(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 71 de marzo de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/5/2015)
TRAGEDIA DE CROMAÑON: INTERVENCION EN CRISIS (Parte II)
En la pasada edición se decía que algunos padres, que habían perdido a sus hijos en el incendio de República Cromañón, comenzaron a consultar en dónde podían reunirse con sus pares que se hallaban inmersos en un profundo dolor similar. Poco a poco esos grupos se fueron formando y fue la realidad misma —sin forzamiento ninguno— la que empezó a dar cuenta de esa necesidad de juntarse. En el caso que venimos tratando, la psicóloga social Stella Maris Distasi recuerda que en lo personal le resultó más fácil acercarse a los jóvenes afectados pues, como madre de hijos adolescentes, hallaba allí un límite operativo que le dificultaba abordar tamaño sufrimiento.
Así, a partir del mes de abril de 2005 se formó un grupo de contención y de ayuda con chicos sobrevivientes quienes, en su mayoría, habían perdido además a un ser querido en la tragedia (vgr. hermano, primo, novio, amigo). Dicho colectivo funcionó hasta fines de año en el espacio cedido por el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio, sito en el barrio capitalino de Villa Urquiza. Las palabras fueron fluyendo semana tras semana, encuentro tras encuentro. Los jóvenes pudieron comunicarse no sólo entre sí sino también consigo mismos, para ir estructurando de tal modo un discurso que les permitió recuperar poco a poco el equilibrio psíquico y emocional dañado.
Durante los primeros tres meses, la intervención en crisis transcurrió en el Santuario levantado en el sitio del siniestro. Así como Enrique Pichon-Rivière era partidario de un psicoanálisis por fuera de los consultorios, en la situación puntual y concreta que aquí tratamos la Psicología Social operó en un principio directamente en la calle. Esto hizo la diferencia con otros gremios de profesionales que se acercaron a prestar su apoyo, no siendo bien recibidos por los adolescentes afectados. Recordemos que desde la misma noche de la catástrofe no volvieron más a sus hogares, ni a sus trabajos ni a los centros donde estudiaban. Simplemente se quedaron a vivir en el lugar.
Alejandro Simonetti fue un constante sostén y soporte ante la gravedad del trance que en esas circunstancias se estaba padeciendo. Propone él cuatro pasos para alcanzar la meta: a) escuchar y comprender a los damnificados; b) dejarlos descargarse, ya sea llorando y/o gritando; c) ayudarlos a hablar de lo acontecido; y d) cooperar para que puedan comenzar a pensar qué hacer. La idea fue ofrecer una atmósfera en la que el temor, la bronca, la pena y la culpa puedan expresarse libremente para bajar el monto de ansiedad. Que cada uno de los pibes profundamente heridos en sus mundos internos consiga salir del estado de shock, posibilitando un mínimo proyecto.
La reunión que se creó a través del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio fue coordinada en conjunto por Stella M. Distasi y Rosana Fernández, a partir de abril y hasta la finalización del año 2005. Fueron nueve meses de una ardua y compleja tarea, utilizándose la técnica de los grupos operativos que nos identifica a los psicólogos sociales. De a poco los pibes regresaron a sus respectivas casas con sus familias, fueron reinsertándose en lo laboral y en sus estudios, recuperando los proyectos y buscando alternativas de vida. Nos referimos a un mínimo plan existencial de futuro, siempre en el aciago marco que la penosa y difícil realidad les impuso.
Cuando de trabajo comunitario hablamos, el grupo tiende a promover la reinserción de los excluidos sociales. Y tal era la situación de los chicos de Cromañón, ya que —en una primera época— recibieron el destrato de la policía, de los servicios asistenciales, de las autoridades encargadas de los derechos humanos en la ciudad y de quienes no los querían ver acampando en la calle. La tarea colectiva sirvió para que ellos pudieran organizarse, con nuestra metodología psicosocial que fomenta el saber existente en los propios integrantes, siempre en función de un objetivo común, pese a la diversidad de sus respectivas historias y sin descuidar la singularidad de cada quien.
Estos adolescentes en crisis —que llegaron a autodenominarse Los pibes de las carpas de la vigilia del Santuario— necesitaban de un otro que los ampare; y esa fue una de las funciones que cumplieron las coordinadoras del grupo. Para eso fue imprescindible disociarse: mientras un costado de ellas sostenía el dolor para que los chicos pudieran desahogarse, verbalizar y hacer su catarsis; había otra parte que se mantenía alerta, discriminada, viendo qué es lo que ocurre para luego poder intervenir. Muchas veces fue pertinente realizar un holding (tal como hace una madre con su bebé) pues la mirada, el abrazo, la contención y la ternura devuelven la función estructurante.
Como venimos escribiendo desde hace más de tres lustros, apostamos a favor de la enorme tarea que realizan los operadores psicosociales como agentes de cambio. El trabajo de equipo que se desplegó en aquel tiempo fatal fue por demás impresionante. Stella M. Distasi nos facilitó una carta escrita por ella un mes después del siniestro. Allí dice que la presencia de tantas ausencias se le hace insoportable. ¿Dónde se ubica tanta muerte injusta? No se recicla. No pertenece al ciclo natural de la existencia. Y en homenaje a las víctimas, se pregunta: “nosotros, los que estamos vivos ¿qué estamos haciendo?” Es muy simple la respuesta: ¡UNA ACCION SOLIDARIA DESCOMUNAL!
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
martes, 27 de enero de 2015
martes, 13 de enero de 2015
125 - Tragedia de Cromañón: Intervención en Crisis
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 70 de febrero de 2015)
TRAGEDIA DE CROMAÑON: INTERVENCION EN CRISIS
A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos además de más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.
En una reunión inicial se evaluó de qué modo podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro por semana en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio a los fines de ir monitoreando los resultados de las acciones.
El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sentimientos desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.
Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón, curitas, pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los pibes recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; y era evidente por demás la gran necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención, y así comenzó a tejerse un vínculo entre todos.
Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Mientras, las operadoras psicosociales ya conseguían interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que de a poco se iban acercando.
Obviamente, se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La tarea de intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.
De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto Intercambio, pues ellas también precisaban del apoyo y soporte grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de sostén. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.
Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes del mismo dolor. Tiempo después fue surgiendo la idea de formar un grupo de contención y ayuda en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En una próxima entrega se dará cuenta de lo recorrido en ese nuevo ámbito, con un encuadre distinto y con la potencia que posee el trabajo grupal. Emergió así lo que denominamos la etapa del mínimo proyecto de futuro: ¡el durísimo aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos!
Nota: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino y Rosana Fernández, a quienes se les agradece su compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de Cromañón.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
TRAGEDIA DE CROMAÑON: INTERVENCION EN CRISIS
A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos además de más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.
En una reunión inicial se evaluó de qué modo podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro por semana en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio a los fines de ir monitoreando los resultados de las acciones.
El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sentimientos desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.
Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón, curitas, pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los pibes recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; y era evidente por demás la gran necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención, y así comenzó a tejerse un vínculo entre todos.
Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Mientras, las operadoras psicosociales ya conseguían interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que de a poco se iban acercando.
Obviamente, se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La tarea de intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.
De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto Intercambio, pues ellas también precisaban del apoyo y soporte grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de sostén. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.
Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes del mismo dolor. Tiempo después fue surgiendo la idea de formar un grupo de contención y ayuda en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En una próxima entrega se dará cuenta de lo recorrido en ese nuevo ámbito, con un encuadre distinto y con la potencia que posee el trabajo grupal. Emergió así lo que denominamos la etapa del mínimo proyecto de futuro: ¡el durísimo aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos!
Nota: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino y Rosana Fernández, a quienes se les agradece su compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de Cromañón.
RONALDO WRIGHT
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martes, 6 de enero de 2015
124 - Coordinando con Títeres en las Cárceles
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 69 de enero de 2015)
COORDINANDO CON TITERES EN LAS CARCELES
Uno de los premios ECRO otorgados en el curso del IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo el pasado mes de junio de 2014 en el Teatro Metropolitan de la Capital Federal, correspondió al trabajo realizado en la Unidad Penitenciaria Nº 42 de Florencio Varela (Buenos Aires). Allí se despliega, desde hace cuatro años, el taller Trabajamos Creando y Creyendo, a cargo de la coordinadora Claudia Calvi y su equipo. Toda vez que es este otro ámbito donde podemos operar los psicólogos sociales, seguidamente haremos una breve síntesis de esta labor que se enmarca dentro del claro propósito de propender a la salud social.
Para iniciar, cabe decir que unos veinte internos asisten a esta actividad colectiva, todos ellos privados de su libertad; siendo uno de los objetivos del taller el buscar y procurar la mayor capacidad expresiva posible, como también la máxima creatividad personal para luego volcarla al grupo. Lo social es una representación de lo psíquico individual y singular. Así, los psicólogos sociales prestamos atención a lo horizontal de la tarea a cumplir, en su cruce con lo vertical que vivencia cada uno de los miembros del grupo en su mundo interior. Cada cual está expuesto a los significantes que desplazan sobre él los demás integrantes del grupo.
Los encuentros semanales suelen empezar con un caldeamiento que incluye algunos ejercicios de respiración, movimientos corporales y todo aquello que sea útil para disminuir las ansiedades que traen de sus respectivos pabellones. Luego, sigue el momento de buscar las cajas con todos los materiales necesarios, que se guarda en la biblioteca de la cárcel. Se reúnen en círculo y nunca falta el mate, los bizcochitos y los cigarrillos, que se comparten entre los asistentes. Comienzan a hablar y a contar lo que tienen ganas en ese momento, en una especie de instancia previa al acceso a los títeres, que al principio son neutros y no tienen identidad.
Una vez armadas las marionetas se disponen a crear historias, muchas de ellas muy fuertes ya que abordan temas tales como la falta de contención, el maltrato infantil, la violencia adolescente, las drogas, la trata de personas, la muerte, etc. Todos ellos van aportando sus comentarios y, de tal modo, se enriquece la tarea del grupo. El guiñol y la máscara se consideran terapéuticamente como objetos intermediarios. Cada miembro habla por la boca figurada de su títere, que pasa a ocupar en la ficción el lugar del inconsciente. El mismo dispositivo de la técnica de los muñecos favorece la metáfora y así, pues, crece el pensamiento simbólico.
La metodología de este agrupamiento de reclusos es una constante improvisación. De a poco ellos logran crear un personaje y, así, comienzan a pintar a sus marionetas, a vestirlas, ponerles pelo, y así siguiendo. Cuando se inician los ensayos advierten que precisan una escenografía para ir conformando la obra. Van viendo que con sonido se puede mejorar la tarea y, entonces, completan el cuadro con la música que les resulta apropiada. Aparecen también las columnas de luces y el espacio físico se transforma en un gran taller de arte. Están felices, ríen y juegan entre sí, y todo ello los hace sentir contenidos; colaborando, aprendiendo y comunicándose.
La coordinación va evaluando los emergentes surgidos en cada etapa y se avanza paso a paso, tratando que el sujeto internalice las herramientas que le sirvan de sostén emocional y determinen su íntima necesidad de expresarse. Así, surgen temáticas más cercanas a la vida y menos tanáticas. Esta labor colectiva promueve la construcción de normas de convivencia a través del diálogo, de la discusión, del reconocimiento de las opiniones de los otros y del acuerdo. La actividad artística, en este caso, cuando toma en cuenta los intereses de cada cual se transforma en un medio para la construcción social primero y, por consecuencia, de la realización personal.
Recordemos que cuando el padre de la psicología social argentina ingresó a trabajar en el Hospicio de las Mercedes —hace ya más de setenta (70) años— se encontró con el problema de los internos abandonados. Muy rápido logró advertir la red de no ligamen de esos seres que sufrían de abandonismo y lo poco de tejido social que había en dicha entidad. De tal modo, pudo diagnosticar las grietas y las tramas vinculares por demás fracturadas. La dimensión psicosocial posibilita a los profesionales de esta ciencia a diseñar —en su condición de verdaderos agentes del cambio planificado— estrategias y operaciones que permitan la rearticulación de esas fisuras.
Claudia Calvi —titiritera y actriz— aclara que su proyecto se inscribe en el esfuerzo por alcanzar una instancia de intervención sostenida en instituciones de encierro y con población de alta vulnerabilidad, la cual se encuentra habitualmente olvidada por las políticas públicas convencionales. Su tarea, sin duda, tiende a mejorar la calidad de vida de los reclusos. Recalca que centra su acción bajo el eje de la vigencia y el cumplimiento de los Derechos Humanos, poniendo particular atención en la necesidad de compatibilizar el registro de la diferencia y el trato igualitario desde el punto de vista de las garantías, tanto de las personas como de los grupos.
Nota: Esta experiencia actualmente se ha extendido al Instituto de Menores de Lomas de Zamora, sito en Larroque y 12 de Octubre de Banfield (Buenos Aires).
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
COORDINANDO CON TITERES EN LAS CARCELES
Uno de los premios ECRO otorgados en el curso del IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo el pasado mes de junio de 2014 en el Teatro Metropolitan de la Capital Federal, correspondió al trabajo realizado en la Unidad Penitenciaria Nº 42 de Florencio Varela (Buenos Aires). Allí se despliega, desde hace cuatro años, el taller Trabajamos Creando y Creyendo, a cargo de la coordinadora Claudia Calvi y su equipo. Toda vez que es este otro ámbito donde podemos operar los psicólogos sociales, seguidamente haremos una breve síntesis de esta labor que se enmarca dentro del claro propósito de propender a la salud social.
Para iniciar, cabe decir que unos veinte internos asisten a esta actividad colectiva, todos ellos privados de su libertad; siendo uno de los objetivos del taller el buscar y procurar la mayor capacidad expresiva posible, como también la máxima creatividad personal para luego volcarla al grupo. Lo social es una representación de lo psíquico individual y singular. Así, los psicólogos sociales prestamos atención a lo horizontal de la tarea a cumplir, en su cruce con lo vertical que vivencia cada uno de los miembros del grupo en su mundo interior. Cada cual está expuesto a los significantes que desplazan sobre él los demás integrantes del grupo.
