(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIV Nro. 67 correspondiente al trimestre junio - julio - agosto de 2015)
PAYASOS DE HOSPITAL PARA NUESTROS NIÑOS
A mediados de mayo de 2015, el Senado de la provincia de Buenos Aires convirtió en ley el proyecto que incorpora al sistema de salud la labor del payaso de hospital. Se entiende por payaso hospitalario aquella persona especialista en el arte de clown que —de acuerdo a lo que reglamente la autoridad de aplicación— reúna las condiciones y requisitos para el desarrollo de su tarea en los nosocomios públicos bonaerenses, sean provinciales o municipales. Cada servicio de terapia pediátrica debe contar a partir de ahora con una unidad de estos expertos de la risa y el humor.
Esta integración al sistema de salud provincial —como medicina complementaria— fue una idea del legislador Rubén Darío Golía, quien entiende que es claro que la risa es buena para la sanidad psico física. Al reímos el cerebro emite la información útil para activar la secreción de encefalinas, siendo las endorfinas algo así como moléculas de la felicidad que nos permiten resurgir de las crisis personales. Entonces, los payasos de hospital llevan alegría y amor no sólo a los chicos que sufren algún dolor o tristeza, sino también a sus familiares, al personal médico y al no médico.
La realidad de los sanatorios es compleja y posee un alto grado de dolor. Por ello, se pretende utilizar la alegría y el juego como elementos de cambio; y garantizar ese paliativo para superar el trauma que implica una internación para los chicos y para su entorno familiar. El plan es que los pibes enfermos puedan recuperar la sonrisa y así liberar sus sentimientos, más allá del contexto y de la coyuntura. Cabe apuntar que quienes se desempeñan como payasos de hospital no tienen necesariamente que ser médicos, estando abierta la actividad a todo el que esté interesado.
La psicóloga social Stella M. Distasi, desde el departamento de prensa de Payamédicos Asociación Civil, nos indica que ellos son una organización no gubernamental sin fines de lucro, fundada en el 2002 por el Dr. José Pellucchi. Su misión es contribuir a la salud emocional del paciente hospitalizado —de todas las edades— con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral y operando de modo escénico terapéutico, adaptado al ámbito sanitario con una ética, estética y deontología propia. La mira es que la fantasía sea parte de la vida del nosocomio y desdramatizar la hospitalización.
Otro objetivo es acompañar siempre, ofreciendo momentos de distracción que lleven a recuperar el aspecto sano de los internados. Y si ellos están en situación de moverse o deambular, se incentiva esa posibilidad para facilitar el paso a la actividad desarmando las rigideces regresivas. Cada actuación de los payamédicos es única; no está pautada ni programada. La imaginación y la improvisación son las que rigen. No se trata sólo de hacer reír, sino de crear salud desde la salud. Se liberan endorfinas y las hormonas coadyuvan a que las penas y dolores se vayan curando o aliviando.
Digamos que la respuesta es de agradecimiento, sea desde la mirada o la palabra. En tal sentido, reconforta saber que la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha declarado —en el 2013— de interés sanitario y social a esta labor que llevan a cabo los payasos de hospital. Y lo propio hizo el año pasado el Senado de la Nación; ello en total consonancia con la corriente mundial denominada de humanización hospitalaria, que persigue la idea de que los pacientes sean abordados desde un enfoque integral, evitando las etiquetas o divisiones médicas entre sanos y enfermos.
Seguimos destacando la importancia de las políticas públicas en defensa de los chicos y jóvenes. Tal es el caso de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que, en su art. 14, les garantiza el acceso a los servicios de salud y a los programas de asistencia, rehabilitación e integración. Y el art. 20 hace referencia al derecho al juego recreativo de nuestros pibes. Pues, entonces, ambas normas quedan ampliamente satisfechas al incluirse la tarea de los payasos de hospital en las unidades de terapia pediátrica de los hospitales bonaerenses.
No hay ninguna duda que la labor de estos verdaderos especialistas en el arte clown es fundamental para lograr los objetivos de la risoterapia; y más cuando la mencionada medicina complementaria está dirigida a los niños enfermos. Es nuestro firme deseo que esta iniciativa legal de la provincia de Buenos Aires se amplíe y logre convertirse pronto en una necesidad a nivel nacional. Que todos los nosocomios del país puedan contar con profesionales de la risa, del humor y del amor que sigan ayudando a sanar a los chicos hospitalizados. ¡Por el bien de ellos y de todos!
RONALDO WRIGHT
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martes, 16 de junio de 2015
jueves, 4 de junio de 2015
133 - Pichon-Rivière Latinoamericano (Parte II)
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 75 de julio de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/8/2015)
PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO (Parte II)
Estar en la tierra, realizando una tarea concreta, esa es mi vida,
una praxis permanente y en movimiento de espiral. Pichon-Rivière.
En el prólogo del libro “PICHON-RIVIÈRE como autor latinoamericano”, Fernando Fabris nos dice que en el año 2011 se realizó un seminario con esa denominación, en el que participaron destacadas figuras de la psicología social, la psiquiatría, el psicoanálisis, la sociología, la psicología, el arte y el pensamiento en general. La intervención de cada panelista derivó en la aparición de este compendio publicado por Lugar Editorial, cuya lectura recomendamos ampliamente. El objetivo es descubrir lo latinoamericano en el creador de la Psicología Social Argentina y, por qué no, también en los lectores, para erigirnos en agentes multiplicadores de lo nuestro.
Hasta hace poco una visión europeísta impregnaba nuestras ideas, descalificando lo que provenía de las propias raíces. Un pensar desde América Latina propicia construir una nueva óptica, tal como lo hizo Pichon-Rivière desde su obra y su práctica. Sostuvo una actividad profesional heterogénea a partir del método dialéctico, que encuentra en cada fenómeno los polos opuestos que suscitan las contradicciones propias de todo lo humano. Es la tendencia a buscar la verdad, aunque sabemos que lo verdadero va variando según las épocas y los tiempos. El implacable interjuego del sujeto y el mundo supone su consecuente mutación vincular y social.
Pichon-Rivière y su pensamiento son hijos de una época, de un tiempo de esperanza y transformación; con una mirada optimista sobre el individuo, la vida y la comunidad. Pero hoy el actor social ha cambiado, siendo necesario pensar un proyecto diferente para hacer un nuevo aprendizaje psicosocial. En años de globalización y de capitalismo salvaje, podemos advertir un giro hacia latinoamérica. Abrevando en muchas de las ideas del maestro, procuremos ir más allá a condición de servirnos de su esquema conceptual referencial y operativo. Para funcionar en los barrios, vinculándonos con los vecinos, fundamentados en la inserción y lo inclusivo.
Ya en el año 1955 dictó una conferencia donde habló de la indispensable relación que debía existir entre psicoanálisis y sociología. Nos dejó el legado del ECRO y el enseñaje como proceso participativo, dialéctico, autónomo, integral, significativo y creativo. Su noción de sujeto histórico, a la vez productor y producido, posibilita la visualización y comprensión de su dimensión social. Sus ideas son un faro, una referencia para que alcancemos un estadio superador, ya que colectivizan conciencia y apuntan a una clara liberación de las condiciones concretas cotidianas de existencia. Deconstruyen lo homogéneo, dando lugar a la aparición de lo instituyente.
Testigos de la herencia de su obra son los institutos pichonianos existentes en Brasilia, San Pablo, Porto Alegre, Bahía, Montevideo; la carrera de Psicología con orientación psicosocial en la FUNLAM Fundación Universitaria Luis Amigó de Colombia (con sus sedes de Bogotá, Medellín y Montería), además de las muchas escuelas de Psicología Social en las distintas provincias argentinas. Recordemos que en 1957 Pichon-Rivière fue nombrado miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Brasil, donde funda y comienza a trabajar con los primeros grupos operativos, invitándonos a bucear en el carozo del ser que habita en la zona oscura de los miedos.
El dispositivo de los grupos operativos enriqueció la producción intelectual argentina y de América Latina, pues ellos son un instrumento de relevancia para la construcción de fuertes lazos de vincularidad que se plasman luego en verdaderas redes de contención. En los mismos el sujeto —individual y colectivo— rompe la estereotipia y la clausura, avanza en la práctica de una epistemología convergente, puede dar plasticidad a los marcos conceptuales y eliminar la acriticidad de su mirada. Pichon recorrió el espinel del alma humana y fue un pionero del razonamiento complejo, logrando construir una disciplina científica sin perder la sensibilidad del artesano.
