domingo, 9 de agosto de 2015

136 - Payasólogos Sociales

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 77 de septiembre de 2015; en Payasólogos Sociales Página Oficial con fecha 14/9/2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 6/10/2015)

PAYASOLOGOS SOCIALES 

              Ser payaso es un estado del alma, pero también un oficio.

El pasado sábado 13 de junio Payasólogos Sociales fue distinguido —por el Concejo Deliberante de la ciudad de La Plata— con el premio Proyección Nacional 2015 y el Galardón de Platino por su trabajo social y solidario, ceremonia que se llevó a cabo en el Salón Dorado del Palacio Municipal. Dicho colectivo es una asociación sin fines de lucro que nuclea a operadores de la salud mental, utilizando técnicas psicodramáticas y herramientas del teatro lúdico con la energía de la red grupal. Esos instrumentos les permiten encontrar personajes para aplicar en la vida cotidiana, buscando soluciones inmediatas y ante situaciones especiales.

La psicóloga social Miriam Alberganti es la directora de este grupo formado por varios trabajadores sociales de distintas áreas, ya sean egresados o estudiantes de psicología y de carreras afines (vgr. psicopedagogos, docentes, psicólogos sociales,  counselors, terapistas ocupacionales, etc.). Con una preparación teórica y vivencial, el objetivo de los payasólogos es asistir —existir al lado de los otros, resonando con sus conflictos y sus necesidades— en zonas humildes, en comedores comunitarios, en hogares para niños, en geriátricos, a personas en situación de calle, entre otros contextos; dando así  una nota de color y alegría a través del rol del payaso.

El diccionario de la lengua española dice que el payaso es un artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados. Se refiere, además, al actor ambulante enmascarado que debuta en las mojigangas u obrillas dramáticas muy breves —para hacer reír— en que se introducen figuras extravagantes. El también conocido clown (que significa aldeano) tiene como antecedente los circos, donde eran precisamente los aldeanos o lugareños los primeros en formar parte de éstos. Digamos que nuestros payasólogos sociales son personajes tiernos, que cada uno construye con material propio y que se permiten funcionar con empatía.

Para ser payasólogo es necesaria una capacitación con técnicas que admitan a cada cual encontrar su personaje para aplicarlo en los diferentes ámbitos de labor. Así, de manera divertida y con la potencia de lo grupal, se trabaja con chicos carenciados por lo que —desde la consigna “Favor con favor se paga”— logran donaciones de juguetes y alimentos que luego se reparten en hogares y comedores comunitarios. El propósito es contribuir a la salud psicofísica y emocional del niño con un abordaje asentado en la experiencia del payaso teatral, adaptándola al ámbito social con una ética, estética y deontología particularmente propias.

Payasólogos Sociales sigue convocando para sumar voluntarios* que deseen ayudar a pibes con privaciones materiales y afectivas. Para ser parte del colectivo se requiere tener más de 18 años de edad y estar relacionado con la salud mental o con la labor  social. Además, hay que especializarse participando de jornadas de entrenamiento que constan de una parte teórica y otra práctica. La praxis se desarrolla principalmente en merenderos, en comedores y en casas para niños, siempre con el sostenimiento que  sabemos que tiene lo grupal, desde el trabajo que llevan a cabo los coordinadores con la respectiva  supervisión o co-visión general.

Hablando de esta temática, agreguemos que en mayo de 2015 la provincia de Buenos Aires convirtió en ley el proyecto que incorpora al sistema de salud la labor del payaso de hospital. Se entiende por payaso hospitalario aquella persona capacitada en el arte de clown, que reúne las condiciones y requisitos para el desarrollo de dicha tarea en los nosocomios públicos bonaerenses, sean provinciales o municipales. Cada servicio de terapia pediátrica debe contar con una unidad de estos expertos de la risa y del humor; en consonancia con las políticas públicas encaminadas hacia la defensa y el  bienestar de nuestros chicos.

Destacamos la importancia de todo aquello que se dirija al cuidado de los chicos y jóvenes. Así sucede con la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que, en su art. 14, les garantiza el acceso a los servicios de salud y a los programas de asistencia, rehabilitación e integración. Y el art. 20 hace referencia al derecho al juego recreativo de nuestros pibes. Pues, entonces, ambas normas quedan ampliamente satisfechas en la tarea de estos profesionales de la risa, de la alegría, del amor y la ternura.                                                                                                                                                            
*Quienes estén interesados pueden contactarse a payasologossociales@hotmail.com 

RONALDO WRIGHT  
www.ronaldowright.com                                                                                              

martes, 14 de julio de 2015

135 - Colectivo Psicosocial del Noroeste de Bs. As.