Los encuentros semanales suelen empezar con un caldeamiento que incluye algunos ejercicios de respiración, movimientos corporales y todo aquello que sea útil para disminuir las ansiedades que traen de sus respectivos pabellones. Luego, sigue el momento de buscar las cajas con todos los materiales necesarios, que se guarda en la biblioteca de la cárcel. Se reúnen en círculo y nunca falta el mate, los bizcochitos y los cigarrillos, que se comparten entre los asistentes. Comienzan a hablar y a contar lo que tienen ganas en ese momento, en una especie de instancia previa al acceso a los títeres, que al principio son neutros y no tienen identidad.
Una vez armadas las marionetas se disponen a crear historias, muchas de ellas muy fuertes ya que abordan temas tales como la falta de contención, el maltrato infantil, la violencia adolescente, las drogas, la trata de personas, la muerte, etc. Todos ellos van aportando sus comentarios y, de tal modo, se enriquece la tarea del grupo. El guiñol y la máscara se consideran terapéuticamente como objetos intermediarios. Cada miembro habla por la boca figurada de su títere, que pasa a ocupar en la ficción el lugar del inconsciente. El mismo dispositivo de la técnica de los muñecos favorece la metáfora y así, pues, crece el pensamiento simbólico.
La metodología de este agrupamiento de reclusos es una constante improvisación. De a poco ellos logran crear un personaje y, así, comienzan a pintar a sus marionetas, a vestirlas, ponerles pelo, y así siguiendo. Cuando se inician los ensayos advierten que precisan una escenografía para ir conformando la obra. Van viendo que con sonido se puede mejorar la tarea y, entonces, completan el cuadro con la música que les resulta apropiada. Aparecen también las columnas de luces y el espacio físico se transforma en un gran taller de arte. Están felices, ríen y juegan entre sí, y todo ello los hace sentir contenidos; colaborando, aprendiendo y comunicándose.
La coordinación va evaluando los emergentes surgidos en cada etapa y se avanza paso a paso, tratando que el sujeto internalice las herramientas que le sirvan de sostén emocional y determinen su íntima necesidad de expresarse. Así, surgen temáticas más cercanas a la vida y menos tanáticas. Esta labor colectiva promueve la construcción de normas de convivencia a través del diálogo, de la discusión, del reconocimiento de las opiniones de los otros y del acuerdo. La actividad artística, en este caso, cuando toma en cuenta los intereses de cada cual se transforma en un medio para la construcción social primero y, por consecuencia, de la realización personal.
Recordemos que cuando el padre de la psicología social argentina ingresó a trabajar en el Hospicio de las Mercedes —hace ya más de setenta (70) años— se encontró con el problema de los internos abandonados. Muy rápido logró advertir la red de no ligamen de esos seres que sufrían de abandonismo y lo poco de tejido social que había en dicha entidad. De tal modo, pudo diagnosticar las grietas y las tramas vinculares por demás fracturadas. La dimensión psicosocial posibilita a los profesionales de esta ciencia a diseñar —en su condición de verdaderos agentes del cambio planificado— estrategias y operaciones que permitan la rearticulación de esas fisuras.
Claudia Calvi —titiritera y actriz— aclara que su proyecto se inscribe en el esfuerzo por alcanzar una instancia de intervención sostenida en instituciones de encierro y con población de alta vulnerabilidad, la cual se encuentra habitualmente olvidada por las políticas públicas convencionales. Su tarea, sin duda, tiende a mejorar la calidad de vida de los reclusos. Recalca que centra su acción bajo el eje de la vigencia y el cumplimiento de los Derechos Humanos, poniendo particular atención en la necesidad de compatibilizar el registro de la diferencia y el trato igualitario desde el punto de vista de las garantías, tanto de las personas como de los grupos.
Nota: Esta experiencia actualmente se ha extendido al Instituto de Menores de Lomas de Zamora, sito en Larroque y 12 de Octubre de Banfield (Buenos Aires).
RONALDO WRIGHT
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lunes, 1 de diciembre de 2014
123 - Intervención Psicosocial en Grupos con Desocupados (Parte II)
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 68 de diciembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 30/1/2017)
INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS
(Parte II)
En la nota del pasado mes de noviembre hicimos referencia al libro de las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins: La desocupación: el sufrimiento humano y social (talleres de reflexión y aprendizaje con desocupados — 1996 a 2010). Allí ambas autoras se preguntan si la Psicología Social Argentina puede hacer algo con respecto a la temática del trabajo y del desempleo. Por supuesto, la respuesta es afirmativa toda vez que nuestra disciplina puede contribuir a mejorar —con un cambio de actitud y de aptitud— las condiciones de los sin trabajo en su búsqueda de empleo.
Los quince años de compartir con desempleados constituyen una muy rica experiencia grupal, que afortunadamente está plasmada en el libro citado. En los talleres se ponían en juego las nociones del sujeto social, la relevancia del contexto, el vínculo grupal, la interacción y la asignación de roles, la tarea y la pre-tarea, la adaptación activa a la realidad y la resistencia al cambio (con sus miedos básicos universales a la pérdida y al ataque), las fantasías conscientes y los fantasmas inconscientes, la comunicación y el aprendizaje, los grados de pertenencia y pertinencia, la cooperación, etc.
En nuestro lenguaje común, el significado de taller (del francés atelier) hace referencia al lugar donde se repara y/o se produce colectivamente. Las definiciones que brinda el diccionario de la Real Academia Española son: lugar en que se trabaja una obra de manos; escuela o seminario de ciencias o de artes; conjunto de colaboradores de un maestro. Un poco de todo esto fue desplegándose en los encuentros grupales, rotando los liderazgos a la vez que se enfatizaba la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos de todos y cada uno de los desocupados-miembros.
La Psicología Social entiende el aprendizaje y la reflexión grupal como un acercarse a aprehender la realidad, para transformarla y transformarnos. Cada reunión ayudaba a tomar y a asumir nuevas decisiones, siendo la mutua representación interna entre los miembros una base esencial en cada encuentro colectivo. Así, si bien la tarea principal consistía en la búsqueda de empleo, decimos que la participación en un grupo —nada menos que en nuestro grupo— logra ir aliviando la angustia y la presión (ya sea social como personal y familiar) generada por la situación concreta de la desocupación.
La transferencia positiva o negativa del grupo con el coordinador —y de los integrantes entre sí— compone lo que conocemos como clima grupal. De ahí la importancia de estar sentados en círculo o ronda, con el fin de facilitar la mirada y la escucha de cada uno de los asistentes. Un primer vínculo, un principio de sentirse pares, hacía que fuera surgiendo la pertenencia y la pertinencia en la tarea común. Iba emergiendo el interjuego entre la verticalidad de cada persona y la horizontalidad del grupo; logrando avanzar en la desestructuración de sus roles inscriptos estereotipados.
Los equipos de coordinación fueron mejorando con el transcurrir de los talleres. Se escuchaba lo dicho y en particular lo no dicho, eso que subyace detrás de las palabras expresadas. Siempre es relevante el lenguaje corporal e incluso los silencios, pues bien sabemos que en el silencio habla también la palabra negada. La mira estaba puesta en lo manifiesto y en lo latente, en lo explícito y en lo implícito, en lo consciente y en lo inconsciente. Se aprovechaba el surgimiento de los liderazgos para apoyarse en sus reflexiones, especialmente cuando surgían dilemas y contradicciones grupales.