Esa técnica del grupo operativo se caracteriza por estar centrada en una tarea, que se desarrolla mediante el abordaje y resolución de los miedos básicos —a la pérdida y al ataque— en un trabajo asociado de esclarecimiento colectivo. Lo trascendental de la propuesta pichoniana es que las diferencias entre los participantes no son lamentadas, sino festejadas, en la medida en que dicha circulación de lo distinto va beneficiando a quienes participan de semejante experiencia. Seguimos proclamando que aquellos que transiten y atraviesen esta manera de compartir, arribarán a un destino que jamás se imaginaron al comienzo del proceso plural compartido.
RONALDO WRIGHT
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PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO (Parte II)
Estar en la tierra, realizando una tarea concreta, esa es mi vida,
una praxis permanente y en movimiento de espiral. Pichon-Rivière.
En el prólogo del libro “PICHON-RIVIÈRE como autor latinoamericano”, Fernando Fabris nos dice que en el año 2011 se realizó un seminario con esa denominación, en el que participaron destacadas figuras de la psicología social, la psiquiatría, el psicoanálisis, la sociología, la psicología, el arte y el pensamiento en general. La intervención de cada panelista derivó en la aparición de este compendio publicado por Lugar Editorial, cuya lectura recomendamos ampliamente. El objetivo es descubrir lo latinoamericano en el creador de la Psicología Social Argentina y, por qué no, también en los lectores, para erigirnos en agentes multiplicadores de lo nuestro.
Hasta hace poco una visión europeísta impregnaba nuestras ideas, descalificando lo que provenía de las propias raíces. Un pensar desde América Latina propicia construir una nueva óptica, tal como lo hizo Pichon-Rivière desde su obra y su práctica. Sostuvo una actividad profesional heterogénea a partir del método dialéctico, que encuentra en cada fenómeno los polos opuestos que suscitan las contradicciones propias de todo lo humano. Es la tendencia a buscar la verdad, aunque sabemos que lo verdadero va variando según las épocas y los tiempos. El implacable interjuego del sujeto y el mundo supone su consecuente mutación vincular y social.
Pichon-Rivière y su pensamiento son hijos de una época, de un tiempo de esperanza y transformación; con una mirada optimista sobre el individuo, la vida y la comunidad. Pero hoy el actor social ha cambiado, siendo necesario pensar un proyecto diferente para hacer un nuevo aprendizaje psicosocial. En años de globalización y de capitalismo salvaje, podemos advertir un giro hacia latinoamérica. Abrevando en muchas de las ideas del maestro, procuremos ir más allá a condición de servirnos de su esquema conceptual referencial y operativo. Para funcionar en los barrios, vinculándonos con los vecinos, fundamentados en la inserción y lo inclusivo.
Ya en el año 1955 dictó una conferencia donde habló de la indispensable relación que debía existir entre psicoanálisis y sociología. Nos dejó el legado del ECRO y el enseñaje como proceso participativo, dialéctico, autónomo, integral, significativo y creativo. Su noción de sujeto histórico, a la vez productor y producido, posibilita la visualización y comprensión de su dimensión social. Sus ideas son un faro, una referencia para que alcancemos un estadio superador, ya que colectivizan conciencia y apuntan a una clara liberación de las condiciones concretas cotidianas de existencia. Deconstruyen lo homogéneo, dando lugar a la aparición de lo instituyente.
Testigos de la herencia de su obra son los institutos pichonianos existentes en Brasilia, San Pablo, Porto Alegre, Bahía, Montevideo; la carrera de Psicología con orientación psicosocial en la FUNLAM Fundación Universitaria Luis Amigó de Colombia (con sus sedes de Bogotá, Medellín y Montería), además de las muchas escuelas de Psicología Social en las distintas provincias argentinas. Recordemos que en 1957 Pichon-Rivière fue nombrado miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Brasil, donde funda y comienza a trabajar con los primeros grupos operativos, invitándonos a bucear en el carozo del ser que habita en la zona oscura de los miedos.
El dispositivo de los grupos operativos enriqueció la producción intelectual argentina y de América Latina, pues ellos son un instrumento de relevancia para la construcción de fuertes lazos de vincularidad que se plasman luego en verdaderas redes de contención. En los mismos el sujeto —individual y colectivo— rompe la estereotipia y la clausura, avanza en la práctica de una epistemología convergente, puede dar plasticidad a los marcos conceptuales y eliminar la acriticidad de su mirada. Pichon recorrió el espinel del alma humana y fue un pionero del razonamiento complejo, logrando construir una disciplina científica sin perder la sensibilidad del artesano.
Esa técnica del grupo operativo se caracteriza por estar centrada en una tarea, que se desarrolla mediante el abordaje y resolución de los miedos básicos —a la pérdida y al ataque— en un trabajo asociado de esclarecimiento colectivo. Lo trascendental de la propuesta pichoniana es que las diferencias entre los participantes no son lamentadas, sino festejadas, en la medida en que dicha circulación de lo distinto va beneficiando a quienes participan de semejante experiencia. Seguimos proclamando que aquellos que transiten y atraviesen esta manera de compartir, arribarán a un destino que jamás se imaginaron al comienzo del proceso plural compartido.
RONALDO WRIGHT
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jueves, 7 de mayo de 2015
132 - Pichon-Rivière Latinoamericano
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 74 de junio de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/7/2015)
PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO
El libro “Pichon-Rivière como autor latinoamericano”, de Lugar Editorial, se encuentra en las librerías desde fines del año pasado. Fernando A. Fabris es el compilador de veinticinco (25) textos que analizan las relaciones concretas entre la obra del creador de la Psicología Social Argentina y la producción intelectual existente en América Latina. Entre sus autores se encuentran algunas de las figuras más relevantes de la salud psíquica y de la cultura de nuestra región. Aquí intentaremos recorrer algo de la historia de vida de este verdadero operador bisagra, a quien le cabe dicha metáfora toda vez que siempre combatió la estereotipia de un pensamiento único, desde un punto de vista dialéctico y uniendo fuentes diversas.
Pichon-Rivière no vivía pendiente de los discursos ajenos, aunque solía estar abierto a aquello que aportara a conceptualizar su praxis, abordada desde lo multidisciplinario y transcultural. Esa práctica —que devenía experiencia— no nació de la mano del poder central ni de los ejes dominantes, sino que tenía toda la potencia de los colectivos que habitan los bordes, lo disruptivo, lo que cuestiona lo instituido, pero sin perder nunca el núcleo de lo singular. Opuso firme resistencia a los colonizadores mentales, para así sugerirnos una teoría propositiva de la libertad y autonomía del individuo, recurriendo constantemente a la creatividad y considerando al arte como la herramienta que habilita el pasaje de lo siniestro a lo maravilloso.
Según el diccionario de psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco y Michel Plon, Pichon es considerado el más grande analista argentino y uno de los principales pioneros en la historia de la psicología latinoamericana y del mundo. Se lo destaca por explicitar la hermandad entre terapias y artes, por el pasaje de las terapéuticas individuales a las grupales, por el tránsito de la terapia a la prevención y a la salud pública mental, por su integración transdisciplinaria concreta y por asociar la cogestión educador – educando en que todos somos ambos polos oscilantemente. De allí proviene su concepción del enseñaje, en el que el enseñar y el aprender están dialécticamente relacionados y funcionan como una alternancia de opuestos.
En su juventud Enrique Pichon-Rivière se interesó tanto por la medicina como por la política y la poesía. Inclinado a la psiquiatría dinámica y al psicoanálisis, se orientó hacia distintos modos de práctica grupal a partir de la creación de sus llamados grupos operativos. La tarea de los mismos era responder a las dos angustias fundamentales de la vida personal, social e institucional: los miedos básicos a la pérdida y al ataque. Por su enseñanza oral (conferencias, seminarios, cursos, clases magistrales) —más que por sus textos y escritos— ejerció un extraordinario poder de fascinación sobre sus alumnos, discípulos y contemporáneos. Son muchísimas las anécdotas que se cuentan de él; de las más entretenidas y pintorescas.