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 76 de agosto de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 16/7/2015)

COLECTIVO PSICOCOCIAL DEL NOROESTE DE BUENOS AIRES

Desde hace dos años un grupo de psicólogos sociales y de estudiantes se viene reuniendo con la idea de conformar una asociación. Fue así que nació el Colectivo Psicosocial del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Ahora están trabajando de modo prioritario en tres ejes: impulsar la aprobación de una ley que los contenga, promover la inserción laboral de los operadores psicosociales y constituirse en un espacio de capacitación continua. Quienes integran esta agrupación provienen de las ciudades bonaerenses de Mercedes, de Suipacha, de Chacabuco, de Saladillo, de 9 de Julio, de Chivilcoy, de 25 de  Mayo, entre otras.

El sábado 11 de julio organizaron una jornada que se desarrolló en las instalaciones del Complejo Histórico Municipal “Adelina Dematti de Alaye” de la ciudad de Chivilcoy, con el auspicio de la Secretaría de Cultura y Educación. Aprovecho para agradecer una vez más la invitación a participar como panelista en dicho evento —que tuvo por título La Psicología Social en Tiempos de Intervenciones— acompañando a Alfredo Grande y Carlos Margiotta. Mi disertación se basó en cada una de esas áreas o propuestas que constituyen la esencia de este colectivo, por lo que haré una breve síntesis de lo allí expuesto.

Primer eje. En lo referente a la idea de impulsar distintas estrategias en pos de lograr la aprobación de una ley provincial sobre nuestra disciplina   —que conlleve a la creación del Colegio de Psicólogos Sociales, cuya tarea sea la regulación de la actividad—destaqué  dos precedentes al respecto. Ellos son: la ley chaqueña Nº 6.353 sobre el ejercicio de la profesión del Operador en Psicología Social o título equivalente; y la ley Nº 8.077 de Mendoza sobre la matriculación de los Técnicos Superiores en Operación Psicosocial o título equivalente; expedidos por los respectivos Ministerios de Educación o los organismos competentes.

Segundo eje. En cuanto a trabajar en la inserción laboral de los psicólogos sociales en la comunidad, respondí algunas de las preguntas que fueron surgiendo entre los que asistieron a la jornada. Tal el caso de los proyectos tendientes a desarrollar la integración y la inclusión social; para mejorar la calidad de la comunicación institucional; para coordinar grupos de tareas en materia educativa y de salud; para potenciar las relaciones laborales en   empresas públicas y privadas, también en cooperativas y organizaciones no gubernamentales; para potenciar equipos deportivos con el fin de una mejor comunión y de facilitar su rendimiento; etc.

Tercer eje. Por fin, destaqué la relevancia de la capacitación permanente, formando grupos de lecturas e investigación, realizando talleres con los  distintos actores del mundo psicosocial para el crecimiento mutuo y para así seguir fortaleciéndonos todos con las mejores herramientas. Nuestro ECRO entiende que el hombre de hoy necesita un sistema de creencias y de ideas que le permitan guiar su accionar en el mundo. Y realimentar la teoría en su confrontación con la práctica. Es decir, precisa un esquema conceptual, referencial y operativo que en esencia le ayude a reconstruir sus modelos de pensar, de sentir y de hacer.

Esta 1º Jornada Psicosocial del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires fue declarada de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Chivilcoy (Ordenanza Nº 7962 del 26 de junio de 2015). Cabe agregar que quienes la organizaron expresaron su deseo de seguir construyendo este espacio, que los moviliza y los hace seguir pensándose como actores sociales de cambio. Y en ese camino se encuentran andando, con mucho por aprender, con mucho por decir y realizar. Estamos agradecidos tanto a las autoridades del Complejo Histórico Municipal como a la Dirección de Cultura y Turismo por el fuerte apoyo recibido.

A la espera de un próximo encuentro, quiero destacar que las políticas públicas del siglo XXI están abriendo enormes posibilidades de trabajo a muchas profesiones, entre ellas a nuestra querida Psicología Social. Nada de lo humano puede ser abarcado hoy por una sola ciencia, por lo que un nuevo paradigma comienza a dar nacimiento a una transdisciplina que promueva la activa participación de todos, en pos de una ética humanista cada vez más vigente y necesaria. Ojalá que esta jornada haya servido de disparador para así continuar abordando nuevos roles y también nuevos desafíos. ¡Que esa siga siendo nuestra apuesta!

RONALDO WRIGHT
www.ronaldowright.com

martes, 16 de junio de 2015

134 - Payasos de Hospital para Nuestros Niños

(Publicado en la revista de cultura y política La Tecl@ Eñe - Año XIV Nro. 67 correspondiente al trimestre junio - julio - agosto de 2015)

PAYASOS DE HOSPITAL PARA NUESTROS NIÑOS

A mediados de mayo de 2015, el Senado de la provincia de Buenos Aires convirtió en ley el proyecto que incorpora al sistema de salud la labor del payaso de hospital. Se entiende por payaso hospitalario aquella persona especialista en el arte de clown que —de acuerdo a lo que reglamente la autoridad de aplicación— reúna las condiciones y requisitos para el desarrollo de su tarea en los nosocomios públicos bonaerenses, sean  provinciales o municipales. Cada servicio de terapia pediátrica debe contar a partir de ahora con una unidad de estos expertos de la risa y el humor.

