dedicado a la niñez y a la adolescencia en riesgo; y Oyitas, es decir ollas populares para chicos en asentamientos y villas del conurbano bonaerense. Muchos niños y jóvenes se hallan en estado de deprivación, por lo que precisan profesionales que puedan comprometerse con ellos desde la emoción y la ternura. Y así concretamente está sucediendo, sobre todo desde la vigencia de la nueva legislación válida para esta problemática tan delicada, pues cada vez son más las organizaciones no gubernamentales que intervienen y participan en el campo de la niñez y de la juventud. También existen muchas fundaciones, asociaciones, entidades públicas y privadas trabajando fuertemente con chicos víctimas de violencia familiar, malos tratos, abuso sexual infantil, incesto intrafamiliar, etc. Y no debemos olvidar el equipo creado por Carlos Sica interviniendo en catástrofes y emergencias psicosociales (EPS) tales como la tragedia de Cromañón, ocurrida aquel fatídico 30 de diciembre de 2004 y cuyas víctimas eran principalmente jóvenes.
Los operadores psicosociales podemos también desempeñarnos coordinando grupos interespacios o interequipos, integrados por todos aquellos profesionales que trabajan en el área o, incluso, por voluntarios que son habituales en esta tarea tan sensible y que llegan a constituirse en reales agentes multiplicadores. Los psicólogos sociales algo sabemos del síndrome del quemado o burnout que sufren quienes ayudan a niños maltratados o abusados sexualmente, a jóvenes drogados y alcoholizados. Se puede apuntalarlos grupalmente y evitar así una verdadera quema de los agentes sociales que operan con niñas, niños y adolescentes, como también podemos intervenir en lo que se llama el efecto Cohn-Bendit: no son pocos los que caen en el descreimiento de aquello que en un inicio tan apasionadamente defendieron. O el llamado efecto Mulhman que, ante la situación recién señalada, produce un proceso de paralización de las tareas generando una sensación de fracaso. En grupos de profesionales y de voluntarios intervenimos sobre esta realidad tan frecuente, procurando una contención desde el sentir, el pensar y el hacer que permita proseguir la ardua labor.
Hay otras posibilidades para nuestra disciplina, actuando en el terreno del deporte, del juego y del esparcimiento. Se pueden inventar juegotecas barriales o participar en los centros de día para chicos y jóvenes, en los centros de atención familiar (CAF) o en los centros de atención integral a la niñez y adolescencia (CAINA). A modo de ejemplo, señalamos el convenio firmado por la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para llevar a cabo talleres en varias escuelas de la Capital Federal, algunos denominados Proyectando el Futuro y otros sobre los derechos y garantías de nuestros pibes. Eugenia Manzanelli y su equipo de psicólogas sociales también suscribieron, en representación de APSRA, un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional para llevar adelante diversos talleres sobre el Primer Trabajo de los Jóvenes. Es decir, son múltiples los espacios para intervenir psicosocialmente teniendo en consideración los ejes de las políticas públicas que conforman las actuales medidas de protección integral de los derechos de los niños y de los jóvenes en nuestro país.
Desde esta profesión es posible también la colaboración en el ámbito judicial, sea interviniendo como peritos —de parte u oficiales— o presentando dictámenes e informes atinentes a nuestra especialidad. Conviene aquí puntualizar que el art. 2º de la Ley Nº 24.417 sobre Protección contra la Violencia Familiar impone, a todo profesional de la salud, la obligación de denunciar cuando los damnificados de aquélla sean menores. Consecuentemente, no rige el instituto del secreto profesional pues éste solamente beneficia al adulto maltratador y al abusador. La responsabilidad civil por mala praxis —con la consecuente reparación por los daños y perjuicios ocasionados— se produce si advertimos una situación puntual en perjuicio de un chico y nos mantenemos en silencio. Asimismo, se puede incurrir en el delito penal tipificado como abandono de persona si nos dejamos llevar por el conocido de eso no se habla o el más famoso no te metas. Es mucha y apasionante la tarea profesional pendiente de realización para dar fin a la teoría de las dos infancias (vgr.: pibes excluidos e incluidos) y que habilite a niñas, niños y adolescentes a vivir en un mundo mejor.