Dicen que era alucinante, fantástico; una especie de maestro zen que te cortaba al medio y luego te cosía; recién ahí su interlocutor advertía que había estado torcido toda su existencia. Algo así como: “por fin encontré el sentido de mi vida… ¡era para el otro lado!” Fue una especie de paradigma del freudismo de estas latitudes, pues pudo elaborar una enseñanza muy poco ortodoxa y entretejida por las más variadas y múltiples influencias. Pichon-Rivière fue el inventor de una tradición; ello como efecto de una red discursiva y de dispositivos técnicos, ya que siempre cumplió una función-autor en relación a la circulación de sus argumentos. Permanentemente postuló una articulación de conocimientos y saberes colectivos.
Su técnica de los grupos operativos crea las condiciones para que emerja en ellos ese discernir de impronta latinoamericana que fue devastado de manera sistemática por el epistemicidio colonial que bien conocemos. Dicha grupalidad recoge la tradición de las reuniones alrededor del fogón, en las cuales reinaban los relatos, los comentarios, las anécdotas y sobre todo los recuerdos. Se produce ese viraje que va del individuo al grupo, de lo intrapsíquico a lo interpersonal del vínculo, del psicoanálisis a la psicología social en una síntesis crítica y creativa. Y así pasar desde una didáctica de emergentes para el aprendizaje de pequeños colectivos hacia una política de emergentes para el mayúsculo cambio social planificado entre todos.
Para finalizar, aclaremos que Pichon sugería trabajar con el mayor recurso de nuestro continente, y tal vez el único confiable: los vínculos humanos, explorando todas las incorporaciones posibles en el campo de la reflexión y de la praxis. Creyó que la única adecuación válida es la adaptación activa a la realidad, porque la otra —la aceptación acrítica de normas y de valores— es sencillamente sometimiento. Nunca le interesó formar excelsos observadores de la cotidianeidad, sino profesionales capaces de ir en procura de la transformación de lo real. De allí que nuestra disciplina y profesión, la Psicología Social Argentina y Latinoamericana, no sea simplemente un cuerpo teórico cerrado y definitivo. La seguimos en la próxima entrega.
RONALDO WRIGHT
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PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO
El libro “Pichon-Rivière como autor latinoamericano”, de Lugar Editorial, se encuentra en las librerías desde fines del año pasado. Fernando A. Fabris es el compilador de veinticinco (25) textos que analizan las relaciones concretas entre la obra del creador de la Psicología Social Argentina y la producción intelectual existente en América Latina. Entre sus autores se encuentran algunas de las figuras más relevantes de la salud psíquica y de la cultura de nuestra región. Aquí intentaremos recorrer algo de la historia de vida de este verdadero operador bisagra, a quien le cabe dicha metáfora toda vez que siempre combatió la estereotipia de un pensamiento único, desde un punto de vista dialéctico y uniendo fuentes diversas.
Pichon-Rivière no vivía pendiente de los discursos ajenos, aunque solía estar abierto a aquello que aportara a conceptualizar su praxis, abordada desde lo multidisciplinario y transcultural. Esa práctica —que devenía experiencia— no nació de la mano del poder central ni de los ejes dominantes, sino que tenía toda la potencia de los colectivos que habitan los bordes, lo disruptivo, lo que cuestiona lo instituido, pero sin perder nunca el núcleo de lo singular. Opuso firme resistencia a los colonizadores mentales, para así sugerirnos una teoría propositiva de la libertad y autonomía del individuo, recurriendo constantemente a la creatividad y considerando al arte como la herramienta que habilita el pasaje de lo siniestro a lo maravilloso.
Según el diccionario de psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco y Michel Plon, Pichon es considerado el más grande analista argentino y uno de los principales pioneros en la historia de la psicología latinoamericana y del mundo. Se lo destaca por explicitar la hermandad entre terapias y artes, por el pasaje de las terapéuticas individuales a las grupales, por el tránsito de la terapia a la prevención y a la salud pública mental, por su integración transdisciplinaria concreta y por asociar la cogestión educador – educando en que todos somos ambos polos oscilantemente. De allí proviene su concepción del enseñaje, en el que el enseñar y el aprender están dialécticamente relacionados y funcionan como una alternancia de opuestos.
En su juventud Enrique Pichon-Rivière se interesó tanto por la medicina como por la política y la poesía. Inclinado a la psiquiatría dinámica y al psicoanálisis, se orientó hacia distintos modos de práctica grupal a partir de la creación de sus llamados grupos operativos. La tarea de los mismos era responder a las dos angustias fundamentales de la vida personal, social e institucional: los miedos básicos a la pérdida y al ataque. Por su enseñanza oral (conferencias, seminarios, cursos, clases magistrales) —más que por sus textos y escritos— ejerció un extraordinario poder de fascinación sobre sus alumnos, discípulos y contemporáneos. Son muchísimas las anécdotas que se cuentan de él; de las más entretenidas y pintorescas.
Dicen que era alucinante, fantástico; una especie de maestro zen que te cortaba al medio y luego te cosía; recién ahí su interlocutor advertía que había estado torcido toda su existencia. Algo así como: “por fin encontré el sentido de mi vida… ¡era para el otro lado!” Fue una especie de paradigma del freudismo de estas latitudes, pues pudo elaborar una enseñanza muy poco ortodoxa y entretejida por las más variadas y múltiples influencias. Pichon-Rivière fue el inventor de una tradición; ello como efecto de una red discursiva y de dispositivos técnicos, ya que siempre cumplió una función-autor en relación a la circulación de sus argumentos. Permanentemente postuló una articulación de conocimientos y saberes colectivos.
Su técnica de los grupos operativos crea las condiciones para que emerja en ellos ese discernir de impronta latinoamericana que fue devastado de manera sistemática por el epistemicidio colonial que bien conocemos. Dicha grupalidad recoge la tradición de las reuniones alrededor del fogón, en las cuales reinaban los relatos, los comentarios, las anécdotas y sobre todo los recuerdos. Se produce ese viraje que va del individuo al grupo, de lo intrapsíquico a lo interpersonal del vínculo, del psicoanálisis a la psicología social en una síntesis crítica y creativa. Y así pasar desde una didáctica de emergentes para el aprendizaje de pequeños colectivos hacia una política de emergentes para el mayúsculo cambio social planificado entre todos.
Para finalizar, aclaremos que Pichon sugería trabajar con el mayor recurso de nuestro continente, y tal vez el único confiable: los vínculos humanos, explorando todas las incorporaciones posibles en el campo de la reflexión y de la praxis. Creyó que la única adecuación válida es la adaptación activa a la realidad, porque la otra —la aceptación acrítica de normas y de valores— es sencillamente sometimiento. Nunca le interesó formar excelsos observadores de la cotidianeidad, sino profesionales capaces de ir en procura de la transformación de lo real. De allí que nuestra disciplina y profesión, la Psicología Social Argentina y Latinoamericana, no sea simplemente un cuerpo teórico cerrado y definitivo. La seguimos en la próxima entrega.
RONALDO WRIGHT
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sábado, 2 de mayo de 2015
131 - Tres Amigos, Crónicas del Café
(Publicado en la revista literaria Redes de Papel - Año 20 Nro. 227 del mes de mayo de 2015)
TRES AMIGOS, Crónicas del Café
Una vez más agradezco al Negro Hernández (seudónimo de Carlos Alberto Margiotta) el haberme invitado a presentar su nuevo libro "TRES AMIGOS, Crónicas del Café", de ediciones Nuevos Tiempos. El evento se llevó a cabo el pasado jueves 30 de abril en el tradicional Café de la Subasta y contó con la asistencia de numeroso público. El autor es psicólogo social, consultor psicológico, poeta y escritor. Además, es el creador y director de la revista literaria Redes de Papel, fundada en marzo de 1995 —hace ya más de veinte años— y actualmente preside la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.).
No es esta su primera obra, pues posee en su haber dos libros de poemas (“Otro Lugar” y “Rectangulares Mujeres de Papel”), como así también es autor de “Encuento”, “Café de la Subasta” y “Redes de Cuentos”. Cabe decir que el primero de los relatos que ahora ofrece el Negro Hernández —invitando a dar una vuelta por Barracas a la hora que despunta la luna— dio lugar a una serie que se llamó Café para Melancólicos y, a partir de allí, sus cuentos no dejaron de difundirse hasta hoy con singular éxito. En sus páginas se irá descubriendo la historia de una taberna de barrio, el Tres Amigos, con su cultura tan porteña y tan particular.