Esta integración al sistema de salud provincial —como medicina complementaria— fue una idea del legislador Rubén Darío Golía, quien entiende que es claro que la risa es buena para la sanidad psico física. Al reímos el cerebro emite la información útil para activar la secreción de encefalinas, siendo las endorfinas algo así como moléculas de la felicidad que nos permiten resurgir de las crisis personales. Entonces, los payasos de hospital llevan alegría y amor no sólo a los chicos que sufren algún dolor o tristeza, sino también a sus familiares, al personal médico y al no médico.

La realidad de los sanatorios es compleja y posee un alto grado de dolor. Por ello, se pretende utilizar la alegría y el juego como elementos de cambio; y garantizar ese paliativo para superar el trauma que implica una internación para los chicos y para su entorno familiar. El plan es que los pibes enfermos puedan recuperar la sonrisa y así liberar sus sentimientos, más allá del contexto y  de la coyuntura. Cabe apuntar que quienes se desempeñan como payasos de hospital no tienen necesariamente que ser médicos, estando abierta la actividad a todo el que esté interesado.

La psicóloga social Stella M. Distasi, desde el departamento de prensa de Payamédicos Asociación Civil, nos indica que ellos son una organización no gubernamental sin fines de lucro, fundada en el 2002 por el Dr. José Pellucchi. Su misión es contribuir a la salud emocional del paciente hospitalizado —de todas las edades— con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral y operando de modo escénico terapéutico, adaptado al ámbito sanitario con una ética, estética y deontología propia. La mira es que la fantasía  sea parte de la vida del nosocomio y desdramatizar la hospitalización.

Otro objetivo es acompañar siempre, ofreciendo momentos de distracción que lleven a recuperar el aspecto sano de los internados. Y si ellos están en situación  de moverse o deambular, se incentiva esa posibilidad para facilitar el paso a la actividad desarmando las rigideces regresivas. Cada actuación de los payamédicos es única; no está pautada ni programada. La imaginación y la improvisación son las que rigen. No se trata sólo de hacer reír, sino de crear salud desde la salud. Se liberan endorfinas y las hormonas coadyuvan a que las penas y dolores se vayan curando o aliviando.

Digamos que la respuesta es de agradecimiento, sea desde la mirada o la palabra. En tal sentido, reconforta saber que la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha declarado —en el 2013— de interés sanitario y social a esta labor que llevan a cabo los payasos de hospital. Y lo propio hizo el año pasado el Senado de la Nación; ello en total consonancia con la corriente mundial denominada de humanización hospitalaria, que persigue la idea de que los pacientes sean abordados desde un enfoque integral, evitando las etiquetas o divisiones médicas entre sanos y enfermos.

Seguimos destacando la importancia de las políticas públicas en defensa de los chicos y jóvenes. Tal es el caso de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que, en su art. 14, les garantiza el acceso a los servicios de salud y a los programas de asistencia, rehabilitación e integración. Y el art. 20 hace referencia al derecho al juego recreativo de nuestros pibes. Pues, entonces, ambas normas quedan ampliamente satisfechas al incluirse la tarea de los payasos de hospital en las unidades de terapia pediátrica de los hospitales bonaerenses.

No hay ninguna duda que la labor de estos verdaderos especialistas en el arte clown es fundamental para lograr los objetivos de la risoterapia; y más cuando la mencionada medicina complementaria está dirigida a los niños enfermos. Es nuestro firme deseo que esta iniciativa legal de la provincia de Buenos Aires se amplíe y logre convertirse pronto en una necesidad a nivel nacional. Que todos los nosocomios del país puedan contar con profesionales de la risa, del humor y del amor que sigan ayudando a sanar a los chicos hospitalizados. ¡Por el bien de ellos y de todos!

RONALDO WRIGHT              
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jueves, 4 de junio de 2015

133 - Pichon-Rivière Latinoamericano (Parte II)

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 75 de julio de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/8/2015)

PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO (Parte II)

  Estar en la tierra, realizando una tarea concreta, esa es mi vida, 
  una praxis permanente y en movimiento de espiral. Pichon-Rivière.

En el prólogo del libro “PICHON-RIVIÈRE como autor latinoamericano”, Fernando Fabris nos dice que en el año 2011 se realizó un seminario con esa denominación, en el que participaron destacadas figuras de la psicología social, la psiquiatría, el psicoanálisis, la  sociología, la psicología, el arte y el pensamiento en general. La intervención de cada panelista derivó en la aparición de este compendio publicado por Lugar Editorial, cuya lectura recomendamos ampliamente. El objetivo es descubrir lo latinoamericano en el creador de la Psicología Social Argentina y, por qué no, también en los lectores, para erigirnos en agentes multiplicadores de lo nuestro.