¿Qué puede hacer un psicólogo social desde el ámbito específico del Poder Judicial frente a la realidad que aquí presentamos? Pues, puede brindar sus aportes en el sentido de descubrir la situación crítica de un chico a través de un diagnóstico, orientando la búsqueda de recursos y estrategias pertinentes en pos de un plan de ayuda concreto. En el proceso de colaboración a un menor violentado podemos actuar en distintos contextos relacionales: asistencial, informativo, evaluativo, de control, de asesoramiento, etc. El objetivo no es otro que trabajar junto a la víctima y producir una transformación. Se trata de tener un proyecto y de creer en él. Decía el fundador de nuestra disciplina que la muerte está tan lejos como grande sea nuestro proyecto. Y parafraseando a Paulo Freire, pensemos que la primera pelea que un operador psicosocial progresista debe dar es consigo mismo; ese es el comienzo del cambio. En fin, estas breves ideas simplemente han pretendido servir de posible disparador, para que muchos psicólogos sociales continuemos abordando nuevos roles y nuevos desafíos. En definitiva, para seguir juntos CONSTRUYENDO ALTERNATIVAS.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
NUEVOS ROLES Y DESAFIOS PSICOSOCIALES
III Foro Debate de Psicología Social
Seguidamente intentaré brindar una síntesis de mi disertación en el III Foro Debate de Psicología Social – Nuevos Roles y Desafíos, encuentro organizado por la Escuela de Psicología Social de Pilar “Construyendo Alternativas” y llevado a cabo el pasado sábado 12 de noviembre de 2011. La temática a mi cargo versó sobre las distintas posibilidades de operar psicosocialmente en el área de la niñez y de la adolescencia, sobre todo teniendo en consideración el cambio ideológico que en nuestro país se viene dando respecto de las políticas públicas en esta materia. Así, la Ley Nº 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes promueve la activa participación de todos en lo que hace a la protección y defensa de nuestros niños y jóvenes. Por ende, la responsabilidad ante ellos no es sólo familiar sino también estatal y comunitaria. Los pibes ya no son considerados como meros objetos de pertenencia de la familia, como tampoco son simples objetos de tutela de un Estado autoritario y disciplinar que los judicializa e institucionaliza. Son sujetos activos y plenos de derechos dada su condición de personas en desarrollo.
Esta concepción humanista en protección de lo que se denomina el interés superior del niño, nos habilita a los psicólogos sociales a operar en diversas áreas, a saber: salud, educación, trabajo, juego y esparcimiento, seguridad social, ecología, violencia familiar, malos tratos, abuso sexual, alcoholismo, drogadicción, embarazo no deseado y aborto, autoagresiones y tentativas de suicidio, entre otras. Ninguna duda puede caber que es necesario un abordaje interdisciplinario para llevar a cabo tamaña tarea, abriéndose el campo al nacimiento de una transdisciplina que incluya a los médicos, a los psicólogos, a los psicopedagogos, a los abogados, a los educadores, a los asistentes sociales, a los ayudantes terapéuticos y también a los psicólogos sociales. Trabajando con nuestra caja de herramientas (ECRO) en grupos de reflexión o de aprendizaje, con juegos y técnicas psicodramáticas, con creatividad y con una permanente adaptación activa a la realidad, podemos contribuir grandemente al crecimiento psicofísico de los chicos y, además, constituirnos en verdaderos agentes del cambio social planificado. Así lo pensó y lo propuso Enrique Pichon-Rivière hace más de sesenta años.
Vale recordar aquí la labor pionera de Alfredo Moffatt y su equipo de psicólogos sociales en dos de sus tantos proyectos: el Bancapibes, dedicado a la niñez y a la adolescencia en riesgo; y Oyitas, es decir ollas populares para chicos en asentamientos y villas del conurbano bonaerense. Muchos niños y jóvenes se hallan en estado de deprivación, por lo que precisan profesionales que puedan comprometerse con ellos desde la emoción y la ternura. Y así concretamente está sucediendo, sobre todo desde la vigencia de la nueva legislación válida para esta problemática tan delicada, pues cada vez son más las organizaciones no gubernamentales que intervienen y participan en el campo de la niñez y de la juventud. También existen muchas fundaciones, asociaciones, entidades públicas y privadas trabajando fuertemente con chicos víctimas de violencia familiar, malos tratos, abuso sexual infantil, incesto intrafamiliar, etc. Y no debemos olvidar el equipo creado por Carlos Sica interviniendo en catástrofes y emergencias psicosociales (EPS) tales como la tragedia de Cromañón, ocurrida aquel fatídico 30 de diciembre de 2004 y cuyas víctimas eran principalmente jóvenes.