Si bien estas crónicas del café semejan ser reales, lamentablemente el Tres Amigos no es más que una ficción; una bella fantasía creada por Carlos Margiotta. No hay boliche alguno con tal denominación, ni es verdadera la anécdota que aclara que en esa esquina había un viejo almacén con despacho de bebidas allá por los años treinta. Aunque en realidad este bar es universal. En él están contenidos y descriptos todos los bares similares que uno pueda imaginarse; y su típica decoración traslada a una época de sueños y utopías. Cada una de sus paredes se erige en un genuino museo de fotos, objetos y adornos.
Los cuadros colgados tienen las imágenes que siempre vistieron al bar: de cantores de la talla de Carlos Gardel, Alberto Castillo, Julio Sosa y el polaco Goyeneche; de las grandes orquestas tangueras de Pugliese, Darienzo, Di Sarli, Salgán, Piazzolla y el gordo Troilo. Y de algunas minas de gran corazón como Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Mercedes Simone y Ada Falcón. Y ya que de un bar estoy hablando, agrego que su origen surge de la palabra inglesa “barrier”, que significa barrera o barra fija. Es decir, el mueble mostrador que divide el espacio público donde están los clientes de la zona privada de quien sirve las bebidas.
Ciertos mitos cuentan que el hecho de poner una barra alta de madera se debía a que el cantinero necesitaba un lugar para refugiarse —en tiempos tumultuosos— de tiroteos, riñas y peleas. Incluso le servía al barman para distanciar a los clientes de las botellas y de la caja registradora. Aunque este no es el caso del gallego Rogelio —el dueño del Tres Amigos— quien era uno más del grupo que allí habitualmente se reunía: el Gordo, Sandoval, Beto, el viejo Castaño, Maddonni, Oliverio, el Mirón, don Anselmo, el guapo Zavala, Brancaleone, Joaquín (el mozo del boliche) y Antonio, el loco de los naipes; entre otros.
El Negro Hernández declara que los cafés son como las mujeres; y los agrupa en dos tipos universales. Están aquellos donde nunca te animarías a entrar y los otros, donde podrías pasar un buen rato o quedarte allí toda la vida. Muchas historias de amor —y desamor— empiezan o terminan en los bares; y este boliche de Barracas no es en tal sentido una excepción. Surgen en él varias aventuras románticas, mucha descripción y mucha imaginación también, porque hay quienes se van inventando las escenas que narran. Aunque, eso sí, el Tres Amigos es siempre el escenario y el protagonista, más explícitamente o menos.
El origen de los primeros bares es bastante lejano; hay que remontarse a la época de Pompeya en la antigua Grecia, donde prosperaron algunas pequeñas tiendas de ventas de vinos y bebidas llamadas tabernas. Luego se expandieron a Roma y de allí al resto de los países europeos. En España nacerá la profesión del tabernero que, después, en los tiempos de la colonia llegará a estos territorios. Algunas cantinas le agregarán música, tal como sucedió aquella noche que el Gallego imaginariamente habilitó el boliche para que Tito Sánchez cantara sus boleros preferidos y el Negro asistiera a milonguear con su Marta tan amada.
El bar es un ámbito muy especial, de contadores de cuentos o mejor dicho de cuentadores; quizás porque ahí son escuchados por un auditorio atento que sabe de los códigos masculinos. Sus galanes suelen relatar infinidad de historias, algunas inverosímiles, otras trágicas, pero todas dignas de ser narradas por un escritor. En este caso le tocó el turno a la pluma del Negro Hernández. Invito, entonces, a los lectores a dar un paseo por el barrio de Barracas a la hora en que se oculta el sol. Allí, a pocas cuadras del Riachuelo, encontrarán la esquina iluminada del Tres Amigos, con su leyenda, sus anécdotas y sus secretos.
RONALDO WRIGHT
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TRES AMIGOS, Crónicas del Café
Una vez más agradezco al Negro Hernández (seudónimo de Carlos Alberto Margiotta) el haberme invitado a presentar su nuevo libro "TRES AMIGOS, Crónicas del Café", de ediciones Nuevos Tiempos. El evento se llevó a cabo el pasado jueves 30 de abril en el tradicional Café de la Subasta y contó con la asistencia de numeroso público. El autor es psicólogo social, consultor psicológico, poeta y escritor. Además, es el creador y director de la revista literaria Redes de Papel, fundada en marzo de 1995 —hace ya más de veinte años— y actualmente preside la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.).
No es esta su primera obra, pues posee en su haber dos libros de poemas (“Otro Lugar” y “Rectangulares Mujeres de Papel”), como así también es autor de “Encuento”, “Café de la Subasta” y “Redes de Cuentos”. Cabe decir que el primero de los relatos que ahora ofrece el Negro Hernández —invitando a dar una vuelta por Barracas a la hora que despunta la luna— dio lugar a una serie que se llamó Café para Melancólicos y, a partir de allí, sus cuentos no dejaron de difundirse hasta hoy con singular éxito. En sus páginas se irá descubriendo la historia de una taberna de barrio, el Tres Amigos, con su cultura tan porteña y tan particular.
Si bien estas crónicas del café semejan ser reales, lamentablemente el Tres Amigos no es más que una ficción; una bella fantasía creada por Carlos Margiotta. No hay boliche alguno con tal denominación, ni es verdadera la anécdota que aclara que en esa esquina había un viejo almacén con despacho de bebidas allá por los años treinta. Aunque en realidad este bar es universal. En él están contenidos y descriptos todos los bares similares que uno pueda imaginarse; y su típica decoración traslada a una época de sueños y utopías. Cada una de sus paredes se erige en un genuino museo de fotos, objetos y adornos.
Los cuadros colgados tienen las imágenes que siempre vistieron al bar: de cantores de la talla de Carlos Gardel, Alberto Castillo, Julio Sosa y el polaco Goyeneche; de las grandes orquestas tangueras de Pugliese, Darienzo, Di Sarli, Salgán, Piazzolla y el gordo Troilo. Y de algunas minas de gran corazón como Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Mercedes Simone y Ada Falcón. Y ya que de un bar estoy hablando, agrego que su origen surge de la palabra inglesa “barrier”, que significa barrera o barra fija. Es decir, el mueble mostrador que divide el espacio público donde están los clientes de la zona privada de quien sirve las bebidas.
Ciertos mitos cuentan que el hecho de poner una barra alta de madera se debía a que el cantinero necesitaba un lugar para refugiarse —en tiempos tumultuosos— de tiroteos, riñas y peleas. Incluso le servía al barman para distanciar a los clientes de las botellas y de la caja registradora. Aunque este no es el caso del gallego Rogelio —el dueño del Tres Amigos— quien era uno más del grupo que allí habitualmente se reunía: el Gordo, Sandoval, Beto, el viejo Castaño, Maddonni, Oliverio, el Mirón, don Anselmo, el guapo Zavala, Brancaleone, Joaquín (el mozo del boliche) y Antonio, el loco de los naipes; entre otros.
El Negro Hernández declara que los cafés son como las mujeres; y los agrupa en dos tipos universales. Están aquellos donde nunca te animarías a entrar y los otros, donde podrías pasar un buen rato o quedarte allí toda la vida. Muchas historias de amor —y desamor— empiezan o terminan en los bares; y este boliche de Barracas no es en tal sentido una excepción. Surgen en él varias aventuras románticas, mucha descripción y mucha imaginación también, porque hay quienes se van inventando las escenas que narran. Aunque, eso sí, el Tres Amigos es siempre el escenario y el protagonista, más explícitamente o menos.
El origen de los primeros bares es bastante lejano; hay que remontarse a la época de Pompeya en la antigua Grecia, donde prosperaron algunas pequeñas tiendas de ventas de vinos y bebidas llamadas tabernas. Luego se expandieron a Roma y de allí al resto de los países europeos. En España nacerá la profesión del tabernero que, después, en los tiempos de la colonia llegará a estos territorios. Algunas cantinas le agregarán música, tal como sucedió aquella noche que el Gallego imaginariamente habilitó el boliche para que Tito Sánchez cantara sus boleros preferidos y el Negro asistiera a milonguear con su Marta tan amada.