Hasta hace poco una visión europeísta impregnaba nuestras ideas, descalificando lo que provenía de las propias raíces. Un pensar desde América Latina propicia construir una nueva óptica, tal como lo hizo Pichon-Rivière desde su obra y su práctica. Sostuvo una actividad profesional heterogénea a partir del método dialéctico, que encuentra en cada fenómeno los polos opuestos que suscitan las contradicciones propias de todo lo humano.  Es la tendencia a buscar la verdad, aunque sabemos que lo verdadero va variando según las épocas y los tiempos. El implacable interjuego del sujeto y el mundo supone su consecuente mutación vincular y social.

Pichon-Rivière y su pensamiento son hijos de una época, de un tiempo de esperanza y  transformación; con una mirada optimista sobre el individuo, la vida y la comunidad. Pero hoy el actor social ha cambiado, siendo necesario pensar un proyecto diferente para hacer un nuevo aprendizaje psicosocial. En años de globalización y de capitalismo salvaje, podemos advertir un giro hacia latinoamérica. Abrevando en muchas de las ideas del maestro, procuremos ir más allá a condición de servirnos de su esquema conceptual referencial y operativo. Para funcionar en los barrios, vinculándonos con los vecinos, fundamentados en la inserción y lo inclusivo.

Ya en el año 1955 dictó una conferencia donde habló de la indispensable relación que debía existir entre psicoanálisis y sociología. Nos dejó el legado del ECRO y el enseñaje como proceso participativo, dialéctico, autónomo, integral, significativo y creativo. Su noción de sujeto histórico, a la vez productor y producido, posibilita la visualización y comprensión de su dimensión social. Sus ideas son un faro, una referencia para que alcancemos un estadio superador, ya que colectivizan conciencia y apuntan a una clara liberación de las condiciones concretas cotidianas de existencia. Deconstruyen lo homogéneo, dando lugar a la aparición de lo instituyente.

Testigos de la herencia de su obra son los institutos pichonianos existentes en Brasilia, San Pablo, Porto Alegre, Bahía, Montevideo; la carrera de Psicología con orientación psicosocial en la FUNLAM Fundación Universitaria Luis Amigó de Colombia (con sus sedes de Bogotá, Medellín y Montería), además de las muchas escuelas de Psicología Social en las distintas provincias argentinas. Recordemos que en 1957 Pichon-Rivière fue nombrado miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Brasil, donde funda y comienza a trabajar con los primeros grupos operativos, invitándonos a bucear en el carozo del ser que habita en la zona oscura de los miedos.

El dispositivo de los grupos operativos enriqueció la producción intelectual argentina y de América Latina, pues ellos son un instrumento de relevancia para la construcción de fuertes lazos de vincularidad que se plasman luego en verdaderas redes de contención. En los mismos el sujeto —individual y colectivo— rompe la estereotipia y la clausura, avanza en la práctica de una epistemología convergente, puede dar plasticidad a los marcos conceptuales y eliminar la acriticidad de su mirada. Pichon recorrió el espinel del alma humana y fue un pionero del razonamiento complejo, logrando construir una  disciplina científica sin perder la sensibilidad del artesano.

Esa técnica del grupo operativo se caracteriza por estar centrada en una tarea, que se desarrolla mediante el abordaje y resolución de los miedos básicos —a la pérdida y al ataque— en un trabajo asociado de esclarecimiento colectivo. Lo trascendental de la propuesta pichoniana es que las diferencias entre los participantes no son lamentadas, sino festejadas, en la medida en que dicha circulación de lo distinto va beneficiando a quienes participan de semejante experiencia. Seguimos proclamando que aquellos que transiten y atraviesen esta manera de compartir, arribarán a un destino que jamás se imaginaron al comienzo del proceso plural compartido.

RONALDO WRIGHT
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jueves, 7 de mayo de 2015

132 - Pichon-Rivière Latinoamericano

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 74 de junio de 2015 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 2/7/2015)

PICHON-RIVIERE LATINOAMERICANO

El libro “Pichon-Rivière como autor latinoamericano”, de Lugar Editorial, se encuentra en las librerías desde fines del año pasado. Fernando A. Fabris es el compilador de veinticinco (25) textos que analizan las relaciones concretas entre la obra del creador de la Psicología Social Argentina y la producción intelectual existente en América Latina. Entre sus autores se encuentran algunas de las figuras más relevantes de la salud psíquica y de la cultura de nuestra región. Aquí intentaremos recorrer algo de la historia de vida de este verdadero operador bisagra, a quien le cabe dicha metáfora toda vez que siempre combatió la estereotipia de un pensamiento único, desde un punto de vista dialéctico y uniendo fuentes diversas.

Pichon-Rivière no vivía pendiente de los discursos ajenos, aunque solía estar abierto a aquello que aportara a conceptualizar su praxis, abordada desde lo multidisciplinario y transcultural. Esa práctica —que devenía experiencia— no nació de la mano del poder central ni de los ejes dominantes, sino que tenía toda la potencia de los colectivos que habitan los bordes, lo disruptivo, lo que cuestiona lo instituido, pero sin perder nunca el núcleo de lo singular. Opuso firme resistencia a los colonizadores mentales, para así sugerirnos una teoría propositiva de la libertad y autonomía del individuo, recurriendo constantemente a la creatividad y considerando al arte como la herramienta que habilita el pasaje de lo siniestro a lo maravilloso.