Al finalizar cada encuentro la coordinación trabajaba los emergentes; es decir, eso concreto que sucedía en las reuniones para visibilizar los observables, para conversar sobre las intervenciones y los señalamientos efectuados. Y también para corregir lo que fuese necesario y así proyectar la siguiente convocatoria. Llamaron a esta instancia del proceso grupal como la cocina y fue una herramienta muy útil a los fines de revivir el grupo nuevamente. Como dicen las autoras del libro: todo esto se llevaba a cabo en un clima de enseñaje colectivo. Enseñando y aprendiendo al mismo tiempo.
De las crónicas tomadas en las primeras citas pueden señalarse algunos comentarios de sus miembros, que resultan muy ilustrativos del sentir que sufrían con motivo de hallarse sin empleo: tengo mucha angustia, trato de sostener mi interioridad; en las reuniones familiares siento ganas de irme, me da mucha vergüenza; toqué fondo y no sé cómo enfocarme, estoy cansado; quedé preso de agorafobia; un desocupado no es alguien que perdió su trabajo, sino alguien que perdió su proyecto de vida; somos una reserva de mano de obra barata; las empresas juegan con nuestra angustia; etc.
Muy diferente era lo que se pensaba, lo que se sentía y lo que se hacía al concluir cada taller de reflexión y aprendizaje. Algunos consiguieron un trabajo y otros se animaron a iniciar un emprendimiento individual, familiar o comunitario. Hubo también quienes descubrieron aptitudes que ellos mismos desconocían y, por supuesto, no faltaron las deserciones. Pero lo destacable es que, con la técnica de nuestros grupos psicosociales, las actitudes personales de los asistentes se fueron dinamizando. Sostenemos, pues, que lo grupal es un nosotros práctico; un nosotros de acción, tarea y operatividad.
RONALDO WRIGHT
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INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS
(Parte II)
En la nota del pasado mes de noviembre hicimos referencia al libro de las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins: La desocupación: el sufrimiento humano y social (talleres de reflexión y aprendizaje con desocupados — 1996 a 2010). Allí ambas autoras se preguntan si la Psicología Social Argentina puede hacer algo con respecto a la temática del trabajo y del desempleo. Por supuesto, la respuesta es afirmativa toda vez que nuestra disciplina puede contribuir a mejorar —con un cambio de actitud y de aptitud— las condiciones de los sin trabajo en su búsqueda de empleo.
Los quince años de compartir con desempleados constituyen una muy rica experiencia grupal, que afortunadamente está plasmada en el libro citado. En los talleres se ponían en juego las nociones del sujeto social, la relevancia del contexto, el vínculo grupal, la interacción y la asignación de roles, la tarea y la pre-tarea, la adaptación activa a la realidad y la resistencia al cambio (con sus miedos básicos universales a la pérdida y al ataque), las fantasías conscientes y los fantasmas inconscientes, la comunicación y el aprendizaje, los grados de pertenencia y pertinencia, la cooperación, etc.
En nuestro lenguaje común, el significado de taller (del francés atelier) hace referencia al lugar donde se repara y/o se produce colectivamente. Las definiciones que brinda el diccionario de la Real Academia Española son: lugar en que se trabaja una obra de manos; escuela o seminario de ciencias o de artes; conjunto de colaboradores de un maestro. Un poco de todo esto fue desplegándose en los encuentros grupales, rotando los liderazgos a la vez que se enfatizaba la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos de todos y cada uno de los desocupados-miembros.
La Psicología Social entiende el aprendizaje y la reflexión grupal como un acercarse a aprehender la realidad, para transformarla y transformarnos. Cada reunión ayudaba a tomar y a asumir nuevas decisiones, siendo la mutua representación interna entre los miembros una base esencial en cada encuentro colectivo. Así, si bien la tarea principal consistía en la búsqueda de empleo, decimos que la participación en un grupo —nada menos que en nuestro grupo— logra ir aliviando la angustia y la presión (ya sea social como personal y familiar) generada por la situación concreta de la desocupación.
La transferencia positiva o negativa del grupo con el coordinador —y de los integrantes entre sí— compone lo que conocemos como clima grupal. De ahí la importancia de estar sentados en círculo o ronda, con el fin de facilitar la mirada y la escucha de cada uno de los asistentes. Un primer vínculo, un principio de sentirse pares, hacía que fuera surgiendo la pertenencia y la pertinencia en la tarea común. Iba emergiendo el interjuego entre la verticalidad de cada persona y la horizontalidad del grupo; logrando avanzar en la desestructuración de sus roles inscriptos estereotipados.
Los equipos de coordinación fueron mejorando con el transcurrir de los talleres. Se escuchaba lo dicho y en particular lo no dicho, eso que subyace detrás de las palabras expresadas. Siempre es relevante el lenguaje corporal e incluso los silencios, pues bien sabemos que en el silencio habla también la palabra negada. La mira estaba puesta en lo manifiesto y en lo latente, en lo explícito y en lo implícito, en lo consciente y en lo inconsciente. Se aprovechaba el surgimiento de los liderazgos para apoyarse en sus reflexiones, especialmente cuando surgían dilemas y contradicciones grupales.
Al finalizar cada encuentro la coordinación trabajaba los emergentes; es decir, eso concreto que sucedía en las reuniones para visibilizar los observables, para conversar sobre las intervenciones y los señalamientos efectuados. Y también para corregir lo que fuese necesario y así proyectar la siguiente convocatoria. Llamaron a esta instancia del proceso grupal como la cocina y fue una herramienta muy útil a los fines de revivir el grupo nuevamente. Como dicen las autoras del libro: todo esto se llevaba a cabo en un clima de enseñaje colectivo. Enseñando y aprendiendo al mismo tiempo.
De las crónicas tomadas en las primeras citas pueden señalarse algunos comentarios de sus miembros, que resultan muy ilustrativos del sentir que sufrían con motivo de hallarse sin empleo: tengo mucha angustia, trato de sostener mi interioridad; en las reuniones familiares siento ganas de irme, me da mucha vergüenza; toqué fondo y no sé cómo enfocarme, estoy cansado; quedé preso de agorafobia; un desocupado no es alguien que perdió su trabajo, sino alguien que perdió su proyecto de vida; somos una reserva de mano de obra barata; las empresas juegan con nuestra angustia; etc.
Muy diferente era lo que se pensaba, lo que se sentía y lo que se hacía al concluir cada taller de reflexión y aprendizaje. Algunos consiguieron un trabajo y otros se animaron a iniciar un emprendimiento individual, familiar o comunitario. Hubo también quienes descubrieron aptitudes que ellos mismos desconocían y, por supuesto, no faltaron las deserciones. Pero lo destacable es que, con la técnica de nuestros grupos psicosociales, las actitudes personales de los asistentes se fueron dinamizando. Sostenemos, pues, que lo grupal es un nosotros práctico; un nosotros de acción, tarea y operatividad.