El bar es un ámbito muy especial, de contadores de cuentos o mejor dicho de cuentadores; quizás porque ahí son escuchados por un auditorio atento que sabe de los códigos masculinos. Sus galanes suelen relatar infinidad de historias, algunas inverosímiles, otras trágicas, pero todas dignas de ser narradas por un escritor. En este caso le tocó el turno a la pluma del Negro Hernández. Invito, entonces, a los lectores a dar un paseo por el barrio de Barracas a la hora en que se oculta el sol. Allí, a pocas cuadras del Riachuelo, encontrarán la esquina iluminada del Tres Amigos, con su leyenda, sus anécdotas y sus secretos.
RONALDO WRIGHT
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domingo, 19 de abril de 2015
130 - Intervención Psicosocial en Cromañón
(Publicado en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 19/4/2015 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 21/4/2015)
INTERVENCION PSICOSOCIAL EN CROMAÑON
A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien nos relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos y más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.
En una reunión inicial se evaluó de qué manera podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro semanal en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio para ir monitoreando los resultados de las acciones.
El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sensaciones desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.
Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón, pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los chicos recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; era evidente por demás la necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención; y comenzó a tejerse un vínculo entre todos.
Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Entretanto, las operadoras psicosociales ya lograban interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que se iban acercando.
Se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, turbación, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.
De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto de Enseñanza, pues ellas también precisaban del soporte y aliento grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de abrigo. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.
Alejandro Simonetti fue un constante sostén y soporte ante la gravedad del trance que en esas circunstancias se estaba padeciendo. Él propone cuatro pasos para alcanzar la meta: a) escuchar y comprender a los damnificados; b) dejarlos descargarse, ya sea llorando y/o gritando; c) ayudarlos a hablar de lo acontecido; y d) cooperar para que puedan comenzar a pensar qué hacer. La idea fue ofrecer una atmósfera en la que el temor, la bronca, la pena y la culpa puedan expresarse libremente para bajar el monto de ansiedad. Que cada uno de los pibes profundamente heridos en sus mundos internos consiga salir del estado de shock, posibilitándose un mínimo objetivo.
Durante los primeros tres meses, la intervención en crisis transcurrió en el Santuario levantado en el sitio del siniestro. Así como Enrique Pichon-Rivière era partidario de un psicoanálisis por fuera de los consultorios, en la situación puntual y concreta que aquí tratamos la Psicología Social operó en un principio directamente en la calle. Esto hizo la diferencia con otros gremios de profesionales que se acercaron a prestar su apoyo, no siendo bien recibidos por los adolescentes afectados. Recordemos que desde la misma noche de la catástrofe no volvieron más a sus hogares, ni a sus trabajos ni a los centros donde estudiaban. Simplemente se quedaron a vivir en el lugar.
Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes de un profundo dolor similar. Fue surgiendo la intención de formar un grupo de ayuda y de refuerzo en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó recién en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En el caso que venimos tratando, la psicóloga social entrevistada nos recuerda que en lo personal le resultó más fácil acercarse a los jóvenes afectados pues, como madre de hijos adolescentes, hallaba allí un delicado límite operativo que le dificultaba abordar tamaño sufrimiento.
Así, se formó un grupo de contención y sostén con chicos sobrevivientes quienes, en su mayoría, habían perdido en el siniestro además a alguien cercano: hermano, primo, novio, amigo. Los jóvenes pudieron comunicarse no sólo entre ellos sino también consigo mismos, para ir de tal modo estructurando un discurso que les permitió recuperar poco a poco el equilibrio psíquico y emocional dañado. Las palabras fueron fluyendo semana tras semana, encuentro tras encuentro. Entonces, fue brotando lo que conocemos como la etapa del mínimo proyecto de futuro; nada menos que el durísimo y penoso aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos.
El dispositivo que se creó fue coordinado en conjunto por las psicólogas sociales Stella Maris Distasi y Rosana Fernández. Fueron nueve meses de una ardua y compleja labor, utilizándose la técnica de los grupos operativos que nos identifica como profesionales y como agentes del cambio social planificado. De a poco los pibes retornaron a sus respectivas casas con sus familias, fueron reinsertándose en sus vidas cotidianas sea en lo laboral, en sus estudios, recuperando el deseo y buscando alternativas para seguir a flote. Nos estamos refiriendo a un mínimo plan existencial hacia adelante, siempre en el aciago marco que la dolorosa y difícil realidad les impuso.
Cuando de trabajo comunitario hablamos, el grupo tiende a promover la reinserción de los excluidos sociales. Y tal era la situación de los chicos de Cromañón, ya que —en una primera época— recibieron el destrato de la policía, de los servicios asistenciales, de las autoridades encargadas de los derechos humanos en la ciudad y de quienes no los querían ver acampando en la calle. La labor colectiva sirvió para que ellos pudieran organizarse, con nuestra metodología psicosocial que fomenta el saber existente en los propios integrantes, siempre en función de un objetivo común, pese a la diversidad de sus respectivas historias y sin descuidar la singularidad de cada quien.
Esta juventud en crisis —que llegó a autodenominarse “Los pibes de las carpas de la vigilia del Santuario”— necesitaba de un otro que la ampare; y ese fue uno de los roles que cumplieron nuestras coordinadoras grupales. Para eso fue vital disociarse: mientras un costado de ellas sostenía el dolor para que los chicos pudieran hacer su catarsis, verbalizar y desahogarse; había otra parte que se mantenía discriminada y alerta, viendo qué es lo que ocurría para luego poder intervenir. Muchas veces fue pertinente realizar un holding (tal como hace una madre con su bebé) pues la mirada, el abrazo, la contención y la ternura devuelven la función estructurante.
Como venimos escribiendo desde hace más de tres lustros, apostamos a favor de la enorme tarea que realizan los operadores psicosociales como agentes de cambio. El trabajo de equipo que se desplegó en aquel tiempo fatal fue por demás impresionante. Stella M. Distasi nos facilitó una carta escrita por ella un mes después del siniestro. Allí dice que la presencia de tantas ausencias se le hizo insoportable. ¿Dónde se ubica tanta muerte injusta? No se recicla. No pertenece al ciclo natural de la existencia. Y en homenaje a las víctimas, se pregunta: “nosotros, los que estamos vivos ¿qué estamos haciendo?” Es muy simple la respuesta: ¡UNA ACCION SOLIDARIA DESCOMUNAL!
Notas: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino, Rosana Fernández y Sergio López, a quienes se les agradece su enorme compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de República Cromañón.
Este texto fue parcialmente publicado en la revista “Psicología Social para Todos”.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
INTERVENCION PSICOSOCIAL EN CROMAÑON
A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien nos relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos y más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.
En una reunión inicial se evaluó de qué manera podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro semanal en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio para ir monitoreando los resultados de las acciones.
El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sensaciones desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.
Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón, pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los chicos recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; era evidente por demás la necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención; y comenzó a tejerse un vínculo entre todos.
Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Entretanto, las operadoras psicosociales ya lograban interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que se iban acercando.
Se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, turbación, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.
De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto de Enseñanza, pues ellas también precisaban del soporte y aliento grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de abrigo. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.
Alejandro Simonetti fue un constante sostén y soporte ante la gravedad del trance que en esas circunstancias se estaba padeciendo. Él propone cuatro pasos para alcanzar la meta: a) escuchar y comprender a los damnificados; b) dejarlos descargarse, ya sea llorando y/o gritando; c) ayudarlos a hablar de lo acontecido; y d) cooperar para que puedan comenzar a pensar qué hacer. La idea fue ofrecer una atmósfera en la que el temor, la bronca, la pena y la culpa puedan expresarse libremente para bajar el monto de ansiedad. Que cada uno de los pibes profundamente heridos en sus mundos internos consiga salir del estado de shock, posibilitándose un mínimo objetivo.
Durante los primeros tres meses, la intervención en crisis transcurrió en el Santuario levantado en el sitio del siniestro. Así como Enrique Pichon-Rivière era partidario de un psicoanálisis por fuera de los consultorios, en la situación puntual y concreta que aquí tratamos la Psicología Social operó en un principio directamente en la calle. Esto hizo la diferencia con otros gremios de profesionales que se acercaron a prestar su apoyo, no siendo bien recibidos por los adolescentes afectados. Recordemos que desde la misma noche de la catástrofe no volvieron más a sus hogares, ni a sus trabajos ni a los centros donde estudiaban. Simplemente se quedaron a vivir en el lugar.
Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes de un profundo dolor similar. Fue surgiendo la intención de formar un grupo de ayuda y de refuerzo en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó recién en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En el caso que venimos tratando, la psicóloga social entrevistada nos recuerda que en lo personal le resultó más fácil acercarse a los jóvenes afectados pues, como madre de hijos adolescentes, hallaba allí un delicado límite operativo que le dificultaba abordar tamaño sufrimiento.
Así, se formó un grupo de contención y sostén con chicos sobrevivientes quienes, en su mayoría, habían perdido en el siniestro además a alguien cercano: hermano, primo, novio, amigo. Los jóvenes pudieron comunicarse no sólo entre ellos sino también consigo mismos, para ir de tal modo estructurando un discurso que les permitió recuperar poco a poco el equilibrio psíquico y emocional dañado. Las palabras fueron fluyendo semana tras semana, encuentro tras encuentro. Entonces, fue brotando lo que conocemos como la etapa del mínimo proyecto de futuro; nada menos que el durísimo y penoso aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos.
El dispositivo que se creó fue coordinado en conjunto por las psicólogas sociales Stella Maris Distasi y Rosana Fernández. Fueron nueve meses de una ardua y compleja labor, utilizándose la técnica de los grupos operativos que nos identifica como profesionales y como agentes del cambio social planificado. De a poco los pibes retornaron a sus respectivas casas con sus familias, fueron reinsertándose en sus vidas cotidianas sea en lo laboral, en sus estudios, recuperando el deseo y buscando alternativas para seguir a flote. Nos estamos refiriendo a un mínimo plan existencial hacia adelante, siempre en el aciago marco que la dolorosa y difícil realidad les impuso.
Cuando de trabajo comunitario hablamos, el grupo tiende a promover la reinserción de los excluidos sociales. Y tal era la situación de los chicos de Cromañón, ya que —en una primera época— recibieron el destrato de la policía, de los servicios asistenciales, de las autoridades encargadas de los derechos humanos en la ciudad y de quienes no los querían ver acampando en la calle. La labor colectiva sirvió para que ellos pudieran organizarse, con nuestra metodología psicosocial que fomenta el saber existente en los propios integrantes, siempre en función de un objetivo común, pese a la diversidad de sus respectivas historias y sin descuidar la singularidad de cada quien.
Esta juventud en crisis —que llegó a autodenominarse “Los pibes de las carpas de la vigilia del Santuario”— necesitaba de un otro que la ampare; y ese fue uno de los roles que cumplieron nuestras coordinadoras grupales. Para eso fue vital disociarse: mientras un costado de ellas sostenía el dolor para que los chicos pudieran hacer su catarsis, verbalizar y desahogarse; había otra parte que se mantenía discriminada y alerta, viendo qué es lo que ocurría para luego poder intervenir. Muchas veces fue pertinente realizar un holding (tal como hace una madre con su bebé) pues la mirada, el abrazo, la contención y la ternura devuelven la función estructurante.
Como venimos escribiendo desde hace más de tres lustros, apostamos a favor de la enorme tarea que realizan los operadores psicosociales como agentes de cambio. El trabajo de equipo que se desplegó en aquel tiempo fatal fue por demás impresionante. Stella M. Distasi nos facilitó una carta escrita por ella un mes después del siniestro. Allí dice que la presencia de tantas ausencias se le hizo insoportable. ¿Dónde se ubica tanta muerte injusta? No se recicla. No pertenece al ciclo natural de la existencia. Y en homenaje a las víctimas, se pregunta: “nosotros, los que estamos vivos ¿qué estamos haciendo?” Es muy simple la respuesta: ¡UNA ACCION SOLIDARIA DESCOMUNAL!
Notas: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino, Rosana Fernández y Sergio López, a quienes se les agradece su enorme compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de República Cromañón.
Este texto fue parcialmente publicado en la revista “Psicología Social para Todos”.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
miércoles, 15 de abril de 2015
129 - Seguir Pensando a Pichon
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 73 de mayo de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 10/6/2015)
SEGUIR PENSANDO A PICHON
Aprender a dudar es aprender a pensar. Octavio Paz.
Hace casi veinte años Graciela Jasiner y Mario Woronowski daban a luz su libro Para Pensar a Pichon, de Lugar Editorial. Allí señalan que la psicología social es uno de los modos que asume la crítica de la vida cotidiana, de nuestras condiciones concretas de existencia. Lo cotidiano (del latín, quotidie) es lo de todos los días, lo ordinario en tanto previsible. Pero, ¿cuál es el propósito de hacer una elucidación crítica de nuestras vidas diarias? Cornelius Castoriadis dirá que se trata de pensar lo que hacemos y saber lo que pensamos. Trabajar y trabajar-nos, poniéndolo todo en cuestión.
Hoy día vemos que existe una inmensa demanda sobre muchos aspectos de la vida cotidiana y notamos que hay —cada vez más— una naturalización acrítica de lo que a diario se vive. La posmodernidad tan líquida, tan fluida y tan veloz ayuda a que ello suceda con mayor frecuencia. De tal forma que se precisa tiempo y coraje para pasar a ser soldados desnaturalizadores de dicho supuesto saber que aún sigue enquistado. No sólo retomar un meditar desviante sino incluso una praxis instituyente. Para poder así develar y desmitificar lo oculto; y lograr después mudarlo en algo muy superior.
Para ello es esencial partir del aforismo griego inscripto en el pronaos del templo de Apolo en Delfos y que reza: conócete a ti mismo. Así, averiguar cuáles son los criterios de verdad que nos habitan y luchar contra nuestras propias ideas estancas. Aprender a pensar es dejar de aceptar sin críticas las normas y los valores dados e impuestos, tan propio de lo que conocemos como adaptación pasiva a la realidad. Es también dar cauce a lo creativo, convirtiendo lo siniestro en maravilloso. Según Juan C. De Brasi los hechos han sido hechos; pues entonces, nuevos hechos pueden producirse.
El cuerpo social que nos habita se viene preguntando sobre lo cotidiano desde hace mucho tiempo. Sabemos que nuestras condiciones de vida son un destino y pensamos, con Pierre-Félix Bourdieu, que quien nomina erige clases. No es nada fácil salirse de un discurso en el que casi todo ya está decidido de antemano de modo implícito y oculto. El camino es ampliar la mirada, estar alertas a tantos juicios estereotipados y así lograr una mayor atención a la multiplicidad de enfoques. Imaginar un otro posible; ser cada vez menos víctimas y más artífices de nuestros propios destinos e historias.
El padre de la Psicología Social Argentina creía que los profesionales tienen un papel relevante en la construcción de una sociedad más justa. Enrique Pichon-Rivière fue un firme y persistente impugnador de lo dado, apostando a la consigna de evolucionar en dirección a una adaptación activa a la realidad. De manera tal que su norte fue el estar alertas a los efectos narcotizantes de las certezas y cuestionar siempre los lugares de poder. Para así operar en primer término sobre cada uno de nosotros, luego en lo subjetivo social y por fin lograr erigirnos en verdaderos agentes del cambio.
Michel Foucault alude a otro aspecto que nos parece vital: la ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. Él nos habla de criticar lo instituido, de salir de los estados de dominación que nos tienen atrapados y de hacer saltar los propios cerrojos represivos, para así ir reconciliándonos con nosotros mismos. Sería genealogizar a los fines de recuperar los discursos menores, locales, más cotidianos y marginales. A la vez que violentar cualquier teoría —y en principio la propia— para cambiarla y construir otra de un modo desde ya provisorio. Pues, al modo de una praxis dialéctica.
El cuidado de sí incluye también el de los otros, el de quienes hacen a nuestro entorno. Y bien entendemos los psicólogos sociales que eso sucede en el devenir de los grupos operativos, en los que vamos perdiendo poco a poco la mirada inocente de la realidad. La tarea es deconstructiva, como una forma de cuestionar los relatos totalitarios y el discurso de las verdades, que tanto nos cuestan desarmar. Deconstruir, para Jacques Derrida, es desestructurar, es descomponer y es dislocar las estructuras rígidas. Co-pensar cada cual con uno mismo y con los demás: ese saber nos da poder.