Según el diccionario de psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco y Michel Plon, Pichon es considerado el más grande analista argentino y uno de los principales pioneros en la historia de la psicología latinoamericana y del mundo. Se lo destaca por explicitar la hermandad entre terapias y artes, por el pasaje de las terapéuticas individuales a las grupales, por el tránsito de la terapia a la prevención y a la salud pública mental, por su integración transdisciplinaria concreta y por asociar la cogestión educador – educando en que todos somos ambos polos oscilantemente. De allí proviene su concepción del enseñaje, en el que el enseñar y el aprender están dialécticamente relacionados y funcionan como una alternancia de opuestos.

En su juventud Enrique Pichon-Rivière se interesó tanto por la medicina como por la política y la poesía. Inclinado a la psiquiatría dinámica y al psicoanálisis, se orientó hacia distintos modos de práctica grupal a partir de la creación de sus llamados grupos operativos. La tarea de los mismos era responder a las dos angustias fundamentales de la vida personal, social e institucional: los miedos básicos a la pérdida y al ataque. Por su enseñanza oral (conferencias, seminarios, cursos, clases magistrales)  —más que por sus textos y escritos— ejerció un extraordinario poder de fascinación sobre sus alumnos, discípulos y contemporáneos. Son muchísimas las anécdotas que se cuentan de él; de las más entretenidas y pintorescas.

Dicen que era alucinante, fantástico; una especie de maestro zen que te cortaba al medio y luego te cosía; recién ahí su interlocutor advertía que había estado torcido toda su existencia. Algo así como: “por fin encontré el sentido de mi vida… ¡era para el otro lado!” Fue una especie de paradigma del freudismo de estas latitudes, pues pudo elaborar una enseñanza muy poco ortodoxa y entretejida por las más variadas y múltiples influencias. Pichon-Rivière fue el inventor de una tradición; ello como efecto de una red discursiva y de dispositivos técnicos, ya que siempre cumplió una  función-autor en relación a la circulación de sus argumentos. Permanentemente postuló una articulación de conocimientos y saberes colectivos.

Su técnica de los grupos operativos crea las condiciones para que emerja en ellos ese discernir de impronta latinoamericana que fue devastado de manera sistemática por el epistemicidio colonial que bien conocemos. Dicha grupalidad recoge la tradición de las reuniones alrededor del fogón, en las cuales reinaban los relatos, los comentarios, las anécdotas y sobre todo los recuerdos. Se produce ese viraje que va del individuo al grupo, de lo intrapsíquico a lo interpersonal del vínculo, del psicoanálisis a la psicología social en una síntesis crítica y creativa. Y así pasar desde una didáctica de emergentes para el aprendizaje de pequeños colectivos hacia una política de emergentes para el mayúsculo cambio social planificado entre todos.

Para finalizar, aclaremos que Pichon sugería trabajar con el mayor recurso de nuestro continente, y tal vez el único confiable: los vínculos humanos, explorando todas las incorporaciones posibles en el campo de la reflexión y de la praxis. Creyó que la única adecuación válida es la adaptación activa a la realidad, porque la otra —la aceptación acrítica de normas y de valores— es sencillamente sometimiento. Nunca le interesó formar excelsos observadores de la cotidianeidad, sino profesionales capaces de ir en procura de la transformación de lo real. De allí que nuestra disciplina y profesión, la  Psicología Social Argentina y Latinoamericana, no sea simplemente un cuerpo teórico cerrado y definitivo. La seguimos en la próxima entrega.

RONALDO WRIGHT  
www.ronaldowright.com                                                                                                  

sábado, 2 de mayo de 2015

131 - Tres Amigos, Crónicas del Café

(Publicado en la revista literaria Redes de Papel - Año 20 Nro. 227 del mes de mayo de 2015)

TRES AMIGOS, Crónicas del Café

Una vez más agradezco al Negro Hernández (seudónimo de Carlos Alberto Margiotta) el haberme invitado a presentar su nuevo libro "TRES AMIGOS, Crónicas del Café", de ediciones Nuevos Tiempos. El evento se llevó a cabo el pasado jueves 30 de abril en el tradicional Café de la Subasta y contó con la asistencia de numeroso público. El autor es psicólogo social, consultor psicológico, poeta y escritor. Además, es el creador y director de la revista literaria Redes de Papel, fundada en marzo de 1995 —hace ya más de veinte años— y actualmente preside la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.).