RONALDO WRIGHT
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sábado, 1 de noviembre de 2014
122 - Intervención Psicosocial en Grupos con Desocupados
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 67 de noviembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 28/1/2017)
INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS
Otro ámbito donde los psicólogos sociales podemos intervenir está vinculado a la problemática de la desocupación y el trabajo; espacio que también reclama nuestra presencia como verdaderos agentes de cambio capaces de modificar la realidad —y modificarnos a la vez— en la medida de nuestros saberes y posibilidades. Con la fuerza de lo grupal, la meta es ir dejando de lado toda mirada ingenua e inocente de nuestra cotidianeidad, intentando observar críticamente lo que verdaderamente nos circunda para así lograr pensar, sentir y obrar de un modo más ingenioso y fecundo.
Quienes mucho nos pueden ilustrar en esta materia son las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins pues, en el año 1996, fueron co partícipes de la creación del área Trabajo y Desocupación en la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (APSRA). Junto a otros colegas preocupados por la crisis laboral de aquel entonces, constituyeron un equipo que desarrolló programas con diversos dispositivos: talleres con desocupados y sub ocupados, encuentros con jóvenes en escuelas de esta ciudad capital, organización de seminarios, de jornadas y de congresos, entre otros.
Esa experiencia se encuentra plasmada en un libro de reciente aparición, que lleva por título La desocupación: el sufrimiento humano y social (Ediciones Nuevos Tiempos, abril de 2014). Ambas psicólogas sociales arriba mencionadas son sus autoras y el texto describe lo acontecido en los talleres de reflexión y aprendizaje entre 1996 y 2010 (quince años en total). Con la técnica de los grupos operativos pichonianos, se comenzó a trabajar con muchos de los desempleados que quedaron en la calle como consecuencia de las políticas neoliberales y expulsivas de los años noventa.
Así, cabe decir que nuestra Psicología Social puede hacer mucho con los trabajadores desocupados, sobre todo con aquellos que sufren una situación traumática producto de la vulneración de sus derechos. Los asistentes a los talleres logran transformar su posición personal y singular, ya que en los grupos van apareciendo tanto proyectos colectivos como de apoyo recíproco. La intervención en este proceso grupal centrado en la tarea es una actividad creadora en la que algo nuevo se produce cuando cada miembro consigue, en su vinculación con los otros, recuperar su protagonismo.
Hablamos de grupos centrados en la tarea, entendiendo a ésta no solamente como un trabajo a realizar por los integrantes sino con la significación que le diera Enrique Pichon-Rivière; es decir como uno de los momentos situacionales del acontecer grupal. Pues, en dichos talleres con desocupados siempre se enfatizó la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos necesarios a los efectos de salir del pozo, articulando los fundamentos conceptuales, las experiencias previas de cada uno y el propio accionar en la búsqueda de soluciones a los problemas que evidenciaban.
La tarea es la marcha del grupo hacia su objetivo, un hacerse y un hacer dialéctico hacia un fin, que es una praxis y una trayectoria. A la tarea explícita de poder reinsertarse en el mercado laboral, subyace una tarea implícita que apunta al mundo interno del desempleado, a la ruptura —a través del esclarecimiento personal y colectivo— de las pautas estereotipadas que significan un obstáculo frente a toda postura de progreso o transformación. En los talleres sus miembros recobran no solamente su estima individual, sino también el reconocimiento familiar y social.
Desde una óptica psicosocial, sostenemos la necesidad y la relevancia en lo que hace a la promoción de estos ámbitos de reflexión y de aprendizaje colectivo que ayudan a superar las peores actitudes negativas para la inserción laboral, como así también que potencian las posibilidades individuales y grupales. Es útil seguir subrayando la clara función de contención del conjunto hacia sus participantes quienes, poco a poco y encuentro tras encuentro, van adquiriendo ese progresivo sentimiento de seguridad y de mayor arrojo que suelen brindar los espacios colectivos gestados en comunión.
Vale recomendar la lectura del libro pues, si bien se focaliza en una experiencia concreta que gira en torno al desempleo y el trabajo, bien puede implementarse —con algunas variaciones técnicas— en otros campos de intervención psicosocial. El prólogo es del doctor Fernando Fabris, quien destaca una virtud dialéctica fundamental de la rica labor llevada a cabo por las autoras Manzanelli y Rubins (*), cual es la correcta y creativa articulación de teoría y práctica o, dicho de otra manera, la interrelación profunda entre lo singular concreto y el abordaje teórico-metodológico.
(*) Eugenia Manzanelli es Psicóloga Social y Técnica Superior en Coordinación Grupal, especializada en Análisis Institucional; y Elena Rubins es Psicóloga Social y Licenciada en Sociología.
RONALDO WRIGHT
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INTERVENCION PSICOSOCIAL EN GRUPOS CON DESOCUPADOS
Otro ámbito donde los psicólogos sociales podemos intervenir está vinculado a la problemática de la desocupación y el trabajo; espacio que también reclama nuestra presencia como verdaderos agentes de cambio capaces de modificar la realidad —y modificarnos a la vez— en la medida de nuestros saberes y posibilidades. Con la fuerza de lo grupal, la meta es ir dejando de lado toda mirada ingenua e inocente de nuestra cotidianeidad, intentando observar críticamente lo que verdaderamente nos circunda para así lograr pensar, sentir y obrar de un modo más ingenioso y fecundo.
Quienes mucho nos pueden ilustrar en esta materia son las psicólogas sociales Eugenia Manzanelli y Elena Rubins pues, en el año 1996, fueron co partícipes de la creación del área Trabajo y Desocupación en la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (APSRA). Junto a otros colegas preocupados por la crisis laboral de aquel entonces, constituyeron un equipo que desarrolló programas con diversos dispositivos: talleres con desocupados y sub ocupados, encuentros con jóvenes en escuelas de esta ciudad capital, organización de seminarios, de jornadas y de congresos, entre otros.
Esa experiencia se encuentra plasmada en un libro de reciente aparición, que lleva por título La desocupación: el sufrimiento humano y social (Ediciones Nuevos Tiempos, abril de 2014). Ambas psicólogas sociales arriba mencionadas son sus autoras y el texto describe lo acontecido en los talleres de reflexión y aprendizaje entre 1996 y 2010 (quince años en total). Con la técnica de los grupos operativos pichonianos, se comenzó a trabajar con muchos de los desempleados que quedaron en la calle como consecuencia de las políticas neoliberales y expulsivas de los años noventa.
Así, cabe decir que nuestra Psicología Social puede hacer mucho con los trabajadores desocupados, sobre todo con aquellos que sufren una situación traumática producto de la vulneración de sus derechos. Los asistentes a los talleres logran transformar su posición personal y singular, ya que en los grupos van apareciendo tanto proyectos colectivos como de apoyo recíproco. La intervención en este proceso grupal centrado en la tarea es una actividad creadora en la que algo nuevo se produce cuando cada miembro consigue, en su vinculación con los otros, recuperar su protagonismo.
Hablamos de grupos centrados en la tarea, entendiendo a ésta no solamente como un trabajo a realizar por los integrantes sino con la significación que le diera Enrique Pichon-Rivière; es decir como uno de los momentos situacionales del acontecer grupal. Pues, en dichos talleres con desocupados siempre se enfatizó la relación entre los saberes de referencia y los saberes prácticos necesarios a los efectos de salir del pozo, articulando los fundamentos conceptuales, las experiencias previas de cada uno y el propio accionar en la búsqueda de soluciones a los problemas que evidenciaban.