Tanto el conocernos como el ocuparnos de nosotros son dos piezas claves a los fines de nuestra formación; incluso para superarnos en lo personal y en lo colectivo. Tal proceder va a incidir de manera directa en los demás, toda vez que permite mejorar nuestros vínculos interindividuales. Nos referimos a esta libertad mediante el dominio de cada cual para así tornarla en un problema ético. Al decir de Jean-Paul Sartre, no somos simples terrones de arcilla, toda vez que lo importante no es lo que han hecho de nosotros sino lo que hacemos de lo que han hecho de nosotros.
Somos el portavoz de un grupo social. Cada uno de nosotros porta-la-voz de lo que pugna por ser dicho, por lo que es relevante vernos y sentirnos como un espacio de resistencia. Que nuestra labor sea en sí misma un acto creador en tanto construcción y búsqueda de nuevas unidades. Por ende, que el propósito de seguir pensando a Pichon sea para continuar pensándonos a nosotros mismos. Todos los días. Cada día. Día tras día. Nosotros mismos nos hacemos y, parafraseando a James Joyce, somos nuestra propia obra. Pues, que la tarea y el proyecto se junten en ese recorrido.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
SEGUIR PENSANDO A PICHON
Aprender a dudar es aprender a pensar. Octavio Paz.
Hace casi veinte años Graciela Jasiner y Mario Woronowski daban a luz su libro Para Pensar a Pichon, de Lugar Editorial. Allí señalan que la psicología social es uno de los modos que asume la crítica de la vida cotidiana, de nuestras condiciones concretas de existencia. Lo cotidiano (del latín, quotidie) es lo de todos los días, lo ordinario en tanto previsible. Pero, ¿cuál es el propósito de hacer una elucidación crítica de nuestras vidas diarias? Cornelius Castoriadis dirá que se trata de pensar lo que hacemos y saber lo que pensamos. Trabajar y trabajar-nos, poniéndolo todo en cuestión.
Hoy día vemos que existe una inmensa demanda sobre muchos aspectos de la vida cotidiana y notamos que hay —cada vez más— una naturalización acrítica de lo que a diario se vive. La posmodernidad tan líquida, tan fluida y tan veloz ayuda a que ello suceda con mayor frecuencia. De tal forma que se precisa tiempo y coraje para pasar a ser soldados desnaturalizadores de dicho supuesto saber que aún sigue enquistado. No sólo retomar un meditar desviante sino incluso una praxis instituyente. Para poder así develar y desmitificar lo oculto; y lograr después mudarlo en algo muy superior.
Para ello es esencial partir del aforismo griego inscripto en el pronaos del templo de Apolo en Delfos y que reza: conócete a ti mismo. Así, averiguar cuáles son los criterios de verdad que nos habitan y luchar contra nuestras propias ideas estancas. Aprender a pensar es dejar de aceptar sin críticas las normas y los valores dados e impuestos, tan propio de lo que conocemos como adaptación pasiva a la realidad. Es también dar cauce a lo creativo, convirtiendo lo siniestro en maravilloso. Según Juan C. De Brasi los hechos han sido hechos; pues entonces, nuevos hechos pueden producirse.
El cuerpo social que nos habita se viene preguntando sobre lo cotidiano desde hace mucho tiempo. Sabemos que nuestras condiciones de vida son un destino y pensamos, con Pierre-Félix Bourdieu, que quien nomina erige clases. No es nada fácil salirse de un discurso en el que casi todo ya está decidido de antemano de modo implícito y oculto. El camino es ampliar la mirada, estar alertas a tantos juicios estereotipados y así lograr una mayor atención a la multiplicidad de enfoques. Imaginar un otro posible; ser cada vez menos víctimas y más artífices de nuestros propios destinos e historias.
El padre de la Psicología Social Argentina creía que los profesionales tienen un papel relevante en la construcción de una sociedad más justa. Enrique Pichon-Rivière fue un firme y persistente impugnador de lo dado, apostando a la consigna de evolucionar en dirección a una adaptación activa a la realidad. De manera tal que su norte fue el estar alertas a los efectos narcotizantes de las certezas y cuestionar siempre los lugares de poder. Para así operar en primer término sobre cada uno de nosotros, luego en lo subjetivo social y por fin lograr erigirnos en verdaderos agentes del cambio.
Michel Foucault alude a otro aspecto que nos parece vital: la ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. Él nos habla de criticar lo instituido, de salir de los estados de dominación que nos tienen atrapados y de hacer saltar los propios cerrojos represivos, para así ir reconciliándonos con nosotros mismos. Sería genealogizar a los fines de recuperar los discursos menores, locales, más cotidianos y marginales. A la vez que violentar cualquier teoría —y en principio la propia— para cambiarla y construir otra de un modo desde ya provisorio. Pues, al modo de una praxis dialéctica.
El cuidado de sí incluye también el de los otros, el de quienes hacen a nuestro entorno. Y bien entendemos los psicólogos sociales que eso sucede en el devenir de los grupos operativos, en los que vamos perdiendo poco a poco la mirada inocente de la realidad. La tarea es deconstructiva, como una forma de cuestionar los relatos totalitarios y el discurso de las verdades, que tanto nos cuestan desarmar. Deconstruir, para Jacques Derrida, es desestructurar, es descomponer y es dislocar las estructuras rígidas. Co-pensar cada cual con uno mismo y con los demás: ese saber nos da poder.
Tanto el conocernos como el ocuparnos de nosotros son dos piezas claves a los fines de nuestra formación; incluso para superarnos en lo personal y en lo colectivo. Tal proceder va a incidir de manera directa en los demás, toda vez que permite mejorar nuestros vínculos interindividuales. Nos referimos a esta libertad mediante el dominio de cada cual para así tornarla en un problema ético. Al decir de Jean-Paul Sartre, no somos simples terrones de arcilla, toda vez que lo importante no es lo que han hecho de nosotros sino lo que hacemos de lo que han hecho de nosotros.
Somos el portavoz de un grupo social. Cada uno de nosotros porta-la-voz de lo que pugna por ser dicho, por lo que es relevante vernos y sentirnos como un espacio de resistencia. Que nuestra labor sea en sí misma un acto creador en tanto construcción y búsqueda de nuevas unidades. Por ende, que el propósito de seguir pensando a Pichon sea para continuar pensándonos a nosotros mismos. Todos los días. Cada día. Día tras día. Nosotros mismos nos hacemos y, parafraseando a James Joyce, somos nuestra propia obra. Pues, que la tarea y el proyecto se junten en ese recorrido.
RONALDO WRIGHT
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lunes, 6 de abril de 2015
128 - Charla Sabatina en A.P.S.R.A.
(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 72 de abril de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 27/4/2015)
CHARLA SABATINA EN A.P.S.R.A.
La Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.) viene organizando una serie de Charlas Sabatinas y, el pasado 28 de marzo, fui invitado a exponer sobre una de las tantas temáticas de nuestra querida disciplina y profesión. Me gustaría señalar algo de lo abordado en esa jornada, aprovechando antes para agradecer una vez más a la institución y a los colegas asistentes la posibilidad de polemizar conocimientos a partir de un grupo operativo de aprendizaje. Así, después de mi disertación nos sentamos en círculo y ampliamos nuestros saberes, escuchándonos los unos a los otros con atención y respeto psicosocial.
Uno de los temas que incluí en mi charla fue el camino recorrido por Pichon-Rivière desde sus primeros tiempos como psiquiatra, luego como psicoanalista y finalmente como fundador de la Psicología Social Argentina. Nunca abandonó sus conocimientos previos, sino que siempre fue incorporando saberes según su propia epistemología convergente; esa búsqueda de varios y diversos estudios que lo acercaron a indagar cada vez más acerca de la realidad del sujeto. Sostuvo que las ciencias humanas conciernen a un único objeto: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje multi o pluridimensional. Pues, el andar que hice es, en breves líneas, el que sigue.
Psiquiatra (1932-1940). Ese joven que venía de Goya a la Capital Federal —trayendo a cuestas una mezcla de culturas europea y guaraní— fue impregnado por un discurso universitario en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, caracterizado por la lógica formal o aristotélica. Los principios de identidad, de no contradicción y de tercero excluido eran los predominantes. La ciencia médica se nutría esencialmente de los métodos deductivo e inductivo que van, respectivamente, de lo general a lo particular y de lo particular a lo general. No obstante, Pichon-Rivière pronto propiciaría una psiquiatría dinámica con un fuerte cimiento en la práctica psicoanalítica.