No es esta su primera obra, pues posee en su haber dos libros de poemas (“Otro Lugar” y “Rectangulares Mujeres de Papel”), como así también es autor de “Encuento”, “Café de la Subasta” y “Redes de Cuentos”. Cabe decir que el primero de los relatos que ahora ofrece el Negro Hernández —invitando a dar una vuelta por Barracas a la hora que despunta la luna— dio lugar a una serie que se llamó Café para Melancólicos y, a partir de allí, sus cuentos no dejaron de difundirse hasta hoy con singular éxito. En sus páginas se irá descubriendo la historia de una taberna de barrio, el Tres Amigos, con su cultura tan porteña y tan particular.

Si bien estas crónicas del café semejan ser reales, lamentablemente el Tres Amigos no es más que una ficción; una bella fantasía creada por Carlos Margiotta. No hay boliche alguno con tal denominación, ni es verdadera la anécdota que aclara que en esa esquina había un viejo almacén con despacho de bebidas allá por los años treinta. Aunque en realidad este bar es universal. En él están contenidos y descriptos todos los bares similares que uno pueda imaginarse; y su típica decoración traslada a una época de sueños y utopías. Cada una de sus paredes se erige en un genuino museo de fotos, objetos y adornos.

Los cuadros colgados tienen las imágenes que siempre vistieron al bar: de cantores de la talla de Carlos Gardel, Alberto Castillo, Julio Sosa y el polaco Goyeneche; de las grandes orquestas tangueras de Pugliese, Darienzo, Di Sarli, Salgán, Piazzolla y el gordo Troilo. Y de algunas minas de gran corazón como Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Mercedes Simone y Ada Falcón. Y ya que de un bar estoy hablando, agrego que su origen surge de la palabra inglesa “barrier”, que significa barrera o barra fija. Es decir, el mueble mostrador que divide el espacio público donde están los clientes de la zona privada de quien sirve las bebidas.

Ciertos mitos cuentan que el hecho de poner una barra alta de madera se debía a que el cantinero necesitaba un lugar para refugiarse —en tiempos tumultuosos— de tiroteos, riñas y peleas. Incluso le servía al barman para distanciar a los clientes de las botellas y de la caja registradora. Aunque este no es el caso del gallego Rogelio —el dueño del Tres Amigos— quien era uno más del grupo que allí habitualmente se reunía: el Gordo, Sandoval, Beto, el viejo Castaño, Maddonni, Oliverio, el Mirón, don Anselmo, el guapo Zavala, Brancaleone, Joaquín (el mozo del boliche) y Antonio, el loco de los naipes; entre otros.

El Negro Hernández declara que los cafés son como las mujeres; y los agrupa en dos tipos universales. Están aquellos donde nunca te animarías a entrar y los otros, donde podrías pasar un buen rato o quedarte allí toda la vida. Muchas historias de amor —y desamor— empiezan o terminan en los bares; y este boliche de Barracas no es en tal sentido una excepción.  Surgen en él varias aventuras románticas, mucha descripción y mucha  imaginación también, porque hay quienes se van inventando las escenas que narran. Aunque, eso sí, el Tres Amigos es siempre el escenario y el protagonista, más explícitamente o menos.

El origen de los primeros bares es bastante lejano; hay que remontarse a la época de Pompeya en la antigua Grecia, donde prosperaron algunas pequeñas tiendas de ventas de vinos y bebidas llamadas tabernas. Luego se expandieron a Roma y de allí al resto de los países europeos. En España nacerá la profesión del tabernero que, después, en los tiempos de la colonia llegará a estos territorios. Algunas cantinas le agregarán música, tal como sucedió aquella noche que el Gallego imaginariamente habilitó el boliche para que Tito Sánchez cantara sus boleros preferidos y el Negro asistiera a milonguear con su Marta tan amada.

El bar es un ámbito muy especial, de contadores de cuentos o mejor dicho de cuentadores; quizás porque ahí son escuchados por un auditorio atento que sabe de los códigos masculinos. Sus galanes suelen relatar infinidad de historias, algunas inverosímiles, otras trágicas, pero todas dignas de ser narradas por un escritor. En este caso le tocó el turno a la pluma del Negro Hernández. Invito, entonces, a los lectores a dar un paseo por el barrio de Barracas a la hora en que se oculta el sol. Allí, a pocas cuadras del Riachuelo, encontrarán la esquina iluminada del Tres Amigos, con su leyenda, sus anécdotas y sus secretos.

RONALDO WRIGHT        
www.ronaldowright.com                                                                                            

domingo, 19 de abril de 2015

130 - Intervención Psicosocial en Cromañón

(Publicado en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 19/4/2015 y en 1968 Grupalista - Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 21/4/2015)

INTERVENCION PSICOSOCIAL EN CROMAÑON

A diez años de la tragedia de República Cromañón tomamos contacto con la psicóloga social Stella Maris Distasi, quien nos relató su experiencia personal y el doloroso sentir vivenciado en el curso de aquellos luctuosos días. El incendio en la conocida discoteca del barrio de Balvanera, que comenzó en la noche del 30 de diciembre de 2004, dejó un saldo de casi doscientos muertos y más de un millar de heridos. Ríos de tinta han corrido hasta la fecha acerca de lo acontecido, por lo que en este texto nos  interesa destacar simplemente la tarea solidaria llevada a cabo por un grupo de colegas convocadas a través del CAPsI - Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio.