La tarea es la marcha del grupo hacia su objetivo, un hacerse y un hacer dialéctico hacia un fin, que es una praxis y una trayectoria. A la tarea explícita de poder reinsertarse en el mercado laboral, subyace una tarea implícita que apunta al mundo interno del desempleado, a la ruptura —a través del esclarecimiento personal y colectivo— de las pautas estereotipadas que significan un obstáculo frente a toda postura de progreso o transformación. En los talleres sus miembros recobran no solamente su estima individual, sino también el reconocimiento familiar y social.
Desde una óptica psicosocial, sostenemos la necesidad y la relevancia en lo que hace a la promoción de estos ámbitos de reflexión y de aprendizaje colectivo que ayudan a superar las peores actitudes negativas para la inserción laboral, como así también que potencian las posibilidades individuales y grupales. Es útil seguir subrayando la clara función de contención del conjunto hacia sus participantes quienes, poco a poco y encuentro tras encuentro, van adquiriendo ese progresivo sentimiento de seguridad y de mayor arrojo que suelen brindar los espacios colectivos gestados en comunión.
Vale recomendar la lectura del libro pues, si bien se focaliza en una experiencia concreta que gira en torno al desempleo y el trabajo, bien puede implementarse —con algunas variaciones técnicas— en otros campos de intervención psicosocial. El prólogo es del doctor Fernando Fabris, quien destaca una virtud dialéctica fundamental de la rica labor llevada a cabo por las autoras Manzanelli y Rubins (*), cual es la correcta y creativa articulación de teoría y práctica o, dicho de otra manera, la interrelación profunda entre lo singular concreto y el abordaje teórico-metodológico.
(*) Eugenia Manzanelli es Psicóloga Social y Técnica Superior en Coordinación Grupal, especializada en Análisis Institucional; y Elena Rubins es Psicóloga Social y Licenciada en Sociología.
RONALDO WRIGHT
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martes, 28 de octubre de 2014
121 - Drogas, Juventud y Salud Social
(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIII Nro. 65 correspondiente al bimestre noviembre - diciembre de 2014)
DROGAS, JUVENTUD Y SALUD SOCIAL
En la anterior edición de La Tecl@ Eñe cerramos nuestra nota (“Jóvenes trabajando por los jóvenes”) expresando que la drogadependencia no es tan sólo una cuestión de salud mental, sino esencialmente de salud social. Precisamente, hoy la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) se encuentra trabajando con un grupo de diputados, a los efectos de presentar un proyecto de ley que transparente —y haga legal— lo que ya existe a partir del fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
En esa causa judicial se dispuso que el consumo de estupefacientes en el ámbito privado —y sin ostentación a terceros— esté protegido por el art. 19 de nuestra Carta Magna. No se trata de alentar la ingesta de drogas ya que, si es adictiva, debe ser tratada, pero desde la salud y no de la mera penalización. Más allá del alboroto periodístico que se ha desatado en estos días —con diversidad de opiniones— destacamos la importancia que un proyecto de estas características sea debatido en el Congreso Nacional, en donde pueda analizarse en profundidad.
Máxime porque la mayoría de los involucrados son nuestros pibes y jóvenes, con sus vidas en riesgo. Así, también hay equipos estudiando el modo de establecer algún tipo de regulación referida a la publicidad que promueve la venta de medicamentos y alcohol. Además, hay que avanzar sobre el narcotráfico, pues allí está el gran problema y no en los adolescentes consumidores. No es cuestión de perseguir sólo a mulas y pequeños dealers. La idea central es que la población tome conciencia y poder lograr un cambio cultural profundo, que obviamente requiere tiempo y esfuerzo.
Siguiendo en esa línea de acción, la SEDRONAR acaba de presentar la Diplomatura de Operador Socioterapéutico, que se dictará en conjunto con la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Una primera etapa está orientada hacia los directores y el personal de las Casas Educativas Terapéuticas (CET) y de los Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CePLA). Sin embargo, se prevé que las próximas ediciones estén abiertas a todos los miembros de la comunidad, pues el fin es seguir preparando a profesionales para el abordaje y el tratamiento de los consumos problemáticos de sustancias.
Los graduados de esta diplomatura se hallarán capacitados para desempeñarse en las comunidades, en los barrios y en los grupos en situación de riesgo social y derechos vulnerados. Y también en las instituciones y en las organizaciones no gubernamentales que aborden esta difícil y compleja temática. Como venimos diciendo desde hace un tiempo atrás, se trata de trabajar allí donde están los pibes que nos necesitan como miembros de la sociedad. Tarea que hay que abordar desde los valores expresados en las cinco vocales, a saber: Apertura, Entrega, Idoneidad, Optimismo y Unidad.
Asimismo, el Area de Estrategias Preventivas en el Ambito Educativo de la SEDRONAR festejó el pasado mes de septiembre —junto a más de 400 jóvenes— el Día Nacional de la Juventud, haciendo talleres de reflexión y sensibilización sobre el consumo de drogas con chicos y chicas de más de treinta escuelas secundarias del Municipio de Morón. Cabe recordar que aquel día nació en memoria de la trágica Noche de los lápices, en la cual varios militantes y estudiantes que pedían por el boleto estudiantil fueron secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura cívico-militar.
Otra buena noticia en relación a nuestra juventud es que, en el marco del Programa Recuperar Inclusión, se inauguró hace pocos días la primera CET - Casa Educativa Terapéutica en la localidad santafecina de Granadero Baigorria. Estas casas brindan acogimiento y cobijo en procura de mitigar el consumo de drogas y alcohol, promoviendo acciones de restitución de los derechos a la vida, la salud, la enseñanza y el trabajo. Dicho abordaje se realiza por medio de cinco ejes fundamentales: la contención, la educación, la recreación, la terapia y la capacitación de agentes.
Las políticas públicas deben estar orientadas a instituir los recursos para la atención, prevención e inclusión de los chicos que atraviesan conflictos con los estupefacientes. De allí la construcción y el fortalecimiento de ciento cincuenta Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA) como espacios de contención en los que se realizan distintas actividades de formación, de concientización y de recreación. El ánimo es dar impulso a la creatividad y al pleno desarrollo tanto cultural como artístico y deportivo, en pos de un futuro mejor y menos exclusivo para nuestros pibes y adolescentes.
De lo que antecede se desprende el interés de incentivar la participación juvenil en la mayor cantidad de espacios comunitarios y, a partir de ahí, continuar pensando en comunión las diversas herramientas para emprender la cuestión de las drogas. La ingesta de sustancias nocivas es una problemática multicausal que atraviesa a toda la sociedad y que, por tanto, requiere del compromiso de todos. Desde la SEDRONAR se interpela a los jóvenes como potenciales agentes de prevención, entendiéndolos como actores claves y esenciales que también pueden comprender y ayudar a sus pares.