Psicoanalista (1941-1955). Fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina junto a Rascovsky y Garma, primaría en esta etapa de su vida una lógica conjetural teñida de lo que conocemos como abducción: la premisa mayor es evidente y la menor es sólo probable. La percepción abductiva viene hacia el profesional como un acto de insight, iluminando una nueva sugerencia. Su discurso analítico será el de lo inconsciente, el de la asociación libre y la atención flotante. Ello conforme había leído en los textos freudianos que le facilitó Canoi, aquel portero del quilombo donde el francesito enseñaba modales a las “muchachas trabajadoras para la alegría”.
Psicólogo Social (1956-1977). Fue el creador y padre de la Psicología Social Argentina, caracterizada por un discurso dialéctico y por una lógica paradojal llena de antinomias, contradicciones, polaridades, ambivalencias y antagonismos. Surge el tiempo del ECRO o esquema conceptual referencial y operativo; la teoría del vínculo —a cuatro vías de amorodio, bicorporal y tripersonal—; el esquema del cono invertido; la unidad de trabajo compuesta por el existente, la intervención psicosocial y el emergente (o síntesis superadora); la teoría de las tres “D”: depositante, depositario y depositado; y la teoría de los grupos operativos de aprendizaje; entre tantos de sus aportes.
A estos desarrollos teóricos se fueron sumando también otras fuentes heterogéneas, sea desde la filosofía, la sociología, la epistemología, el psicodrama, la gestalt, etc. Abrevó en la psicología norteamericana de Kurt Lewin con su método de indagación-acción y de George Mead con su aporte del otro generalizado; además de la escuela inglesa de Melanie Klein y sus conocidas posiciones esquizo-paranoide y depresiva. La resultante de todo ello fue que Pichon-Rivière se erigió en el creador de nuestra disciplina psicosocial, además de ser hoy una destacada figura tanto en el ámbito de la salud mental como del pensamiento y la cultura latinoamericana.
Tales consideraciones serían absolutamente incompletas si no se incluye otra de las grandes fuentes que inspiraron al maestro. Me refiero a la denominada universidad de la calle que, en su caso, comenzó con la mezcla cultural europea —heredada de sus padres— y la de los pueblos americanos originarios. También la fundación del partido socialista de Goya; los artículos publicados en las revistas “Nervio” y “Crítica”; su amistad con Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Conrado Nalé Roxlo; la experiencia adquirida en el Asilo de Torres y el Hospicio de las Mercedes; sus entrevistas con Klein, Lacan, Breton y otros integrantes del movimiento surrealista.
Pichon-Rivière fue un fiel defensor de la transdisciplinariedad, tanto a nivel teórico como en la misma práctica cotidiana. Es decir, de la inexistencia de fronteras entre los numerosos saberes, ya sean provenientes de las ciencias sociales o de la pintura, la poesía, la música y/o el arte en general. Consideró a sus teorías como una caja de herramientas, siempre lista para ser utilizada en los diferentes campos a examinar e intervenir. Puntualizó, además, que el territorio de operación de los psicólogos sociales no está instituido, siendo tarea de cada quien el procurar convertirse en un verdadero agente del cambio y profesional instituyente.
RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com
CHARLA SABATINA EN A.P.S.R.A.
La Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.) viene organizando una serie de Charlas Sabatinas y, el pasado 28 de marzo, fui invitado a exponer sobre una de las tantas temáticas de nuestra querida disciplina y profesión. Me gustaría señalar algo de lo abordado en esa jornada, aprovechando antes para agradecer una vez más a la institución y a los colegas asistentes la posibilidad de polemizar conocimientos a partir de un grupo operativo de aprendizaje. Así, después de mi disertación nos sentamos en círculo y ampliamos nuestros saberes, escuchándonos los unos a los otros con atención y respeto psicosocial.
Uno de los temas que incluí en mi charla fue el camino recorrido por Pichon-Rivière desde sus primeros tiempos como psiquiatra, luego como psicoanalista y finalmente como fundador de la Psicología Social Argentina. Nunca abandonó sus conocimientos previos, sino que siempre fue incorporando saberes según su propia epistemología convergente; esa búsqueda de varios y diversos estudios que lo acercaron a indagar cada vez más acerca de la realidad del sujeto. Sostuvo que las ciencias humanas conciernen a un único objeto: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje multi o pluridimensional. Pues, el andar que hice es, en breves líneas, el que sigue.
Psiquiatra (1932-1940). Ese joven que venía de Goya a la Capital Federal —trayendo a cuestas una mezcla de culturas europea y guaraní— fue impregnado por un discurso universitario en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, caracterizado por la lógica formal o aristotélica. Los principios de identidad, de no contradicción y de tercero excluido eran los predominantes. La ciencia médica se nutría esencialmente de los métodos deductivo e inductivo que van, respectivamente, de lo general a lo particular y de lo particular a lo general. No obstante, Pichon-Rivière pronto propiciaría una psiquiatría dinámica con un fuerte cimiento en la práctica psicoanalítica.
Psicoanalista (1941-1955). Fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina junto a Rascovsky y Garma, primaría en esta etapa de su vida una lógica conjetural teñida de lo que conocemos como abducción: la premisa mayor es evidente y la menor es sólo probable. La percepción abductiva viene hacia el profesional como un acto de insight, iluminando una nueva sugerencia. Su discurso analítico será el de lo inconsciente, el de la asociación libre y la atención flotante. Ello conforme había leído en los textos freudianos que le facilitó Canoi, aquel portero del quilombo donde el francesito enseñaba modales a las “muchachas trabajadoras para la alegría”.
Psicólogo Social (1956-1977). Fue el creador y padre de la Psicología Social Argentina, caracterizada por un discurso dialéctico y por una lógica paradojal llena de antinomias, contradicciones, polaridades, ambivalencias y antagonismos. Surge el tiempo del ECRO o esquema conceptual referencial y operativo; la teoría del vínculo —a cuatro vías de amorodio, bicorporal y tripersonal—; el esquema del cono invertido; la unidad de trabajo compuesta por el existente, la intervención psicosocial y el emergente (o síntesis superadora); la teoría de las tres “D”: depositante, depositario y depositado; y la teoría de los grupos operativos de aprendizaje; entre tantos de sus aportes.
A estos desarrollos teóricos se fueron sumando también otras fuentes heterogéneas, sea desde la filosofía, la sociología, la epistemología, el psicodrama, la gestalt, etc. Abrevó en la psicología norteamericana de Kurt Lewin con su método de indagación-acción y de George Mead con su aporte del otro generalizado; además de la escuela inglesa de Melanie Klein y sus conocidas posiciones esquizo-paranoide y depresiva. La resultante de todo ello fue que Pichon-Rivière se erigió en el creador de nuestra disciplina psicosocial, además de ser hoy una destacada figura tanto en el ámbito de la salud mental como del pensamiento y la cultura latinoamericana.
Tales consideraciones serían absolutamente incompletas si no se incluye otra de las grandes fuentes que inspiraron al maestro. Me refiero a la denominada universidad de la calle que, en su caso, comenzó con la mezcla cultural europea —heredada de sus padres— y la de los pueblos americanos originarios. También la fundación del partido socialista de Goya; los artículos publicados en las revistas “Nervio” y “Crítica”; su amistad con Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Conrado Nalé Roxlo; la experiencia adquirida en el Asilo de Torres y el Hospicio de las Mercedes; sus entrevistas con Klein, Lacan, Breton y otros integrantes del movimiento surrealista.
Pichon-Rivière fue un fiel defensor de la transdisciplinariedad, tanto a nivel teórico como en la misma práctica cotidiana. Es decir, de la inexistencia de fronteras entre los numerosos saberes, ya sean provenientes de las ciencias sociales o de la pintura, la poesía, la música y/o el arte en general. Consideró a sus teorías como una caja de herramientas, siempre lista para ser utilizada en los diferentes campos a examinar e intervenir. Puntualizó, además, que el territorio de operación de los psicólogos sociales no está instituido, siendo tarea de cada quien el procurar convertirse en un verdadero agente del cambio y profesional instituyente.
RONALDO WRIGHT
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