En una reunión inicial se evaluó de qué manera podían colaborar con los afectados, tanto con los chicos sobrevivientes como con los familiares de las víctimas. Por un lado, algunas operadoras psicosociales se hicieron presentes en el lugar donde ya se estaba levantando el Santuario con las pertenencias que allí quedaron. O sea aros, pulseras, llaveros, zapatillas, remeras, mochilas, etc. además de rosarios, estampitas, fotos, flores, mensajes desesperados, velas encendidas unas y apagadas otras. Y en segundo término, se propuso un encuentro semanal en el Instituto Superior de Enseñanza Intercambio para ir monitoreando los resultados de las acciones.

El primer día tan solo se acercaron al predio, capturadas por un terrible interrogante: ¿Cómo se podía explicar tanta muerte? El calor de ese enero era abrasador y Stella Maris atinó a llevar un bidón de agua mineral, pues había escuchado por televisión que los jóvenes pedían ayuda y cooperación. Un pibe lo aceptó; la abrazó y simplemente le dio las gracias. La situación general era caótica y traumática; como así también todas las emociones y sensaciones desbordaban por doquier. Había mucha desconfianza con quienes se acercaban al Santuario, por lo que en esas circunstancias lo único que procedía hacer era acompañar en silencio a los innumerables damnificados.

Llegó el momento de lograr hacer una lista con las cosas que los jóvenes necesitaban: jabones, shampoo, talco, desodorante, pasta dental y cepillos de dientes, algodón,   pomada para quemaduras, algunos medicamentos, etc. Al día siguiente los chicos recibieron con gusto esos productos y, antes de finalizar la jornada, el grupo de psicólogas sociales ya estaba tomando mate con varios sobrevivientes de Cromañón. Sentados en ronda empezaron a hablar en un clima de confianza; era evidente por demás la necesidad de amparo, cuidado y protección. Nacía la instancia de lo que llamamos encuentro-contención; y comenzó a tejerse un vínculo entre todos.

Fueron tres meses de recorrer el emplazamiento haciendo de sostén para tanto dolor, mientras los jóvenes se iban organizando cada vez mejor. Se jugaban los distintos roles que conocemos: el líder que manejaba el dinero, el portavoz que gritaba las injusticias, el moderador que se ocupaba de atender a la prensa, los que acompañaban en silencio e incluso algunos saboteadores invadidos por la bronca y el enojo. Formado el grupo, éste le devuelve la identidad a cada miembro y lo habilita a hacer su catarsis; poder llorar y desahogarse. Entretanto, las operadoras psicosociales ya lograban interactuar con los padres y los familiares de las víctimas que se iban acercando.

Se fueron implementando todas las técnicas, las tácticas y las estrategias a los fines de hacer posible la verbalización de lo sucedido sin perder de vista que, en todo trance emocional, los comportamientos alterados son conductas normales ante un hecho anormal, ante un evento tan desgarrador. La intervención en crisis debe contemplar los diversos síntomas que suelen presentar los afectados, a saber: pánico, confusión, angustia, ansiedad, fobia, frustración, turbación, culpa por haber sobrevivido, miedo a estar solo, problemas para dormir, cambio en los hábitos alimenticios y de higiene, pérdida de confianza en uno mismo e intensa preocupación por los otros.

De suma importancia fueron las permanentes y periódicas reuniones que llevaron a cabo las operadoras psicosociales en el mencionado Instituto de Enseñanza, pues ellas también precisaban del soporte y aliento grupal. Era necesario e imperioso ponerle palabras a tanta vivencia inhabitual por lo que, junto al armado de una red vincular en el sitio de la tragedia, ellas fueron construyendo su propio espacio de escucha y de abrigo. De tal forma, alcanzaron una instrumentación operativa para el manejo de una  realidad nueva a la que tuvieron que ir adaptándose. La formación pichoniana permitió abordar la tarea con herramientas conocidas y andando caminos ignorados.

Alejandro Simonetti fue un constante sostén y soporte ante la gravedad del trance que en esas circunstancias se estaba padeciendo. Él propone cuatro pasos para alcanzar la meta: a) escuchar y comprender a los damnificados; b) dejarlos descargarse, ya sea llorando y/o gritando; c) ayudarlos a hablar de lo acontecido; y d) cooperar para que puedan comenzar a pensar qué hacer. La idea fue ofrecer una atmósfera en la que el temor, la bronca, la pena y la culpa puedan expresarse libremente para bajar el monto de ansiedad. Que cada uno de los pibes profundamente heridos en sus mundos internos consiga salir del estado de shock, posibilitándose un mínimo objetivo.