RONALDO WRIGHT
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DROGAS, JUVENTUD Y SALUD SOCIAL
En la anterior edición de La Tecl@ Eñe cerramos nuestra nota (“Jóvenes trabajando por los jóvenes”) expresando que la drogadependencia no es tan sólo una cuestión de salud mental, sino esencialmente de salud social. Precisamente, hoy la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) se encuentra trabajando con un grupo de diputados, a los efectos de presentar un proyecto de ley que transparente —y haga legal— lo que ya existe a partir del fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
En esa causa judicial se dispuso que el consumo de estupefacientes en el ámbito privado —y sin ostentación a terceros— esté protegido por el art. 19 de nuestra Carta Magna. No se trata de alentar la ingesta de drogas ya que, si es adictiva, debe ser tratada, pero desde la salud y no de la mera penalización. Más allá del alboroto periodístico que se ha desatado en estos días —con diversidad de opiniones— destacamos la importancia que un proyecto de estas características sea debatido en el Congreso Nacional, en donde pueda analizarse en profundidad.
Máxime porque la mayoría de los involucrados son nuestros pibes y jóvenes, con sus vidas en riesgo. Así, también hay equipos estudiando el modo de establecer algún tipo de regulación referida a la publicidad que promueve la venta de medicamentos y alcohol. Además, hay que avanzar sobre el narcotráfico, pues allí está el gran problema y no en los adolescentes consumidores. No es cuestión de perseguir sólo a mulas y pequeños dealers. La idea central es que la población tome conciencia y poder lograr un cambio cultural profundo, que obviamente requiere tiempo y esfuerzo.
Siguiendo en esa línea de acción, la SEDRONAR acaba de presentar la Diplomatura de Operador Socioterapéutico, que se dictará en conjunto con la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Una primera etapa está orientada hacia los directores y el personal de las Casas Educativas Terapéuticas (CET) y de los Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CePLA). Sin embargo, se prevé que las próximas ediciones estén abiertas a todos los miembros de la comunidad, pues el fin es seguir preparando a profesionales para el abordaje y el tratamiento de los consumos problemáticos de sustancias.
Los graduados de esta diplomatura se hallarán capacitados para desempeñarse en las comunidades, en los barrios y en los grupos en situación de riesgo social y derechos vulnerados. Y también en las instituciones y en las organizaciones no gubernamentales que aborden esta difícil y compleja temática. Como venimos diciendo desde hace un tiempo atrás, se trata de trabajar allí donde están los pibes que nos necesitan como miembros de la sociedad. Tarea que hay que abordar desde los valores expresados en las cinco vocales, a saber: Apertura, Entrega, Idoneidad, Optimismo y Unidad.
Asimismo, el Area de Estrategias Preventivas en el Ambito Educativo de la SEDRONAR festejó el pasado mes de septiembre —junto a más de 400 jóvenes— el Día Nacional de la Juventud, haciendo talleres de reflexión y sensibilización sobre el consumo de drogas con chicos y chicas de más de treinta escuelas secundarias del Municipio de Morón. Cabe recordar que aquel día nació en memoria de la trágica Noche de los lápices, en la cual varios militantes y estudiantes que pedían por el boleto estudiantil fueron secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura cívico-militar.
Otra buena noticia en relación a nuestra juventud es que, en el marco del Programa Recuperar Inclusión, se inauguró hace pocos días la primera CET - Casa Educativa Terapéutica en la localidad santafecina de Granadero Baigorria. Estas casas brindan acogimiento y cobijo en procura de mitigar el consumo de drogas y alcohol, promoviendo acciones de restitución de los derechos a la vida, la salud, la enseñanza y el trabajo. Dicho abordaje se realiza por medio de cinco ejes fundamentales: la contención, la educación, la recreación, la terapia y la capacitación de agentes.
Las políticas públicas deben estar orientadas a instituir los recursos para la atención, prevención e inclusión de los chicos que atraviesan conflictos con los estupefacientes. De allí la construcción y el fortalecimiento de ciento cincuenta Centros Preventivos Locales de Adicciones (CePLA) como espacios de contención en los que se realizan distintas actividades de formación, de concientización y de recreación. El ánimo es dar impulso a la creatividad y al pleno desarrollo tanto cultural como artístico y deportivo, en pos de un futuro mejor y menos exclusivo para nuestros pibes y adolescentes.
De lo que antecede se desprende el interés de incentivar la participación juvenil en la mayor cantidad de espacios comunitarios y, a partir de ahí, continuar pensando en comunión las diversas herramientas para emprender la cuestión de las drogas. La ingesta de sustancias nocivas es una problemática multicausal que atraviesa a toda la sociedad y que, por tanto, requiere del compromiso de todos. Desde la SEDRONAR se interpela a los jóvenes como potenciales agentes de prevención, entendiéndolos como actores claves y esenciales que también pueden comprender y ayudar a sus pares.
RONALDO WRIGHT
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lunes, 1 de septiembre de 2014
120 - Operando en un Centro de Jubilados
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 66 de octubre de 2014)
OPERANDO EN UN CENTRO DE JUBILADOS
Las psicólogas sociales Noelia Straface, Dina Silvero y Silvia Alvarito se encuentran actualmente trabajando en el centro de jubilados Amigos de la 18 de Julio, ubicado en el municipio bonaerense de Hurlingham. El pasado 21 de junio de 2014 presentaron su experiencia en el IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo en el teatro Metropolitan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y obtuvieron uno de los premios ECRO otorgados en dicho evento. Es este otro espacio en donde podemos intervenir los operadores psicosociales, por lo que a continuación haremos una síntesis de la labor desplegada con un claro objetivo: el propósito de mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, haciéndola artífice de sus propios cambios.
La intervención de toda actividad grupal centrada en la tarea es un proceso creador en que algo nuevo se produce cuando cada integrante del grupo puede, en el vínculo con los otros, recuperar su protagonismo. En el caso puntual que aquí se trata, la idea es fortalecer el presente de estos adultos mayores con proyectos nuevos, ocupando su cotidianeidad con diversos emprendimientos, abriendo un espacio y un tiempo para la mejor interacción y vinculación de los integrantes entre sí, proponiéndoles tareas recreativas y lúdicas, etc. Esta modalidad de trabajo propende al desarrollo personal y colectivo de los miembros, además de ser una invitación a convivir en un ambiente que facilita la intimidad y garantiza la privacidad del acontecer colectivo.
Una de las características de este grupo es que prácticamente no hay conflictos entre sus miembros, pues consideran que bastante ya tienen en sus vidas cotidianas: vgr: hijos que no los visitan, dificultades económicas, enfermedades y achaques en su salud, etc. Entienden que este es un ámbito que les pertenece y lo utilizan —como ellos mismos dicen— para la reflexión, la diversión y la contención. Así, tienen sus respectivos números de teléfonos y se mantienen siempre comunicados. Si alguno de los integrantes no está pasando un buen momento, recibe el cálido apoyo de sus compañeros no sólo durante las reuniones habidas en el centro de jubilados sino también durante la semana y por fuera de dicho encuadre prefijado.
Pichon-Rivière decía que la muerte está tan lejos como grande es la esperanza que construimos. Y precisamente estos abuelos se hallan en esa labor pues, encuentro tras encuentro, interactúan y se divierten con las distintas propuestas psicosociales que sus coordinadoras les ofrecen. Con varias técnicas psicodramáticas y propias de los grupos operativos participan —sentados en círculo— de los llamados habladeros en los cuales recuerdan los viejos tiempos, además de charlar sobre la actualidad que les toca vivir. Crean talleres literarios y obras de teatro espontáneo, cuentan cuentos, se disfrazan y bailan con total júbilo y desparpajo. Intercambian sus roles, realizan risoterapia y con técnicas de comunicación juegan al bingo musical o al teléfono descompuesto.