Los operadores psicosociales podemos también desempeñarnos coordinando grupos interespacios o interequipos, integrados por todos aquellos profesionales que trabajan en el área o, incluso, por voluntarios que son habituales en esta tarea tan sensible y que llegan a constituirse en reales agentes multiplicadores. Los psicólogos sociales algo sabemos del síndrome del quemado o burnout que sufren quienes ayudan a niños maltratados o abusados sexualmente, a jóvenes drogados y alcoholizados. Se puede apuntalarlos grupalmente y evitar así una verdadera quema de los agentes sociales que operan con niñas, niños y adolescentes, como también podemos intervenir en lo que se llama el efecto Cohn-Bendit: no son pocos los que caen en el descreimiento de aquello que en un inicio tan apasionadamente defendieron. O el llamado efecto Mulhman que, ante la situación recién señalada, produce un proceso de paralización de las tareas generando una sensación de fracaso. En grupos de profesionales y de voluntarios intervenimos sobre esta realidad tan frecuente, procurando una contención desde el sentir, el pensar y el hacer que permita proseguir la ardua labor.
Hay otras posibilidades para nuestra disciplina, actuando en el terreno del deporte, del juego y del esparcimiento. Se pueden inventar juegotecas barriales o participar en los centros de día para chicos y jóvenes, en los centros de atención familiar (CAF) o en los centros de atención integral a la niñez y adolescencia (CAINA). A modo de ejemplo, señalamos el convenio firmado por la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para llevar a cabo talleres en varias escuelas de la Capital Federal, algunos denominados Proyectando el Futuro y otros sobre los derechos y garantías de nuestros pibes. Eugenia Manzanelli y su equipo de psicólogas sociales también suscribieron, en representación de APSRA, un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional para llevar adelante diversos talleres sobre el Primer Trabajo de los Jóvenes. Es decir, son múltiples los espacios para intervenir psicosocialmente teniendo en consideración los ejes de las políticas públicas que conforman las actuales medidas de protección integral de los derechos de los niños y de los jóvenes en nuestro país.
Desde esta profesión es posible también la colaboración en el ámbito judicial, sea interviniendo como peritos —de parte u oficiales— o presentando dictámenes e informes atinentes a nuestra especialidad. Conviene aquí puntualizar que el art. 2º de la Ley Nº 24.417 sobre Protección contra la Violencia Familiar impone, a todo profesional de la salud, la obligación de denunciar cuando los damnificados de aquélla sean menores. Consecuentemente, no rige el instituto del secreto profesional pues éste solamente beneficia al adulto maltratador y al abusador. La responsabilidad civil por mala praxis —con la consecuente reparación por los daños y perjuicios ocasionados— se produce si advertimos una situación puntual en perjuicio de un chico y nos mantenemos en silencio. Asimismo, se puede incurrir en el delito penal tipificado como abandono de persona si nos dejamos llevar por el conocido de eso no se habla o el más famoso no te metas. Es mucha y apasionante la tarea profesional pendiente de realización para dar fin a la teoría de las dos infancias (vgr.: pibes excluidos e incluidos) y que habilite a niñas, niños y adolescentes a vivir en un mundo mejor.
¿Qué puede hacer un psicólogo social desde el ámbito específico del Poder Judicial frente a la realidad que aquí presentamos? Pues, puede brindar sus aportes en el sentido de descubrir la situación crítica de un chico a través de un diagnóstico, orientando la búsqueda de recursos y estrategias pertinentes en pos de un plan de ayuda concreto. En el proceso de colaboración a un menor violentado podemos actuar en distintos contextos relacionales: asistencial, informativo, evaluativo, de control, de asesoramiento, etc. El objetivo no es otro que trabajar junto a la víctima y producir una transformación. Se trata de tener un proyecto y de creer en él. Decía el fundador de nuestra disciplina que la muerte está tan lejos como grande sea nuestro proyecto. Y parafraseando a Paulo Freire, pensemos que la primera pelea que un operador psicosocial progresista debe dar es consigo mismo; ese es el comienzo del cambio. En fin, estas breves ideas simplemente han pretendido servir de posible disparador, para que muchos psicólogos sociales continuemos abordando nuevos roles y nuevos desafíos. En definitiva, para seguir juntos CONSTRUYENDO ALTERNATIVAS.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
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