Durante los primeros tres meses, la intervención en crisis transcurrió en el Santuario levantado en el sitio del siniestro. Así como Enrique Pichon-Rivière era partidario de un psicoanálisis por fuera de los consultorios, en la situación puntual y concreta que aquí tratamos la Psicología Social operó en un principio directamente en la calle. Esto hizo la diferencia con otros gremios de profesionales que se acercaron a prestar su apoyo, no siendo bien recibidos por los adolescentes afectados. Recordemos que desde la misma noche de la catástrofe no volvieron más a sus hogares, ni a sus trabajos ni a los centros donde estudiaban. Simplemente se quedaron a vivir en el lugar.

Varios padres que habían perdido a sus hijos consultaban adónde podían encontrarse con sus pares padecientes de un profundo dolor similar. Fue surgiendo la intención de formar un grupo de ayuda y de refuerzo en la sede del Centro de Asistencia Psicosocial Intercambio, ubicado en el barrio de Villa Urquiza. Ello se concretó recién en el mes de abril de 2005 y funcionó hasta fines de dicho año. En el caso que venimos tratando, la psicóloga social entrevistada nos recuerda que en lo personal le resultó más fácil acercarse a los jóvenes afectados pues, como madre de hijos adolescentes, hallaba allí un delicado límite operativo que le dificultaba abordar tamaño sufrimiento.

Así, se formó un grupo de contención y sostén con chicos sobrevivientes quienes, en su mayoría, habían perdido en el siniestro además a alguien cercano: hermano, primo, novio, amigo. Los jóvenes pudieron comunicarse no sólo entre ellos sino también consigo mismos, para ir de tal modo estructurando un discurso que les permitió recuperar poco a poco el equilibrio psíquico y emocional dañado. Las palabras fueron fluyendo semana tras semana, encuentro tras encuentro. Entonces, fue brotando lo que conocemos como la etapa del mínimo proyecto de futuro; nada menos que el durísimo y penoso aprendizaje de continuar viviendo sin los seres queridos.

El dispositivo que se creó fue coordinado en conjunto por las psicólogas sociales Stella Maris Distasi y Rosana Fernández. Fueron nueve meses de una ardua y compleja labor, utilizándose la técnica de los grupos operativos que nos identifica como profesionales y como agentes del cambio social planificado. De a poco los pibes retornaron a sus respectivas casas con sus familias,  fueron reinsertándose en sus vidas cotidianas sea en lo laboral, en sus estudios, recuperando el deseo y buscando alternativas para seguir a flote. Nos estamos refiriendo a un mínimo plan existencial hacia adelante, siempre en el aciago marco que la dolorosa y difícil realidad les impuso.

Cuando de trabajo comunitario hablamos, el grupo tiende a promover la reinserción de los excluidos sociales. Y tal era la situación de los chicos de Cromañón, ya que —en una primera época— recibieron el destrato de la policía, de los servicios asistenciales, de las autoridades encargadas de los derechos humanos en la ciudad y de quienes no los querían ver acampando en la calle. La labor colectiva sirvió para que ellos pudieran organizarse, con nuestra metodología psicosocial que fomenta el saber existente en los propios integrantes, siempre en función de un objetivo común, pese a la diversidad de sus respectivas historias y sin descuidar la singularidad de cada quien.

Esta juventud en crisis —que llegó a autodenominarse “Los pibes de las carpas de la vigilia del Santuario”— necesitaba de un otro que la ampare; y ese fue uno de los roles que cumplieron nuestras coordinadoras grupales. Para eso fue vital disociarse: mientras un costado de ellas sostenía el dolor para que los chicos pudieran hacer su catarsis, verbalizar y desahogarse; había otra parte que se mantenía discriminada y alerta, viendo qué es lo que ocurría para luego poder intervenir. Muchas veces fue pertinente realizar un holding (tal como hace una madre con su bebé) pues la mirada, el abrazo, la contención y la ternura devuelven la función estructurante.

Como venimos escribiendo desde hace más de tres lustros, apostamos a favor de la  enorme tarea que realizan los operadores psicosociales como agentes de cambio. El trabajo de equipo que se desplegó en aquel tiempo fatal fue por demás impresionante. Stella M. Distasi nos facilitó una carta escrita por ella un mes después del siniestro. Allí dice que la presencia de tantas ausencias se le hizo insoportable. ¿Dónde se ubica tanta muerte injusta? No se recicla. No pertenece al ciclo natural de la existencia. Y en homenaje a las víctimas, se pregunta: “nosotros, los que estamos vivos ¿qué estamos haciendo?” Es muy simple la respuesta: ¡UNA ACCION SOLIDARIA DESCOMUNAL!

Notas: del equipo que se formó en el CAPsI —integrado por counselors y psicólogos sociales— quienes operaron más en cercanía a Stella Maris Distasi fueron Lucy López, Graciela Florido, Ana María Corvino, Rosana Fernández y Sergio López, a quienes se les agradece su enorme compromiso solidario con todos y cado uno de los damnificados de República Cromañón.
Este texto fue parcialmente publicado en la revista “Psicología Social para Todos”.      

RONALDO WRIGHT
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