Si hoy en día la vejez está desvalorizada y nuestros ancianos son marginados, cabe aquí señalar que este espacio en el centro de jubilados va en una dirección bien distinta. Los integrantes del grupo logran desplegar su propio potencial a medida que las reuniones se suceden y, con una lógica de ensamblaje, todos se fortalecen mutuamente para así compartir la capacidad de afectarse desde sus respectivas vivencias. La operatividad psicosocial permite crear y experimentar modos nuevos de vincularse y de concebir lo comunitario. Esa energía común de la que hablamos no es otra que la de pensar, sentir y actuar de una forma renovada; generadora de disfrute, alegría y bienestar con su inevitable efecto multiplicador esparcido hacia todos los participantes.
Completando esta breve exposición, digamos que el texto ganador del mencionado premio ECRO alude también al concepto de vejez y su historia, esa última etapa de los seres vivos antes de producirse su deceso y que es una consecuencia del paso del tiempo. Nuestra cultura suele eludir –e incluso negar- el tema del fallecimiento, de la finitud; cuando es conocido el dicho que expresa: “padres que no le tienen miedo a la muerte forman hijos que no le temen a la vida”. Alfredo Moffatt, en tono de humor, considera que los humanos pertenecemos a la tribu de los Uterumbas, pues nuestro destino no es otro que ir del útero a la tumba. De allí la importancia de abordar nuestro envejecimiento con una mirada desde y hacia la salud.
Así sucede en este espacio social, pues todos los integrantes —incluyendo a las tres coordinadoras— apuestan a la vida y se ven impulsados a una mayor espontaneidad y flexibilidad, vinculándose de un modo más estrecho con sus emociones y sentimientos. Cada reunión es una invitación a la horizontalidad colectiva, para arribar a un contacto de persona a persona más intenso y más real. Se propaga la capacidad de expresión, de escucha, de intimidad y de relacionarse con los otros. Los psicólogos sociales fuimos formados trabajando en grupos y sabemos muy bien lo que significa esperar con ansias la próxima reunión, como así también llevarnos adentro nuestro la felicidad grupal al finalizar cada encuentro. ¡Eso es lo que sienten estos adultos mayores!
RONALDO WRIGHT
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OPERANDO EN UN CENTRO DE JUBILADOS
Las psicólogas sociales Noelia Straface, Dina Silvero y Silvia Alvarito se encuentran actualmente trabajando en el centro de jubilados Amigos de la 18 de Julio, ubicado en el municipio bonaerense de Hurlingham. El pasado 21 de junio de 2014 presentaron su experiencia en el IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo en el teatro Metropolitan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y obtuvieron uno de los premios ECRO otorgados en dicho evento. Es este otro espacio en donde podemos intervenir los operadores psicosociales, por lo que a continuación haremos una síntesis de la labor desplegada con un claro objetivo: el propósito de mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, haciéndola artífice de sus propios cambios.
La intervención de toda actividad grupal centrada en la tarea es un proceso creador en que algo nuevo se produce cuando cada integrante del grupo puede, en el vínculo con los otros, recuperar su protagonismo. En el caso puntual que aquí se trata, la idea es fortalecer el presente de estos adultos mayores con proyectos nuevos, ocupando su cotidianeidad con diversos emprendimientos, abriendo un espacio y un tiempo para la mejor interacción y vinculación de los integrantes entre sí, proponiéndoles tareas recreativas y lúdicas, etc. Esta modalidad de trabajo propende al desarrollo personal y colectivo de los miembros, además de ser una invitación a convivir en un ambiente que facilita la intimidad y garantiza la privacidad del acontecer colectivo.
Una de las características de este grupo es que prácticamente no hay conflictos entre sus miembros, pues consideran que bastante ya tienen en sus vidas cotidianas: vgr: hijos que no los visitan, dificultades económicas, enfermedades y achaques en su salud, etc. Entienden que este es un ámbito que les pertenece y lo utilizan —como ellos mismos dicen— para la reflexión, la diversión y la contención. Así, tienen sus respectivos números de teléfonos y se mantienen siempre comunicados. Si alguno de los integrantes no está pasando un buen momento, recibe el cálido apoyo de sus compañeros no sólo durante las reuniones habidas en el centro de jubilados sino también durante la semana y por fuera de dicho encuadre prefijado.
Pichon-Rivière decía que la muerte está tan lejos como grande es la esperanza que construimos. Y precisamente estos abuelos se hallan en esa labor pues, encuentro tras encuentro, interactúan y se divierten con las distintas propuestas psicosociales que sus coordinadoras les ofrecen. Con varias técnicas psicodramáticas y propias de los grupos operativos participan —sentados en círculo— de los llamados habladeros en los cuales recuerdan los viejos tiempos, además de charlar sobre la actualidad que les toca vivir. Crean talleres literarios y obras de teatro espontáneo, cuentan cuentos, se disfrazan y bailan con total júbilo y desparpajo. Intercambian sus roles, realizan risoterapia y con técnicas de comunicación juegan al bingo musical o al teléfono descompuesto.
Si hoy en día la vejez está desvalorizada y nuestros ancianos son marginados, cabe aquí señalar que este espacio en el centro de jubilados va en una dirección bien distinta. Los integrantes del grupo logran desplegar su propio potencial a medida que las reuniones se suceden y, con una lógica de ensamblaje, todos se fortalecen mutuamente para así compartir la capacidad de afectarse desde sus respectivas vivencias. La operatividad psicosocial permite crear y experimentar modos nuevos de vincularse y de concebir lo comunitario. Esa energía común de la que hablamos no es otra que la de pensar, sentir y actuar de una forma renovada; generadora de disfrute, alegría y bienestar con su inevitable efecto multiplicador esparcido hacia todos los participantes.
Completando esta breve exposición, digamos que el texto ganador del mencionado premio ECRO alude también al concepto de vejez y su historia, esa última etapa de los seres vivos antes de producirse su deceso y que es una consecuencia del paso del tiempo. Nuestra cultura suele eludir –e incluso negar- el tema del fallecimiento, de la finitud; cuando es conocido el dicho que expresa: “padres que no le tienen miedo a la muerte forman hijos que no le temen a la vida”. Alfredo Moffatt, en tono de humor, considera que los humanos pertenecemos a la tribu de los Uterumbas, pues nuestro destino no es otro que ir del útero a la tumba. De allí la importancia de abordar nuestro envejecimiento con una mirada desde y hacia la salud.
Así sucede en este espacio social, pues todos los integrantes —incluyendo a las tres coordinadoras— apuestan a la vida y se ven impulsados a una mayor espontaneidad y flexibilidad, vinculándose de un modo más estrecho con sus emociones y sentimientos. Cada reunión es una invitación a la horizontalidad colectiva, para arribar a un contacto de persona a persona más intenso y más real. Se propaga la capacidad de expresión, de escucha, de intimidad y de relacionarse con los otros. Los psicólogos sociales fuimos formados trabajando en grupos y sabemos muy bien lo que significa esperar con ansias la próxima reunión, como así también llevarnos adentro nuestro la felicidad grupal al finalizar cada encuentro. ¡Eso es lo que sienten estos adultos mayores!
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